Cortada en el momento justo, una vara de Strelitzia reginae aguanta en el jarrón dos semanas largas, y no es raro que llegue a tres. Esa durabilidad, más que la forma de la flor, es lo que convirtió a esta planta sudafricana en un cultivo de exportación con peso propio en Canarias y en otras zonas subtropicales del mundo. Aquí se explica por qué dura tanto, cómo se corta, cómo se manipula la espata para ir sacando las flores una a una y qué cultivares se manejan en el comercio.

Vara floral de Strelitzia reginae con la espata y las flores emergiendo

Por qué dura tanto en el jarrón

La respuesta está en la anatomía. Lo que se corta no es una flor, es una inflorescencia: una espata leñosa y coriácea, dispuesta casi en ángulo recto sobre el escapo, que actúa como estuche y de la que van saliendo entre cuatro y siete flores sucesivas. Los tejidos implicados tienen muy poca superficie transpirante en relación con su masa. La espata está esclerificada, los sépalos naranjas son gruesos y cerosos, y los pétalos azules fusionados en la lengüeta tienen consistencia de cartílago. Nada de eso se marchita como se marchita un pétalo de rosa.

A eso se suma que el escapo es un tallo macizo, sin hueco medular, que embolisa poco: no se le forma con facilidad ese tapón de aire que estrangula la conducción de agua en muchas flores cortadas. Y que la Strelitzia produce poco etileno y es bastante insensible al que respira, de modo que no colapsa al primer plátano que se le ponga cerca ni exige tratamientos antietileno como los que necesitan claveles o delphiniums.

La consecuencia práctica: en jarrón limpio, con agua cambiada cada dos o tres días y un corte oblicuo refrescado de vez en cuando, la vara se sostiene sin más aditivos. El límite no suele ser el marchitamiento del tejido, sino la turbidez del agua y la pudrición de la base del escapo, que se maneja simplemente cortando un centímetro y renovando el agua.

El punto de corte y la apertura escalonada

Aquí está el oficio. La vara no se corta con la flor abierta si va a viajar. El punto comercial estándar es el llamado estado de «pico de color»: la espata todavía cerrada, con la primera flor asomando apenas su sépalo naranja por la hendidura superior, un centímetro o poco más. En ese estado la vara soporta el manejo, el embalaje y varios días de transporte, y abre después en destino.

Para consumo local o para el propio jardín se corta más adelantada, con la primera flor ya desplegada, porque el resultado es inmediato y no hay riesgo de que no llegue a abrir. La vara se corta lo más abajo posible, en la base, tirando y girando a la vez hasta que se desprende del rizoma, o cortando limpio con cuchillo; no se deja tocón, porque se pudre.

Lo que sorprende a quien la maneja por primera vez es la apertura escalonada. Las flores no salen todas: sale una, dura unos días, se ajan sus sépalos, y solo entonces empuja la siguiente. En vase, esa segunda flor puede tardar tres o cuatro días en aparecer sola, y a veces no aparece porque la anterior, ya seca, le obstruye la salida. De ahí una maniobra que en floristería es rutina: abrir la vara a mano. Se retira con cuidado la flor agotada, se presiona la espata por su parte inferior con el pulgar para separar los bordes, y se extrae la siguiente flor tirando de la base de los sépalos hacia arriba y hacia fuera, desplegándolos después en abanico. Con eso, una sola vara se «recarga» cuatro o cinco veces y la vida útil del conjunto se estira mucho.

Dos precauciones. La primera, que se hace con la vara mojada o al menos con los dedos húmedos, porque los sépalos secos se rasgan. La segunda, que si se fuerza antes de tiempo, la flor sale arrugada y no despliega bien; conviene esperar a que la anterior esté claramente pasada.

Canarias y la flor de exportación

El clima del sur y el oeste de las islas —temperaturas medias suaves todo el año, mínimas que rara vez bajan de los 10 °C en la costa, mucha luz y ausencia de heladas— es casi el ideal para esta especie: florece prácticamente sin parar, con dos picos, uno de otoño-invierno y otro de primavera, justo cuando el norte de Europa tiene frío y demanda. Tenerife y Gran Canaria concentran el grueso de esa producción, con núcleos históricos en el valle de La Orotava, Isla Baja, el sur tinerfeño y el norte grancanario, y también hay cultivo en La Palma.

