Cuando una bandeja empieza a fallar, el reflejo habitual es pulverizar algo y esperar. Casi siempre es tiempo perdido, porque más de la mitad de los daños que aparecen en un semillero no los provoca ningún organismo: los provoca una sal, un riego, una corriente de aire o una ventana. Distinguir una cosa de la otra se hace mirando tres detalles concretos —dónde está la lesión, cómo está repartido el daño en la bandeja y qué aspecto tiene la raíz al sacarla— y no hace falta microscopio para ninguno de los tres.
El patrón en la bandeja: la primera pista
Antes de mirar una sola planta, conviene mirar el conjunto. Un problema biótico —hongo, bacteria— empieza casi siempre en un punto y avanza en mancha, en círculo o siguiendo la línea del riego, y se ve un frente entre plantas caídas y plantas sanas que se desplaza de un día para otro. Un problema abiótico aparece a la vez en toda la bandeja, o en la mitad que da al ventanal, o en las filas del borde, con un límite geométrico que corresponde a algo del entorno y no a un contagio.
Si toda la siembra tiene el mismo aspecto desde el primer día, el sustrato, el agua o la ubicación son los sospechosos. Si ayer había cuatro plantas caídas y hoy hay veinte alrededor de aquellas cuatro, hay un hongo trabajando.
Caída de plántula: estrangulamiento en el cuello
El damping-off o caída de plántula es el cuadro más característico y también el más rápido. La plántula, verde y aparentemente sana, se dobla de golpe y queda tumbada sobre el sustrato en cuestión de horas. La clave diagnóstica está en el cuello, justo en la línea del sustrato: hay un estrechamiento, una zona más fina, oscurecida y de aspecto acuoso o correoso, como si alguien hubiera apretado el tallo con dos dedos. Por encima y por debajo el tejido está normal.
Ese estrangulamiento es la firma. Una plántula que se marchita sin él tiene otro problema.
Existe también una versión anterior, la caída en preemergencia, en la que el ataque ocurre antes de que la plántula asome. No se ve nada: solo huecos vacíos en la bandeja. Se confunde sistemáticamente con semilla vieja o con siembra demasiado profunda. Se comprueba escarbando el alveolo vacío con un palillo: si aparece la semilla hinchada, blanda y parda, o una radícula corta y ennegrecida, hubo ataque; si aparece la semilla dura e intacta, no germinó.
Quién lo causa y en qué condiciones
Los cuatro géneros implicados son habitantes normales del suelo y del sustrato, no invasores llegados de fuera. Viven como saprófitos sobre materia orgánica y solo pasan a atacar tejido vivo cuando las condiciones les dan ventaja. Esto explica que el mismo sustrato dé bandejas perfectas en abril y un desastre en febrero.
Pythium (sobre todo P. ultimum y P. irregulare). Oomiceto, no un hongo verdadero. Necesita agua libre en los poros, porque se desplaza mediante zoosporas que literalmente nadan. Actúa bien en frío, entre 12 y 20 °C, que es justo el rango de un semillero de invierno mal calentado. El tejido afectado queda blando y translúcido, y la raíz presenta un signo muy reconocible: al tirar suavemente, la corteza se desliza y queda el cilindro central desnudo, como un hilo blanco dentro de una funda.
Rhizoctonia solani. Trabaja en la superficie del sustrato y con humedad moderada, no con encharcamiento, y prefiere temperaturas medias o altas, de 20 a 30 °C. Su lesión es distinta: seca, hundida, de color pardo rojizo y bordes definidos. Con lupa se ve a veces micelio pardo, grueso y con ramificación en ángulo recto, avanzando en radio desde un foco. Es el que suele aparecer en semilleros de verano bien ventilados, donde Pythium no tendría oportunidad.
Fusarium (F. oxysporum, F. solani). Suele actuar algo más tarde, sobre planta ya crecida. Da amarilleo, con frecuencia asimétrico —un lado de la planta antes que el otro—, marchitez que remite por la noche y vuelve a mediodía, y al cortar el tallo a lo largo se aprecia el haz vascular pardeado. En condiciones húmedas puede formar un micelio blanco o rosado sobre el cuello.
Phytophthora. Otro oomiceto, también dependiente de agua libre, más agresivo sobre raíz y cuello y frecuente en leñosas y en bandejas que han quedado con lámina de agua permanente en el fondo. Deja lesiones oscuras que ascienden desde la base con un margen bien delimitado.
Podredumbre de raíz sin estrangulamiento
Cuadro distinto y peor diagnosticado. La plántula no cae: se queda parada, amarillea desde las hojas más viejas, pierde turgencia a las horas de más calor y va apagándose durante una o dos semanas. El cuello está intacto, sin estrechamiento ni cambio de color.
El diagnóstico está en la raíz, así que hay que sacar el cepellón del alveolo, que para eso salen enteros. Una raíz sana es blanca o crema, firme y con pelos radiculares visibles como una pelusilla. Una raíz enferma es parda o gris, blanda, sin pelos, y con frecuencia el sustrato se desprende porque ya no la sujeta nada. Si además huele a cerrado o a ciénaga, hay anaerobiosis.
