El nombre popular tiene explicación literal: la cinta cuelga a sus crías al final de unos tallos largos y finos, sin darles tierra ni raíz, y las deja balanceándose en el aire hasta que se apañan solas. De ahí lo de «mala madre», y de ahí también su fama de planta con la que se empieza en el cultivo de interior: esos hijos colgantes se convierten en ejemplares nuevos con una facilidad desconcertante.

Qué planta es

Botánicamente se llama Chlorophytum comosum y procede del sur de África, donde vive a la sombra de árboles y arbustos. Es una asparagácea herbácea perenne que forma una roseta densa de hojas acintadas, arqueadas, de 20 a 45 centímetros de largo y 1 a 2 de ancho, con nervadura paralela.

Bajo tierra desarrolla raíces engrosadas, casi tuberosas, blanquecinas y carnosas. Ese detalle explica dos cosas: que aguante periodos de sequía que tumbarían a otras plantas, y que reviente macetas cuando lleva demasiado tiempo sin cambio, porque el volumen de raíz crece hasta desplazar todo el sustrato.

Los cultivares habituales en España son 'Vittatum', con la banda blanca en el centro de la hoja y los márgenes verdes; 'Variegatum', justo al revés, verde en el centro y blanco en los bordes; 'Bonnie', de hojas rizadas en espiral; y el tipo silvestre de hoja enteramente verde, más vigoroso que todos los anteriores. Se le conoce además como cinta, lazo de amor, malamadre o araña, según la región.

Chlorophytum comosum con hojas acintadas variegadas

Los estolones y cómo se enraízan

Cuando la planta está establecida y los días se alargan, emite desde el centro de la roseta unos tallos delgados, amarillentos y de hasta un metro de largo. Son estolones: tallos modificados cuya función es colonizar terreno lejos de la planta madre. En la naturaleza se apoyan en el suelo y arraigan a distancia.

A lo largo del estolón se abren primero florecillas blancas de seis pétalos, pequeñas y sin aroma apreciable, y en los nudos se forman después plantitas completas en miniatura: roseta de hojas y, colgando de su base, un manojo de raíces aéreas blanquecinas y engrosadas ya preparadas para agarrar en cuanto encuentren sustrato.

Hay tres formas de enraizarlas, en orden de fiabilidad:

  • Acodo sin cortar. La mejor. Coloca una maceta pequeña con sustrato al lado de la planta madre, apoya la plantita encima sin separarla del estolón y sujétala con un clip o un trozo de alambre doblado. En dos o tres semanas habrá agarrado y entonces se corta el estolón. La cría se alimenta de la madre mientras enraíza, así que no sufre.
  • Esqueje directo. Corta la plantita con un par de centímetros de estolón y plántala en sustrato ligero, apenas enterrando la base de las raíces. Riega y mantén a media luz. Funciona bien si la cría ya tiene raíces visibles de un centímetro o más.
  • Agua. Un vaso con la base sumergida y las hojas fuera. Enraíza rápido y se ve el proceso, pero las raíces que se forman en agua son más frágiles y la planta tarda en adaptarse al pasar a tierra. Mejor trasplantar cuando midan dos o tres centímetros, no más.

La mejor época es de abril a septiembre. Si tu planta no emite estolones, casi siempre falta luz, o es demasiado joven —suele empezar al segundo año—, o está en una maceta enorme: paradójicamente, un cepellón algo apretado estimula la producción de crías.

Puntas pardas: las causas reales

Es la queja número uno con esta planta y merece que se explique bien, porque la respuesta habitual —«le falta humedad»— solo cubre una parte del asunto.

Flúor y cloro del agua del grifo

Chlorophytum comosum es una especie sensible al flúor, hasta el punto de que se ha empleado como planta indicadora en estudios de contaminación por fluoruros. El flúor absorbido por la raíz se transporta con el agua de la transpiración y se acumula en el extremo de la hoja, que es donde termina el recorrido. Allí alcanza concentraciones que matan el tejido, y aparece la punta seca, parda, con un halo amarillento por delante. El cloro y las cloraminas de las aguas tratadas hacen algo parecido.

La solución práctica: riega con agua de lluvia, agua filtrada por ósmosis o agua destilada, al menos parte de las veces. Dejar reposar el agua 24 horas evapora algo de cloro pero no elimina el flúor ni la cal, así que ayuda poco en este caso concreto.

Sales acumuladas en el sustrato

Cada riego deposita sales que el agua evaporada deja atrás, y el abono suma más. Cuando la conductividad del sustrato sube, la raíz absorbe peor y el daño vuelve a manifestarse en la punta. Se reconoce por la costra blanquecina en el borde de la maceta y en la superficie. Se corrige lavando el cepellón: mete la maceta en el fregadero y haz pasar agua abundante durante un par de minutos, dejando que salga por los agujeros; repite dos o tres veces al año. Y no abones de más.

