Con el nombre de mejorana se manejan en España dos plantas que no tienen ni el mismo género, ni el mismo origen, ni el mismo olor. Una es Origanum majorana, la mejorana de huerto, dulce y friolera, llegada del Mediterráneo oriental. La otra es Thymus mastichina, un tomillo ibérico que huele a eucalipto, crece solo en los secarrales del oeste peninsular y no se cultiva en ningún bancal. La confusión viene de lejos y merece deshacerse con calma, porque afecta tanto a la cocina como a lo que uno compra en el herbolario.

Thymus mastichina o tomillo blanco en flor

Un nombre, varias plantas

En Extremadura, Salamanca, Zamora y buena parte de Castilla, a Thymus mastichina se le llama mejorana a secas, y también moraduz, morauz o almoraduz, variantes todas del árabe al-mardaqūš. En otras zonas es tomillo blanco, por el aspecto algodonoso y claro de sus cabezuelas. En el comercio internacional de esencias, su aceite se etiqueta como Spanish marjoram oil, «aceite de mejorana española», lo que ha terminado de instalar el equívoco fuera de nuestras fronteras.

Distinguirlas en la mano no cuesta nada. La mejorana verdadera es una mata tierna, de hoja pequeña, gris y aterciopelada, con las flores agrupadas en pequeños conos apretados de brácteas superpuestas —los «nudillos» que le dan su otro nombre popular—, aroma dulce y especiado, y una fragilidad notable frente al frío: en el interior peninsular se comporta prácticamente como anual. El tomillo blanco es leñoso en la base, con hoja verde y más grande de lo normal en un tomillo, inflorescencias globosas, y un olor penetrante y fresco que recuerda al eucalipto o al romero alcanforado, nada dulce.

La consecuencia práctica es que una receta que pida mejorana no queda igual con una que con otra. Y que un aceite esencial etiquetado como mejorana puede ser rico en terpinen-4-ol, si procede de Origanum, o en 1,8-cineol, si procede de Thymus mastichina, con perfiles de uso y de precaución distintos.

El tomillo del 1,8-cineol

Lo que define químicamente a esta especie es el dominio del 1,8-cineol, también llamado eucaliptol. En las poblaciones típicas supone entre la mitad y dos tercios del aceite esencial, acompañado de linalol, α-terpineol, alcanfor, canfeno y limoneno en cantidades menores. El timol y el carvacrol, que marcan el aroma del tomillo común, aquí son casi anecdóticos, y por eso el olor no tiene ese fondo picante y medicinal, sino uno alcanforado y limpio que despeja la nariz.

El cineol es la misma molécula que domina el aceite de eucalipto y la que está detrás de esa sensación de frescor en las vías respiratorias. Explica también por qué el tomillo blanco se ha usado tradicionalmente en sahumerios, en preparados para el resfriado y en jabones, y por qué su aroma se percibe a distancia cuando se pisa un jaral en julio.

Como en el resto del género, hay variación interna. Las poblaciones arenosas del suroeste, en el entorno del bajo Guadalquivir y Doñana, agrupadas en la subespecie donyanae, producen un aceite dominado por linalol en lugar de cineol y huelen de manera bastante distinta. Es el mismo fenómeno de quimiotipos que recorre todo el género, tratado a fondo en el artículo general de los Thymus.

Cómo es la planta

Mata leñosa en la base y ramificada, de treinta a setenta centímetros, más alta y más suelta que un tomillo común, con tallos erguidos y algo blanquecinos. Las hojas son ovadas o elípticas, de cinco a doce milímetros, verdes y planas o con el borde apenas revuelto, cortamente pecioladas y con las glándulas de aceite bien visibles a contraluz.

El rasgo que la identifica sin margen de duda está en la inflorescencia: cabezuelas globosas terminales, de uno a dos centímetros, con flores blancas o de un blanco crema y unos cálices cuyos dientes son largos, finos y densamente cubiertos de pelos. Ese plumón blanco es el que da a la cabezuela su aire de bolita algodonosa y a la especie el nombre de tomillo blanco. Florece de mayo a julio, y las cabezuelas secas persisten en la planta buena parte del verano.