Aquí el orden de causas importa. Muchísimas veces el punto de partida fue el exceso de agua, que asfixió la raíz, y el hongo llegó después a colonizar un tejido ya muerto. Tratar el hongo sin corregir el riego no cambia nada.
Lo que aparece en la hoja
Los problemas foliares llegan más tarde, cuando ya hay hojas verdaderas, y se distinguen entre sí con bastante facilidad.
Mildiu. En el haz, manchas amarillentas de contorno anguloso, cortadas por los nervios de la hoja como si fueran tabiques. En el envés, justo debajo de cada mancha, un vello fino grisáceo o violáceo que es la fructificación del patógeno. Lo causan oomicetos específicos de cada cultivo: Bremia lactucae en lechuga, Hyaloperonospora brassicae en coles, Peronospora spp. en otras. Necesita agua libre sobre la hoja y noches frescas con humedad alta.
Oídio. Polvo blanco harinoso sobre la superficie de la hoja, que se puede retirar frotando con el dedo. La mancha no está limitada por los nervios y crece en círculo. Al revés que el mildiu, no necesita agua líquida: le basta humedad ambiental alta con la hoja seca, lo que lo hace típico de semilleros tapados y poco ventilados. Los géneros habituales son Erysiphe, Golovinomyces, Podosphaera y Leveillula.
Manchas foliares bacterianas. Pseudomonas y Xanthomonas dan manchas pequeñas, angulosas, de aspecto aceitoso o traslúcido al mirarlas a contraluz, a menudo con un halo amarillo alrededor. Se propagan con las salpicaduras del riego, de manera que aparecen en línea siguiendo la trayectoria de la regadera.
Virosis. Poco frecuente en semillero y prácticamente imposible de confundir con lo anterior: mosaicos de verde claro y oscuro, deformación de la hoja, hojas afiladas o abullonadas, enanismo. No hay lesión ni podredumbre. Llega por semilla infectada o por pulgón, y no tiene tratamiento; la planta se retira.
Los daños que no son enfermedad
Todos los cuadros de este apartado comparten el mismo rasgo: afectan a toda la bandeja o a una zona geométrica de ella, y no avanzan como un contagio.
Quemadura por sales. Las puntas y los bordes de los cotiledones se secan y toman color pardo, con el resto de la hoja aún verde. A veces se ve una costra blanquecina o amarillenta en la superficie del sustrato. La raíz tiene las puntas pardas y romas, pero el cuello está perfecto. Causas: sustrato demasiado fertilizado, abono aplicado antes de tiempo, compost sin madurar, o agua muy dura acumulando sales al evaporarse riego tras riego. Es la confusión más frecuente con el damping-off, y se distingue en que la plántula no se dobla.
Exceso de agua. Amarilleo generalizado que empieza por abajo, crecimiento detenido, sustrato pesado y con olor. Sin estrangulamiento. Muy común en recipientes sin drenaje suficiente o con la bandeja permanentemente sobre lámina de agua.
Falta de luz. Tallo largo, fino y pálido, entrenudos separados, hojas pequeñas, y toda la bandeja inclinada hacia la misma dirección. No hay lesión de ningún tipo. Es un fallo de ubicación, no sanitario.
Corriente de aire frío. Deja un patrón muy revelador: las plantas de la fila que da a la ventana o a la puerta están paradas, con los bordes de hoja descoloridos o con manchas necróticas secas, mientras que las del centro de la bandeja siguen bien. El límite es una línea recta.
Golpe de sol tras salir del interior. Manchas blanquecinas o plateadas en la cara superior de las hojas más expuestas, secas y de aspecto papeloso, aparecidas de un día para otro después de sacar la bandeja fuera. Es una quemadura por radiación en tejido no aclimatado.
Edema. Pequeñas ampollas o verrugas en el envés, sobre todo en coles y solanáceas, cuando la raíz absorbe más agua de la que la hoja puede transpirar: mucha humedad ambiental, poca ventilación y sustrato saturado. No es infeccioso y remite corrigiendo el ambiente.
En resumen
El diagnóstico en semillero se hace en este orden: mirar el patrón en la bandeja —foco que avanza frente a daño uniforme—, mirar el cuello en busca de estrangulamiento y mirar la raíz sacando el cepellón. Con estrangulamiento y avance por focos, caída de plántula por Pythium, Rhizoctonia, Fusarium o Phytophthora, cuatro habitantes normales del sustrato que solo atacan cuando el ambiente les favorece. Sin estrangulamiento y con raíz parda, podredumbre radicular casi siempre precedida de exceso de agua. En hoja, mildiu con vello en el envés y oídio en polvo superficial. Y si el daño está repartido por igual y no progresa, buscar la causa en las sales, el riego, la luz o una corriente, no en un patógeno. Cómo evitar que nada de esto llegue a producirse se trata en el artículo de prevención de hongos.