Sequedad y riego irregular

El aire muy seco de una habitación con calefacción, o un ciclo de sequía extrema seguido de encharcamiento, también quema las puntas. Aquí sí ayuda subir la humedad ambiental con una bandeja de arcilla expandida y agua, o agrupando plantas.

En todos los casos, la punta seca no se regenera. Si molesta, se recorta con tijera siguiendo el perfil natural de la hoja, dejando un milímetro de tejido seco para que el corte no vuelva a secarse hacia dentro. Lo importante es corregir la causa, o volverá.

Variegación y reversión

Las bandas blancas de 'Vittatum' y 'Variegatum' son tejido sin clorofila, es decir, tejido que no fotosintetiza. La planta variegada dispone por tanto de menos superficie productiva que la de hoja verde, y eso tiene dos consecuencias.

La primera: con poca luz, la variegación se difumina. Las hojas nuevas salen con la banda blanca más estrecha, más verdosa o directamente ausente, porque la planta compensa la escasez de luz produciendo más clorofila. Es una reversión reversible en el sentido de que las hojas futuras volverán a variegarse si mejoras la ubicación, aunque las ya formadas se quedan como están.

La segunda: los brotes que salen enteramente verdes crecen más que los variegados y acaban dominando la mata si no se intervienen. Cuando aparezca una hoja o un hijuelo completamente verde en un ejemplar variegado, córtalo desde la base. Es el mismo criterio que se aplica a cualquier planta variegada.

Ojo con el otro extremo: el sol directo de una ventana al sur en verano quema las zonas blancas antes que las verdes, porque carecen de pigmentos protectores. La posición correcta es luz muy clara e indirecta, que es justo donde la variegación se mantiene sin dañarse.

Cultivo

Ubicación. Interior luminoso sin sol directo prolongado. En exterior tolera la sombra y la semisombra del litoral mediterráneo y de Canarias, donde se usa como tapizante y en jardineras colgantes.

Temperatura. Entre 15 y 27 °C. Por debajo de 7 °C sufre y con heladas se pierde la parte aérea, aunque en zonas de invierno suave puede rebrotar desde las raíces engrosadas.

Riego. Sustrato ligeramente húmedo en primavera y verano, dejando secar el par de centímetros superiores entre riegos. En invierno, bastante menos. Sus raíces tuberosas le permiten sobrevivir a olvidos largos, pero el encharcamiento continuado sí las pudre.

Sustrato. Universal con un 20 o 30 % de perlita. Nada especial.

Abono. De marzo a septiembre, líquido para plantas verdes cada tres o cuatro semanas y siempre a dosis moderada, por lo dicho de las sales.

Trasplante. Cada año o cada dos, en primavera. Señal de que toca: raíces blancas asomando por los agujeros o levantando el cepellón por encima del borde. Aprovecha para dividir la mata en dos o tres porciones, cada una con raíces, si quieres más ejemplares grandes de golpe.

Plagas. Poco frecuentes en interior. Pulgón en los estolones florales y cochinilla en la base de las hojas, ambos manejables lavando y retirando a mano.

Segura para gatos, y eso vale mucho

El listado de plantas de interior verdaderamente inofensivas para felinos es corto. Los potos, filodendros, monsteras, difembaquias, espatifilos, aloes y drácenas son tóxicos en distinto grado, y los lirios del género Lilium son gravemente peligrosos para el gato. La Chlorophytum comosum figura en la lista de plantas no tóxicas de la ASPCA para gatos, perros y caballos, lo que la convierte en una de las pocas opciones tranquilas para una casa con animales.

Con un matiz honesto: a muchos gatos les atrae y la mordisquean con entusiasmo. Se han descrito compuestos en la hoja con un efecto suavemente estimulante sobre el felino, comparable en aire al de la hierba gatera, aunque la evidencia al respecto es escasa y no está bien caracterizada. Lo que sí ocurre es que la ingestión abundante de fibra vegetal provoca vómitos o diarrea, igual que con la hierba del gato. No es intoxicación, pero conviene colgarla alta si tu gato la ataca sin descanso, tanto por el animal como por la planta.

En resumen

La cinta es una planta resistente, rápida y generosa: en cuanto tiene luz suficiente empieza a colgar estolones con crías ya provistas de raíz, y acodar una de ellas en una maceta contigua da un ejemplar nuevo en tres semanas. Si le salen las puntas pardas, mira primero el agua —el flúor y el cloro del grifo son la causa habitual en esta especie— y después las sales acumuladas en el sustrato. Mantén la variegación con luz clara e indirecta y corta los brotes que salgan verdes del todo. Y si tienes gato, apúntala: es de las poquísimas plantas de interior que no le hará daño.


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