Un tallo cortado de Plectranthus verticillatus metido en un vaso de agua saca raíces en menos de una semana. Ese detalle, y no su belleza ni su valor, explica que esta sudafricana se haya extendido por las cocinas y las galerías españolas sin pasar apenas por el vivero: viaja en el bolsillo, del alféizar de una casa al de otra, y por el camino ha ido recogiendo nombres —planta del dinero, planta millonaria, planta del dólar— que le atribuyen una prosperidad que no está en ninguna parte salvo en la costumbre de regalarla.

Planta del dinero, Plectranthus verticillatus, en maceta

Qué planta es exactamente

Plectranthus verticillatus (L.f.) Druce es una labiada perenne originaria del sudeste de África: Cabo Oriental y KwaZulu-Natal en Sudáfrica, Suazilandia, Mozambique y Zimbabue. Allí vive en el suelo de bosques costeros y de barrancos húmedos, trepando y arrastrándose entre la hojarasca, que es exactamente la situación que reproduce una maceta colgante en una habitación con luz indirecta.

Es de las especies que se quedaron en Plectranthus tras la revisión de 2019, la que devolvió a Coleus buena parte del género; el asunto está explicado en el artículo general de Plectranthus de este sitio.

En inglés se llama Swedish ivy, hiedra sueca, y el nombre es doblemente erróneo: ni es sueca ni tiene nada que ver con las hiedras. Viene de que en Suecia se popularizó como planta de interior y de ahí se difundió al norte de Europa y a Estados Unidos.

El rasgo que la identifica: la hoja

La hoja resuelve la identificación en cuanto se toca. Es redondeada, de dos a cinco centímetros, con el margen recorrido por dientes romos y poco marcados, opuesta en el tallo cuadrado y dispuesta en pares cruzados. La textura es lo característico: gruesa, casi carnosa, y con la cara superior lustrosa, con un brillo de barniz que se debe a una cutícula cerosa poco frecuente en una planta de sombra.

El envés es más pálido, y en muchos ejemplares está teñido de púrpura, sobre todo cuando la planta recibe buena luz; los tallos jóvenes suelen tener también ese tono vinoso. Ese pigmento es un buen indicador de que la planta está bien iluminada: en penumbra desaparece y todo queda verde claro.

Y luego está el olor. Frotar una hoja entre los dedos suelta un aroma herbáceo, resinoso, algo alcanforado, ni agradable ni desagradable del todo, que procede de las glándulas de aceite esencial repartidas por el envés. Sirve para distinguirla al instante de cualquier planta parecida: una Peperomia o una Pilea frotadas no huelen a nada.

Florece a finales de verano y en otoño, con espigas erguidas de flores blancas o lila muy claro salpicadas de motas violeta, de un centímetro escaso. Duran poco y no son el motivo por el que se cultiva, pero conviene cortarlas cuando se marchitan para que la planta no gaste en semilla.

El enraizamiento inmediato

La velocidad con que echa raíces no es una impresión: los nudos del tallo llevan ya primordios radiculares preformados, iniciales de raíz esperando el estímulo adecuado. Es un rasgo de planta rastrera, pensado para arraigar allí donde el tallo toca suelo húmedo, y en un vaso de agua se dispara igual.

El procedimiento es tan simple que apenas merece instrucciones. Se corta una punta de diez a quince centímetros justo por debajo de un nudo, se retiran las hojas de los dos nudos inferiores para que no se pudran sumergidas, y se pone en un vaso con agua a media sombra. En tres a siete días asoman las primeras raíces blancas; cuando tengan dos o tres centímetros —una semana más— se pasa a sustrato.

Ese paso final es el que conviene no retrasar. Las raíces formadas en agua son más finas y frágiles que las de tierra, y si se dejan crecer diez centímetros antes de plantar, buena parte se rompe en el trasplante y la planta se para un mes. Mejor pasarlas pronto y mantener el sustrato húmedo las dos primeras semanas.

La alternativa directa funciona igual de bien: clavar el esqueje en sustrato ligero, tres o cuatro por maceta para que quede llena desde el principio. Es lo que hacen los viveros, y es lo que da la mata compacta que un solo esqueje tarda una temporada en formar.

Cultivo colgante

Los tallos son decumbentes: empiezan erguidos y se van doblando por su peso a partir de los veinte o treinta centímetros. En el suelo se enraizarían por los nudos; en una maceta elevada, cuelgan. De ahí que el formato natural sea la cesta colgante o el macetero sobre repisa, con los tallos cayendo entre cuarenta y ochenta centímetros.

Sustrato: universal aligerado con un 20 o 30 % de perlita o fibra de coco. No necesita nada más elaborado, pero sí drenaje real: la maceta con agujero y sin plato encharcado.

Riego: regular pero comedido. La hoja gruesa le da algo de reserva, así que aguanta un olvido de unos días mejor que un exceso continuado. La pauta que funciona es esperar a que los dos o tres centímetros superiores estén secos al tacto y entonces regar a fondo, vaciando el sobrante. En una vivienda con calefacción eso es cada cuatro o cinco días en verano y cada diez o doce en invierno. Los síntomas son claros: hojas blandas y colgantes con el sustrato húmedo indican exceso; hojas inferiores amarillas que caen con el sustrato seco, falta.

Temperatura: se mueve cómoda entre 15 y 25 °C. Por debajo de 10 °C se detiene y con helada muere, así que en la mayor parte de España es planta de interior o de terraza resguardada, y solo pasa el invierno fuera en la costa mediterránea, en la depresión del Guadalquivir y en las islas Canarias.

