Ningún organismo vivo hoy es primitivo. El musgo de una tapia y el rosal que trepa por ella llevan exactamente el mismo tiempo evolucionando: desde el origen de la vida hasta esta mañana, sin un solo día de diferencia. Lo que sí existe son linajes antiguos, ramas que se separaron pronto del tronco común, y caracteres ancestrales conservados, rasgos que un grupo mantiene mientras otros los sustituyeron. Son dos cosas distintas, y ninguna de ellas equivale a estar atrasado.
Por qué la palabra estorba
Un musgo actual no es un musgo del Devónico. Su linaje divergió hace unos 470 millones de años, cierto, pero desde entonces ha seguido acumulando cambios, especiando y adaptándose; las especies que hoy se ven en un muro tienen una antigüedad comparable a la de muchas plantas con flor. Lo que conserva son caracteres plesiomórficos: la ausencia de vasos conductores, la dependencia del agua líquida para la fecundación. Eso lo hace informativo sobre cómo era la vida terrestre temprana, no lo hace viejo.
La expresión "fósil viviente" arrastra el mismo defecto. Ginkgo biloba es el único superviviente de una división entera, pero no es idéntico a los ginkgos jurásicos: es una especie moderna de un linaje empobrecido. Y hay casos que dan la vuelta al tópico por completo, como se verá con Psilotum.
La terminología correcta, y también la más útil, habla de linajes de divergencia temprana y de rasgos retenidos. Con esa lente, el recorrido siguiente cambia de sentido: no es un museo, es una colección de soluciones distintas al problema de vivir fuera del agua.
Briófitos: vivir sin fontanería
Musgos, hepáticas y antocerotas fueron los primeros vegetales en colonizar la tierra firme, y conservan la arquitectura de aquella época. No tienen xilema ni floema verdaderos, de modo que el agua se mueve por capilaridad y difusión entre las células, lo que impone un tamaño de pocos centímetros. Tampoco tienen raíces: los rizoides solo sujetan, no absorben de forma significativa; toda la planta capta agua y minerales por la superficie.
El rasgo más llamativo es que en ellos la fase dominante y visible es el gametofito, haploide, mientras que el esporofito queda reducido a una cápsula sobre un pedúnculo que vive parasitando al anterior. En el resto de plantas terrestres la relación es la inversa. Y la fecundación exige una película de agua líquida por la que el anterozoide flagelado pueda nadar hasta el arquegonio: por eso los musgos prosperan en la cornisa cantábrica y en umbrías, y en Almería solo en microhábitats.
En jardinería aparecen por dos vías. Como planta deseada, en jardines japoneses, kokedamas y macetas de sombra, donde se maneja con humedad constante, sombra y agua sin cal. Y como indicador involuntario: la aparición de Marchantia polymorpha, esa hepática de talo aplanado, sobre el sustrato de las macetas señala riego excesivo, compactación y falta de aireación.
Licopodios: los gigantes que fabricaron el carbón
Los licófitos son el linaje vascular vivo más antiguo, separado del resto de las plantas con vasos hace unos 400 millones de años. Su carácter propio son los microfilos: hojas pequeñas recorridas por un único nervio sin ramificar, de origen evolutivo distinto al de las hojas de helechos y plantas con flor, que son megafilos derivados de sistemas de ramas aplanadas.
Durante el Carbonífero dominaron el planeta. Lepidodendron y sus parientes alcanzaban cuarenta metros y formaban bosques pantanosos cuya biomasa acumulada, sin hongos capaces todavía de degradar eficazmente la lignina, constituye buena parte del carbón que la humanidad ha quemado desde la Revolución Industrial. Hoy el grupo se reduce a hierbas: Lycopodium y Huperzia en montaña húmeda, Selaginella —incluida la S. lepidophylla que se vende como planta de la resurrección y la S. kraussiana de terrario—, y los Isoetes, sumergidos en lagunas estacionales, con varias especies ibéricas amenazadas.
