Saxum, roca; frangere, romper. El nombre del género significa literalmente rompepiedras, y describe algo que se ve en cualquier cantil de montaña: rosetas verdes brotando de una grieta en la caliza desnuda, donde parece imposible que haya tierra. Ese es el asunto de este artículo, porque de la manera en que estas plantas viven sobre la roca se deducen, grupo por grupo, sus exigencias de jardín.
Rompepiedras: qué rompe y qué no
La interpretación correcta del nombre es ecológica: son plantas rupícolas que colonizan fisuras, y a la vista de quien las observa dan la impresión de haber hendido la piedra para instalarse. En realidad aprovechan una grieta ya existente, la ensanchan muy poco a poco con el crecimiento de sus raíces y la rellenan de materia orgánica, pero no disuelven la roca.
La segunda interpretación, la que circula en herboristería, viene de la doctrina de las signaturas: si una planta rompe piedras, romperá también los cálculos renales. Ese razonamiento medieval no tiene ningún fundamento farmacológico, y conviene desmontarlo por partes. Primero, porque la propia premisa es falsa. Segundo, porque las plantas que en España se venden con el nombre popular de rompepiedras suelen ser otras: la herniaria (Herniaria glabra), el lepidio (Lepidium latifolium) o el Phyllanthus niruri importado. Y tercero, porque en ninguna de ellas —tampoco en Saxifraga— hay evidencia clínica sólida de que disuelvan o expulsen cálculos.
Quien tenga litiasis renal debe tratarla con su médico. Y quien tome cualquier preparado de herbolario debe decírselo, porque las plantas con efecto diurético pueden interferir con antihipertensivos, diuréticos de síntesis, litio o anticoagulantes. Las saxifragas son, en la práctica, plantas de jardín y no plantas medicinales.
El género
Saxifraga reúne del orden de 450 especies, con centro de diversidad en las montañas del hemisferio norte: Alpes, Pirineos, Cárpatos, Cáucaso, Himalaya, Ártico, y una notable representación en las montañas ibéricas. Son herbáceas perennes, en su mayoría de porte reducido, con las hojas en roseta o en cojinete y flores de cinco pétalos, blancas, rosadas, amarillas o rojizas, en racimos o panículas.
Con tal variedad, hablar de «los cuidados de la saxifraga» no significa nada. Lo que hay son grupos horticulturales con exigencias distintas, y a veces opuestas. Estos son los cuatro que importan en un jardín español, más uno de especialista.
Incrustantes: la cal en el borde de la hoja
Es el grupo de la sección Ligulatae, con S. paniculata, S. callosa, S. cochlearis, S. crustata y S. longifolia. Forman rosetas apretadas de hojas duras, estrechas y grisáceas, y su marca es un ribete blanco de puntos calcáreos en el margen de cada hoja, que al tacto raspa y que en las rosetas viejas llega a formar una costra continua.
El mecanismo tiene nombre. En el borde de la hoja hay hidatodos, poros conectados con las terminaciones del xilema, por los que la planta expulsa agua líquida —gutación— cuando la absorción radicular supera a la transpiración, típicamente de noche. Esa agua lleva disuelto el carbonato cálcico que la raíz ha tomado del sustrato calizo; al evaporarse en la superficie de la hoja, la sal precipita y queda. Es, literalmente, una forma de deshacerse del exceso de calcio, y de paso la costra refleja parte de la radiación.
Qué se deduce para el cultivo: son plantas de caliza y de sequedad. Sustrato muy pedregoso y alcalino —dos partes de grava caliza o arena de machaqueo por una de tierra franca—, drenaje perfecto, sol pleno en clima fresco y media sombra en el sur, riego escaso, y sobre todo corona seca: la roseta no debe estar en contacto con tierra húmeda, y por eso se planta con un collarín de grava alrededor o directamente en una fisura de rocalla o en un muro seco. Son las más resistentes del género a la sequía y las que mejor aguantan un verano continental. Rusticidad excelente, muy por debajo de -20 °C. Se multiplican separando rosetas laterales enraizadas después de la floración.
