Madame Grégoire Staechelin es probablemente el rosal español más conocido fuera de España. Lo obtuvo el rosalista catalán Pere Dot i Martínez, y en el mercado anglosajón se vende con un nombre que lo dice todo: 'Spanish Beauty'. Es un trepador enorme, de flores grandes, rosas, de pétalos ondulados y perfume a guisante de olor, con una única floración muy temprana.
Conviene tener claras dos cosas antes de plantarlo. La primera es que no es remontante: da una floración de tres o cuatro semanas a comienzos de primavera, antes que casi cualquier otro rosal, y no vuelve a florecer aunque se pode. La segunda es que crece mucho, entre cuatro y seis metros de alto y otro tanto de ancho, así que necesita un muro grande, una fachada o un árbol viejo donde subirse.
Un clásico español de 1927
Pere Dot, también conocido como Pedro Dot, trabajó desde su vivero de Sant Feliu de Llobregat y fue el obtentor español con más proyección internacional del siglo XX. Madame Grégoire Staechelin la presentó en 1927, el mismo año en que apareció su otra variedad célebre, el arbusto 'Nevada'. Recibió la medalla de oro del Concurso Internacional de Rosas Nuevas de Bagatelle, en París, que era entonces el certamen de referencia, y desde ahí saltó a los catálogos de medio mundo. Casi un siglo después sigue estando en ellos, y cuenta con el Award of Garden Merit de la Royal Horticultural Society.
Su genealogía la sitúa como cruce entre 'Frau Karl Druschki', el híbrido perpetuo blanco de Lambert que aparece en el árbol de tantos trepadores vigorosos, y 'Château de Clos Vougeot' en su versión trepadora. Se clasifica como híbrido de té trepador.
Cómo es la flor
Es una flor grande, de unos 10 a 12 centímetros, semidoble, con relativamente pocos pétalos, entre nueve y dieciséis, muy ondulados en el borde. Ese número bajo de pétalos es lo que le da su aspecto suelto y ligero, tan distinto del de una rosa moderna muy llena.
El color es rosa medio, más intenso y con tonos carmín en el envés de los pétalos y más claro en la cara vista, con lo que la flor parece cambiar según de dónde le dé la luz. El perfume es dulce y se compara habitualmente con el del guisante de olor: no es intenso, pero está.
Las flores salen en grupos y cuelgan un poco por el peso, lo que juega a favor cuando la planta está por encima de la cabeza: se ven de frente desde abajo. La floración es muy temprana, en el litoral mediterráneo suele estar abierta en abril, a veces antes.
Rosa Madame Grégoire Staechelin. Spanish Beauty. Foto: Rogue Valley Roses
Los frutos, la segunda temporada de la planta
Este es un detalle que casi ningún catálogo cuenta y que en el jardín tiene valor. Al no ser remontante y no necesitar que se le quiten las flores pasadas, la planta forma escaramujos grandes, con forma de pera, que maduran a rojo anaranjado en otoño y se quedan en la planta hasta el invierno. Los pájaros los aprovechan. Si se cortan las flores marchitas por costumbre, se pierde ese fruto, así que aquí no se hace.
Dónde plantarlo
Prefiere el sol, pero es uno de los pocos rosales que tolera de verdad una pared orientada al norte o una situación de sombra parcial. Es su gran baza en el diseño de jardín: permite poner un rosal donde normalmente no se puede. En esa exposición florece algo menos y algo más tarde, pero florece.
Necesita espacio en las dos direcciones. Cuatro o cinco metros de altura y una anchura parecida son lo normal en una planta adulta bien alimentada. Sobre una pérgola ligera resulta excesivo; sobre un muro de piedra, la fachada de una casa de campo o un ciprés viejo, encaja.
El suelo debe drenar bien. Como todos los rosales, no tolera el encharcamiento, y las raíces mojadas de forma continuada acaban con la planta más deprisa que cualquier hongo. En los suelos calizos del este y el sur peninsular tolera bien el pH alto, aunque en los casos más extremos puede aparecer clorosis férrica, con hojas amarillas y nervios verdes, que se previene aportando materia orgánica y se corrige con quelatos.
