Acérquese con una lupa a un penacho rosa de talictro en flor y busque los pétalos. No los va a encontrar, porque no existen. Lo que da color a Thalictrum aquilegifolium es un manojo de estambres, y esa rareza no es un capricho: cuenta la historia de un linaje que renunció a los insectos y luego volvió a buscarlos.

Penacho rosado de flores de Thalictrum aquilegifolium

Desmontando la flor

Cada flor individual del talictro mide apenas cinco milímetros y tiene esta estructura:

Sépalos: cuatro o cinco, blanquecinos o rosados, pequeños, cóncavos. Protegen el botón y se desprenden en cuanto la flor abre, de modo que en un penacho ya florecido casi no quedan.

Pétalos: ninguno. La corola ha desaparecido por completo del género.

Estambres: de veinte a cuarenta por flor, y aquí está todo. Sus filamentos no son hilos finos, sino que se ensanchan hacia el extremo en forma de maza —son filamentos claviformes—, y están teñidos de lila, rosa malva o púrpura, según el cultivar; en la variedad de flor blanca, de un blanco puro. Las anteras cuelgan amarillas en la punta. Multiplicado por los centenares de flores que forman el corimbo terminal, el resultado es una nube esponjosa de 10 a 15 cm que a distancia parece una gran flor de plumas.

Carpelos: varios, libres, que maduran en aquenios colgantes con tres o cuatro alas o costillas marcadas, muy decorativos en verano y útiles para identificar la especie.

Por qué una flor pierde los pétalos y luego vuelve a hacerse vistosa

El género Thalictrum pertenece a las Ranunculaceae, familia de flores clásicamente entomófilas y bien dotadas de pétalos: piense en un ranúnculo o en una aguileña. Pero muchos talictros abandonaron ese camino y se pasaron a la polinización por el viento. La anemofilia trae siempre el mismo paquete de consecuencias morfológicas: el perianto se reduce o desaparece, porque los pétalos estorban al paso del polen y no hay a quién atraer; desaparece el néctar; las anteras se alargan y quedan colgando de filamentos flexibles que oscilan con la brisa; y los estigmas se vuelven plumosos para atrapar granos en el aire. Especies como Thalictrum minus o Thalictrum flavum muestran ese modelo en distintos grados.

Con la corola perdida, la vuelta atrás ya no puede hacerse con pétalos: el órgano no está. Thalictrum aquilegifolium resuelve el problema con lo que tiene a mano. Engrosa y colorea los filamentos de sus estambres hasta convertirlos en una estructura visible a distancia, y con ella recupera el reclamo visual. Los estudios filogenéticos del género han documentado transiciones repetidas entre polinización por viento y por insectos, en los dos sentidos, lo que convierte a Thalictrum en un modelo muy citado para estudiar cómo se pierden y se recuperan los síndromes florales.

La recompensa que ofrece a sus visitantes es polen, no néctar. Por eso sus flores atraen sobre todo abejas solitarias, abejorros y sírfidos recolectores de polen, y por eso el olor es casi nulo: la señal es puramente visual. Es una flor rehecha con las piezas equivocadas, y funciona.

Follaje de aguileña

El epíteto aquilegifolium dice de dónde viene el parecido. Las hojas son dos o tres veces pinnadas, con foliolos redondeados u obovados, de borde con tres lóbulos poco marcados, sostenidos por peciolillos finos. Son de un verde azulado glauco, con el envés más pálido, y su ligereza es la mitad del atractivo de la planta: el follaje sigue siendo bonito cuando la floración ya ha terminado, cosa que no puede decirse de muchas vivaces de arriate.

Sin flor, se confunde con facilidad con Aquilegia vulgaris. Se distinguen por el tallo: en el talictro es erguido, cilíndrico, glabro y a menudo teñido de morado, y suele superar el metro, mientras la aguileña no pasa de 70 cm y tiene otra silueta.

Dónde crece de forma natural

Es una especie eurosiberiana, repartida por casi toda Europa y por el Asia templada hasta Japón. En España aparece en la mitad norte: Pirineos, Cordillera Cantábrica, montes vascos, Sistema Ibérico y sierras del noroeste, entre los 700 y los 2.000 metros. Vive en herbazales altos de fondo de valle, megaforbios de barranco, orlas de hayedo y abetal, y márgenes de arroyo, siempre en suelos profundos, frescos y ricos en materia orgánica, y con humedad edáfica constante en verano. Florece de mayo a julio según la altitud.

