Pierre de Ronsard es el rosal trepador más vendido del mundo, y lo es por una razón concreta: da flores enormes, muy dobles y con aspecto de rosa antigua sobre una planta moderna, sana y de tamaño manejable. Sube entre dos y medio y tres metros y medio, no más, así que cabe en un arco, en una pérgola de patio o en un trozo de pared sin acabar tragándose la casa.
Su otra característica, la que conviene saber antes de comprarlo, es que casi no huele. La fragancia es muy tenue y a menudo imperceptible. Si la prioridad es el perfume, hay trepadores mejores. Si la prioridad es la flor perfecta de color crema con el centro rosado, no hay muchos que se le acerquen.
Quién lo obtuvo y por qué se llama así
Es una obtención de la casa francesa Meilland, del programa dirigido por el rosalista Jacques Mouchotte, dentro de su colección de rosas de aire romántico. Se registró con un código interno, como todas las variedades de la casa, y se comercializa con nombres distintos según el país: en buena parte de Europa es Pierre de Ronsard, en el mercado anglosajón se vende sobre todo como 'Eden Rose 85' o 'Eden Climber'. Es la misma planta.
El nombre honra al poeta francés del siglo XVI Pierre de Ronsard, autor del célebre "Mignonne, allons voir si la rose", el poema que fijó el tópico del carpe diem asociado a la rosa que se abre por la mañana y se deshoja por la tarde. En 2006 la Federación Mundial de Sociedades de la Rosa la incorporó a su Salón de la Fama como rosa favorita del mundo, una distinción que se vota entre sociedades de rosas de todo el planeta.
La flor
Es lo que vende esta variedad. Flores de 10 a 13 centímetros de diámetro, muy llenas, con setenta pétalos o más, de forma globular al abrirse y acopada después, con el centro cuarteado propio de las rosas antiguas. El color va del blanco crema en los pétalos exteriores al rosa medio en el corazón, con más rosa cuanto más fresca es la temperatura y más crema cuando aprieta el calor.
Los pétalos son gruesos y resistentes, lo que tiene dos consecuencias prácticas. La buena: la flor dura mucho abierta, aguanta bien el sol fuerte y sirve de flor cortada, con varios días de jarrón. La mala: en primaveras muy lluviosas o en zonas de humedad alta, las flores más llenas a veces no llegan a abrir del todo y se pudren en capullo, un fenómeno conocido como "balling" que afecta a todas las rosas de muchos pétalos.
Florece en oleadas. La primera, en primavera, es muy abundante y cubre la planta. Después sigue dando flor de forma más dispersa durante el verano y el otoño, con un repunte cuando bajan las temperaturas. Las flores salen solas o en grupos de dos o tres, y por su peso los tallos se inclinan: mirándolas desde abajo se ven de perfil, lo que hay que tener en cuenta al decidir la altura a la que se conduce la planta.
Porte, follaje y sanidad
Es un trepador de porte contenido y crecimiento rápido: en tres o cuatro años alcanza su tamaño adulto, entre 2,5 y 3,5 metros de altura por unos dos de anchura. Las ramas son flexibles y fáciles de guiar mientras están jóvenes, y se endurecen con los años, así que conviene darles la posición definitiva pronto.
El follaje es verde oscuro, semibrillante, de foliolos redondeados y denso. La sanidad es buena para una variedad de este tipo, sin ser inmune: en primaveras húmedas puede aparecer mancha negra, y el oídio se presenta en emplazamientos cerrados sin ventilación.
Cultivo en España
Es una variedad que funciona bien en casi toda la península. Aguanta el calor mejor que muchos trepadores de flor muy doble, y de hecho el color crema con centro rosa se sostiene bien en verano; los tonos rosas más intensos se ven en las flores de primavera y de otoño.
Exposición. Sol directo, con un mínimo de cinco o seis horas. En Andalucía, Murcia o el valle del Ebro le viene bien una orientación en la que reciba el sol de la mañana y quede a la sombra en las horas centrales de julio y agosto, sobre todo si está en muro: una pared orientada al sur acumula calor y lo devuelve durante la noche.
