Aparenta ser una hierba ornamental y no lo es. Libertia forma matas de hojas estrechas, rígidas y erguidas que a distancia se confunden con una gramínea, pero pertenece a las iridáceas —la familia del lirio, el gladiolo, el crocus y el azafrán— y lo demuestra en mayo, cuando levanta tallos ramificados cargados de flores blancas de tres piezas que duran semanas. Y después vuelve a demostrarlo en otoño, con unas cápsulas anaranjadas que se quedan en la mata hasta el invierno.

Mata de Libertia formosa con sus flores blancas

Del hemisferio sur al jardín europeo

El género agrupa una docena larga de especies repartidas por Nueva Zelanda, Australia oriental y Tasmania, y el cono sur americano, sobre todo Chile y el sur de Argentina. Es una distribución de tipo austral, propia de linajes vegetales antiguos separados por la deriva de los continentes, y explica bastante bien lo que la planta pide: climas oceánicos, templados, sin heladas extremas y sin sequía prolongada.

El nombre honra a Marie-Anne Libert, botánica belga del siglo XIX especializada en criptógamas. En castellano no tiene nombre popular asentado y se comercializa por el nombre científico; en Chile, a algunas especies del género se las llama calle-calle o tequel-tequel.

Las que se encuentran en vivero en España son cuatro o cinco. Libertia grandiflora, neozelandesa, es la de flor mayor y porte más alto, hasta noventa centímetros en flor. Libertia chilensis, que en catálogos figura con frecuencia como L. formosa, viene de los bosques del sur de Chile, es robusta y la más tolerante al frío del grupo. Libertia ixioides, neozelandesa, tiene selecciones de follaje coloreado —'Goldfinger', con banda amarilla, o 'Taupo Blaze', que vira a naranja cobrizo en invierno— que son hoy lo más vendido. Libertia peregrinans es más baja, de hoja naranja bronce y con rizomas rastreros que la hacen extenderse en lugar de formar mata cerrada. Y Libertia caerulescens, chilena, tiene flores de un azul lavanda pálido, poco frecuente.

La mata, la flor y el fruto

El follaje es perenne. Las hojas nacen agrupadas en abanicos aplanados desde la base, dispuestas en dos filas como en los lirios, y son lineares, coriáceas, de treinta a setenta centímetros de largo por menos de un centímetro de ancho, con nervadura marcada y bordes ásperos. Su rigidez es lo que da a la mata su silueta erguida y ordenada, muy distinta del abandono de una gramínea. El color va del verde oscuro mate al verde oliva, con las variedades citadas en naranja y amarillo.

Bajo tierra hay un rizoma corto y grueso del que salen raíces fibrosas abundantes. En la mayoría de las especies ese rizoma apenas se desplaza y la planta engorda formando una mata cada vez más densa; en L. peregrinans, en cambio, avanza y coloniza.

La flor aparece en primavera, entre abril y junio según zona, sobre tallos ramificados que se elevan por encima del follaje y llevan varios grupos de flores. Cada flor tiene seis tépalos, y ahí está el detalle que le da su aspecto característico: los tres exteriores son pequeños, estrechos y verdosos, y quedan disimulados detrás, mientras que los tres interiores son anchos, redondeados y de un blanco puro. El resultado visual es una flor de tres pétalos, plana, de dos a tres centímetros, con tres estambres amarillos en el centro. Cada flor dura pocos días, pero la sucesión mantiene la mata florida tres o cuatro semanas.

El fruto es una cápsula ovoide que madura en verano y pasa del verde al amarillo anaranjado o al pardo dorado, permaneciendo en el tallo hasta bien entrado el otoño e incluso el invierno. Cuando se abre deja ver semillas anaranjadas o rojizas. Esa segunda temporada de interés, sostenida por los tallos rígidos que no se doblan, es un argumento de peso para no cortar la mata en agosto.

Rusticidad: hasta dónde llega

Es el punto que decide si vale para un jardín concreto. La Libertia tiene una rusticidad media, ni de planta subtropical ni de vivaz de montaña.

Como referencia, la mayoría de las especies aguantan sin daño hasta unos −7 u −8 °C, y L. chilensis llega algo más abajo, en torno a −10 o −12 °C en suelo seco y con la mata establecida. Por debajo de esas cifras el follaje se quema y, si la helada es prolongada, se pierde la planta.

Hay dos matices que cambian el resultado más que la cifra en sí. El primero, que el frío húmedo es mucho peor que el frío seco: una helada de −8 °C con el rizoma en tierra encharcada mata, y la misma helada con el suelo suelto y seco se supera. El segundo, que el viento frío y seco de invierno deseca las hojas perennes y produce puntas pardas aunque no haya helada.

Traducido al mapa español: se comporta muy bien en la cornisa cantábrica y en Galicia, que es donde el clima oceánico se parece más a su origen, y en el litoral mediterráneo y Baleares, con la reserva del riego estival. En Canarias, en zonas de medianía. En la meseta y en el interior con inviernos duros, hay que darle un sitio abrigado, junto a un muro orientado al sur, con drenaje impecable y un acolchado de protección invernal sobre la corona, o cultivarla en maceta que pueda guardarse.

Cultivo

Luz. Sol pleno en climas frescos y del norte; en el sur y en el interior cálido, mejor con sombra a partir del mediodía. El sol de agosto en Sevilla le quema las hojas, y a la sombra profunda se afloja y florece poco. La media sombra clara es su posición ideal en la mayor parte de España.

