El bambú no es un árbol: es una hierba gigante, un grupo de gramíneas leñosas repartido en más de mil especies entre Asia, América y África. De ahí salen sus dos grandes cualidades, que crece muy rápido y que la caña seca es ligera, hueca y muy resistente a flexión. Eso explica casi todos sus usos, del andamio al tutor de tomatera.
Y explica también su mayor problema en un jardín español: buena parte de las especies que se venden aquí son de rizoma corredor y se escapan por debajo del suelo hasta la finca del vecino. Antes de hablar de usos, ese aviso va primero, porque un bambú mal elegido es de las pocas plantas que dan verdaderos disgustos.
Antes de plantar: corredor o cespitoso
Es la única distinción que de verdad importa al plantarlo. Los bambúes cespitosos tienen rizoma paquimorfo, corto, y forman una mata que se ensancha despacio y de forma previsible: es el caso de Fargesia, el más usado en jardín europeo, y en general de Bambusa y Chusquea. Los bambúes corredores tienen rizoma leptomorfo, largo, que avanza bajo tierra y emite cañas a metros de distancia de la mata madre: Phyllostachys, Pseudosasa, Sasa, Pleioblastus.
Si plantas un corredor, plántalo con barrera antirrizoma: lámina de polietileno de alta densidad de grosor adecuado, enterrada en todo el perímetro, con el borde superior sobresaliendo unos centímetros del suelo para poder ver y cortar cualquier rizoma que intente saltarla, y revisada una vez al año. La otra opción es cultivarlo en un contenedor grande, que además limita el tamaño. Lo que no funciona es plantarlo suelto y confiar en controlarlo después: eliminar un bambú corredor instalado lleva años de arrancar rizoma, como cuento en cómo eliminar bambú.
Conviene además mirar qué se planta. España tiene un Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras aprobado por el Real Decreto 630/2013, donde figura por ejemplo la caña común (Arundo donax), que no es un bambú aunque se le parezca mucho y que está prohibida introducir en el medio natural. Ante cualquier gramínea grande y agresiva, la comprobación merece la pena.
Uso 1: pantalla vegetal y seto en el jardín
Es el uso número uno en jardinería española. Un bambú bien elegido tapa una medianera o una vista en pocas temporadas, se mantiene verde todo el año y se mueve con el viento, que es parte de su gracia. Para eso, Fargesia es la opción sensata: cespitosa, sin necesidad de barrera, y agradece la media sombra y el clima fresco, así que va mejor en el norte y en zonas de montaña que en el secarral del sur.
Si buscas cañas gruesas y altura, entras en el territorio de Phyllostachys, y ahí la barrera es obligatoria. Un dato que el marketing suele callar: el bambú no es una planta de sequía. Necesita riego regular y suelo que no se seque del todo, y en pleno verano mediterráneo, a pleno sol y con viento, enrolla la hoja y se quema por los bordes. En maceta, todavía más.
Uso 2: cañas para el huerto y la sombra
Si tienes una mata, tienes material gratis todo el año. Las cañas sirven de tutor para tomates, judías y guisantes, de estructura para una tipi de trepadoras, de espaldera, de celosía y de cañizo para sombrear un invernadero o una pérgola. Se cortan en otoño o invierno, cuando la planta está parada y la caña tiene menos agua y menos azúcares, se eligen las de dos o tres años (las del año son blandas) y se dejan secar a la sombra, en horizontal y ventiladas, antes de usarlas.
Cortar cañas viejas cada año, además, es parte del mantenimiento del bosquete: aclara la mata, deja entrar luz y mejora el aspecto del conjunto.
Uso 3: construcción y materiales
En Asia y en buena parte de Latinoamérica el bambú es material estructural de verdad, no una curiosidad. La Guadua angustifolia colombiana se usa en vivienda, cubiertas y puentes, y en muchos países sigue siendo el andamio habitual. La caña trabaja muy bien a tracción y, siendo hueca y con nudos, aguanta la flexión con muy poco peso.
