La Rosa virginiana, rosal de Virginia, es un rosal silvestre norteamericano que se planta por una razón que no tiene que ver con sus flores: es el rosal con mejor color de otoño que existe. En octubre y noviembre el arbusto entero pasa por el naranja, el escarlata y el amarillo dorado antes de perder la hoja, y después se queda con los tallos rojizos y los escaramujos brillantes durante todo el invierno.
Su flor, además, llega tarde. Mientras la mayoría de los rosales silvestres han terminado en junio, este abre en junio y julio, cuando ya no queda casi nada floreciendo en un jardín de arbustos. Esa combinación de floración tardía, color de otoño y fruto persistente lo hace útil en el diseño de un jardín naturalista, y explica por qué se ve más en parques públicos del norte de Europa que en viveros españoles.
Cómo es
Arbusto caducifolio de uno a metro y medio, ocasionalmente algo más, denso, de porte redondeado y con tendencia a extenderse por renuevos de raíz hasta formar matas anchas.
Los tallos son de color pardo rojizo, lisos y brillantes, con aguijones curvos dispuestos habitualmente de dos en dos en los nudos, más algunas cerdas finas. Ese color de la corteza es parte del interés invernal de la planta y se aprecia sobre todo en los brotes del año.
La hoja es compuesta, con siete o nueve foliolos de borde aserrado, de un verde oscuro brillante y textura algo coriácea. Es un follaje limpio, que aguanta bien el verano sin ajarse.
La flor es simple, de cinco pétalos, de unos cinco o seis centímetros, de un rosa medio con el centro pálido y un ramo de estambres amarillos. Sale solitaria o en grupos pequeños en el extremo de las ramas y es perfumada, con el aroma limpio y ligero de rosal silvestre. Florece una sola vez, en junio y julio.
Los escaramujos son pequeños, redondos y de un rojo brillante barnizado, y permanecen en la planta hasta bien entrado el invierno, cuando ya no queda hoja. Ese es su cuarto momento de interés.
El color de otoño, que es la razón de plantarlo
Casi ningún rosal aporta color otoñal. La mayoría amarillea sin gracia y suelta la hoja. Rosa virginiana hace lo que hacen los arces y los cornejos: la hoja vira de forma escalonada al naranja intenso, al rojo y al amarillo, y como el follaje es denso, el efecto es el de una mata encendida durante varias semanas.
El color de otoño depende de la temperatura. Necesita noches frescas y días soleados a partir de octubre para que se degrade la clorofila y queden a la vista los carotenoides y las antocianinas. Por eso, en la mitad norte peninsular y en zonas de interior con otoños frescos el resultado es espectacular, mientras que en la costa mediterránea cálida, donde las noches de octubre siguen templadas, el viraje es mucho más apagado. Es un dato a tener en cuenta antes de plantarlo esperando el efecto de las fotografías.
Dónde se da bien en España
Es una planta rústica y poco exigente. Resiste bien el frío, tolera el viento y la proximidad del mar, y una vez arraigada aguanta la sequía estival sin problemas graves.
Prefiere suelos sueltos y bien drenados, arenosos o francos, de reacción neutra o ligeramente ácida. Como la mayoría de los rosales silvestres americanos, en suelos muy calizos y de pH alto tiende a la clorosis férrica, con hoja nueva amarilla y nervios verdes. En el este y el sur peninsular conviene contar con ello y trabajar la materia orgánica a fondo antes de plantar.
Su mejor encaje en España es, por tanto, la mitad norte y el interior de otoño fresco, sobre suelos no calizos. Ahí es donde da a la vez la flor tardía, el color de otoño y el fruto persistente.
Va bien a pleno sol y admite media sombra, aunque con menos luz florece menos y el color otoñal pierde intensidad. Está emparentado y se confunde con Rosa carolina y otras especies americanas del mismo grupo; en algunos catálogos antiguos aparece con el nombre de Rosa lucida, un sinónimo en desuso.