Suelo y plantación. Suelo profundo, con materia orgánica y buen drenaje. No tolera el encharcamiento: en suelos arcillosos pesados conviene levantar el nivel de plantación o abrir un hoyo grande con aporte de compost y arena gruesa. Los rosales a raíz desnuda se plantan entre noviembre y febrero; los de contenedor, en cualquier momento salvo el verano. Si va contra una pared, se planta a 40 centímetros de ella y se inclina el rosal hacia el soporte.
Riego. Abundante y espaciado, al pie y nunca sobre las hojas. Dos riegos profundos por semana en verano en el interior peninsular, uno en zonas templadas de costa, siempre que el suelo tenga acolchado. Regar poco y todos los días es el error clásico: mantiene la superficie húmeda, favorece los hongos y no obliga a la raíz a profundizar.
Abonado. Estiércol o compost maduro al final del invierno y un abono para rosales al principio de la primavera. Como es remontante, una segunda aportación después de la primera oleada de flor ayuda a que las siguientes sean más generosas. En agosto se deja de abonar en las zonas con heladas, para que la madera madure antes del invierno.
Poda y conducción
Al ser remontante, se poda en el reposo invernal, entre enero y febrero en el litoral mediterráneo y en febrero o marzo en el interior y el norte, siempre después del riesgo de las heladas fuertes.
La poda de un trepador no es la de un arbusto. Se trabaja sobre dos tipos de rama: las varas principales, que se conservan varios años y forman la estructura, y los ramos laterales, que son los que dan flor y se acortan a dos o tres yemas cada invierno. Cada año se elimina desde la base alguna vara vieja y agotada para renovar la estructura con madera joven.
La conducción es lo que decide la floración. Las varas guiadas en horizontal o en abanico florecen a lo largo de todo su recorrido; las guiadas rectas hacia arriba solo dan flor en la punta. Es un efecto de la dominancia apical, y aprovecharlo cuesta lo mismo que ignorarlo. Sobre un arco se conducen en espiral alrededor de cada montante; sobre un muro, en abanico o sujetas a alambres horizontales separados unos 40 centímetros.
Durante la temporada, quitar las flores marchitas cortando por encima de una hoja bien formada acelera la oleada siguiente. En otoño se deja de hacer si se quiere que la planta forme escaramujos y entre antes en reposo.
Problemas frecuentes y qué hacer
La mancha negra es la enfermedad que más molesta a los rosales en el norte y en las zonas húmedas: manchas negras de borde difuso en las hojas, que amarillean y caen. Se combate sobre todo con higiene, retirando y eliminando las hojas caídas, que son donde el hongo pasa el invierno, regando al pie y podando para que circule el aire.
El pulgón aparece en primavera sobre los brotes tiernos. En una planta sana no llega a ser un problema serio; el agua jabonosa aplicada sobre las colonias funciona bien y no daña a la fauna auxiliar, y las mariquitas y sus larvas hacen el resto si no se elimina todo insecto que se ve.
Cuando haga falta un tratamiento fitosanitario, en jardinería particular solo son legales los productos autorizados para jardinería exterior doméstica, y la dosis y el intervalo son los de la etiqueta del envase. El listado vigente está en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio. El Real Decreto 1311/2012 fija el principio de gestión integrada de plagas: prevenir primero, actuar con medios físicos y biológicos después, y dejar el químico para cuando lo anterior no basta. Nunca se trata con la planta en flor ni en horas de vuelo de las abejas.
En resumen
Pierre de Ronsard es un trepador de Meilland de flor grande, muy doble y de aspecto antiguo, color crema con el centro rosa, remontante, de dos y medio a tres metros y medio, sano y fácil de conducir. Su gran limitación es la falta de perfume, y conviene saberlo antes de comprarlo.
En España se comporta bien con sol, suelo profundo y drenado, riegos abundantes y espaciados al pie, y poda invernal de trepador remontante con las varas principales guiadas en horizontal. Con eso, y retirando las flores pasadas durante la temporada, da una primera oleada espectacular en primavera y flor repetida hasta el otoño.