Pide una aralia en un vivero español y puede que te saquen tres plantas distintas: un arbusto de hoja grande palmeada, un arbolito de follaje finísimo y recortado, o una especie de paragüitas de foliolos ovalados. Las tres se venden con ese nombre, ninguna pertenece hoy al género Aralia, y conviene aclarar el lío antes de hablar de cuidados, porque las tres necesitan cosas diferentes.

Tres plantas y un solo nombre

Todas pertenecen a la familia de las araliáceas, y de ahí viene la confusión. En algún momento del siglo XIX y principios del XX, varias de ellas estuvieron efectivamente clasificadas dentro del género Aralia, del que fueron saliendo a medida que la botánica afinó. El nombre comercial se quedó pegado.

  • Fatsia japonica. Es la aralia por antonomasia en España y a la que se refiere este artículo. Arbusto de hoja enorme, palmeada, con siete a nueve lóbulos, verde oscura y lustrosa. Se llamó Aralia japonica y Aralia sieboldii, y con ese último nombre aparece todavía en etiquetas y catálogos antiguos. También se la conoce como aralia japonesa o falsa castaña.
  • Polyscias (P. fruticosa, P. balfouriana, P. guilfoylei). La «aralia de interior» de hoja fina y muy dividida, con aire de bonsái. Planta tropical, mucho más friolera y exigente en humedad. Aquí es siempre planta de interior.
  • Schefflera (S. arboricola y S. actinophylla). El «árbol paraguas» o «cheflera», con foliolos dispuestos en radio desde el extremo del peciolo. A veces etiquetado como aralia, sobre todo la forma variegada.

La distinción práctica es sencilla. Si la hoja es una sola pieza grande con lóbulos que salen todos del mismo punto, como una mano abierta, es Fatsia. Si la hoja está dividida en foliolos separados sobre un raquis y el conjunto parece un helecho leñoso, es Polyscias. Si los foliolos salen en círculo del extremo del peciolo, como varillas de paraguas, es Schefflera. Existe además un híbrido, ×Fatshedera lizei, cruce de Fatsia con hiedra, de hoja intermedia y porte semitrepador, que también circula bajo el mismo apelativo.

El género Aralia auténtico existe y agrupa a plantas leñosas asiáticas y americanas como Aralia elata, el angélico japonés, un árbol caducifolio espinoso que en España se ve poco y casi nunca en interior.

Hojas palmeadas y lustrosas de Fatsia japonica

Cómo es la Fatsia japonica

Arbusto perennifolio originario del sur de Japón y de Corea del Sur, donde vive en bosques costeros umbríos. Alcanza de 2 a 4 metros de alto en el jardín, con tallos poco ramificados, erguidos y grises, y una copa abierta.

La hoja es su rasgo dominante: de 20 a 40 centímetros de diámetro, coriácea, brillante por el haz, con margen dentado y peciolo largo. En otoño, entre octubre y diciembre, produce inflorescencias en umbelas globosas de florecillas blancas agrupadas en panícula terminal, seguidas de frutos negros redondos que maduran en primavera. Que florezca en pleno otoño la hace útil para insectos en una época de escasez.

Los cultivares que se encuentran aquí incluyen 'Variegata', con los extremos de los lóbulos manchados de crema; 'Spider's Web', salpicada de blanco como si tuviera escarcha; y 'Annelise', con amplias zonas amarillas. Las formas variegadas son algo menos vigorosas y más sensibles al sol directo.

Cultivo en interior

Luz. Es planta de sotobosque y eso juega a su favor puertas adentro: acepta rincones con poca luz que otros arbustos no soportan. Aun así, «poca luz» no es «sin luz». Sitúala donde vea cielo aunque no vea el sol: cerca de una ventana al norte o a dos o tres metros de una al este. El sol directo tras el cristal le quema las hojas.

Temperatura. Prefiere fresco. Su rango cómodo va de 10 a 21 °C, y ahí está el principal conflicto con la vivienda española: por encima de 22 o 23 °C sostenidos, con calefacción y aire seco, se estresa, crece deslavazada y se vuelve carne de araña roja. Un recibidor fresco, una galería o una escalera le sientan mejor que un salón caldeado.

Humedad. Alta, del 50 % para arriba. Bandeja con arcilla expandida y agua bajo la maceta, y agrupación con otras plantas. Aléjala de radiadores y de la salida del aire acondicionado.

Riego. Sustrato fresco pero no encharcado. En interior, cuando el par de centímetros superiores esté seco: en la práctica, cada cinco o siete días de mayo a septiembre y cada diez o doce en invierno. Agua sin exceso de cal si es posible. Vacía siempre el plato.

Sustrato. Mezcla rica y con buen drenaje: sustrato universal con compost o mantillo y un 20 % de perlita. Le va bien un pH ligeramente ácido a neutro.

Abono. Líquido para plantas verdes cada quince días de abril a septiembre, a la dosis del envase. En invierno, nada.

Limpieza. Sus hojas grandes y brillantes acumulan polvo que reduce la fotosíntesis y esconde plagas. Un paño húmedo por ambas caras cada tres o cuatro semanas, o una ducha templada en la bañera de vez en cuando.

Trasplante. En primavera, cada dos años mientras crece, subiendo un tamaño de maceta. Los ejemplares grandes ya asentados se mantienen bien con un recambio anual de los cinco centímetros superiores de sustrato en lugar de cambiar de tiesto.

