Un jardín puede tener un romero en el seto, unas semillas de chía en la despensa, una mata azul de arriate, un macizo rojo de temporada en el balcón y un arbusto de flor rosa que no para desde junio, y estar manejando cinco veces el mismo género. Salvia reúne plantas tan distintas entre sí que aplicarles los mismos cuidados garantiza matar la mitad. Lo que sigue es un mapa: cinco grupos ordenados por origen y por uso, con lo que cada uno necesita, para saber en qué casilla cae la planta que uno tiene delante.
El género que absorbió al romero
Hasta hace poco, la salvia y el romero eran dos géneros separados, Salvia y Rosmarinus. Los estudios moleculares publicados a partir de la primera década de este siglo desmontaron esa separación: el análisis del ADN mostraba que Rosmarinus, junto con Perovskia, Dorystoechas, Meriandra y Zhumeria, quedaba dentro del árbol de Salvia, no al lado. Mantener los géneros pequeños obligaba a partir Salvia en varios trozos imposibles de delimitar con coherencia.
La solución adoptada fue la contraria: ampliar Salvia para que los incluyera a todos. Desde entonces el romero se nombra correctamente Salvia rosmarinus, y la antigua Perovskia atriplicifolia pasó a ser Salvia yangii. El género resultante ronda el millar de especies y es el más numeroso de las labiadas.
La palanca que se inventó tres veces
Detrás de aquel embrollo hay un mecanismo floral fascinante. La flor de la salvia tiene solo dos estambres funcionales, y cada uno está transformado en una palanca: el filamento se articula sobre un eje corto, con un brazo largo que lleva la antera con el polen arriba, escondido bajo el labio superior, y un brazo corto que baja hasta la entrada del tubo, cerrando el paso.
Cuando el insecto empuja para llegar al néctar, presiona el brazo corto; el conjunto bascula y el brazo largo desciende y deposita el polen exactamente sobre el dorso del visitante. En flores más viejas, el estilo se ha alargado y ocupa esa misma posición, de modo que recoge el polen que el insecto trae de otra planta. Es un dispositivo de precisión mecánica, y la altura a la que golpea determina qué polinizador funciona en cada especie: abejorros en unas, colibríes en otras.
Lo que descubrieron los estudios filogenéticos es que esa palanca no apareció una sola vez, sino al menos tres de forma independiente en linajes distintos. Por eso el género clásico, definido justamente por ese carácter, agrupaba plantas que no eran parientes cercanas, y por eso hubo que rehacerlo con datos moleculares. Es un ejemplo de libro de convergencia evolutiva.
Grupo 1: las mediterráneas leñosas de secano
Matas leñosas o semileñosas, de hoja perenne, gris o verde grisácea, aromáticas, adaptadas a suelo pobre, calcáreo y a verano seco. Aquí entran la salvia común, Salvia officinalis, la salvia española o Salvia lavandulifolia, la griega Salvia fruticosa, el romero ya citado, la Salvia candelabrum de las sierras béticas y la canaria Salvia canariensis, de hoja hastada y brácteas moradas.
Qué piden: sol pleno, drenaje libre, riego mínimo una vez arraigadas y ningún abonado nitrogenado. Lo que las mata no es el frío sino el suelo húmedo en invierno: la combinación de agua estancada y temperaturas bajas pudre el cuello. Poda anual ligera tras la floración, siempre en madera con hoja. Son las salvias de rocalla, de talud seco y de jardín sin riego. La Salvia officinalis y la Salvia canariensis tienen artículo propio con sus cuidados detallados.
Grupo 2: las americanas arbustivas de floración larga
Es el grupo que ha cambiado la jardinería española de los últimos veinte años. Arbustos o subarbustos de México, Centroamérica y Sudamérica, de hoja pequeña y aromática, que florecen desde finales de primavera hasta las primeras heladas sin apenas descanso: Salvia greggii, Salvia microphylla, los innumerables híbridos Salvia × jamensis, la Salvia leucantha de espigas afelpadas moradas, la Salvia guaranitica de flor azul profundo, la Salvia elegans con olor a piña y la Salvia uliginosa, que a diferencia del resto quiere el pie fresco.
Qué piden: sol, suelo drenado y algo más de agua que las mediterráneas, sobre todo en tiesto. Su punto débil es el frío: la mayoría aguanta entre -5 y -10 °C, y en el interior peninsular pierden la parte aérea y rebrotan de la base si el invierno no ha sido extremo. La poda va a finales de invierno, rebajando la mata a un tercio, nunca en otoño. Y conviene despuntar las ramas que hayan terminado de florecer para que reanuden. El artículo de Salvia greggii desarrolla el manejo completo del grupo.
