Mientras sus parientes se conforman con un talud pedregoso y pasan de mayo a octubre sin ver una gota de agua, la unciana crece con el pie en el barro, al borde de una acequia o en el fondo húmedo de un barranco. Dentro de un grupo de leguminosas definido por la sequía, esta especie eligió el camino contrario, y ahí está su interés: da a la jardinería y a la restauración de riberas una fijadora de nitrógeno que no exige drenaje.

Flores blancas y hojas pelosas de la unciana

Dorycnium o Lotus: el lío de nombres, resuelto

Esta planta circula con dos nombres científicos y conviene saber de dónde viene cada uno. Linneo la describió en 1753 como Lotus rectus. En el siglo XIX, Seringe la trasladó al género Dorycnium, creado para agrupar unas cuantas leguminosas mediterráneas de hoja compuesta por cinco foliolos y flores blancas en umbela, y como Dorycnium rectum figura en la mayoría de floras del siglo XX, incluida Flora iberica.

Los estudios moleculares publicados desde comienzos de este siglo mostraron que Dorycnium no forma un grupo aparte, sino que queda incrustado dentro de Lotus, igual que ocurrió con Tetragonolobus. Mantenerlos separados dejaba a Lotus como un género artificial. La solución aceptada por las bases de datos taxonómicas actuales fue devolver esas especies a Lotus, con lo que la planta recupera exactamente el nombre que Linneo le puso: Lotus rectus L.

La misma operación afectó a sus parientes de secano: Dorycnium pentaphyllum, la bocha blanca o escobizo de nuestros matorrales calizos, es hoy Lotus dorycnium, y el Dorycnium hirsutum, de flores rosadas y follaje lanudo, es Lotus hirsutus. En la práctica, los viveros y buena parte de la literatura de campo siguen usando los nombres antiguos, así que ambos conviven sin mayor problema.

Cómo es

Mata alta y erguida, leñosa solo en la base, que alcanza de cincuenta centímetros a dos metros según la humedad y la edad del ejemplar. Los tallos son gruesos, algo huecos, estriados y cubiertos de pelo aplicado; en invierno se secan por arriba y la planta rebrota desde la cepa.

La hoja es de cinco foliolos, dispuestos de tal modo que parecen tres en el extremo y dos en la base del pecíolo, obovados o lanceolados, blandos, de un verde grisáceo por la pilosidad sedosa que los cubre. Es un follaje mucho más tierno y grande que el de la bocha de secano, que tiene los foliolos diminutos y duros.

Las flores se reúnen en umbelas densas de quince a cuarenta piezas, sobre pedúnculos largos que sobresalen del follaje. Son pequeñas, de siete a nueve milímetros, blancas o de un blanco rosado, con la punta de la quilla teñida de rojo oscuro o casi negro, detalle que le da a la umbela un punteado característico. Florece largo, de mayo a agosto, y en riberas frescas puede alargarse hasta septiembre. El fruto es una legumbre pequeña, castaña, con pocas semillas.

Una leguminosa de suelo mojado

Su hábitat son los herbazales húmedos: bordes de arroyos y ríos, márgenes de acequias y canales, juncales, orlas de carrizal, prados encharcadizos, fondos de rambla con freático somero y depresiones donde el agua se retiene. Aparece desde el nivel del mar hasta unos mil metros, en la mitad oriental y meridional de la península, en Baleares y por toda la cuenca mediterránea hasta Turquía y el norte de África.

Tolera suelos pesados, arcillosos y mal aireados, y encajes prolongados de agua en invierno que matarían a la mayoría de las leguminosas leñosas mediterráneas. Aguanta también cierta salinidad, lo que le permite vivir en marjales y en desembocaduras. Lo que no soporta es la sequía estival severa sin agua freática: en un secano puro se agosta y no prospera.