Por qué tira las hojas cuando la cambias de sitio

Es la reacción típica de esta planta y desconcierta porque llega con retraso: mueves la maceta y dos o tres semanas después empiezan a amarillear hojas y a caer, empezando por las de abajo.

La causa es de fisiología básica. Cada hoja de Fatsia es una inversión enorme de recursos, y la planta ajusta el número de hojas que mantiene al nivel de luz disponible. Al pasarla de un sitio claro a uno más oscuro —o de la terraza al interior en octubre—, las hojas inferiores, que son las peor iluminadas, dejan de compensar su coste, y la planta las desmantela y retira sus nutrientes antes de soltarlas. De ahí el amarilleo previo. El cambio brusco de temperatura y de humedad al entrar en un piso con calefacción agrava el proceso.

Cómo minimizarlo:

  • Aclimata por etapas. Si va a pasar del exterior al interior, hazlo en dos o tres saltos de una semana, cada uno con un poco menos de luz, y antes de que empiece la temporada de calefacción.
  • Elige el sitio definitivo y no la muevas más. Cada traslado reinicia el ajuste.
  • Baja el riego durante la adaptación. Menos hojas transpirando significa menos consumo de agua; si sigues regando igual, sumas asfixia radicular al problema.
  • No abones durante el episodio. No es falta de nutrientes.

Perder tres o cuatro hojas bajas tras una mudanza es normal y la planta se estabiliza. Si la caída sigue durante meses y las hojas nuevas salen pequeñas y pálidas, el sitio elegido tiene demasiada poca luz.

La poda

Fatsia japonica tiende a crecer en tallos verticales que se desnudan por abajo, con toda la masa foliar concentrada arriba. Se corrige podando, y responde muy bien porque rebrota sin problemas de madera vieja, cosa que no todos los arbustos hacen.

Cuándo. A finales de invierno o al comienzo de la primavera, de febrero a abril, antes de que empuje el crecimiento nuevo. Nunca en otoño: le cortarías la floración y dejarías heridas abiertas en la época húmeda.

Cómo. Corta el tallo con tijera de podar limpia justo por encima de una yema o de la cicatriz anular que deja una hoja caída. Ahí brotarán dos o tres ramas nuevas. Para rebajar altura, se puede cortar a la mitad o incluso a un tercio; para rejuvenecer un ejemplar viejo y desgarbado, se puede llegar a dejar los tallos a 30 o 40 centímetros del suelo, aunque conviene hacerlo de forma escalonada en dos años, cortando la mitad de los tallos cada temporada, para no dejarla sin follaje de golpe.

También se retiran en cualquier momento las hojas secas o dañadas, cortando el peciolo a ras del tallo. Y merece la pena quitar las inflorescencias pasadas si no quieres frutos, porque la fructificación consume energía y las bayas caídas ensucian y germinan.

Un aviso: la savia de las araliáceas contiene compuestos irritantes, y el polvo del corte puede provocar dermatitis en pieles sensibles. Usa guantes al podar ejemplares grandes.

En el jardín

Fuera de casa es una planta agradecida en la mitad norte peninsular y en toda la fachada atlántica, donde el clima húmedo y templado se parece al de su hábitat de origen. Resiste hasta −10 °C ya establecida, aunque las heladas fuertes con viento le queman el borde de las hojas.

Quiere sombra o semisombra, suelo fresco, profundo y rico en materia orgánica, y protección del viento seco. En el interior peninsular y en el sur, el sol de verano y la sequedad del aire la limitan mucho: solo funciona en patios umbríos y con riego regular. Se planta de octubre a marzo, fuera de heladas, y acompaña bien a helechos, hostas, hortensias y camelias en macizos de sombra.

Multiplicación y problemas

Se reproduce por esquejes semileñosos de 15 centímetros en verano, con hormona de enraizamiento y calor de fondo, o por acodo aéreo en primavera en ejemplares con tallos largos y desnudos, que es el método más seguro. Las semillas de los frutos maduros también germinan, con estratificación en frío, aunque tardan.

Las plagas de interior son las de siempre en plantas de hoja grande: araña roja cuando el ambiente es cálido y seco, que deja punteado amarillo y telilla en el envés; cochinilla algodonosa en las axilas de los peciolos; y mosca blanca en el envés si viene del exterior. La ducha regular de la hoja previene bastante y el jabón potásico resuelve infestaciones incipientes. En exterior, el caracol y la babosa muerden las hojas jóvenes en primavera.

Entre los desórdenes fisiológicos, las hojas nuevas pequeñas y estiradas señalan falta de luz; las manchas pardas secas en el borde apuntan a aire seco o agua muy dura; y el amarilleo generalizado con nervios verdes indica clorosis férrica en suelo calizo, que se corrige con quelato de hierro y agua menos dura.

En resumen

En España, «aralia» designa por defecto a Fatsia japonica, aunque el nombre lo comparten Polyscias y Schefflera, y basta mirar si la hoja es una pieza grande palmeada para salir de dudas. Es un arbusto de sombra que agradece el fresco: entre 10 y 21 °C, luz indirecta, humedad alta y sustrato que no se seque del todo. Perderá algunas hojas bajas cada vez que la cambies de sitio, así que elige la ubicación con calma y aclimátala por etapas. Y no temas la tijera: podada a finales de invierno rebrota de madera vieja y recupera un porte tupido en una sola temporada.


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