Musgosas: cojines blandos y el problema del verano
Sección Saxifraga, antes llamada Dactyloides: S. hypnoides, S. moschata, S. exarata, S. trifurcata y, sobre todo, el enjambre de híbridos de jardinería agrupado como Saxifraga × arendsii, que es lo que se vende en primavera en macetas de 10 cm con flores rojas, rosas o blancas.
Su aspecto es el de un cojín verde vivo de hojas pequeñas, divididas en tres a cinco lóbulos, blandas y agrupadas en rosetillas apretadas que forman una alfombra de aspecto de musgo. Florecen de marzo a mayo en pedúnculos cortos, con abundancia.
Qué se deduce: proceden de gleras y taludes de montaña con humedad constante y ambiente fresco, y eso marca todo. Quieren media sombra —sol de mañana como mucho—, sustrato con materia orgánica pero drenante, y humedad regular sin encharcamiento. Su enemigo declarado es el verano español: por encima de 30 °C con noches cálidas, el cojín se apaga, se pardea desde dentro y aparece pudrición basal. En Madrid, Sevilla o Zaragoza son plantas de temporada más que perennes de jardín; en el norte y en montaña se mantienen años. Ayuda mucho plantarlas en la cara norte de una roca, entre losas, o en maceta que pueda moverse a la sombra en julio. Se rehacen cortando el cojín en trozos y replantando en septiembre.
Las de sombra: stolonifera y compañía
Saxifraga stolonifera —la que aún se etiqueta como S. sarmentosa, y se llama popularmente cintas de mar o planta de los estolones— es asiática, de bosque húmedo, y no tiene nada que ver con la vida en una fisura soleada. Sus hojas son anchas, redondeadas, aterciopeladas, verdes con los nervios plateados y el envés rojizo, y emite estolones colgantes como los de un fresal, con plantitas en el extremo. Florece en verano en panículas laxas de flores blancas irregulares, con dos pétalos inferiores mucho más largos que los tres superiores. Junto a ella va Saxifraga × urbium, de origen ibérico y muy usada como tapizante de sombra en el norte.
Qué se deduce: sombra o media sombra, sustrato rico en humus y fresco, riego regular, y protección del sol directo, que le quema las hojas. S. stolonifera aguanta en exterior en clima suave hasta unos -5 °C, y es excelente como planta de interior en maceta colgante, en un sitio luminoso sin sol directo, donde los estolones cuelgan por el borde. Se multiplica sin ningún esfuerzo posando las plantitas de los estolones sobre tierra. S. × urbium es más rústica y cubre bien bajo árboles en jardines de la mitad norte.
Rosetas monocárpicas: florecer una vez y morir
Es el grupo más espectacular y el que más se malinterpreta. Saxifraga longifolia, la corona de rey, forma durante años una única roseta simétrica, plana, de hasta 20 cm de diámetro, con decenas de hojas estrechas ribeteadas de cal —pertenece también a las incrustantes— que va creciendo despacio en una grieta vertical de caliza. Al cabo de cinco a diez años o más, emite una panícula piramidal densa de hasta 60 cm con centenares de flores blancas, fructifica, y muere. No rebrota, porque no ha producido rosetas laterales.
Esa estrategia se llama monocarpia y tiene su lógica: en un cantil donde el crecimiento es lentísimo y las oportunidades de dispersión escasas, sale más a cuenta acumular reservas durante una década y gastarlas de golpe en una única floración masiva que repartirlas en floraciones pequeñas y anuales. Otras monocárpicas del género son S. cotyledon, alpina y escandinava, y la valenciana S. latepetiolata.
Qué se deduce: se cultivan como las incrustantes —fisura, caliza, grava, poca agua— y se propagan por semilla, obligatoriamente, sembrada en otoño en bandeja con sustrato mineral y expuesta al frío del invierno, que estratifica. Conviene tener varias plantas de edades escalonadas, porque la que florece se pierde. Y hay una tentación que hay que evitar: cortar la inflorescencia para «salvar» la planta no funciona, ya ha comprometido sus reservas.