Suelo. Aquí conviene una precisión que se pierde en las etiquetas de vivero. La Libertia no es una planta de secano ni una crasa: quiere un suelo que retenga humedad y a la vez expulse el agua sobrante. Un suelo franco con materia orgánica bien descompuesta, ligeramente ácido a neutro, es lo suyo. En arcilla compacta y en fondos de jardín donde el agua se estanca en invierno, no dura; en esos casos, plantar en zona elevada, incorporar arena gruesa o grava fina y evitar que se acumule agua sobre la corona.

Riego. Regular en primavera y verano, sin llegar al encharcamiento, y muy reducido en invierno. No tolera bien el estrés hídrico prolongado: la mata responde a la falta de agua secando puntas y quedándose muda al año siguiente. En clima mediterráneo hay que contar con riego estival.

Abonado. Poco. Una aportación de compost al pie a la salida del invierno cubre sus necesidades. El exceso de nitrógeno produce hoja floja y menos flor.

Mantenimiento del follaje. No se recorta con tijera al modo de una gramínea, porque el corte transversal deja puntas romas y pardas que quedan feas todo el año en una planta perenne. Lo que funciona es peinar la mata con la mano enguantada, tirando hacia arriba de las hojas secas y de los tallos florales agotados, que se sueltan limpiamente por la base. Se hace a finales de invierno, en febrero o marzo, antes del arranque. Y se dejan los tallos con cápsulas hasta que pierdan el color.

Problemas. Pocos y previsibles. Caracoles y babosas en la brotación tierna de primavera, sobre todo en jardines húmedos del norte. Manchas foliares por hongos en emplazamientos sin ventilación. Y la causa habitual de muerte, que no es una plaga sino la asfixia radicular por agua invernal estancada.

Follaje coloreado de Libertia ixioides

División y multiplicación

La división es el método directo y el que conserva las características de una variedad seleccionada. Se hace al final del invierno o al comienzo de la primavera, cuando la planta va a arrancar y puede reponer raíz de inmediato, o bien en otoño temprano en zonas de invierno suave.

El procedimiento: sacar la mata entera con una horca, sacudir la tierra para ver la estructura, y separar porciones con al menos tres o cuatro abanicos de hojas y su porción de rizoma con raíces. Las divisiones muy pequeñas tardan dos años en dar flor. En matas viejas con el rizoma leñoso y apretado hay que ayudarse de dos horcas espalda contra espalda, o de un cuchillo limpio. Se replanta enseguida, a la misma profundidad que estaba, sin enterrar la corona, se riega bien y se le da sombra las primeras semanas.

Conviene rejuvenecer la mata cada cuatro o cinco años. Con el tiempo el centro se apelmaza, acumula hoja muerta y deja de florecer, mientras la periferia sigue vigorosa; dividir devuelve el vigor y de paso multiplica.

Por semilla también se propaga bien. Se recoge la cápsula madura en otoño, se siembra fresca en bandeja con sustrato ligero y se deja al fresco: la germinación es lenta y desigual, con plantas que salen a las pocas semanas y otras a los meses. Tarda dos o tres años en dar flor y la descendencia de los cultivares de follaje coloreado no sale igual a la planta madre. También se resiembra sola en el jardín, de forma moderada, cerca de la mata.

Dónde ponerla

Su utilidad en diseño viene de una cualidad concreta: es una planta de forma vertical y follaje perenne de tamaño medio, y eso escasea. Las verticales del jardín suelen ser caducas o de gramínea que desaparece en invierno; la Libertia mantiene la línea los doce meses.

En macizo mixto, sirve para romper la horizontalidad de las vivaces de mata redondeada y para acompañar a plantas de hoja ancha, con las que contrasta muy bien: hostas, heucheras, Bergenia, helechos, acantos. Plantada en grupos impares de tres o cinco, con unos cuarenta o cincuenta centímetros entre pies, forma masas convincentes.

En borde de camino o de escalera, alineada, funciona como seto bajo informal y transitable, con la ventaja de que no invade el paso y no requiere recorte.

Al pie de arbustos de porte alto o de árboles de sombra ligera, resuelve el nivel bajo con follaje permanente en un sitio donde otras vivaces se ahílan.

En maceta, sola o combinada, aguanta bien y permite moverla al abrigo en invierno en zonas frías. Contenedor hondo, sustrato con drenaje asegurado y riego atento en verano, porque en maceta se seca deprisa.

No consta que sea tóxica ni que suponga riesgo alguno de manejo, y sus flores atraen a abejas y sírfidos en primavera, sin ser una planta melífera de primer orden.

En resumen

Libertia es un género de iridáceas del hemisferio sur —Nueva Zelanda, Australia y el sur de Chile y Argentina— que forma matas perennes de hojas lineares, rígidas y erguidas, de aspecto engañosamente graminoide. Sus flores, en primavera y sobre tallos ramificados, tienen seis tépalos de los que solo los tres interiores son blancos, anchos y visibles, de ahí su aire de flor de tres pétalos; después vienen cápsulas anaranjadas que permanecen en la mata hasta el invierno. Su rusticidad es media, del orden de −7 u −8 °C y algo más en L. chilensis, con el frío húmedo como factor limitante real, de modo que va muy bien en la cornisa cantábrica y en el litoral, y necesita abrigo y drenaje en el interior. Quiere media sombra en el sur, suelo fresco que evacue el agua sobrante y riego regular en verano, sin abonados fuertes. Se limpia peinando con la mano las hojas secas en febrero, nunca a tijera, y se divide en tres o cuatro abanicos con rizoma al final del invierno, rejuveneciendo la mata cada cuatro o cinco años. En diseño aporta lo que pocas plantas dan: verticalidad perenne de tamaño medio, para macizo mixto, borde de camino, pie de arbusto y maceta.


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