Arthur Bell es un rosal floribunda de flor amarillo dorado que palidece a crema al envejecer, con un perfume fuerte poco común en el grupo y una sanidad muy por encima de la media de los amarillos. Mide entre 75 centímetros y un metro, florece en ramilletes desde la primavera hasta bien entrado el otoño y aguanta el frío y la lluvia mejor que la mayoría de sus contemporáneos.
Lleva más de medio siglo en los catálogos, y eso en el mundo de las rosas es el mejor certificado que existe. Las variedades que no funcionan desaparecen en diez años; las que se quedan es porque el jardinero medio consigue tenerlas vivas y en flor sin dedicarles la vida.
Origen y nombre
Es una obtención de Sam McGredy IV, de la casa McGredy de Irlanda del Norte, presentada a mediados de los años sesenta. Sus progenitores son 'Cläre Grammerstorf' y 'Piccadilly', un híbrido de té bicolor rojo y amarillo del propio McGredy.
El nombre honra a Arthur Bell & Sons, la destilería escocesa de whisky. Bautizar rosas con nombres de marcas, patrocinadores o personajes es una práctica antigua del sector, y explica que en distintos países la misma variedad aparezca con nombres distintos: lo que identifica de verdad a una rosa es su código de registro, no el nombre comercial.
Por qué las rosas amarillas dan más problemas
Merece la pena entenderlo, porque explica la mitad de lo que se ve en el jardín. Las rosas europeas antiguas no eran amarillas. El amarillo intenso entró en las rosas modernas a finales del siglo XIX, cuando el francés Joseph Pernet-Ducher consiguió cruzar rosas de jardín con Rosa foetida 'Persiana', una especie asiática de flor amarilla. De ahí salió 'Soleil d'Or' y, tras él, toda la estirpe de rosas amarillas y anaranjadas modernas.
El problema es que Rosa foetida trajo dos cosas en el mismo paquete: el pigmento amarillo y una notable sensibilidad a la mancha negra. Durante décadas, las rosas amarillas fueron las más enfermizas del catálogo. Además, el amarillo de los pétalos son carotenoides, pigmentos que se degradan con la luz ultravioleta y el calor, de modo que la flor amarilla casi siempre pierde color al abrirse y termina en crema o blanco sucio.
Arthur Bell hace las dos cosas: palidece a crema, que en su caso resulta atractivo porque el ramillete muestra a la vez flores doradas y flores casi blancas, y sin embargo es de los amarillos más sanos que se pueden plantar.
La flor
Las flores miden entre 7 y 8 centímetros de diámetro y tienen unos veinticinco pétalos. El capullo es alto y centrado, con la forma clásica de un híbrido de té en pequeño, y al abrir toma forma de copa. Salen en ramilletes de varias flores, que es lo propio de un floribunda.
El perfume es la sorpresa. Los floribundas suelen oler poco, porque la selección buscó cantidad de flor y resistencia antes que aroma, y esta variedad tiene una fragancia clara y dulce, de las que se aprecian a un paso de la planta. Ha recibido reconocimientos precisamente por eso.
El color de partida es un amarillo dorado limpio, sin tonos anaranjados. En primavera y otoño, con temperaturas más bajas, el amarillo dura más en la flor; en pleno julio en el interior peninsular, la flor pasa a crema en dos o tres días.
La planta
Arbusto vigoroso, erguido y bien ramificado, de 75 a 100 centímetros de alto por unos 60 de ancho. El follaje es verde brillante, sano y bastante denso.
Ese tamaño lo hace adecuado para macizos, borduras y jardines pequeños, y también para maceta grande, de al menos 40 centímetros de diámetro y de profundidad. Existe además una versión trepadora, aparecida como mutación de rama del arbusto, que se comercializa como Arthur Bell Climbing: es una forma que se dispara en vigor manteniendo la flor, un fenómeno frecuente en los rosales y que da lugar a la mayoría de los trepadores llamados "climbing" de variedades arbustivas.