Riego, y una corrección importante
Es un rosal rústico y, una vez asentado, resistente a la sequía en comparación con un híbrido de té moderno. Eso no significa que se pueda plantar y olvidar, sobre todo los dos primeros veranos, cuando el sistema radicular aún es pequeño.
El riego correcto es abundante y espaciado: mojar en profundidad dos veces por semana en verano en el interior peninsular, y menos en la costa templada, con acolchado al pie para reducir la evaporación. El riego diario y ligero, que se ve mucho en instalaciones automáticas mal programadas, es lo peor que se le puede hacer: mantiene húmeda solo la capa superficial, impide que la raíz profundice y favorece los hongos. Si hay riego por goteo, se programa con menos frecuencia y más tiempo por riego.
Abonado
Tolera suelos pobres, pero crece y florece bastante mejor en suelo fértil. La aportación principal es de estiércol bien hecho o compost maduro al final del invierno, extendido alrededor del pie sin enterrarlo contra el cuello de la planta. Un abono específico para rosales al arrancar la primavera completa el ciclo.
Al ser de floración única, no tiene sentido seguir abonando en verano para forzar flor. Lo que interesa a partir de junio es que la planta produzca madera nueva y bien lignificada, que es la que dará la flor del año siguiente.
Poda: el punto donde se pierde la floración
Florece sobre madera del año anterior. Si se poda en invierno, se corta exactamente lo que iba a florecer. Es el error más repetido con esta variedad y con todos los trepadores no remontantes.
La poda se hace justo después de la floración, entre finales de mayo y junio. Se eliminan desde la base las varas viejas y agotadas, se conserva la madera joven vigorosa que la planta emite ese verano y se recorta lo que estorbe. En invierno, solo madera muerta o dañada.
Ahora bien, si se quieren los escaramujos, hay que llegar a un acuerdo: podar después de florecer implica cortar parte de los frutos que se estaban formando. Lo razonable es hacer una poda ligera de renovación en junio y dejar buena parte de la planta con fruto.
La conducción sigue la regla general de los trepadores: las varas principales atadas en horizontal o en abanico florecen a lo largo de todo su recorrido, y las verticales solo por la punta. Los alambres o el emparrado deben quedar separados unos centímetros del muro para que circule el aire por detrás.
Sanidad
Tiene fama merecida de rosal sano, y es una de las razones de su permanencia en el mercado. Aun así conviene vigilar dos cosas.
El oídio, polvo blanco sobre brotes y hojas jóvenes, aparece en primavera y otoño con días cálidos y noches frescas, y se va cuando llega el calor seco del verano. Rara vez pasa de un problema estético.
La mancha negra es más seria: manchas negras de borde irregular sobre las hojas, que amarillean y caen, dejando la planta desnuda. Es un problema de climas húmedos y de plantas mal ventiladas. Se previene retirando y eliminando la hoja caída, que es donde el hongo pasa el invierno, aclarando el interior con la poda y regando siempre al pie, nunca sobre el follaje.
Si aun así hace falta un tratamiento, en jardinería particular solo pueden emplearse productos autorizados para jardinería exterior doméstica, y la dosis, el plazo de seguridad y el número de aplicaciones son los de la etiqueta del envase. La lista vigente se consulta en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio. El Real Decreto 1311/2012 establece la gestión integrada de plagas: prevención y medios físicos y biológicos antes del tratamiento químico. Y con la planta en flor, o en horas de vuelo de las abejas, no se trata.
En resumen
Madame Grégoire Staechelin, o Spanish Beauty, es un trepador de Pere Dot presentado en 1927, de flor grande, rosa, semidoble y de pétalos ondulados, con perfume a guisante de olor y una única floración muy temprana. Crece hasta cuatro o seis metros, tolera bien la sombra parcial y una pared al norte, y forma escaramujos grandes que decoran en otoño.
La clave de su cultivo es podar después de florecer y nunca en invierno, porque la flor sale sobre madera del año anterior, y regar de forma abundante y espaciada en lugar de poco y a diario. Suelo drenado, sol o sombra parcial, un soporte firme y espacio suficiente son el resto de la receta para uno de los mejores trepadores que se han obtenido en España.