Uso en el jardín
No es un arbusto para un arriate de rosas cuidado. Su sitio está en:
- Setos informales y de fauna, plantado en línea cada 80 centímetros o un metro. Forma una masa densa y espinosa, con flor, fruto y color de otoño.
- Taludes y bordes de camino, donde su capacidad de emitir renuevos y de sujetar el suelo con las raíces trabaja a favor.
- Jardines de costa del norte peninsular, por su tolerancia al viento salino.
- Masas de fondo en jardinería naturalista, combinado con gramíneas y arbustos de fruto.
Si quieres un rosal silvestre para un jardín pequeño y controlado, es mejor buscar otra especie: este se expande.
Riego, abonado y rebrotes
Riego abundante y espaciado los dos primeros veranos hasta que arraigue. Después, en la mitad norte se sostiene con la lluvia, y en clima más seco basta un riego profundo cada diez o quince días durante los meses duros.
De abonado, un aporte de materia orgánica al final del invierno es suficiente. Con exceso de fertilización crece más madera y florece peor, como todos los rosales silvestres.
Los renuevos de raíz son parte de su naturaleza. En un seto o en un talud son una ventaja. En un arriate hay que controlarlos: se arrancan de un tirón en primavera, cuando aún están tiernos, descubriendo antes el punto de origen. Cortarlos a ras solo consigue que rebroten multiplicados.
Poda
Florece sobre madera del año anterior, así que la poda de invierno le cuesta la floración de esa temporada. Si hay que intervenir, se hace justo después de la floración, en julio o agosto.
Aun así, la mejor poda para esta especie es casi ninguna. Lo razonable es un aclareo cada dos o tres años, retirando desde la base la madera más vieja y agotada para que la mata se renueve, y nada más. No se recortan las flores marchitas: si se hace, no hay escaramujos y se pierde el interés invernal.
Los escaramujos
Los frutos, como los de otros rosales silvestres, son ricos en vitamina C y se han usado en mermeladas e infusiones. Se recogen bien rojos, entre finales de verano y otoño.
Se aplica la advertencia habitual: dentro del escaramujo, junto a las semillas, hay pelos rígidos irritantes. No son tóxicos, pero irritan la piel al manipularlos y el tubo digestivo si se tragan, así que hay que abrir el fruto, vaciarlo por completo y colar la pulpa por un paño o un colador fino, con guantes puestos. Dicho esto, en esta especie los escaramujos rinden más como alimento de pájaros y como decoración invernal que como despensa: son pequeños y dan mucho trabajo.
Sanidad
Es un arbusto sano. Puede presentar mancha negra (Diplocarpon rosae) en años húmedos y oídio (Podosphaera pannosa) al final de la temporada, en ninguno de los dos casos con gravedad: son manchas en la hoja de un arbusto que va a perderla en octubre de todos modos.
El enfoque correcto es el de la gestión integrada de plagas que establece el Real Decreto 1311/2012: prevenir y tolerar antes que tratar. En un seto silvestre eso significa dar espacio, aclarar la mata cada pocos años y no hacer nada más. Si en algún caso puntual se necesitara un producto, la dosis y los plazos son los de la etiqueta del envase y debe estar autorizado para jardinería exterior doméstica, según el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio. Nunca en floración ni en horas de vuelo de las abejas.
En resumen
Rosa virginiana es un rosal silvestre norteamericano de uno a metro y medio, denso y colonizador, con hoja brillante, flor simple rosa y perfumada en junio y julio, escaramujos rojos que duran todo el invierno y, sobre todo, el mejor color otoñal del género. Tolera viento, sal y sequía, y prefiere suelos sueltos y no muy calizos.
Es una planta para setos informales, taludes, jardines de costa del norte y masas de fondo en jardinería naturalista, no para un arriate pequeño y cuidado. Se poda poco y siempre después de la floración, y su color de otoño depende de tener noches frescas en octubre, cosa que ocurre en la mitad norte y en el interior, pero no en el litoral mediterráneo cálido.