Elfe es un rosal trepador de porte bajo, de unos tres metros, con flores grandes, muy dobles y cuarteadas, de aspecto de rosa antigua y un color crema amarillento que en según qué momentos parece verdoso. Florece de forma repetida durante toda la temporada, tiene un perfume ligero y afrutado y un follaje verde oscuro brillante y sano.

Se vende con frecuencia como "rosa verde", y esa etiqueta necesita una corrección. Elfe no es una rosa verde: es un amarillo muy pálido, casi crema, que en los pétalos exteriores y en las flores que abren con temperaturas frescas presenta un reflejo verdoso claro. El efecto es real y es bonito, pero no es un color verde.

La única rosa verde de verdad

Existe, y no es ninguna de las que se venden como tal. Es Rosa chinensis 'Viridiflora', conocida como la rosa verde, y lo interesante es la razón de su color: sus "pétalos" no son pétalos, son sépalos transformados. Una mutación convirtió los órganos florales en estructuras foliáceas, de modo que la flor es en realidad un manojo de piezas verdes, que con el tiempo toman tonos bronceados.

Las consecuencias son coherentes con eso: no tiene aroma, no produce polen y no forma fruto. Es una curiosidad botánica cultivada desde el siglo XIX, no una rosa de jardín en el sentido habitual.

Todo lo demás que se ofrece como rosa verde entra en dos categorías. Una son las rosas de floristería teñidas, blancas cortadas que absorben colorante por el tallo. La otra son variedades de tono crema con reflejo verdoso, seleccionadas precisamente por ese matiz, que es el caso de Elfe. Conviene saberlo antes de comprar, porque quien espere una rosa del color de una hoja se va a decepcionar, y quien busque un crema luminoso con un punto frío va a quedar muy satisfecho.

Origen

Es una obtención de la casa alemana Tantau, uno de los grandes obtentores europeos, con sede en la zona de Uetersen, en el norte de Alemania. Como es habitual en el sector, circula con varios nombres comerciales según el país y el distribuidor, además del código de registro interno que es lo único que identifica la variedad de forma inequívoca. En España se encuentra casi siempre simplemente como Elfe.

La flor

Flores grandes para un trepador remontante, de unos 10 centímetros de diámetro, con alrededor de cincuenta pétalos muy apretados. La forma es de rosa antigua: copa llena que al abrir se cuartea, mostrando el centro dividido en secciones. Salen en racimos pequeños, de dos a cuatro flores.

El color, ya se ha dicho, es crema amarillento. El matiz verdoso es más evidente en el capullo a punto de abrir, en los pétalos exteriores y en las flores de primavera y otoño; con el calor del verano el conjunto tira más a marfil.

El perfume es ligero y afrutado. No es un rosal que se plante buscando aroma, y en eso conviene ser claro: la fragancia está, pero hay que acercarse.

Florece bien durante toda la temporada, en oleadas, con la más abundante en primavera.

rosa elfe, verde claro

Porte y sanidad

Es un trepador de porte contenido, de unos tres metros de altura, lo que lo hace apto para un arco, una pérgola de patio, una valla o un tramo de pared, y no para cubrir una fachada entera. Sus ramas son flexibles mientras están jóvenes y fáciles de guiar.

El follaje es verde oscuro y brillante, denso, y funciona como fondo perfecto para una flor tan clara: el contraste es la mitad del efecto visual de esta variedad. La sanidad es buena, que es lo esperable en una obtención alemana moderna, donde la selección por resistencia a hongos lleva décadas siendo prioritaria. En Alemania existe además un sistema de ensayo, el ADR, que evalúa variedades nuevas en campo sin aplicar fungicidas, y ese enfoque ha marcado la producción de las casas del país.

Cultivo en España

Exposición. Sol directo, cinco o seis horas mínimo. Los cremas y amarillos pálidos aguantan el sol razonablemente bien, aunque en el sur y el interior peninsular una posición con sol de mañana conserva mejor el matiz verdoso, que es lo que se busca en esta variedad y lo primero que se pierde con calor extremo.

Suelo. Profundo, fértil y con buen drenaje. En suelos arcillosos pesados, hoyo grande con compost y plantación algo elevada. En los suelos calizos del este y el sur peninsular conviene aportar materia orgánica cada año para prevenir la clorosis férrica, que se manifiesta como hojas nuevas amarillas con los nervios verdes.

