Pregunta a un agricultor ecológico español qué siembra para abonar en verde y la respuesta será casi siempre la misma leguminosa: veza. Vicia sativa ocupa ese puesto por una combinación difícil de igualar —fija nitrógeno atmosférico, produce una barbaridad de biomasa en pocos meses de otoño e invierno, se maneja con maquinaria corriente y la semilla es barata y fácil de conseguir—, y no porque no haya alternativas.
Qué es la veza
Vicia sativa L. es una leguminosa anual de la familia Fabaceae, de origen mediterráneo y de la Asia occidental, cultivada desde el Neolítico. El nombre del género procede del latín vincire, atar, en referencia a sus zarcillos; el epíteto sativa significa cultivada.
Tiene tallo trepador o postrado, cuadrangular y débil, de 30 a 120 cm, que sin apoyo se tumba. Hojas paripinnadas de cuatro a ocho pares de folíolos, terminadas en un zarcillo ramificado con el que se agarra a lo que tenga cerca. Flores papilionadas de color púrpura, violáceo o rosa intenso, en general de una en una o de dos en dos en la axila de la hoja, de febrero a junio según zona. El fruto es una legumbre alargada, de 4 a 7 cm, que pardea al madurar y se abre con torsión para dispersar de cuatro a diez semillas globosas.
La raíz es pivotante y ramificada, y lleva los nódulos donde reside toda la gracia del asunto.
La fijación de nitrógeno, y por qué produce tanto
La veza establece simbiosis con bacterias del suelo del grupo Rhizobium leguminosarum biovar viciae, las mismas que nodulan guisantes, habas y lentejas. La bacteria coloniza el pelo radical, la planta construye a su alrededor un nódulo, y dentro de ese nódulo —en un ambiente sin oxígeno libre, mantenido así por la leghemoglobina, que le da el color rosado característico al cortarlo— la enzima nitrogenasa rompe el triple enlace del N₂ atmosférico y lo convierte en amonio asimilable.
La planta paga ese servicio con azúcares. A cambio recibe nitrógeno sin haber tocado el suelo. Una veza bien nodulada puede fijar del orden de 60 a 150 kg de nitrógeno por hectárea, y hay registros superiores en condiciones favorables.
El nitrógeno fijado no está sólo en la raíz —ese es un malentendido persistente—. La mayor parte va a la parte aérea, a hojas y tallos, y por eso enterrar la biomasa es lo que devuelve el nitrógeno al sistema; si se siega y se retira para forraje, buena parte se va con el carro y sólo quedan las raíces y los rastrojos.
Sobre la producción: en un otoño-invierno normal la veza levanta entre 2 y 5 toneladas de materia seca por hectárea, con 20 a 40 toneladas en verde. Es una cantidad muy alta para una planta de ciclo corto, y en un suelo pobre esa masa de materia orgánica fresca vale por sí sola tanto como el nitrógeno que trae.
Detalle práctico importante: si la parcela nunca ha llevado veza ni leguminosa afín, conviene inocular la semilla con el rizobio adecuado. Cuesta poco y marca la diferencia entre una veza que fija y una veza que sólo hace hoja. Se comprueba fácilmente: se arranca una planta a las seis u ocho semanas y se cortan los nódulos; si por dentro son rosados, la simbiosis funciona; si son blancos o verdosos, no.
La siembra: en otoño y casi nunca sola
Época. En clima mediterráneo, siembra de otoño: de finales de septiembre a noviembre, aprovechando las lluvias y dejando que la planta crezca durante el invierno para explotar en primavera. En zonas de invierno muy duro —Meseta norte alta, montaña— puede sembrarse a finales de invierno o principios de primavera, febrero o marzo, aunque el ciclo es más corto y la producción menor. La veza resiste heladas moderadas, hasta unos -8 o -10 °C en estado vegetativo, pero se daña con heladas fuertes en plántula.
Dosis. Sembrada sola, de 100 a 150 kg de semilla por hectárea; en huerto, unos 12-15 g/m². A 2-4 cm de profundidad, en líneas o a voleo con un pase de rastra ligero. La semilla es grande y nace con facilidad.
Y aquí lo importante: la asociación con un cereal. Sembrar veza sola es posible, pero no suele hacerse, por dos razones concretas.
