El género Sansevieria ya no existe en la clasificación botánica aceptada. Sus setenta y tantas especies pasaron a Dracaena hace pocos años, por razones que tienen su lógica y que casi ningún catálogo de vivero se ha molestado en explicar. Y hay algo más que rara vez se cuenta de estas plantas: antes de ser un adorno de salón fueron un cultivo de fibra textil, con la que se hacían cuerdas, redes y cuerdas de arco. De ahí su nombre inglés, bowstring hemp, cáñamo de arco.
Los cuidados de la especie de siempre, la Dracaena trifasciata, tienen su propio artículo en esta sección. Aquí interesa el género entero, sus especies menos conocidas y su historia como planta útil.
Por qué dejó de llamarse Sansevieria
El cambio no fue un capricho de nomenclatura. Los estudios de filogenia molecular publicados entre 2014 y 2018 sobre la subfamilia Nolinoideae, dentro de las Asparagaceae, compararon secuencias de ADN plastidial y nuclear y llegaron todos a la misma conclusión: Sansevieria no era un grupo separado, sino un linaje anidado dentro de Dracaena.
Traducido: si se mantenían los dos géneros, Dracaena quedaba parafilético, es decir, un grupo que no incluye a todos los descendientes de su antepasado común. La taxonomía moderna no acepta eso, así que había dos salidas: fragmentar Dracaena en varios géneros o fusionar ambos. Se eligió lo segundo, y el nombre que sobrevive lo decide la prioridad: Dracaena fue publicado en 1767 y Sansevieria en 1794. Gana el más antiguo.
Es el mismo principio que llevó al romero a llamarse hoy Salvia rosmarinus, un caso comentado en otro artículo de esta sección. Y conviene tener claro que el cambio de nombre no cambia la planta: la de la maceta sigue siendo idéntica, con su metabolismo CAM y su tolerancia legendaria al abandono.
Las nuevas combinaciones
Al trasladar los nombres surgieron algunos ajustes que despistan bastante. Los principales:
Sansevieria trifasciata es hoy Dracaena trifasciata, sin sorpresas. En cambio Sansevieria cylindrica no pasó a llamarse Dracaena cylindrica, sino Dracaena angolensis, porque existía un nombre anterior aplicable a esa especie que tenía prioridad. Lo mismo ocurre con Sansevieria ehrenbergii, que hoy es Dracaena hanningtonii. Sansevieria masoniana sí conservó el epíteto y es Dracaena masoniana, y otro tanto Dracaena pearsonii, Dracaena pinguicula y Dracaena hyacinthoides.
En comercio, viveros y etiquetas se sigue usando Sansevieria de manera generalizada, y probablemente sea así durante mucho tiempo. No es un error grave: es un sinónimo, y se entiende perfectamente.
Especies distintas de la trifasciata
El género agrupa alrededor de setenta especies repartidas por África continental, Madagascar, la península arábiga y el sur de Asia hasta la India y Myanmar. Todas comparten rizoma grueso, hojas suculentas fibrosas y espigas de flores blanquecinas o verdosas muy perfumadas de noche, pero su aspecto varía enormemente.
Dracaena angolensis, la sansevieria cilíndrica, tiene hojas de sección redonda, terminadas en punta dura, de color verde grisáceo con bandas transversales más oscuras, y llegan a metro y medio en planta adulta. Las plantas con las hojas trenzadas que se ven en floristería son un amaño hecho en vivero sobre ejemplares jóvenes; con el tiempo la planta emite hojas nuevas y sueltas, y el trenzado deja de tener sentido. Existe una variedad de porte compacto y hojas cortas, muy difundida con el nombre comercial de 'Boncel'.
Dracaena masoniana, conocida como aleta de ballena, procede de la cuenca del Congo y produce hojas sueltas, gigantescas y anchísimas: cada una puede superar el metro de largo por 20-25 centímetros de ancho, con jaspeado gris verdoso y el margen a menudo rojizo. Emite muy pocas hojas y muy despacio, y ese porte escultórico de hoja única es justo lo que se busca en ella.
