De la inflorescencia de Tacca chantrieri cuelgan unos filamentos oscuros de hasta treinta centímetros que parecen bigotes, y sobre ellos se han escrito bastantes explicaciones bonitas: que imitan a un insecto muerto, que atraen moscas carroñeras, que guían al polinizador hasta las flores. La investigación de campo dice algo menos épico y más interesante. Merece la pena contarlo entero.

Flor murciélago negra de Tacca chantrieri con filamentos colgantes

Qué es exactamente esa "flor"

La flor murciélago es una herbácea rizomatosa del sotobosque tropical asiático, repartida por Yunnan, el noreste de la India, Myanmar, Tailandia, Laos, Vietnam y la península malaya. La describió Édouard André en 1901 y le dedicó el epíteto a los hermanos Chantrier, viveristas franceses. Está incluida en la familia Dioscoreaceae, la de los ñames, después de haber tenido familia propia, Taccaceae; su pariente conocido es Tacca integrifolia, de brácteas blancas o rosadas.

Forma una mata de 60 a 90 cm con hojas grandes, enteras, brillantes y de nervadura marcada, que salen directamente del rizoma. Lo que se toma por una flor gigante es en realidad una inflorescencia en umbela compuesta por varias piezas distintas:

Dos brácteas involucrales grandes, opuestas, de color granate muy oscuro casi negro, extendidas como alas, que pueden medir 15 o 20 cm de ancho. Entre ellas, un ramillete de seis a treinta flores verdaderas, pequeñas, acampanadas, de seis tépalos oscuros. Y colgando de la base de ese ramillete, un manojo de bractéolas filiformes larguísimas, de 15 a 30 cm, del mismo tono oscuro, que son los famosos bigotes.

El fruto es una baya carnosa con numerosas semillas. Las flores duran varios días, cosa poco frecuente, y una mata adulta puede abrir inflorescencias sucesivas de mayo a octubre.

La hipótesis de la mosca carroñera

Durante mucho tiempo se dio por hecho que el conjunto era un caso de sapromiofilia: polinización por moscas atraídas por un engaño de carroña. La combinación encajaba en el molde, porque hay flores que lo hacen —Amorphophallus, Stapelia, Rafflesia— y comparten rasgos con esta: color rojo oscuro a negro, aspecto de tejido en descomposición, formas colgantes que recuerdan pelo o filamentos de moho.

Los filamentos serían, según esa lectura, un señuelo visual y quizá un soporte de olor; las brácteas negras, la pantalla que hace el reclamo visible en la penumbra del sotobosque. Es una historia coherente y se repite en casi cualquier ficha de la planta.

Lo que encontraron al ir a mirar

A partir de mediados de los años 2000, un grupo de investigadores del Jardín Botánico Tropical de Xishuangbanna, en Yunnan, junto con la Universidad de Toronto, estudió poblaciones naturales de T. chantrieri con observación directa de visitantes, experimentos de manipulación floral y análisis genéticos. Los resultados desmontaron buena parte del relato.

Primero, las visitas de insectos resultaron escasísimas. En muchas horas de observación apenas se registraron visitantes, y los que aparecían no eran moscas carroñeras en el papel esperado. La flor no huele a carne podrida: su olor es débil o inapreciable.

Segundo, y más concluyente, los experimentos de eliminación no cambiaron nada. Al recortar las bractéolas filiformes, o las brácteas negras, o ambas, la producción de fruto y de semilla se mantuvo igual que en las inflorescencias intactas. Si esas estructuras fueran el reclamo del que depende la reproducción, quitarlas tendría que notarse. No se notó.

Tercero, el análisis del sistema reproductivo mostró que la especie es marcadamente autógama: se poliniza a sí misma con gran eficacia, porque anteras y estigma quedan muy próximos dentro de cada flor y el polen llega al estigma sin ayuda externa. Las tasas de autofecundación medidas en poblaciones silvestres son altas, y la diversidad genética dentro de cada población, baja, con fuerte diferenciación entre poblaciones separadas. Es el patrón típico de una planta que se reproduce sobre todo consigo misma.

La conclusión honesta es que el aparato floral de la flor murciélago no tiene hoy una función demostrada como reclamo de polinizadores. Las explicaciones que se manejan son otras: que se trate de un rasgo heredado de antepasados que sí dependían de insectos y que ha perdido su papel al evolucionar hacia la autogamia; que cumpla alguna función secundaria de protección de los botones, de sombreado o de disuasión de herbívoros; o simplemente que persista por no resultar costoso. Ninguna está cerrada.

