Alba García es un rosal híbrido de té de flor blanca, muy perfumado, de porte medio y floración repetida durante toda la temporada. Da rosas de unos diez centímetros de diámetro con veinte pétalos aproximadamente, casi siempre solitarias y al final de tallos largos, que es exactamente lo que se busca en un rosal para cortar flor.

Su interés añadido es el origen: es una obtención española, del vivero valenciano Francisco Ferrer, una de las pocas casas del país que mantiene programa propio de mejora además de representar aquí a obtentores extranjeros. En un catálogo dominado por variedades francesas, alemanas e inglesas, eso no es un detalle menor.

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La mejora de rosales en España

España tuvo una tradición notable de obtención de rosas en el siglo XX, con nombres como Pere Dot, autor de 'Nevada' y de la trepadora 'Madame Grégoire Staechelin', o Cebrià Camprubí. Después, el mercado se concentró en unas pocas casas europeas de gran tamaño y la obtención local quedó reducida a muy pocos viveros.

Alba García pertenece a esa producción reciente y comparte con otras variedades mediterráneas una ventaja práctica: se ha seleccionado en un clima parecido al de buena parte de la península, con veranos largos y secos y agua de riego con frecuencia dura. Una variedad seleccionada en Hamburgo o en Shropshire no ha pasado ese filtro.

Cómo es la flor

La flor tiene la forma clásica del híbrido de té: capullo alargado, alto y centrado, que abre despacio en espiral hasta mostrar el corazón. Mide alrededor de 10 centímetros de diámetro y tiene entre 17 y 25 pétalos, un número medio que da una flor elegante y bien formada sin llegar a la densidad de una rosa inglesa.

El blanco es limpio, con un ligero tono crema o marfil en el centro que se acentúa cuando la flor abre del todo y en las flores de primavera, cuando la temperatura es más baja. La fragancia es una de sus bazas comerciales. Conviene matizar lo que eso significa: el perfume de una rosa depende mucho de la hora, la temperatura y la humedad, y una misma variedad puede oler mucho en un jardín de interior y bastante menos en la costa. Lo habitual es que se aprecie mejor a media mañana y al caer la tarde de un día cálido.

Las flores aparecen casi siempre de una en una, sobre tallos largos y rectos. Eso da menos masa de color que un floribunda, pero da flor de corte, que es otro uso.

rosa alba garcía blanca

El blanco es un color exigente

Nadie lo advierte en los catálogos y es lo primero que descubre quien planta rosales blancos: el pétalo blanco no perdona nada. Cualquier marca se ve.

La lluvia mancha los pétalos con puntos pardos y, en primaveras muy húmedas, favorece la Botrytis cinerea, la podredumbre gris, que empieza como manchitas acuosas y acaba pudriendo el capullo antes de que abra. Las rosas de muchos pétalos son las más afectadas; ésta, con un número moderado, lo sufre menos.

El trips, un insecto diminuto y alargado que se mete entre los pétalos, produce en las rosas claras unas rayas y bordes pardos muy visibles. En las rosas rojas y oscuras pasa casi inadvertido, en las blancas estropea la flor. Es un problema típico de finales de primavera y del verano seco.

Y el sol muy fuerte quema los bordes de los pétalos exteriores en julio y agosto en el interior peninsular, dejando un ribete tostado.

Nada de esto descalifica la variedad. Simplemente significa que un rosal blanco luce mejor en una posición con sol de mañana y algo de protección a media tarde en zonas calurosas, y que en climas lluviosos hay que asumir que algunas flores se perderán.

Plantación y emplazamiento

Alcanza unos 90 centímetros de altura y algo menos de anchura, con vegetación densa y verde claro. Ese tamaño lo hace cómodo para arriates, macizos y borduras, y también para maceta grande, de al menos 40 centímetros de diámetro y otro tanto de profundidad.

Los rosales a raíz desnuda se plantan en el reposo invernal, de noviembre a febrero, que es cuando se venden y cuando mejor enraízan. Los de contenedor admiten plantarse casi todo el año, evitando el calor fuerte. El punto de injerto se deja al nivel del suelo o ligeramente por encima en climas suaves.

Sol directo, al menos cinco o seis horas. Espacio entre plantas de unos 50 o 60 centímetros si se hace un macizo: apretarlos parece que da más flor y lo que da es menos aire, más humedad entre las hojas y más hongos.