Plantación. A raíz desnuda entre noviembre y febrero, en contenedor durante casi todo el año salvo los meses de calor fuerte. Si va contra un muro, se planta a unos 40 centímetros de él y se inclina hacia el soporte: junto a la pared el suelo está más seco y bajo el alero apenas llega la lluvia.

Riego. Abundante y espaciado, siempre al pie. En verano, dos riegos profundos por semana en el interior peninsular y uno en la costa templada, con acolchado de cinco a ocho centímetros. Los dos primeros veranos son los decisivos, mientras la raíz se instala.

Abonado. Estiércol bien hecho o compost maduro al final del invierno, abono para rosales al brotar y una segunda aportación tras la primera oleada, que es la que mantiene las siguientes.

Poda y conducción

Al ser remontante, se poda en el reposo invernal: enero o febrero en el litoral mediterráneo, febrero o marzo en el interior y el norte, cuando haya pasado el riesgo de heladas fuertes.

La poda de un trepador distingue dos tipos de rama. Las varas principales forman la estructura y se conservan varios años; cada invierno se retira desde la base alguna vara vieja y agotada para renovar con madera joven. Los ramos laterales que salen de esas varas son los que dan flor, y se acortan cada invierno a dos o tres yemas.

La conducción decide la floración más que la poda. Las varas guiadas en horizontal o en abanico florecen a lo largo de todo su recorrido, porque la posición horizontal reduce la dominancia apical y activa las yemas laterales; las guiadas rectas hacia arriba solo florecen en la punta y dejan la base pelada. Sobre un arco, las varas se enroscan en espiral alrededor de cada montante. Sobre un muro, se atan a alambres horizontales separados unos 40 centímetros y despegados de la pared para que circule el aire.

Durante la temporada, retirar las flores pasadas cortando por encima de una hoja bien formada adelanta la siguiente oleada.

Problemas y prevención

La mancha negra es la enfermedad que más daño hace en zonas húmedas: manchas negras de borde difuso, amarilleo y caída de hoja. La medida más eficaz es recoger y eliminar la hoja caída, donde el hongo pasa el invierno. Después, ventilación y riego al pie, nunca sobre el follaje.

El oídio aparece con días cálidos y noches frescas, en primavera y otoño, sobre todo en muros cerrados y patios sin corriente de aire.

En primaveras muy lluviosas, una flor de cincuenta pétalos puede sufrir balling: el capullo se moja, los pétalos exteriores se secan pegados y la flor no llega a abrir. Se retiran esos capullos y punto; no hay remedio, solo prevención en forma de buena ventilación.

El pulgón ocupa los brotes tiernos en primavera y se controla con agua jabonosa sobre las colonias, sin perjudicar a mariquitas ni sírfidos.

Si hay que recurrir a un tratamiento fitosanitario, en jardinería particular solo pueden usarse productos autorizados para jardinería exterior doméstica, y la dosis y el intervalo son los de la etiqueta del envase, que es la referencia legal; el listado vigente está en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio. El Real Decreto 1311/2012 establece la gestión integrada de plagas, con la prevención y los medios físicos y biológicos por delante del tratamiento químico, y en floración o en horas de vuelo de las abejas no se trata.

Dónde queda bien

El crema con reflejo verde es un color difícil de combinar mal. Funciona en jardines de estilo romántico, junto a rosales de tonos rosa y malva, y frente a follajes oscuros que lo hagan destacar. Sobre un arco de entrada, con la flor a la altura de la vista, se aprovecha bien tanto la forma cuarteada como el aroma ligero. También sirve para cortar: la flor tiene tallo suficiente y dura varios días en jarrón.

En resumen

Elfe es un trepador de porte bajo de la casa Tantau, de unos tres metros, con flores grandes, muy dobles y cuarteadas, de color crema amarillento con reflejos verdosos, perfume ligero y afrutado y follaje oscuro y sano. No es una rosa verde: la única rosa realmente verde es Rosa chinensis 'Viridiflora', cuyos pétalos son sépalos transformados y que no tiene ni aroma ni polen.

Se cultiva a sol, mejor de mañana en las zonas más calurosas, en suelo profundo y drenado, con riego abundante y espaciado al pie y abonado en invierno y tras la primera oleada. La poda es la invernal de trepador remontante, y la clave del rendimiento está en conducir las varas principales en horizontal, no en vertical.


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