La primera es mecánica. La veza tiene el tallo débil y trepador; sin nada a lo que agarrarse se tumba, y una masa vegetal tumbada sobre suelo húmedo se apelmaza, se pudre por dentro, favorece hongos y resulta incómoda de segar. La avena, el centeno, la cebada o el triticale le dan un tutor vivo: sus cañas rígidas la sostienen y la mezcla se mantiene erguida y aireada hasta el momento de la siega.
La segunda es química, y es la más interesante. La veza tiene una relación carbono-nitrógeno muy baja, alrededor de 12-15 a 1. Un material así, enterrado, se descompone a toda velocidad: los microorganismos lo mineralizan en pocas semanas y liberan una oleada de nitrógeno que, si no hay un cultivo listo para tomarlo, se lava con las lluvias. Un cereal, en cambio, tiene una relación C/N alta, de 40 a 80 a 1. Enterrado solo produce el efecto contrario, la inmovilización: los microbios necesitan nitrógeno para digerir tanto carbono, lo toman del suelo y dejan al cultivo siguiente temporalmente hambriento.
Mezclando ambos se obtiene una relación conjunta en torno a 20-25 a 1, que es el rango donde la descomposición es rápida pero no explosiva, sin inmovilizar y sin desperdiciar. Además, el cereal aporta el carbono que construye humus estable, mientras que la veza sola desaparece casi sin dejar rastro orgánico duradero.
Las proporciones habituales van de 60-70 % de veza y 30-40 % de cereal en peso cuando el objetivo es el nitrógeno, hacia mitad y mitad cuando interesa más la materia orgánica. Una mezcla clásica para abono verde son 100 kg de veza más 40-60 kg de avena por hectárea.
El momento de segar, que es la clave
Todo el rendimiento de un abono verde se juega en una ventana de dos o tres semanas. El criterio es claro: en plena floración, cuando la mayoría de las flores están abiertas y antes de que las primeras vainas empiecen a llenar grano.
Ese momento coincide con tres máximos simultáneos. La biomasa está en su punto más alto, o muy cerca. El contenido de nitrógeno en el tejido también, porque la actividad de los nódulos alcanza su pico durante la floración. Y el tejido sigue siendo tierno, con relación C/N baja y humedad alta, de modo que se descompone deprisa cuando se incorpora.
Esperar más, aunque parezca que se gana volumen, es un mal negocio. En cuanto empieza el llenado del grano ocurren tres cosas a la vez: la planta desmonta las hojas para movilizar nitrógeno hacia la semilla y el follaje amarillea; el tallo lignifica, la relación C/N sube y el material tarda meses en descomponerse; y, sobre todo, se forma semilla viable, lo que convierte la veza en mala hierba persistente en la parcela durante años. Hay que segar siempre antes de que el grano endurezca.
Segar demasiado pronto tampoco compensa: si se corta en pleno crecimiento vegetativo, la fijación aún no ha dado de sí y se pierde la mitad del beneficio.
Cómo incorporarla. Segadora, desbrozadora, rodillo destructor o, en huerto, guadaña o motoazada. Después, dos escuelas. La convencional entierra la biomasa superficialmente, en los primeros 10-15 cm, con una labor ligera —nunca profunda, porque enterrar materia orgánica fresca en anaerobiosis genera fermentaciones y compuestos que perjudican al cultivo siguiente—. La escuela de no laboreo la deja en superficie como acolchado, tumbada con rodillo, y siembra o trasplanta a través de ella; se descompone más despacio, protege el suelo de la insolación y de la erosión, y suprime hierbas adventicias.
Entre la incorporación y la siembra del cultivo siguiente conviene dejar de dos a cuatro semanas, tiempo suficiente para que arranque la descomposición y para que pasen los efectos alelopáticos transitorios de la materia fresca.
Su sitio en la rotación
La veza es un cultivo de invierno que ocupa el hueco entre dos cultivos principales, y ese es su papel más rentable.
Un esquema clásico de secano peninsular alterna cereal de invierno, veza y barbecho, o directamente cereal-veza en años alternos, sustituyendo el barbecho muerto por uno cultivado que aporta nitrógeno y cobertura en lugar de dejar el suelo desnudo. En huerta, la secuencia natural es veza sembrada en octubre, segada en abril, y a continuación un cultivo exigente en nitrógeno —tomate, calabacín, maíz, coles, cucurbitáceas— que aprovecha directamente la liberación.