Equisetos: un solo género de un imperio
Equisetum es el único género vivo de un grupo que en el Carbonífero incluía árboles de veinte metros del género Calamites. Su diseño es inconfundible: tallo hueco y articulado en nudos, hojas reducidas a una vaina dentada en cada nudo, fotosíntesis a cargo del propio tallo, y esporas producidas en un estróbilo terminal. La pared celular se impregna de sílice, lo que da a los tallos su tacto áspero y su antiguo uso como estropajo, de ahí el nombre de limpiaplatas.
En España son comunes Equisetum arvense y E. telmateia en suelos húmedos y bordes de acequia. Antes de plantar cualquiera de ellos en un jardín conviene saber que su rizoma alcanza uno o dos metros de profundidad y rebrota de cualquier fragmento, de modo que una vez instalado resulta prácticamente imposible de erradicar; si se quiere tener, se tiene en contenedor aislado y sobre superficie impermeable.
La cola de caballo tiene una larga tradición de uso como diurético en la fitoterapia popular europea, recogida en las farmacopeas. La evidencia clínica que respalda esos usos es limitada, la planta contiene tiaminasa —una enzima que degrada la vitamina B1— y su consumo prolongado no es inocuo. Aquí no se dan pautas ni cantidades: cualquier uso debe consultarse con el médico o el farmacéutico, especialmente si hay medicación de por medio.
Helechos: antiguos como linaje, modernos como especies
Los helechos aportaron la gran novedad del megafilo, la hoja ancha y muy vascularizada, y conservan un ciclo vital en dos fases independientes: el esporofito frondoso que se reconoce a simple vista y un prótalo diminuto, de pocos milímetros, que vive por su cuenta en el suelo húmedo, produce gametos y depende otra vez del agua líquida para la fecundación.
Pero aquí el tópico se cae. Los polipodiales, que suponen la inmensa mayoría de los helechos actuales, se diversificaron en el Cretácico y sobre todo en el Cenozoico, después de la expansión de las plantas con flor y aprovechando precisamente la sombra de los bosques que estas crearon. Son un grupo ecológicamente moderno que ocupó un nicho nuevo.
En España hay un patrimonio notable: los helechos relictos de la laurisilva canaria y los reductos macaronésicos del norte peninsular, con Woodwardia radicans y Culcita macrocarpa, protegidos y en ningún caso recolectables. Los helechos arbóreos de jardín, Dicksonia antarctica y Cyathea, requieren clima suave y húmedo —cornisa cantábrica, Galicia, norte de Canarias— y conviene comprobar que el ejemplar lleva la documentación CITES correspondiente, porque su comercio está regulado.
Psilotum: la apariencia engaña del todo
Durante décadas Psilotum nudum fue el ejemplo escolar de planta arcaica. Tiene un aspecto casi idéntico a las primeras plantas vasculares fósiles del Silúrico: tallos verdes que se bifurcan en horquilla, sin raíces y sin hojas verdaderas, con esporangios pegados directamente al eje.
Los datos moleculares dieron la vuelta al asunto. Psilotum no es un superviviente de aquellos vegetales primigenios, sino un helecho derivado, emparentado con las ofioglosáceas, que perdió secundariamente raíces y hojas al adoptar un modo de vida epífito y dependiente de hongos micorrícicos. La simplicidad no es antigüedad conservada: es simplificación reciente. Difícilmente hay mejor argumento contra el uso de la palabra primitiva.
Cícadas: espermatozoides que nadan dentro de una semilla
Las cícadas son gimnospermas dioicas, con pies macho y pies hembra que producen conos distintos, y retienen un rasgo espectacular: sus gametos masculinos son espermatozoides multiflagelados capaces de nadar, herencia de sus ancestros acuáticos, aunque ese nado ocurra ya dentro de una gota en el interior del óvulo. Solo lo comparten con el ginkgo. Otra particularidad son sus raíces coraloides, que alojan cianobacterias fijadoras de nitrógeno.
