'Queen Elizabeth' es probablemente el rosal moderno más fácil de cultivar que existe. Lo introdujo el estadounidense Walter Lammerts en 1954, del cruce entre 'Charlotte Armstrong' y 'Floradora', y setenta años después sigue en producción en medio mundo por una razón muy sencilla: crece rápido, apenas enferma, florece sin parar de primavera a otoño y perdona casi cualquier error de manejo.
Su flor es de un rosa limpio y luminoso, de unos 10 centímetros, con treinta o cuarenta pétalos y forma alta y centrada al abrirse. El perfume es leve, y ese es el precio que hay que pagar. Lo que no es leve es el tamaño del arbusto: si se le deja, pasa de los dos metros con facilidad, y ese es el error más común al plantarla, colocarla en primera fila de un macizo pensando que se quedará a la altura de un híbrido de té.
La rosa que creó una categoría
Cuando apareció no encajaba en ninguna clase. Tenía la flor grande, alta y centrada de un híbrido de té, pero la producía en ramilletes y con el vigor de una floribunda, sobre un arbusto mucho más alto que ambos. La respuesta del mercado estadounidense fue crear una categoría nueva, la grandiflora, y 'Queen Elizabeth' fue la primera y sigue siendo el ejemplo de manual.
Conviene saber que esa clase nunca cuajó fuera de Estados Unidos. En Europa y en el Reino Unido las mismas variedades se clasifican como floribundas de flor grande o simplemente como arbustivas, de modo que la misma rosa puede aparecer en dos apartados distintos según el catálogo. No es un error de nadie: son dos convenciones distintas para el mismo grupo de plantas.
La flor
El capullo es alargado y de rosa intenso. Al abrirse forma una flor alta y bien centrada, de 10 a 12 centímetros, con entre veintiséis y cuarenta pétalos, que termina en copa y va aclarando hasta un rosa más pálido y algo asalmonado. Como en cada ramillete hay flores en distinto estado, el arbusto muestra a la vez el rosa fuerte de los capullos y el rosa suave de las flores maduras.
Las flores salen solitarias sobre tallo largo o en grupos de tres a cinco. Los tallos florales tienen un tono rojizo característico que se aprecia bien de cerca. El perfume es ligero, con un fondo suave a rosa de té; se percibe con la nariz encima de la flor y poco más.
Durante los meses de más calor las flores abren rápido y duran poco en la planta. En primavera y sobre todo en otoño, con noches frescas, la flor es mucho más grande, de color más firme y aguanta bastantes días.
El arbusto
Vigoroso y de porte marcadamente vertical. En un jardín español bien regado alcanza sin dificultad entre 1,5 y 2,5 metros, y si se poda alto y se guía puede pasar de los tres. Las varas son gruesas, erguidas y con aguijones grandes pero escasos, y el follaje es verde oscuro, coriáceo y brillante.
Esa dureza de la hoja es la clave de su fama: es una de las variedades modernas con mejor resistencia natural a la mancha negra y al oídio. En jardines donde otros rosales necesitan atención constante, esta se sostiene sola.
El defecto que acompaña al vigor es que se desnuda por abajo. Con los años quedan varas largas y desprovistas hasta el metro de altura, así que hay que preverle una plantación delante, o podarla escalonando alturas.
Existe también una mutación trepadora, aparecida en 1957, que alcanza cuatro o cinco metros y florece bien contra un muro, aunque reflorece de forma más irregular que el arbusto.
Reconocimiento
Obtuvo el premio All-America Rose Selections en 1955, y con el tiempo entró en el salón de la fama de la World Federation of Rose Societies, la distinción a la rosa favorita del mundo que votan las sociedades nacionales de la rosa. Es un premio a la fiabilidad en climas muy distintos, más que a la belleza, y en su caso está bien puesto.
Cultivo en España
Se adapta a casi todo el territorio. Aguanta el frío del interior peninsular y el calor de Andalucía, y su follaje duro tolera mejor que la media el sol directo del verano, aunque la flor abierta se descolora rápido en julio y agosto. En el sur, una posición con sombra ligera a partir de las cuatro de la tarde mejora bastante la duración de la flor.
Plantación a raíz desnuda de noviembre a febrero, o en contenedor fuera del verano. Hay que darle sitio: un metro entre ejemplares como mínimo, y metro y medio si se planta en seto o en grupo. Suelo profundo, con materia orgánica; en los calizos del este y el sur, compost o estiércol maduro al final del invierno y acolchado permanente para prevenir la clorosis férrica.
Riego profundo y espaciado, al pie. Un ejemplar establecido en Madrid o en Zaragoza pide dos riegos abundantes por semana en pleno verano; en el norte atlántico, bastante menos. Abonado al final del invierno y aportes ligeros tras cada oleada hasta finales de agosto.
Poda: la decisión que define el arbusto
Aquí es donde se decide qué planta se tiene. Esta variedad responde a la altura de poda de forma muy directa:
- Poda alta, dejando las varas a 80 o 100 centímetros: se obtiene un arbusto grande, casi un seto, que florece pronto y muy arriba. Es lo adecuado si se usa como fondo de macizo o como pantalla.
- Poda media, a 40 o 50 centímetros: arbusto de metro y medio, con flor a altura de la vista y buena renovación de madera. Es la opción más equilibrada para un jardín particular.
- Poda escalonada: cortar unas varas altas y otras bajas en el mismo pie, para que la floración se reparta en altura y el arbusto no quede desnudo abajo. Es el truco que mejor funciona con esta variedad.
El momento es el final del invierno: entre enero y febrero en el litoral y en el sur, y hacia finales de febrero o principios de marzo en el interior y en el norte, cuando ya no se esperan heladas fuertes. Durante la temporada, cortar la flor pasada por encima de la primera hoja de cinco foliolos mantiene el ritmo de oleadas.
Usos y flor cortada
Sus tres usos naturales son el seto floral, que forma muy bien plantándola cada metro, el fondo de un macizo mixto, donde tapa muros y vallas, y la producción de flor de corte, para lo que resulta muy generosa gracias a sus tallos largos. Se corta a primera hora de la mañana, con el capullo entreabierto. En jarrón dura bien, sin más aroma que un rastro leve.
En resumen
'Queen Elizabeth' es la grandiflora original, obtenida por Walter Lammerts en 1954 del cruce entre 'Charlotte Armstrong' y 'Floradora'. Flor rosa clara de 10 a 12 centímetros y forma de híbrido de té, en solitario o en pequeños ramilletes, perfume ligero, floración continua de primavera a otoño y una resistencia a enfermedades excepcional para su época.
Es un rosal para quien quiera flor abundante sin complicaciones, con dos condiciones: darle espacio, porque supera los dos metros, y podarlo escalonando alturas para que no se quede desnudo por abajo. Con riego profundo, materia orgánica en suelo calizo y poda de final de invierno, no necesita nada más.