Las flores de la perdiguera se abren a media mañana y por la tarde ya están en el suelo. Duran un día, a veces menos, y sus cinco pétalos amarillos salen del capullo arrugados como papel de seda mal doblado y se alisan al sol en cuestión de minutos. Lo que sostiene el espectáculo es la cantidad: Helianthemum nummularium abre tandas nuevas cada mañana durante seis o siete semanas seguidas, de modo que la mata parece florecer sin interrupción aunque ninguna flor individual llegue a la noche.

Flores amarillas de Helianthemum nummularium

La mata y sus nombres

Es un caméfito, un subarbusto enano de base leñosa y ramas tendidas que forma alfombras laxas de diez a treinta centímetros de alto y hasta medio metro de ancho. Pertenece a las cistáceas, la familia de las jaras y los jaguarzos, y comparte con ellas la flor efímera de pétalos delicados y el gusto por los suelos pobres.

Las hojas son opuestas, elípticas u oblongas, de uno a tres centímetros, con el margen a menudo revuelto hacia abajo, verdes por el haz y blanquecinas y tomentosas por el envés. El epíteto nummularium alude a esa forma redondeada de moneda. Los estípulas laterales, presentes y estrechas, son un carácter que ayuda a separarla de otras especies del género.

La flor mide de dos a tres centímetros, con cinco pétalos amarillos, a veces con una mancha anaranjada en la base, y un manojo de estambres muy numerosos y sensibles: al tocarlos con un dedo o con la pata de un insecto se abren hacia fuera en abanico, un movimiento que facilita que el visitante se cargue de polen. Florece de mayo a agosto según altitud, y en zonas frescas puede repetir en septiembre. El fruto es una cápsula pequeña de tres valvas con semillas diminutas.

En castellano se la llama perdiguera, hierba turmera, tamarilla o jarilla, y esos nombres se aplican con bastante libertad a varias especies del género. La perdiguera es planta europea de montaña media, presente en el norte y el este peninsular —Pirineos, Cordillera Cantábrica, Sistema Ibérico, Sistema Central— en pastos calizos y claros de matorral, y llega hasta altitudes considerables.

Turmera: la conexión con las trufas de desierto

El nombre de hierba turmera viene de las turmas o criadillas de tierra, hongos hipogeos del género Terfezia y Tirmania que se recogen y se comen en el sureste peninsular, en Castilla y en el norte de África, y que fructifican precisamente al pie de las matas de Helianthemum.

La relación es una micorriza, una simbiosis entre la raíz de la planta y el micelio del hongo. La planta cede azúcares fabricados en la fotosíntesis; el hongo, con su red de hifas mucho más fina y extensa que cualquier raíz, capta agua y nutrientes minerales del suelo y se los transfiere. En un pasto árido esa asociación no es un lujo: es lo que permite a la mata sobrevivir el verano y al hongo disponer de carbono en un ambiente sin apenas materia orgánica.

La micorriza que forman las turmas con Helianthemum es de un tipo peculiar, intermedio entre ecto y endomicorriza según la especie y las condiciones, y ha sido objeto de bastante investigación agronómica en España, con plantaciones experimentales de matas micorrizadas para producir criadillas en secano en Murcia, Albacete o Zaragoza.

Aquí toca una precisión que se pasa por alto a menudo. Las especies de Helianthemum que sostienen esa producción en el sureste español son sobre todo las anuales —H. ledifolium, H. salicifolium— y la perenne H. almeriense, adaptadas a climas semiáridos. H. nummularium es una planta de ambientes más frescos y no es la turmera productiva de las criadillas comerciales, aunque comparte género, familia y la capacidad general de micorrizar. Quien busque plantar para producir turmas necesita la especie correcta y sustrato inoculado; quien busque una mata bonita de rocalla tiene aquí a la mejor del género.

Dónde crece: cal, pobreza y sol

Su ecología natural resume sus exigencias en el jardín. Vive en pastos secos sobre caliza, en repisas rocosas, en taludes soleados, en claros de sabinar y enebral y en los bordes pedregosos de camino de montaña. Es marcadamente calcícola: sobre suelos ácidos y profundos, otras plantas la desplazan.

Lo que la define no es la resistencia a la sequía extrema, sino la intolerancia a la competencia y al exceso. Necesita un suelo pobre en nitrógeno, muy drenante, poco profundo y ocupado por vegetación baja y rala. En cuanto el pasto se cierra, se abona o se abandona el pastoreo, la perdiguera desaparece. Por eso su conservación va ligada a la de los pastos de montaña extensivos.

Es una planta rústica de verdad en cuanto a frío: aguanta sin problema por debajo de los −15 °C y viene de sitios donde el suelo se hiela en invierno. Su punto débil es el contrario, la humedad estancada en el cuello, sobre todo en invierno y en suelo arcilloso.