Dracaena hanningtonii, la antigua ehrenbergii, es la más llamativa del conjunto. Vive en zonas áridas de Somalia, Etiopía, Kenia y Tanzania, y sus hojas de color verde azulado, canaliculadas como una quilla y con un fino borde pardo rojizo, se disponen en dos filas opuestas formando un abanico plano. Es la especie con más peso en la historia de la fibra.
Merece mención Dracaena pinguicula, una rareza de Kenia que desarrolla raíces zancudas y va desplazándose sobre ellas como si caminara, y Dracaena pearsonii, de hojas erectas, rígidas y estrechas, propia de Angola y Namibia.
La fibra: cáñamo de arco
El interior de la hoja de una sansevieria está recorrido a lo largo por haces vasculares con fibras de celulosa largas, blancas y muy resistentes, que atraviesan la hoja de la base a la punta. Se pueden separar del tejido carnoso, y cuando se secan quedan hebras finas, elásticas y sorprendentemente tenaces. Es una fibra de hoja, del mismo tipo que la del sisal (Agave sisalana) o el abacá.
El uso que le dio nombre está en el arco. En África oriental, pueblos de Kenia, Tanzania y Somalia empleaban las hebras de Dracaena hanningtonii y de Dracaena hyacinthoides para hacer cuerdas de arco, precisamente porque la fibra combina resistencia a la tracción con algo de elasticidad y aguanta bien la humedad. De ese oficio salió el nombre inglés bowstring hemp, que en español se traduce como cáñamo de arco y que sigue siendo el nombre comercial de la fibra.
El repertorio de aplicaciones tradicionales fue mucho más amplio: cordelería, sedales y redes de pesca, esteras, cestería, trampas y ataduras de todo tipo. La resistencia al agua salada la hizo apreciada en cordaje marino, y en la India la fibra tiene nombre propio y antigüedad considerable: la murva de los textos clásicos sánscritos, obtenida de la especie hoy llamada Dracaena roxburghiana, se empleaba también para cuerdas de arco y como fibra ceremonial.
Por qué no llegó a ser un cultivo industrial
A principios del siglo XX hubo ensayos serios para convertirla en cultivo de fibra a escala, en África oriental, en la India y en Florida. Los resultados de calidad fueron buenos: la fibra de sansevieria es más fina y de mayor resistencia específica que la del sisal, más suave y con mejor comportamiento frente a la humedad.
El problema fue el rendimiento. La hoja tiene una proporción de fibra baja respecto a su peso fresco, la planta crece despacio y la extracción, por desfibrado mecánico o enriado, resulta laboriosa y produce mucho residuo carnoso. Contra el sisal, que da toneladas por hectárea con maquinaria sencilla, no había competencia posible, y el cultivo quedó reducido a producción local y artesanal.
La historia no está del todo cerrada. La investigación actual en materiales compuestos de fibra natural ha vuelto a mirar hacia la sansevieria como refuerzo de resinas y bioplásticos, y también como fuente de pulpa papelera especializada, aprovechando justo esas propiedades mecánicas que la hacían buena para un arco. Son líneas de laboratorio, no industria consolidada, pero explican por qué la planta reaparece en artículos técnicos.
Nombres populares
En español la llamamos lengua de tigre, lengua de suegra o rabo de tigre, según región, y en el ámbito hispanoamericano también espada de San Jorge, con un fuerte componente simbólico en Brasil y el Caribe, donde se planta a la entrada de las casas como protección. El nombre científico del antiguo género honraba a Pietro Antonio Sanseverino, noble napolitano del siglo XVIII, aunque la grafía consagrada acabó siendo Sansevieria, con la ese perdida por el camino.
En resumen
Sansevieria pasó a Dracaena porque los datos moleculares la situaron dentro de ese género y el nombre más antiguo tiene prioridad; de ahí que la trifasciata sea hoy Dracaena trifasciata, la cilíndrica Dracaena angolensis y la ehrenbergii, Dracaena hanningtonii. El género reúne unas setenta especies africanas y asiáticas de aspecto muy variado, desde la aleta de ballena hasta la que camina sobre raíces zancudas. Y todas comparten un pasado útil: sus hojas dan una fibra fina y tenaz con la que se hicieron cuerdas de arco, redes y cordaje marino, un uso que le valió el nombre de cáñamo de arco y que hoy vuelve a interesar en materiales compuestos.