Los beneficios adicionales son varios y reales: la cobertura invernal protege el suelo de la erosión por lluvia, que en secano mediterráneo es un problema grave; la raíz pivotante ayuda a esponjar horizontes compactados; la competencia asfixia las malas hierbas de invierno; la floración abundante alimenta abejas y otros polinizadores en una época pobre en flores; y la ruptura del ciclo del cereal reduce plagas y enfermedades específicas.
Un límite que conviene conocer: la veza, como toda leguminosa, no debe repetirse con demasiada frecuencia en la misma parcela. Intervalos de tres o cuatro años evitan el fenómeno de cansancio del suelo por acumulación de patógenos específicos, sobre todo Fusarium, Sclerotinia y Orobanche, el jopo, que parasita leguminosas y es difícil de eliminar una vez instalado.
Suelo y clima. Es poco exigente. Prefiere suelos francos con pH entre 6 y 7,5, tolera bien la caliza y aguanta suelos pobres, pero le sientan mal los encharcados y los muy ácidos, donde el rizobio no funciona. Necesita poco agua: le basta con las lluvias de otoño e invierno en secano mediterráneo. No requiere abonado nitrogenado —sería contraproducente, porque con nitrógeno disponible la planta deja de nodular—, aunque agradece fósforo y potasio en suelos deficientes.
El grano crudo no es pienso
Además de abono verde, la veza se cultiva para forraje y para grano, y ahí hay que decir algo con claridad.
La semilla cruda de Vicia sativa contiene compuestos antinutritivos, principalmente vicina y convicina —glucósidos pirimidínicos— y, sobre todo, β-cianoalanina y su derivado γ-glutamil-β-cianoalanina, aminoácidos no proteicos con toxicidad neurológica. En rumiantes adultos el efecto es limitado porque la flora ruminal degrada parte de estos compuestos, pero en aves de corral, cerdos y animales monogástricos el grano crudo en proporción alta produce cuadros que van desde la pérdida de apetito y el retraso de crecimiento hasta problemas neurológicos serios y mortalidad. Además, para personas con déficit de glucosa-6-fosfato deshidrogenasa, la vicina y la convicina son los compuestos implicados en el favismo.
La conclusión práctica para cualquiera que críe animales: el grano de veza no se da crudo, ni como componente mayoritario de la ración. Su uso en alimentación animal requiere tratamientos —remojo, cocción, extrusión, tratamiento térmico— y limitación de la proporción, y esas decisiones corresponden a un veterinario o a un técnico en nutrición animal, no a un cálculo casero. El forraje verde y el heno, en cambio, son perfectamente utilizables y de excelente calidad proteica, y son la forma habitual de aprovechar la planta.
Es importante no confundirla con Vicia faba, el haba, ni con Vicia ervilia, el yero, ni con Lathyrus sativus, la almorta, que tienen sus propios perfiles. Y hay que decir que la veza no es planta de consumo humano.
En resumen
Vicia sativa es el abono verde de referencia en España porque combina tres cosas: fija de 60 a 150 kg de nitrógeno por hectárea mediante su simbiosis con Rhizobium leguminosarum, produce de 2 a 5 toneladas de materia seca en un solo otoño-invierno y se maneja con medios corrientes. Se siembra en otoño, de septiembre a noviembre, casi siempre asociada con avena, centeno o cebada, que la sostienen físicamente —su tallo es débil— y elevan la relación C/N conjunta hasta un rango de 20-25 a 1, donde ni se inmoviliza nitrógeno ni se pierde por lavado. La clave del rendimiento está en el momento de la siega: en plena floración y antes de que el grano endurezca, cuando coinciden el máximo de biomasa, el máximo de nitrógeno y el tejido todavía tierno; esperar más lignifica el material y deja semilla que se convierte en mala hierba. Se incorpora superficialmente y se espera de dos a cuatro semanas antes del cultivo siguiente, que conviene que sea exigente en nitrógeno. Su grano crudo contiene compuestos antinutritivos y neurotóxicos y no se da al ganado sin tratamiento previo y sin criterio veterinario, aunque el forraje verde y el heno sí son un excelente alimento.