Cortar a ras una mata de salvia de bosque en cuanto se le apagan las espigas parece una barbaridad, y es exactamente lo que hay que hacer. Ese gesto, hecho en el momento justo, es lo que convierte a la Salvia nemorosa en una de las columnas del jardín de vivaces: no da una floración, da dos, y a veces tres. Todo lo demás en esta planta es fácil; lo que hay que aprender es cuándo y cómo darle la tijera.
Una vivaz de pradera, no de secarral
Procede de las praderas y los claros y bordes de bosque de Europa central y oriental, y llega por el este hasta Asia central. Eso explica dos cosas de golpe: aguanta inviernos muy duros y, a cambio, no es una planta de sequía extrema como las salvias mediterráneas leñosas. Es herbácea vivaz, con una roseta basal de hojas rugosas y verde oscuro que persiste y un rizoma corto del que rebrota cada año.
De esa roseta salen tallos rígidos, erguidos, de 40 a 70 centímetros según cultivar, rematados por espigas densas de flores pequeñas de color azul violeta. Buena parte del efecto visual no lo dan los pétalos sino las brácteas, teñidas del mismo tono y persistentes, que mantienen la espiga vistosa incluso cuando la flor ha caído. La primera floración va de mayo a junio en el centro peninsular, algo más tarde en zonas de montaña.
Conviene saber que buena parte del material comercial etiquetado como Salvia nemorosa pertenece en realidad a los híbridos Salvia × sylvestris y Salvia × superba, cruces con Salvia pratensis. A efectos de jardín se manejan igual, así que la confusión no tiene consecuencias prácticas, pero está bien tenerlo claro.
El corte que la hace reflorecer
Cuando las espigas empiezan a pardear y ya han perdido la flor en dos tercios de la mata, se corta toda la planta a unos cinco o diez centímetros del suelo, por encima de la roseta basal, sin miedo. No se van quitando espigas de una en una: eso alarga un poco la floración pero no reinicia el ciclo. Lo que se busca es rebajar la mata entera.
La razón es fisiológica. Mientras hay ápices florales activos, la dominancia apical mantiene dormidas las yemas de la base de los tallos y de la corona. Al eliminar de golpe todos los ápices, esas yemas se desbloquean y la planta rebrota desde abajo. En dos o tres semanas hay una alfombra de hojas nuevas, y entre cuatro y seis semanas después del corte se abre una segunda floración, algo más baja y algo menos densa que la primera, pero perfectamente vistosa. Si el verano no ha sido brutal y el otoño viene suave, todavía cabe una tercera tanda en septiembre.
Después de cortar, dos apoyos: un riego generoso y, si el suelo es pobre, un aporte ligero de compost o de un abono equilibrado. La planta acaba de perder toda su parte aérea y necesita material para reconstruirla. Y una variante útil para escalonar el jardín: a mediados de mayo, antes de que asomen las espigas, se puede rebajar a la mitad solo una parte de la mata o las plantas de la fila trasera, de modo que florezcan dos o tres semanas más tarde que el resto.
Cultivares que merecen la pena
'Caradonna' es la referencia y la más reconocible: tallos de un negro violáceo casi charolado que contrastan con la espiga azul índigo, porte muy vertical y estrecho, unos 50-60 centímetros. Es la que mejor funciona plantada en grupos amplios porque los tallos oscuros dibujan una trama gráfica cuando la flor ya ha pasado.
'Ostfriesland', que también aparece como 'East Friesland', es más compacta, en torno a 40-45 centímetros, con espigas cortas y muy apretadas de violeta profundo. Sirve para primera línea de arriate y para masas bajas donde 'Caradonna' resultaría demasiado alta.
'Amethyst' cambia el registro cromático: rosa malva a violeta claro, más alta, de 70 a 80 centímetros, y de porte más suelto y ramificado. Va bien con follajes plateados y con rosales de tonos cálidos, donde el azul puro chirriaría. Para composiciones claras existe además 'Schneehügel', de espigas blancas, de vigor más discreto.
Rusticidad, suelo y riego
Su resistencia al frío es sobresaliente: soporta sin daño valores del orden de -25 °C, de modo que en España no hay zona donde el invierno la limite. El problema es el contrario. En el litoral mediterráneo cálido y en el sur, donde el invierno apenas enfría y el verano castiga, tiende a comportarse como una vivaz de vida corta y pierde compacidad; ahí gana la papeleta la salvia arbustiva americana, que tiene su propio artículo.
Quiere sol pleno y un suelo cualquiera con drenaje razonable. Tolera bien los calizos y también los arcillosos, siempre que no se encharquen en invierno, que es lo único que la mata de verdad. En cuanto al riego, es más exigente que una salvia mediterránea: agradece riegos regulares y moderados durante la primera floración y sobre todo tras el corte de rebrote, aunque una vez establecida aguanta periodos secos con dignidad.
De plagas, poco que contar. Las babosas y los caracoles pueden arrasar los brotes tiernos de marzo, y en aire encerrado y húmedo puede aparecer oídio en las hojas basales; airear la plantación y no regar por aspersión sobre la mata lo evita casi siempre.
División y multiplicación
Cada tres o cuatro años la mata se ahueca por el centro y pierde flor. La solución es dividirla, en otoño una vez pasado el calor o a finales de invierno antes del arranque. Se levanta el cepellón, se descarta la parte central envejecida y se separan trozos con al menos tres o cuatro yemas y raíz propia, que se replantan de inmediato y se riegan a fondo.
La semilla germina bien, pero los cultivares no se transmiten fieles: de las semillas de 'Caradonna' salen plantas variadas y en general más deslavazadas. Para multiplicar un cultivar concreto, división o esqueje basal en primavera con un trozo de talón.
Con qué se planta
La combinación clásica y la que mejor funciona es con gramíneas ornamentales: Calamagrostis × acutiflora 'Karl Foerster' repitiendo la vertical, Nassella tenuissima aportando movimiento y transparencia, o Sesleria autumnalis como base baja. La espiga rígida y el penacho suelto se explican mutuamente.
La otra pareja de siempre es con rosales. Una hilera de salvia azul violeta al pie de rosales de flor rosa o crema resuelve dos problemas a la vez: tapa la parte baja desnuda de los arbustos y el azul empuja hacia adelante los tonos cálidos de la rosa. Además, el corte de rebrote de la salvia coincide más o menos con la limpieza de la primera floración del rosal, así que ambas tareas se hacen de una sentada. Con Achillea, Nepeta, Echinacea y Eryngium forma el repertorio estándar del arriate naturalista.
Y un valor añadido que no se ve en el catálogo: las espigas están continuamente ocupadas por abejorros y abejas solitarias, y prolongar su floración con el corte de rebrote alarga varias semanas la oferta de néctar del jardín.
En resumen
La Salvia nemorosa es una vivaz de pradera, rústica hasta el extremo, que pide sol, drenaje y riego moderado. Su gran baza es la refloración: cortando la mata entera a cinco o diez centímetros en cuanto se apagan las espigas, rebrota en dos o tres semanas y vuelve a florecer al cabo de un mes largo. 'Caradonna' para verticalidad y tallo oscuro, 'Ostfriesland' para masas bajas y 'Amethyst' para tonos malva. Se divide cada tres o cuatro años y se planta con gramíneas y al pie de los rosales, que es donde da lo mejor de sí.