Grupo 3: las herbáceas vivaces de arriate
Sin base leñosa, con roseta basal que rebrota cada año desde un rizoma corto, y espigas verticales que son la razón de plantarlas. Proceden de praderas y claros de bosque de Europa y Asia templada, así que son rústicas de verdad y toleran heladas fuertes. Aquí están la Salvia nemorosa y sus híbridos Salvia × sylvestris y Salvia × superba, la Salvia pratensis de nuestros prados de montaña, la Salvia verticillata de flores en verticilos separados y la ibérica Salvia verbenaca, que crece espontánea en cunetas y baldíos.
En un escalón aparte quedan las bienales de gran porte, que hacen roseta el primer año y montan una inflorescencia espectacular el segundo antes de morir: Salvia sclarea, la esclarea o amaro, y Salvia argentea, de hojas blancas y lanudas.
Qué piden: sol, suelo normal de jardín con drenaje razonable, riego moderado y división de la mata cada tres o cuatro años. Su manejo característico es el corte a ras tras la primera floración para forzar el rebrote, explicado en detalle en el artículo de la Salvia nemorosa. Las bienales, en cambio, se dejan semillar si se quiere que continúen.
Grupo 4: las anuales de flor
Plantas de temporada, para macizo, jardinera y balcón, que se compran en plantel en primavera y se retiran al terminar. La más conocida es Salvia splendens, el macizo rojo de parque público, en realidad vivaz en su Brasil natal pero cultivada como anual. La acompañan Salvia farinacea, de espigas azules y aspecto polvoriento, Salvia coccinea, más ligera y de flor roja o salmón, y Salvia viridis, cuyo interés no está en la flor sino en las brácteas superiores coloreadas en rosa, morado o blanco, que aguantan semanas y sirven para seco.
Qué piden: lo contrario que el grupo mediterráneo. Sustrato fértil, riego regular y abonado de floración, porque tienen que producir mucho en pocos meses. Sol o media sombra ligera en el sur. Retirar las espigas pasadas alarga bastante el ciclo. La Salvia splendens tiene su propio artículo.
Grupo 5: las que se comen
Solo un puñado de especies tiene uso culinario real, y casi todas salen del grupo mediterráneo. Salvia officinalis es la salvia de cocina por antonomasia, de hoja carnosa y aroma alcanforado, con cultivares ornamentales de hoja púrpura, dorada o tricolor que se comen igual. Salvia lavandulifolia es su equivalente ibérico, de hoja más estrecha y aroma más resinoso. Salvia fruticosa aporta buena parte de la salvia seca del comercio mediterráneo oriental. El romero, ya con el nombre de Salvia rosmarinus, entra por derecho propio en esta lista. Y Salvia elegans da hojas con olor a piña que se usan en postres e infusiones.
El caso más sorprendente es Salvia hispanica: la chía es una salvia mexicana anual, cultivada por su semilla mucilaginosa, sin ninguna relación de uso con las salvias aromáticas europeas pese a compartir género.
Dos advertencias necesarias. La primera es que la salvia de cocina contiene tuyona, un compuesto neurotóxico en dosis altas presente sobre todo en el aceite esencial; como condimento en plato no plantea problemas, pero los extractos concentrados y los aceites esenciales no son material de uso doméstico, y menos en embarazo, lactancia o epilepsia. La segunda es que no toda planta llamada salvia lo es: la Phlomis fruticosa, conocida como salvia amarilla, pertenece a otro género y tiene su propia ficha. Y Salvia divinorum, especie mexicana de uso ritual mazateco, no es una planta de jardín ni de cocina y se trata aparte.
Cómo usar este mapa
La pregunta útil ante cualquier salvia es de qué grupo procede, porque de ahí salen las tres decisiones que importan. Agua: mínima en el grupo 1, moderada en los grupos 2 y 3, regular en el 4. Frío: las herbáceas europeas del grupo 3 son las más rústicas, las americanas del grupo 2 las más delicadas, y las mediterráneas del grupo 1 aguantan el frío seco pero no el húmedo. Poda: tras la floración y en verde para las leñosas mediterráneas, a finales de invierno para las arbustivas americanas, a ras tras la primera oleada para las vivaces de arriate, y ninguna para las anuales.
Para el detalle de cada especie, y para la plantación paso a paso, el sitio tiene fichas independientes de Salvia officinalis, Salvia greggii, Salvia nemorosa, Salvia pratensis, Salvia verbenaca, Salvia splendens, Salvia canariensis y Phlomis fruticosa, además de una guía general de cómo plantar salvia.
En resumen
Salvia es hoy el género más numeroso de las labiadas porque absorbió al romero y a otros géneros pequeños tras comprobarse que su famosa palanca estaminal apareció varias veces de forma independiente. Ese conjunto enorme se ordena bien en cinco grupos: mediterráneas leñosas de secano, americanas arbustivas de floración larga, herbáceas vivaces de arriate, anuales de flor y las contadas especies de uso culinario. Identificar el grupo resuelve de golpe el riego, la rusticidad y la poda; el resto está en la ficha de cada especie.