Es un endemismo ibérico en sentido estricto: crece en España y Portugal y apenas roza el norte de Marruecos. Dentro de la península es sobre todo occidental y central, abundantísima en Extremadura, en las penillanuras castellanas, en el Sistema Central y en el interior portugués.

Dónde vive: la marca del suelo silíceo

Frente a la mayoría de los tomillos peninsulares, que buscan la caliza, Thymus mastichina es una planta de sustratos silíceos: granitos, pizarras, cuarcitas, arenas ácidas y suelos descarbonatados. Aparece en jarales de Cistus ladanifer, en encinares y alcornocales aclarados, en pinares de repoblación, en pastos secos y en cunetas y taludes, desde casi el nivel del mar hasta unos mil ochocientos metros.

Es una compañera habitual del jaral y de los pastos terofíticos de la dehesa, y una de las plantas que recolonizan antes un terreno pobre tras un incendio o un abandono de cultivo. Su presencia indica, casi siempre, suelo ácido, delgado y con poca reserva de agua.

El aliño de las aceitunas y otros usos

El uso doméstico más arraigado es el aliño de aceitunas de mesa. En el oeste peninsular la mejorana silvestre entra en la salmuera junto con ajo, cáscara de naranja o de limón, hinojo, orégano y, según la casa, tomillo común o pimiento seco. Aporta ese fondo alcanforado que corta la grasa de la aceituna y que ninguna otra hierba de la lista reproduce.

Más allá de eso, aparece en adobos de matanza, en aliños de chacinas y en escabeches, siempre en cantidad discreta porque el cineol domina con facilidad un plato entero. Sus cabezuelas dan además una miel monofloral muy apreciada en Extremadura y en el interior portugués, y la planta seca se ha usado desde antiguo para aromatizar armarios y ahuyentar polillas.

En cuanto a la fama medicinal, la tradición la asocia a molestias respiratorias y a la digestión pesada, y su composición rica en cineol encaja con ese uso popular. La evidencia clínica específica para esta especie, sin embargo, es escasa. Y hay una precaución que conviene decir pronto: los aceites esenciales ricos en 1,8-cineol no deben aplicarse en la cara ni cerca de la nariz de lactantes y niños pequeños, por riesgo de espasmo de la vía aérea, ni ingerirse por cuenta propia. Con embarazo, lactancia, asma o tratamiento crónico de por medio, la consulta al médico o al farmacéutico es el paso previo, no el último recurso.

Cultivo en el jardín

Es una planta agradecida y muy poco exigente, siempre que se respete su terreno. Quiere sol pleno y un suelo suelto, arenoso o pedregoso, de reacción neutra a ácida; en calizas puras vegeta peor que otros tomillos, aunque tolera las descarbonatadas. El drenaje es innegociable: la humedad estancada en invierno la pudre por el cuello.

Riego escaso durante el primer verano para que arraigue y prácticamente ninguno después. Nada de abonado nitrogenado, que la ahíla y rebaja la carga de aceite esencial. Aguanta bien las heladas del interior, del orden de -12 °C, y también el calor seco de julio.

Se multiplica por semilla, sembrada en otoño o a finales de invierno con muy poca cobertura porque es diminuta y necesita luz para germinar, y por esqueje semileñoso tomado en junio, de seis a ocho centímetros, en arena con perlita y a la sombra. La poda se hace justo tras la floración, recortando un tercio del crecimiento del año y sin entrar nunca en la madera pelada, que no rebrota. Cada cuatro o cinco años conviene renovar la mata por acodo, porque se abre por el centro y se desmorona.

En resumen

Thymus mastichina es un tomillo ibérico de cabezuelas blancas y algodonosas al que la costumbre llama mejorana sin serlo: la mejorana verdadera es Origanum majorana, otra planta y otro aroma. Su seña de identidad química es el 1,8-cineol, que le da ese olor a eucalipto y su papel en el aliño de aceitunas del oeste peninsular. Vive en suelos silíceos, ácidos y pobres, y en el jardín solo pide sol, drenaje, sequedad y una poda anual en verde. Del aceite esencial, prudencia y consulta profesional antes que iniciativa propia.


Contenidos relacionados