La estrelitzia entró en el catálogo isleño de flor cortada junto con proteas, leucadendros y follajes en la reconversión de fincas de plátano y tomate, y se apoya en dos ventajas: aguanta el transporte aéreo mucho mejor que casi cualquier otra flor y no exige invernadero, se cultiva al aire libre o bajo malla de sombreo ligera. Se planta en marcos amplios, del orden de metro y medio a dos metros entre matas, porque la planta engorda y a los cinco o seis años ocupa mucho, y una plantación productiva dura décadas.

El inconveniente del cultivo es la espera. Una plantación de semilla no da flor comercial hasta el cuarto o quinto año; partiendo de divisiones enraizadas se acorta a dos o tres, pero la mata necesita alcanzar cierto tamaño —un mínimo aproximado de siete u ocho abanicos de hojas— antes de emitir varas de forma regular. Por eso la reproducción por división domina en el sector: garantiza el cultivar y adelanta la entrada en producción. El detalle del mecanismo floral y de la técnica de división está desarrollado en nuestro artículo sobre la flor ave del paraíso.

Cultivares: el enano, el amarillo y los demás

La especie tipo es bastante uniforme, pero hay selecciones con nombre propio que conviene distinguir.

'Humilis' (también citada como S. reginae var. humilis o con el nombre comercial 'Pygmaea') es la enana: no pasa de unos 60-80 cm de altura total, con hojas más cortas y anchas y flores de tamaño proporcionalmente normal. Es la que tiene sentido en maceta de interior o en un patio pequeño, porque la especie tipo se va sin problema al metro y medio. Florece antes que la grande, en parte porque alcanza antes su tamaño adulto.

'Mandela's Gold' es la amarilla, seleccionada durante décadas en el Jardín Botánico Nacional de Kirstenbosch, en Ciudad del Cabo, y lanzada en 1996 con ese nombre. Sustituye el naranja de los sépalos por un amarillo intenso, manteniendo la lengüeta azul, y el conjunto resulta más luminoso y algo menos estridente. Se propaga sobre todo por división: de semilla, una parte de la descendencia sale naranja, porque el carácter no es completamente fijo. Es cara y escasa en el mercado español, y su cultivo es idéntico al de la naranja.

Circulan además clones seleccionados por altura de vara y número de flores por espata, sin nombre público, y variantes de hoja algo más glauca. Y conviene no dejarse llevar por catálogos que ofrecen «estrelitzias blancas» como cultivares de reginae: la de flor blanca es otra especie, arbórea, de la que hablamos aparte.

Cuidados que afectan a la calidad de la vara

Si lo que se busca es flor, no solo planta, hay tres cosas que se notan directamente en el resultado.

Sol directo. A media sombra la planta vive y hasta engorda, pero emite menos varas y más cortas. Al sol pleno, en clima costero, florece mucho más. En el interior peninsular, con veranos duros, se acepta sombra en las horas centrales de julio y agosto.

Potasio y no exceso de nitrógeno. Un abonado muy nitrogenado da hojas enormes y pocas flores. Durante la campaña de floración interesa un fertilizante con potasio alto, aplicado con el riego cada dos o tres semanas de marzo a octubre.

No trasplantar. Es una planta que florece mejor apretada, tanto en tierra como en maceta. Cada trasplante o cada división cuesta uno o dos años de flor. En cultivo comercial no se divide una mata productiva salvo para hacer plantón.

En cuanto al frío, aguanta bien hasta unos 2 °C y tolera heladas puntuales de corta duración en torno a -2 °C con daño en las hojas y recuperación desde el rizoma. Por debajo de eso hay pérdida de flor de la temporada, aunque la planta suele rebrotar. En zonas de interior con heladas serias, cultivo en maceta grande y resguardo invernal.

En resumen

La Strelitzia reginae es una flor de corte excepcional porque sus tejidos son gruesos, cerosos y esclerificados, su escapo es macizo y su sensibilidad al etileno es baja: dos o tres semanas en jarrón con poco más que agua limpia. Se corta con la espata cerrada y el primer sépalo asomando si va a viajar, y ya abierta para consumo inmediato; las flores sucesivas se extraen a mano abriendo la espata cuando la anterior está pasada. Canarias es el gran productor español y exportador, apoyado en un clima sin heladas y en la resistencia de la vara al transporte aéreo. De los cultivares, 'Humilis' resuelve la maceta y 'Mandela's Gold' aporta el amarillo de Kirstenbosch. Y para tener flor abundante: sol, potasio y dejarla quieta.


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