Un quinto grupo, para especialistas
Las saxifragas de cojinete duro de la sección Porophyllum —el antiguo grupo Kabschia—, con S. burseriana, S. marginata y sus muchos híbridos. Forman almohadillas grises compactísimas y florecen en enero y febrero, con flores desproporcionadamente grandes sobre pedúnculos cortos. Son las joyas del cultivo alpino y también las más difíciles: exigen sustrato mineral puro, drenaje absoluto, protección de la lluvia invernal —tradicionalmente se cultivan en invernadero frío o bajo cristal— y frescor en verano. Fuera de la montaña húmeda española, cultivo de aficionado experto.
Las ibéricas, y por qué no se recogen del monte
La península es un centro de diversidad importante del género, con un número elevado de endemismos, muchos de ellos de área minúscula, restringidos a un macizo o incluso a un cantil.
En el Pirineo y el nordeste: S. longifolia, la citada corona de rey; S. pentadactylis; S. media; S. vayredana, aromática y exclusiva del Montseny; S. hariotii, del Pirineo occidental.
En la Cordillera Cantábrica y el noroeste: S. trifurcata, musgosa de hoja dura y buena planta de jardín en clima atlántico; S. canaliculata; S. spathularis, una de las progenitoras de la S. × urbium de jardín.
En las montañas béticas y el sur: S. globulifera, de cojinetes con yemas bulbiformes; S. gemmulosa y S. bourgaeana, del entorno de Ronda y Grazalema; S. biternata, exclusiva de unos pocos cantiles malagueños; y S. nevadensis en las cumbres de Sierra Nevada.
En el Sistema Ibérico y el levante: S. latepetiolata, monocárpica, de las hoces calizas valencianas y conquenses; S. cuneata; S. fragosoi.
Muchas de ellas están protegidas: figuran en el Catálogo Español de Especies Amenazadas o en los catálogos autonómicos, con categorías que llegan a «en peligro de extinción» en los casos de área más reducida. Recolectar plantas, rosetas o semillas en el medio natural está prohibido sin autorización expresa, y en un endemismo de un solo cantil una recolección puede tener consecuencias reales sobre la población. El material de jardín se compra en viveros especializados en flora alpina y en intercambios de semillas de sociedades de aficionados, que es además donde está la variedad interesante.
Problemas comunes a todo el género
Pudrición de la corona. Es lo que mata a casi todas, y siempre por la misma causa: agua parada en el cuello. La solución es constructiva, no química: plantar en pendiente, en fisura o sobre montículo, con grava gruesa alrededor de la roseta.
Golpe de calor. Afecta sobre todo a las musgosas y a las de sombra. Se previene con exposición este o norte y con sombreo estival.
Cochinilla algodonosa en la base de las rosetas, sobre todo en maceta y en cultivo bajo cubierta; se detecta separando las hojas viejas y se trata en primavera.
Babosas en las musgosas recién plantadas, que pueden arrasar un cojín joven en una noche húmeda de primavera.
Abonado: mínimo en todas. Un aporte muy diluido en primavera basta; el exceso las ablanda y las hace pudrirse.
En resumen
Saxifraga significa rompepiedras porque vive en las fisuras de la roca, no porque deshaga cálculos: esa atribución viene de la doctrina de las signaturas, carece de respaldo clínico y el asunto corresponde al médico. El género tiene unas 450 especies, y su cultivo se ordena por grupos: las incrustantes segregan cal por los hidatodos del borde de la hoja y piden caliza, grava, sol y sequedad en la corona; las musgosas forman cojines blandos, quieren media sombra y frescor y sufren el verano seco y cálido del interior; las de sombra, del tipo S. stolonifera y S. × urbium, son plantas de humus, riego y sombra, y se propagan solas por estolones; y las monocárpicas, con S. longifolia a la cabeza, acumulan reservas durante años, florecen una vez de forma espectacular y mueren, de modo que se multiplican por semilla. La flora ibérica es riquísima en endemismos del género, buena parte de ellos protegidos: se cultivan a partir de material de vivero, nunca recolectados del monte.