Abono: de mantenimiento a media dosis cada tres semanas mientras crece, y suspendido entre octubre y marzo. Trasplante: cada dos años en primavera, o cuando las raíces asomen por el drenaje.

Detalle de la hoja del Plectranthus verticillatus

La luz justa: ni sol directo ni penumbra

Este es el punto donde se decide el aspecto de la planta, y el margen es más estrecho de lo que sugiere su fama de fácil.

Con poca luz se ahíla: los entrenudos —el tramo de tallo entre par y par de hojas— se alargan de dos centímetros a seis u ocho, las hojas salen más pequeñas y más finas, el púrpura del envés se pierde y la mata queda con aspecto de cuerda con hojas sueltas. Es lo que ocurre en una habitación al norte o a más de dos metros de la ventana.

Con sol directo de mediodía, en cambio, la hoja se decolora hacia un verde amarillento y aparecen manchas pardas secas, sobre todo en junio y julio tras un cambio brusco de ubicación.

El punto correcto es luz indirecta intensa: junto a una ventana al este, que le da el sol suave de primera hora, o a un metro escaso de una ventana al sur o al oeste con visillo. Al aire libre, sombra de árbol o de porche con luz abierta alrededor. Si la planta mantiene los entrenudos cortos y el tono púrpura en tallos y envés, la luz es la adecuada.

El pinzado, que aquí no es opcional

Sin cortar, esta planta acaba siendo una maceta de la que salen cuatro tallos larguísimos y pelados por arriba. La operación que lo evita consiste en pellizcar la punta de cada tallo por encima de un par de hojas, con las uñas o con tijera limpia.

Al quitar el ápice desaparece la señal hormonal que mantiene dormidas las yemas laterales, y las dos yemas del nudo inmediato brotan a la vez. Cada corte convierte un tallo en dos ramas. Hecho desde que la planta es joven y repetido cada cuatro o seis semanas de marzo a septiembre, el resultado es una mata tupida que cuelga en cortina y no en hilos.

Los trozos retirados son esquejes listos, así que la poda alimenta la producción de plantas nuevas. Y si un ejemplar ya está estropeado y desnudo por la base, la solución no es podarlo poco a poco: se corta drásticamente a diez centímetros en primavera —rebrota desde la base sin problema— y se aprovechan las puntas para empezar una maceta nueva, que suele ir más rápido.

Tres plantas del dinero distintas

El nombre popular es compartido, y conviene deshacer el enredo porque las tres plantas necesitan cosas diferentes.

Plectranthus verticillatus, esta: labiada, tallo cuadrado y colgante, hoja redonda brillante y aromática al frotar, sombra luminosa, riego regular.

Crassula ovata, el árbol de jade: crasulácea suculenta, arbustito erguido de tronco leñoso, hojas ovales carnosas de borde a veces rojizo, sin olor, mucho sol y riego escaso. Tiene su artículo propio, igual que Crassula capitella, y su cultivo no se parece en nada al de esta.

Pilea peperomioides, la planta china del dinero: urticácea, hojas redondas peltadas —el peciolo se une al centro del disco, como una sombrilla—, porte erguido, luz indirecta y riego moderado. También cuenta con artículo en el sitio.

La comprobación rápida en un vivero es táctil: si la hoja es carnosa, mate y sin aroma, es la Crassula; si es fina, redonda y sujeta por el centro, la Pilea; si es gruesa, brillante y huele a resina al frotarla, es esta.

Problemas frecuentes

Cochinilla algodonosa: motas blancas de aspecto lanoso en las axilas de las hojas y en los nudos. Es la plaga más habitual en interior. Se retira con un bastoncillo mojado en alcohol y, si hay muchas, se trata con jabón potásico cada semana durante tres semanas.

Araña roja: punteado plateado en el haz y telilla muy fina en el envés, típica de aire seco junto a un radiador. Se corrige subiendo la humedad ambiental y con jabón potásico.

Hojas con manchas pardas blandas y olor a podrido: exceso de riego y hongos de suelo. Hay que sacar la planta, eliminar el sustrato empapado y las raíces oscuras, replantar en tierra nueva y espaciar los riegos. Si la base ya está perdida, lo práctico es cortar puntas sanas y volver a empezar.

Puntas secas y quebradizas: aire seco o agua muy calcárea. Ayuda regar con agua reposada o de lluvia.

Sobre su toxicidad no hay motivo de alarma: no figura entre las plantas de interior peligrosas para personas ni para perros y gatos, aunque su aceite esencial puede provocar molestias digestivas si un animal mordisquea cantidad, y lo sensato es mantenerla fuera del alcance de mascotas dadas a comer hojas.

En resumen

Plectranthus verticillatus es una labiada sudafricana de tallos colgantes con la hoja redonda, gruesa, brillante y aromática al frotarla, tres rasgos que la separan de cualquier planta parecida. Sus nudos llevan raíces preformadas, y por eso un esqueje en agua arraiga en menos de una semana: de ahí que circule de mano en mano.

Pide luz indirecta intensa —al sol se quema, en penumbra se estira—, sustrato drenante, riego cuando los primeros centímetros estén secos, temperaturas por encima de 10 °C y pinzado cada mes o mes y medio en la temporada de crecimiento, sin el cual acaba desnuda por la base.

El apodo de planta del dinero lo comparte con Crassula ovata, que es suculenta y de pleno sol, y con Pilea peperomioides, de hoja peltada; ambas tienen artículo propio y ninguna de las tres se cultiva igual.


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