Fueron abundantes en el Mesozoico, pero los géneros y especies actuales proceden de una radiación relativamente reciente, del Mioceno: el linaje es viejo, las especies no. En España se cultiva sobre todo Cycas revoluta, rústica hasta unos −5 °C, de crecimiento lentísimo y con una plaga clara, la cochinilla algodonosa. Importa saber que toda la planta es tóxica, en especial las semillas: contiene cicasina, y la ingestión provoca daño hepático grave; los casos veterinarios en perros que roen las hojas o las semillas terminan con frecuencia en mortalidad alta, así que no es planta para un jardín con animales curiosos.
Ginkgo y araucarias
Ginkgo biloba es la única especie viva de la división Ginkgophyta. Su hoja, en abanico, muestra una venación dicótoma sin nervio central, un patrón que casi ninguna otra planta actual conserva. Es dioico y de larga vida, y su supervivencia se debe en buena medida a que se cultivó durante siglos en templos chinos y japoneses. Como árbol urbano es excelente: soporta contaminación, compactación y poda, y da un amarillo otoñal limpio. Con un aviso, el de siempre: los pies hembra producen semillas rodeadas de una sarcotesta carnosa cuyo olor a rancio, debido a ácidos butanoico y hexanoico, resulta desagradable, de modo que en alineaciones se plantan clones masculinos injertados.
Las araucarias son coníferas gondwánicas de hojas duras dispuestas en espiral por toda la rama. Araucaria araucana, la de Chile y Argentina, está catalogada como especie en peligro y es rústica en el norte de España, donde encuentra la humedad que necesita; A. heterophylla, de la isla de Norfolk, solo vive fuera en clima libre de heladas. A la familia pertenece Wollemia nobilis, conocida solo por fósiles hasta que en 1994 se localizó un puñado de ejemplares vivos en un cañón de Australia, y hoy se propaga y comercializa como estrategia de conservación.
El caso del bambú
Aparece de forma recurrente en las listas de plantas antiguas, y no encaja en ninguna. Los bambúes son gramíneas, familia Poaceae, es decir, monocotiledóneas con flor, uno de los grupos más modernos del reino vegetal: las gramíneas se diversifican y expanden en el Cenozoico, y los ecosistemas de pradera que dominan tienen apenas unos veinte millones de años. Su aspecto de caña articulada y su presencia en la cultura oriental sugieren antigüedad; su anatomía y su filogenia dicen lo contrario. El asunto está desarrollado en el artículo sobre el bambú y su supuesto carácter primitivo.
Cultivar los linajes antiguos
Hay un hilo común entre briófitos, licopodios, equisetos y helechos: todos dependen de agua líquida para reproducirse, y todos prefieren humedad ambiental alta y luz filtrada. En la práctica, eso significa sombra o media sombra, sustrato que retenga humedad sin encharcar, y riego con agua de lluvia o descalcificada, porque la cal marca las frondes y altera el pH.
Las gimnospermas del grupo piden justo lo contrario en cuanto a suelo: cícadas, ginkgo y araucarias quieren drenaje franco y sol, y solo agradecen riego regular durante los años de establecimiento. La cica se pudre por el cuello con facilidad si se planta en hoyo mal drenado, y el ginkgo tolera casi cualquier suelo salvo el permanentemente encharcado.
En resumen
Primitivo no es una categoría biológica válida aplicada a un organismo vivo: lo que hay son linajes de divergencia temprana y caracteres ancestrales conservados. Los briófitos mantienen la dependencia del agua y el gametofito dominante; los licopodios, los microfilos de aquellos bosques que se convirtieron en carbón; los equisetos, un diseño articulado con sílice y un rizoma que en el jardín no perdona; los helechos, un ciclo con prótalo independiente, aunque sus especies actuales sean cenozoicas; las cícadas y el ginkgo, espermatozoides flagelados; las araucarias, un origen gondwánico. Psilotum demuestra que un aspecto arcaico puede ser simplificación reciente, y el bambú, que la antigüedad aparente puede corresponder a una gramínea perfectamente moderna.