Dos matices que las fichas entusiastas se saltan. El primero, que la caña sin tratar se pudre y se la come el escarabajo taladrador del bambú (Dinoderus): para uso duradero hay que curarla, secarla y tratarla, y en obra hay que protegerla del contacto con el suelo y de la lluvia directa. El segundo, que el bambú arde; su comportamiento frente al fuego es el de un material vegetal, no el de uno incombustible. En Europa se ve sobre todo en tarimas y laminados, donde la caña se corta en listones y se encola, y ahí el rendimiento depende más de la calidad del prensado y del adhesivo que del bambú en sí.
Uso 4: brotes comestibles, con su aviso
Los brotes tiernos de varias especies se comen, sobre todo en China, Japón, Corea, Tailandia y el sudeste asiático, y son un ingrediente habitual de la cocina de esos países. Ahora, la parte importante: los brotes frescos de muchas especies contienen glucósidos cianogénicos (taxifilina) y no se comen crudos. Se pelan y se hierven en agua abundante y destapados, tirando el agua de cocción, que es lo que elimina esos compuestos. Los brotes de lata o envasados ya vienen procesados.
Y no todas las especies valen igual, ni todo brote de un bambú ornamental de jardín es comestible sin más. Si no sabes con seguridad qué especie tienes, no experimentes: cómpralos ya procesados. Esto es información culinaria, no un consejo dietético ni médico.
Uso 5: textiles y objetos de uso diario
Aquí conviene desconfiar de la etiqueta. Casi toda la ropa "de bambú" que se vende es viscosa: la celulosa del bambú se disuelve con reactivos químicos y se regenera en fibra, un proceso que poco tiene de natural. Por eso el Reglamento (UE) 1007/2011, sobre denominaciones de fibras textiles y etiquetado, obliga a llamarla por lo que es, viscosa o modal, y no permite venderla como si fuera una fibra de bambú directa. El lino de bambú, obtenido mecánicamente, existe pero es raro y caro.
Donde el bambú sí rinde de forma sencilla es en objetos sólidos hechos con la caña o con laminado: cubiertos, tablas, cepillos de dientes, cestería, muebles, mangos de herramienta. Ahí el material llega casi tal cual y la sostenibilidad es mucho más creíble, sobre todo comparada con el plástico de un solo uso.
El bambú en la cultura
Las tiras de bambú fueron uno de los primeros soportes de escritura en China, anteriores al papel. La caña es la base de flautas y de otros instrumentos de viento y percusión en medio mundo, del shakuhachi japonés a las flautas andinas. Y en las artes marciales aparece tanto en el arma de entrenamiento (el shinai del kendo es de láminas de bambú) como en arcos y bastones. Añade el uso forrajero, el papel y el carbón vegetal, y se entiende por qué en muchas culturas es la planta útil por antonomasia.
Dos rarezas que conviene conocer
La primera es la floración gregaria. Muchos bambúes florecen muy de tarde en tarde, después de décadas, todos los ejemplares de un mismo clon a la vez y en cualquier parte del mundo, y tras florecer la planta suele morir. Le pasó a Fargesia murielae en los años noventa, cuando floreció de forma masiva en los jardines europeos y hubo que reponer ejemplares a partir de semilla. No es una enfermedad ni un error de cultivo.
La segunda es la relación con los animales que dependen de él. El panda gigante come casi exclusivamente bambú y necesita ingerir cantidades enormes porque lo aprovecha mal, y lo mismo ocurre con el panda rojo y con los lémures del bambú de Madagascar. Cuando un bosque de bambú florece y muere, o desaparece por deforestación, esas poblaciones se quedan sin alimento, y ahí está el núcleo del problema de conservación.
En resumen
El bambú da pantalla verde en pocos años, cañas gratis para el huerto, material de construcción de verdad donde se cultiva en serio, brotes comestibles con su preparación obligatoria y objetos duraderos que sustituyen bien al plástico. Es una planta útil como pocas, y no hace falta exagerar sus virtudes para que lo parezca.
La condición para disfrutarlo en un jardín es elegir bien: Fargesia y otros cespitosos si no quieres complicaciones, y barrera antirrizoma enterrada y revisada si te decides por un corredor tipo Phyllostachys. Riego regular, algo de resguardo del viento seco y cañas cortadas cada invierno. Lo que se plante sin barrera hoy será el problema de dentro de cinco años, y no solo tuyo.