Ese hábitat es la mejor instrucción de cultivo que existe: hay que reproducirlo.

Talictro con flores de colores vivos en el jardín

El talictro en un arriate de sombra fresca

Alcanza de 90 a 120 cm en flor y su porte es vertical y transparente: los tallos finos elevan los penachos por encima de la masa de follaje, dejando ver lo que hay detrás. Eso permite colocarlo en segunda o tercera línea del macizo, pero también delante, como pantalla ligera, un recurso de diseño que aporta profundidad sin tapar nada.

Se asocia bien con hostas, Astrantia major, aquilegias, geranios vivaces de sombra, helechos y Digitalis purpurea. Va perfecto en jardines del norte peninsular y en zonas de montaña; en el interior seco o en el litoral mediterráneo caluroso solo prospera con sombra fresca y riego, y aun así lo pasa mal en agosto.

Condiciones: media sombra o sombra luminosa, con sol de mañana admitido y sol de mediodía descartado; suelo profundo, humífero, ligeramente ácido a neutro, y siempre fresco. La sequía es su único enemigo serio: en cuanto el suelo se seca, las hojas se acartonan por el borde y la planta entra en reposo prematuro. Un acolchado de compost o de hoja muerta en primavera resuelve buena parte del problema. En sitios muy ventosos conviene un tutor discreto, porque los tallos son finos.

Es una vivaz rústica de verdad, que resiste sin daño temperaturas de -20 °C; muere a ras de suelo en otoño y rebrota de la cepa en marzo o abril. Cultivares habituales: 'Thundercloud' de flor púrpura oscura, 'Album' blanco, 'Purpureum' de tallos y flores morados.

Siembra en fresco y división

La semilla de talictro pierde poder germinativo deprisa y necesita frío para romper la latencia. Lo eficaz es sembrarla en fresco, es decir, recogerla en verano cuando los aquenios están maduros pero antes de que se desprendan, y sembrarla enseguida, entre agosto y octubre.

Se siembra en bandeja o maceta con sustrato ligero, cubriendo apenas con un par de milímetros, y el recipiente se deja a la intemperie, en un cajón frío o al pie de un muro orientado al norte, protegido de la lluvia batiente y de los pájaros. Pasa el invierno ahí fuera, recibe el frío que necesita de forma natural y germina de manera desigual entre febrero y abril. Si se guarda la semilla en un cajón hasta la primavera siguiente, la germinación cae mucho.

Las plántulas se repican cuando tengan dos o tres hojas verdaderas y se plantan en su sitio definitivo en otoño. Florecen al segundo año.

La otra vía es la división de mata, en marzo, con la planta recién brotada: se levanta la cepa, se separa en trozos con varias yemas y raíces, y se replanta enseguida sin dejar secar las raíces. Se hace cada cuatro o cinco años, cuando el centro de la mata se ahueca. También se resiembra sola con moderación si se dejan los frutos, lo que da plantas nuevas en los alrededores.

Una nota de precaución

Como buena parte de las ranunculáceas, el talictro contiene compuestos irritantes —protoanemonina liberada al triturar los tejidos frescos, alcaloides en distintas proporciones— que pueden causar irritación de piel y mucosas al manipular la planta fresca, y molestias digestivas si se ingiere. No es una planta comestible ni de uso doméstico. Se maneja con guantes si se va a dividir o podar en cantidad, y ante cualquier reacción o ingestión accidental conviene consultar con el médico o el farmacéutico, y con el veterinario si afecta a un animal.

En resumen

Thalictrum aquilegifolium no tiene pétalos: los sépalos caen al abrirse la flor y el penacho rosa o blanco lo forman decenas de estambres de filamento ensanchado y coloreado. El género se pasó en gran parte a la polinización por el viento, perdiendo la corola, y esta especie recuperó el reclamo visual reconstruyéndolo con los estambres, ofreciendo polen en lugar de néctar. Su follaje glauco imita al de la aguileña y sostiene el interés fuera de la floración. Quiere sombra fresca, suelo profundo y húmedo y aguanta -20 °C, y se multiplica sembrando la semilla recién recogida a la intemperie o dividiendo la mata en marzo.


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