El suelo debe estar mullido y drenar bien. En los suelos calizos del Levante y del sur, con pH alto y agua de riego dura, vigilar la clorosis férrica: hojas nuevas amarillas con los nervios verdes. Se previene aportando materia orgánica cada año, que acidifica ligeramente y mejora la disponibilidad del hierro, y se corrige con quelatos de hierro cuando ya está instalada.

Riego y abonado

Riego abundante y espaciado, siempre al pie y nunca sobre las hojas. En verano, dos riegos profundos por semana en el interior peninsular y uno en la costa templada suelen bastar si hay una capa de acolchado de cinco a ocho centímetros. Mojar el follaje al atardecer es la forma más eficaz de invitar a la mancha negra.

El abonado empieza con estiércol bien hecho o compost maduro al final del invierno. Después, un abono para rosales al brotar y otra aportación tras la primera oleada de flor, que es cuando la planta ha gastado reservas y prepara la siguiente. En zonas con heladas se deja de abonar a finales de verano para que la madera madure antes del frío.

Poda

Se poda como un híbrido de té, en el reposo invernal: enero o febrero en el litoral mediterráneo, febrero o marzo en el interior y el norte, siempre cuando ha pasado el riesgo de heladas fuertes.

Se eliminan primero las ramas muertas, dañadas, débiles o cruzadas, y la madera vieja y oscura. Después se acortan las ramas sanas dejando de tres a cinco yemas, cortando en bisel unos milímetros por encima de una yema orientada hacia fuera, para que el brote crezca abriendo el centro de la planta y no hacia dentro. Un híbrido de té bien podado queda con tres o cinco ramas en forma de copa abierta.

Durante la temporada, cortar las flores marchitas por encima de una hoja completa acelera la floración siguiente. Si se corta flor para casa, esa poda ya está hecha: conviene cortar por la mañana temprano, con tijera limpia, y meter el tallo en agua enseguida.

Plagas y enfermedades

El pulgón llega en primavera a los brotes tiernos. En una planta equilibrada no llega a más, y el agua jabonosa aplicada sobre las colonias resuelve la mayoría de los casos sin afectar a mariquitas ni a sírfidos, que son quienes hacen el trabajo de fondo.

La araña roja aparece en veranos secos y calurosos, sobre todo en plantas en maceta y contra paredes: hojas moteadas de amarillo y telaraña fina en el envés. Sube con el calor y el ambiente seco.

De los hongos, la mancha negra es el que más daño hace en zonas húmedas, y el oídio el más frecuente en primavera y otoño. Con higiene, riego al pie, poda que ventile y retirada de la hoja caída se evita buena parte del problema.

Cuando haya que tratar, en jardinería particular solo se pueden usar productos autorizados para jardinería exterior doméstica, y la dosis y el intervalo son los que indique la etiqueta del envase. Los productos vigentes se consultan en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio. El Real Decreto 1311/2012 establece el principio de gestión integrada de plagas, con la prevención y los medios físicos y biológicos por delante del tratamiento químico, y en floración o en horas de vuelo de las abejas no se trata.

En el jardín

Los rosales blancos tienen una virtud que se aprovecha poco: son los últimos que se ven al anochecer. Un macizo blanco junto a una terraza donde se cena en verano funciona mucho mejor que uno rojo, que a esa hora desaparece. Combinan bien con follajes plateados y con vivaces azules o malvas, y evitan el problema de los rosales de color intenso, que chocan entre sí con facilidad.

En resumen

Alba García es un híbrido de té blanco de obtención española, del vivero valenciano Francisco Ferrer, con flor de unos diez centímetros, forma clásica, buen perfume, tallos largos y floración repetida sobre una planta de unos 90 centímetros. Sirve para macizo, para bordura y sobre todo para cortar flor.

Su cultivo es el de cualquier híbrido de té: sol, suelo drenado y mejorado con materia orgánica, riego abundante y espaciado al pie, abonado en invierno y tras la primera oleada, y poda corta en el reposo invernal. La particularidad está en el color: el pétalo blanco marca con la lluvia, con el trips y con el sol de julio, así que agradece una posición con sol de mañana y algo de resguardo en las horas duras del verano.


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