Es un buen recordatorio de que un rasgo llamativo no tiene por qué tener una función llamativa, y de que los "síndromes de polinización" deducidos del aspecto de una flor aciertan menos de lo que se supone. La planta es igual de fascinante; solo que por otro motivo.

Planta de Tacca chantrieri en cultivo bajo sombra

Cultivarla es reproducir un sotobosque

Todas sus exigencias derivan de dónde vive: suelo de hojarasca, aire quieto y húmedo, luz filtrada por varios estratos de vegetación y temperatura sin extremos.

Luz. Sombra o media sombra permanente. El sol directo, aunque sea una hora, quema las hojas y decolora las brácteas. Una ventana norte o el fondo de una habitación luminosa bastan.

Temperatura. Entre 18 y 28 °C durante todo el año. Por debajo de 15 °C se detiene, y por debajo de 13 °C el rizoma empieza a sufrir y se pudre con facilidad. En España solo vive fuera en invernadero templado; en interior hay que alejarla de ventanas frías en invierno y de la corriente del aire acondicionado en verano.

Humedad ambiental. Es su exigencia crítica: pide del 60 al 80 %. En un piso español con calefacción, en enero, el aire ronda el 30-35 %, y ahí las puntas de las hojas se secan y las inflorescencias abortan. Se corrige con una bandeja amplia de arcilla expandida húmeda, agrupando plantas, con un humidificador, o cultivándola en una vitrina o terrario grande, que es donde mejor se comporta. Pulverizar no basta y encima mancha las hojas si el agua es dura.

Sustrato. Suelto y aireado, más parecido a una mezcla de orquídeas que a tierra de maceta: corteza de pino fina, fibra de coco, perlita, algo de mantillo de hojas y un poco de esfagno. Debe retener humedad sin compactarse. Maceta con buen drenaje, no demasiado grande.

Riego. Agua blanda o de lluvia, a temperatura ambiente, manteniendo el sustrato húmedo pero nunca saturado. El rizoma es carnoso y se pudre si el agua se estanca, así que se riega cuando la superficie empieza a secar y se vacía el plato siempre. En invierno, con menos crecimiento, se espacia. Es sensible a la acumulación de sales, de modo que conviene abonar poco —fertilizante equilibrado muy diluido cada tres o cuatro semanas en primavera y verano— y lavar el cepellón con agua abundante dos veces al año.

Multiplicación. División del rizoma al final del invierno, dejando varias yemas por trozo y dejando cicatrizar los cortes. Por semilla es posible pero lento: germina en uno a tres meses con calor de fondo y humedad constante, y la planta tarda dos o tres años en florecer.

Dificultad real: alta

Conviene ser franco. En una casa normal, sin vitrina ni humidificador, Tacca chantrieri suele durar unos meses: llega con inflorescencia abierta del vivero, aguanta el otoño, y con la calefacción del invierno pierde hojas, deja de abrir brácteas y termina con el rizoma blando. No es una planta de mantenimiento sencillo; es una planta de coleccionista con un microclima montado a propósito.

Los problemas habituales son la podredumbre del rizoma por exceso de agua o frío, la araña roja cuando el aire está seco —justo la condición que hay que evitar por otras razones— y el quemado de puntas por baja humedad o agua salina. Casi siempre se resuelven corrigiendo el ambiente, no aplicando productos.

Un apunte de precaución: los rizomas del género contienen taccalonólidos, compuestos amargos con actividad biológica, y algunas especies próximas se han empleado tradicionalmente en la medicina popular del sudeste asiático. No es una planta comestible ni de uso doméstico, y ninguna parte debe ingerirse; cualquier duda sobre su composición, al médico o al farmacéutico.

En resumen

La inflorescencia negra de Tacca chantrieri combina dos brácteas en forma de alas, un ramillete de flores y unos filamentos de hasta 30 cm que se han interpretado como un engaño para moscas carroñeras. Los trabajos de campo en Yunnan encontraron muy pocos visitantes, ausencia de olor a carroña y, sobre todo, que recortar filamentos y brácteas no reduce la producción de semilla: la planta es en gran medida autógama y se poliniza sola. El adorno no tiene función demostrada. En cultivo pide sombra, 18-28 °C, humedad ambiental del 60-80 %, sustrato aireado tipo orquídea y agua blanda sin encharcar, y en un piso con calefacción es genuinamente difícil de mantener.


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