Fija nitrógeno donde otras no llegan

Como el resto de la familia, forma nódulos en la raíz en simbiosis con rizobios del suelo y aporta al sistema nitrógeno tomado de la atmósfera. La particularidad es dónde lo hace: en suelos húmedos, poco aireados y a menudo pobres o alterados, precisamente los terrenos donde el aporte de materia orgánica y de nitrógeno cuesta más de conseguir.

Tiene además una característica química interesante, compartida con otros Lotus: una concentración alta de taninos condensados en hojas y tallos. Esos compuestos se unen a las proteínas del forraje y evitan que fermenten de golpe en el rumen, con lo que las leguminosas ricas en taninos no provocan el meteorismo o timpanismo que sí causan los tréboles tiernos, comentado en el artículo del trébol blanco. Ese rasgo ha llevado a estudiar la especie como forrajera arbustiva en sistemas ganaderos extensivos, aunque su apetecibilidad es moderada y su uso agronómico sigue siendo marginal.

Restauración de riberas y taludes

Es en obra de restauración donde esta planta rinde de verdad. Sus virtudes para ese trabajo son concretas: sistema radical potente que sujeta el suelo, rebrote vigoroso desde la cepa tras un corte o una avenida, tolerancia al encharcamiento, aporte de nitrógeno al sustrato y crecimiento rápido que cubre el terreno en una o dos temporadas.

Se emplea en revegetación de márgenes fluviales degradados, en la segunda línea de la ribera —por detrás de sauces y por delante de la vegetación de secano—, en taludes de obra con humedad de escorrentía, en cunetas y en el borde de balsas y humedales artificiales. Combina bien con juncos, carrizo, mentas de ribera y sauces arbustivos.

Su floración larga y su umbela abierta la convierten además en un recurso continuado para abejas silvestres, sobre todo megaquílidos y abejorros, en un momento del verano en que muchas plantas de secano ya han terminado. En un jardín orientado a polinizadores, en una zona de suelo pesado o cerca de un punto de agua, cumple una función que pocas leguminosas mediterráneas pueden cubrir.

Cultivo

Sol pleno o media sombra ligera. Suelo indiferente en cuanto a textura y pH, con preferencia por los frescos y profundos, y sin necesidad de drenaje especial: es la excepción dentro del grupo. Riego regular el primer año para asentar la mata; después, en terreno con humedad freática puede prescindirse de él, y en jardín normal agradece riegos de apoyo en verano.

Resiste las heladas moderadas del interior mediterráneo, del orden de -8 a -10 °C, perdiendo la parte aérea y rebrotando desde la base en primavera. En zonas de invierno muy duro se comporta como herbácea que desaparece cada año.

La poda se hace a finales de invierno, rebajando la mata a veinte o treinta centímetros para forzar tallos nuevos: sin ese corte se desmelena, se tumba y florece peor. Tolera perfectamente el rebaje severo, al contrario que las leguminosas leñosas de secano.

Se multiplica por semilla, que necesita escarificación —la cubierta es dura e impermeable, como en tantas leguminosas— y se siembra en otoño o a finales de invierno en bandeja, con trasplante posterior. El esqueje semileñoso de verano también prende bien en sustrato aireado y con humedad ambiental alta. Y en ejemplares viejos puede separarse una porción de cepa con raíz al final del invierno.

En resumen

La unciana, Lotus rectus —el Dorycnium rectum de las floras clásicas, renombrado al comprobarse que Dorycnium quedaba dentro de Lotus—, es una leguminosa mediterránea de hasta dos metros que vive en riberas, juncales y suelos húmedos, justo al revés que sus parientes de secano. Aporta nitrógeno a terrenos encharcadizos y degradados, sujeta el suelo con su cepa y su raíz, rebrota tras el corte y florece en umbelas blancas de punta oscura desde mayo hasta agosto, alimentando abejas silvestres cuando el secano ya está seco. En cultivo pide sol, suelo fresco, riego de apoyo y un rebaje fuerte a finales de invierno.


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