Quien decide si una peonía florece no es el jardinero: es el invierno anterior. Sin un número suficiente de horas de frío acumuladas entre diciembre y febrero, la planta echa hojas, crece con normalidad y no forma un solo botón. Ese requisito, y no la falta de abono ni la mala suerte, explica por qué las peonías herbáceas triunfan en Burgos y fracasan en Málaga.
Las peonías rosas de jardín son cultivares de Paeonia lactiflora, especie originaria del noreste de China, Siberia oriental y Mongolia, y de sus híbridos con P. officinalis. Son vivaces herbáceas: desaparecen por completo en invierno y rebrotan desde una corona subterránea de raíces tuberosas.
El frío invernal: la condición que no se negocia
Las yemas de la corona pasan el invierno en dormancia, y para romperla necesitan acumular horas por debajo de 7 °C. La cifra depende del cultivar, pero como orden de magnitud las herbáceas de P. lactiflora piden entre 500 y 1.000 horas de frío, con la parte alta de la horquilla para las variedades dobles y tardías. Si no las acumulan, las yemas florales abortan o ni siquiera se diferencian.
Traducido a geografía española:
- Funcionan bien en la cornisa cantábrica, Galicia interior, las dos mesetas, el valle del Duero y del Ebro, Aragón, Navarra, La Rioja, zonas de montaña de cualquier provincia y las áreas de interior de Cataluña.
- Funcionan con cultivares elegidos en Cataluña litoral y en el interior de Levante, donde conviene buscar variedades de bajo requerimiento de frío, muchas de ellas híbridos precoces.
- No funcionan en la costa mediterránea cálida, el litoral andaluz, el bajo Guadalquivir y Canarias, salvo en cotas altas. Es tiempo y dinero perdidos.
Existe un segundo motivo climático para el fracaso en el sur: el calor de mayo. Aunque el botón llegue a formarse, con máximas por encima de 28 °C durante la apertura, la flor se abre y se deshace en dos días. La peonía es una planta de primavera fresca.
La profundidad de plantación: el otro fallo clásico
Aquí está el segundo motivo, y el más frecuente, de una peonía que crece sana y no florece nunca. La planta se compra como una garra: un conjunto de raíces carnosas coronadas por yemas rosadas o rojizas, los «ojos».
Esos ojos deben quedar a 2 o 3 centímetros bajo la superficie del suelo, no más. En suelos pesados y fríos, incluso a 2 centímetros escasos. Enterrarlos a 8 o 10 centímetros —una profundidad que parece razonable para cualquier otra vivaz— produce una planta vigorosa, de hoja grande, que jamás forma botones. La razón es que las yemas necesitan percibir la oscilación térmica de la superficie para completar la vernalización; enterradas, quedan aisladas.
El procedimiento correcto es este:
- Época: septiembre a noviembre. La plantación otoñal permite que la raíz emita radículas nuevas antes del frío. La plantación de primavera con garra desnuda casi siempre supone perder la primera floración.
- Hoyo amplio, de 40 × 40 centímetros, con la tierra bien mullida y compost mezclado en el fondo, pero sin abono en contacto directo con las raíces.
- Se rellena, se asienta el sustrato con un riego, y solo entonces se coloca la garra, comprobando con una regla o con el mango de una herramienta apoyado a ras de suelo que los ojos quedan justo debajo.
- Se cubre con tierra fina, se riega y no se acolcha por encima de la corona. El acolchado va alrededor, nunca sobre los ojos, y en invierno mejor retirarlo.
- Distancia entre plantas, un metro. Ocupan más de lo que parece cuando adultas.
Si una peonía lleva tres o cuatro años sin florecer y está sana, la corrección es levantarla en octubre y replantarla a la profundidad correcta. La segunda causa a revisar es la sombra: necesita sol directo, seis horas o más, con tolerancia a sombra ligera de tarde en el sur de su rango.
Longevidad y rechazo al trasplante
Una peonía bien plantada dura décadas. Hay ejemplares documentados de más de cincuenta años en el mismo sitio, y no es raro que sobrevivan a la casa que las rodeaba. Esa longevidad tiene contrapartida: detestan que las muevan.
El sistema radicular es carnoso, frágil y poco dado a regenerarse. Cada trasplante cuesta entre uno y tres años sin flor. Por eso la decisión de dónde plantarla merece más reflexión que en cualquier otra vivaz: no es una planta que se reubique porque ha cambiado el diseño del arriate.
De ahí también que no necesite división periódica, al contrario que la mayoría de vivaces. Se divide solo si se quiere multiplicar. La operación se hace en septiembre u octubre, levantando la mata entera, lavando la tierra con manguera para ver la estructura, y cortando con cuchillo limpio porciones que conserven tres a cinco ojos y raíces suficientes. Porciones con menos ojos enraízan pero tardan cuatro o cinco años en dar flor.
El primer año tras plantar, la floración es escasa o nula; el segundo, discreta; a partir del tercero, plena. Es una planta que exige paciencia por delante.
Suelo, riego y abonado
Suelo. Profundo, fértil, con materia orgánica y drenaje real. pH de 6,5 a 7,5; tolera algo de caliza. Lo que no soporta es el encharcamiento invernal sobre la corona, que provoca podredumbre.
Riego. Regular durante la primavera, que es cuando forma botón y flor: un riego profundo semanal si no llueve, mejor que riegos frecuentes y cortos. En verano, ya florecida, con menos. En invierno, ninguno. Riego al pie, nunca sobre el follaje.