Helianthemum nummularium en su hábitat de pasto calizo

En rocalla y en jardín seco

Es una planta de jardín excelente, sobre todo en la mitad norte y en zonas de interior con inviernos marcados, y en horticultura ornamental existe una serie amplia de cultivares con flores amarillas, blancas, rosas, anaranjadas, rojo ladrillo o dobles, muchos de ellos híbridos con otras especies del género. Nombres frecuentes en vivero son 'Wisley Primrose', 'Henfield Brilliant', 'The Bride', 'Ben Hope' o 'Fire Dragon'.

Emplazamiento. Sol directo el mayor número de horas posible. A media sombra se estira, florece la mitad y pierde compacidad. Es planta de coronación de muro, de junta ancha de rocalla, de borde de camino de grava, de talud y de jardinera elevada, y también funciona bien plantada de forma que caiga por encima de una piedra.

Suelo. Drenante por encima de todo, preferentemente calizo o neutro, pobre. En terreno pesado, plantar sobre un montículo o sobre una capa de zahorra, y no aportar compost: el exceso de fertilidad la vuelve blanda, la ahíla y le acorta la vida.

Riego. El primer verano, riegos espaciados hasta que arraigue. Después, en clima de interior norte, prácticamente ninguno; en zonas de verano largo y seco, un riego profundo ocasional en los meses críticos mantiene mejor la mata, siempre con el suelo secándose entre uno y otro.

Recorte tras la floración. Es la operación que decide si la planta dura o se degrada. Al terminar la primera tanda, en pleno verano, se recorta el conjunto en torno a un tercio, buscando siempre tejido con hojas y sin entrar en la madera vieja y desnuda del centro, que rebrota mal o no rebrota. Ese recorte compacta la mata, evita que se abra por el centro dejando un calvero y suele provocar una segunda floración de otoño.

Renovación. Aun con buen manejo, es una planta de vida relativamente corta, del orden de cuatro a seis años, tras los cuales se aclara. Conviene reponerla por esqueje: esquejes semileñosos de ocho a diez centímetros tomados a finales de primavera o en verano, sin flor, en sustrato arenoso, a la sombra y con humedad ambiente, enraízan sin dificultad. Por semilla también se multiplica, sembrando en otoño y aceptando que la descendencia de un cultivar no saldrá igual a la planta madre.

No sufre plagas dignas de mención. Sus problemas son de cultivo: pudrición de cuello por exceso de agua, ahilamiento por sombra y envejecimiento por falta de recorte.

Mariposas

La perdiguera cumple un doble papel para los lepidópteros y merece la pena distinguirlo, porque una cosa es dar néctar y otra bastante más valiosa es alimentar a las orugas.

Como planta nutricia, las hojas de Helianthemum sostienen las larvas de varias mariposas europeas: la morena serrana (Aricia agestis) y su pariente Aricia artaxerxes, la niña hocecillas o Cupido minimus en algunos entornos, el cejialbo Callophrys rubi, y en pastos calizos de montaña también el Plebejus argus. Son licénidos pequeños, azulados o pardos, ligados a pastos secos.

Como fuente de polen y néctar, las flores atraen abejas solitarias y sírfidos por la mañana, que es cuando están abiertas. La cosecha principal es el polen, muy accesible en ese manojo de estambres móviles.

La consecuencia de jardinería es simple: si el objetivo es que críen mariposas y no solo que las visiten, hacen falta varias matas juntas formando una mancha de al menos medio metro cuadrado, no un ejemplar suelto, y no aplicar insecticidas en la zona. Combina bien en ese papel con tomillos, orégano, Sedum, Dianthus y gramíneas cespitosas de pasto seco.

En resumen

Helianthemum nummularium, perdiguera o hierba turmera, es un subarbusto rastrero de las cistáceas, de hoja pequeña con envés blanquecino y flores amarillas de cinco pétalos que duran un solo día pero se renuevan cada mañana durante semanas, con estambres sensibles que se abren al contacto. Vive en pastos calizos secos y soleados de montaña media del norte y el este peninsular, es calcícola, aguanta bien por debajo de −15 °C y muere con humedad estancada. Su nombre de turmera procede de la micorriza que el género forma con las criadillas de tierra (Terfezia, Tirmania), aunque las especies productivas del sureste español son otras, sobre todo las anuales y H. almeriense. En jardín es planta de rocalla, coronación de muro y grava: sol pleno, suelo pobre y drenante, sin abonos, recorte de un tercio tras la floración sin entrar en madera vieja y renovación por esqueje semileñoso cada pocos años. Y sostiene orugas de licénidos como Aricia agestis o Callophrys rubi, siempre que se plante en mancha y no como ejemplar aislado.


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