Cultivo
Exposición. Sol directo, con un mínimo de cinco o seis horas. En el sur y el interior, donde el sol de las horas centrales del verano es muy fuerte, una posición con sol de mañana conserva mejor el color amarillo.
Plantación. A raíz desnuda de noviembre a febrero, en contenedor casi todo el año salvo el calor fuerte. Para un macizo, separación de 50 a 60 centímetros entre plantas: apretarlos da menos ventilación y más hongos, no más flor.
Suelo. Mullido, fértil y bien drenado. En los suelos calizos del este y el sur, el pH alto puede bloquear la absorción del hierro y provocar clorosis férrica, con hojas nuevas amarillas y nervios verdes. La materia orgánica anual lo previene; los quelatos de hierro lo corrigen cuando ya está.
Riego. Abundante y espaciado, siempre al pie. En verano, dos riegos profundos por semana en el interior y uno en la costa templada, con acolchado de cinco a ocho centímetros. Regar poco todos los días y mojar el follaje al atardecer son los dos hábitos que más enfermedades fúngicas provocan.
Abonado. Estiércol bien hecho o compost maduro al final del invierno, abono para rosales al empezar a brotar y una segunda aportación en cuanto termina la primera oleada de flor. En zonas con heladas se deja de abonar a finales de agosto.
Poda de floribunda
Un floribunda no se poda como un híbrido de té. En el híbrido de té se busca una flor grande sobre pocos tallos y se poda corto, dejando tres o cinco yemas. En el floribunda se busca cantidad de ramilletes, así que la poda es más suave y deja más ramas: se acortan los tallos del año a la mitad o a un tercio, se conservan cinco o seis ramas principales y se elimina la madera vieja, débil, dañada o que cruce hacia el centro.
El momento es el reposo invernal, cuando ha pasado el riesgo de heladas fuertes: enero o febrero en el litoral mediterráneo, febrero o marzo en el interior y el norte. El corte se hace en bisel unos milímetros por encima de una yema orientada hacia fuera, para que la planta abra el centro.
Durante la temporada, retirar el ramillete entero cuando la mayoría de sus flores han pasado, cortando por encima de una hoja bien formada, adelanta la oleada siguiente. Es lo que mantiene un floribunda en flor de mayo a noviembre.
Plagas y enfermedades
Su resistencia es buena, pero no absoluta. La mancha negra aparece en primaveras húmedas y en el norte peninsular: manchas negras de borde difuso en la hoja, amarilleo y defoliación. La medida más eficaz es recoger y eliminar la hoja caída, que es donde el hongo pasa el invierno, junto con la ventilación y el riego al pie.
El oídio se presenta con días cálidos y noches frescas, en primavera y otoño, sobre todo si la planta está en un rincón cerrado.
El pulgón coloniza los brotes tiernos en primavera. El agua jabonosa aplicada sobre las colonias funciona bien y no daña a mariquitas ni sírfidos, que son los que mantienen el equilibrio a medio plazo.
Si se llega a necesitar un tratamiento fitosanitario, en jardinería particular solo pueden usarse productos autorizados para jardinería exterior doméstica, y la dosis, el intervalo y el número de aplicaciones son los que figuran en la etiqueta del envase. Los productos vigentes se consultan en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio. El Real Decreto 1311/2012 establece la gestión integrada de plagas como principio: prevención y medios físicos y biológicos antes que el tratamiento químico. Con la planta en flor, o en horas de vuelo de las abejas, no se trata.
En resumen
Arthur Bell es un floribunda de Sam McGredy IV, de flor amarillo dorado que vira a crema, muy perfumado para su grupo, con floración larga en ramilletes sobre una planta de 75 a 100 centímetros y una sanidad notable dentro de las rosas amarillas, un grupo que arrastra desde su origen la sensibilidad a la mancha negra.
Se cultiva a pleno sol, con suelo drenado y mejorado con materia orgánica, riego abundante y espaciado al pie y poda invernal suave de floribunda, dejando más ramas y cortando menos que en un híbrido de té. Retirar los ramilletes pasados durante la temporada es lo que mantiene la floración hasta el otoño.