Abonado. Modesto. Un aporte de compost maduro alrededor de la mata en otoño y un abono con más fósforo y potasio que nitrógeno al iniciar el rebrote en marzo. El nitrógeno excesivo produce follaje enorme, tallos débiles y menos flores.
Otoño. Cuando el follaje se seca, en octubre o noviembre, se corta a ras de suelo y se retira. No se deja sobre el terreno: es el reservorio de botritis para la primavera siguiente.
Tutorado de las variedades dobles
Las peonías de flor doble y bomba —'Sarah Bernhardt', 'Duchesse de Nemours', 'Kansas'— tienen flores que superan los 15 centímetros y pesan mucho. Con una lluvia de mayo, el tallo se dobla hasta el suelo y la flor se embarra. Es un comportamiento del cultivar, no un defecto de cultivo.
La solución es preventiva y de calendario. El soporte se coloca en marzo, cuando los brotes tienen 10 o 15 centímetros, no en mayo cuando ya se han tumbado. Sirven los aros de vivaces con rejilla, tres o cuatro tutores de bambú con hilo formando una jaula circular, o una rama seca ramificada clavada en el centro de la mata. La planta crece a través del soporte y lo oculta.
Otra vía es elegir tipos de flor simple, semidoble o anemonada —'Bowl of Beauty', 'Coral Charm', 'Krinkled White'—, cuyos tallos se sostienen solos y que además abren mejor en climas con primaveras lluviosas.
Para flor cortada, el corte se hace en fase de botón blando, cuando cede al apretarlo como un merengue, temprano por la mañana, dejando al menos dos hojas en el tallo que queda: la planta necesita ese follaje para recargar la corona.
Las hormigas no son una plaga
En abril y mayo los botones aparecen cubiertos de hormigas. Es normal y no hay que hacer nada.
Los botones florales de peonía segregan por el exterior de los sépalos un néctar extrafloral azucarado. Las hormigas acuden a ese recurso. No perforan el botón, no comen tejido y no impiden la apertura de la flor; se marchan solas cuando la flor se abre y el néctar cesa. La creencia de que la peonía necesita hormigas para abrirse tampoco es cierta: la flor abre igual sin ellas.
Aplicar insecticida contra ellas es innecesario y contraproducente. Lo único que conviene es sacudir los tallos cortados antes de meterlos en casa.
Distinto es lo que sí requiere atención:
- Botritis (Botrytis paeoniae). Los brotes jóvenes se ennegrecen y colapsan en primaveras lluviosas, y los botones se pardean sin llegar a abrir. Se previene retirando el follaje en otoño, plantando con espacio y no mojando la planta al regar.
- Oídio en verano, sobre el follaje ya sin flor. Estético, poco relevante.
- Nematodos y podredumbre de corona en suelos encharcados y mal drenados.
- Botones que se secan sin abrir. Suele ser sequía en el momento de la formación, o helada tardía sobre el botón ya formado.
Cultivares rosados que van bien en España
Entre los de tono rosa, con distintos grados de exigencia y de necesidad de tutor:
- 'Sarah Bernhardt'. Rosa claro, doble, perfumada, tardía. La más difundida y la que más soporte necesita.
- 'Coral Charm'. Híbrido semidoble, coral que vira a melocotón y crema. Tallo firme, floración temprana, y menor requerimiento de frío que las lactiflora puras, lo que la hace interesante en climas intermedios.
- 'Bowl of Beauty'. Anemonada, rosa fucsia con centro crema. Muy estable en pie, floración media.
- 'Monsieur Jules Elie'. Bomba rosa plata, enorme y muy perfumada. Requiere tutor sin discusión.
- 'Karl Rosenfield'. Rojo carmín intenso, doble, robusta y fiable en clima continental.
Las peonías arbustivas o arbóreas (Paeonia suffruticosa y afines) son otro grupo: mantienen estructura leñosa en invierno, no se cortan al ras y se plantan con el punto de injerto enterrado, justo al revés que las herbáceas. Conviene no aplicarles las reglas de este artículo.
Toxicidad
Todas las partes de la peonía contienen paeonol y paeoniflorina, compuestos que provocan irritación digestiva si se ingieren: vómitos, diarrea y malestar en personas, y cuadros similares en perros y gatos. No es una planta comestible ni de uso doméstico, pese a su larga presencia en la farmacopea tradicional china, donde se emplea la raíz de P. lactiflora en preparaciones específicas. Esa tradición no equivale a evidencia clínica sólida y esos usos no son trasladables al ámbito casero; la peonía puede además interferir con anticoagulantes. Cualquier duda sobre ingestión accidental, al médico o al servicio de toxicología.
En resumen
Las peonías herbáceas dependen de acumular frío invernal —entre 500 y 1.000 horas por debajo de 7 °C— para diferenciar sus yemas florales, y ese requisito marca el mapa: van bien en el interior y en el norte y no van en el litoral cálido del sur. El segundo factor decisivo es la profundidad: los ojos de la garra deben quedar a 2 o 3 centímetros bajo la superficie, y enterrarlos más produce una planta sana que nunca florece. Se plantan en otoño, no se mueven durante décadas porque cada trasplante cuesta años de floración, y solo se dividen para multiplicar. Las variedades dobles necesitan tutor colocado en marzo, antes de que los brotes crezcan. Y las hormigas sobre los botones acuden al néctar que segregan los sépalos: no dañan la flor y no hay que combatirlas.