Empecemos por lo que esta planta no hace, porque es justo lo que promete su etiqueta: una maceta de «geranio citronela» en la terraza no protege de los mosquitos. Los ensayos que han medido picaduras con la planta intacta en su tiesto no encuentran reducción apreciable respecto a no tener nada. La planta quieta no emite prácticamente aroma; el aceite esencial está encerrado en pelos glandulares de la hoja y solo sale cuando esos pelos se rompen al estrujarla.

Dicho eso, la planta merece un sitio en la terraza. Solo que por otras razones.

Pelargonium citrodorum, geranio de olor a limón

Qué se está comprando exactamente

El nombre Pelargonium citrodorum, o P. citrosum, no corresponde a una especie botánica válida. Es una denominación comercial aplicada a híbridos y cultivares de pelargonio de olor con perfil aromático cítrico, emparentados sobre todo con Pelargonium crispum y con P. graveolens. La variedad más difundida bajo la etiqueta antimosquitos se registró en los años ochenta como 'Citrosa' o «planta citrosa», y de ahí procede toda la campaña posterior.

La confusión que sostiene el mito es de nombres. La citronela verdadera es otra planta por completo: Cymbopogon nardus y C. winterianus, gramíneas tropicales de las que sí se extrae el aceite de citronela empleado en repelentes. El pelargonio comparte con ellas algunos compuestos —citronelol, geraniol— pero ni en la misma proporción ni, sobre todo, liberados al aire.

Es un arbusto pequeño, de 40 a 80 centímetros, con hojas muy divididas, de lóbulos estrechos y borde recortado, algo rugosas, de un verde claro. Las flores son pequeñas, en umbelas laxas, de color rosa pálido con venas más intensas. Florecen de primavera a otoño y son un complemento discreto.

Lo del mosquito, con detalle

Conviene explicar el porqué, no solo el resultado. Un repelente funciona cuando hay una concentración suficiente de moléculas volátiles en el aire, en la zona que rodea a la piel. Una planta en maceta libera cantidades minúsculas de forma pasiva: los tricomas glandulares son estructuras selladas cuya función es defensiva frente a herbívoros que muerden, no un difusor. Se abren con la presión mecánica.

Los estudios que han comparado personas con y sin plantas de citrosa alrededor, midiendo aterrizajes y picaduras de Aedes y Culex, no encuentran diferencias significativas. Sí las encuentran, en cambio, con aceite de citronela aplicado sobre la piel, aunque con una duración de protección corta —del orden de una o dos horas— muy inferior a la de los repelentes registrados con DEET, icaridina o IR3535.

La consecuencia práctica es sencilla: si hay mosquito tigre en el barrio, la protección viene de mosquiteras, de eliminar agua estancada en platos, canalones y bebederos, y de un repelente cutáneo autorizado. La planta no sustituye a nada de eso. Frotarse las hojas en brazos y tobillos produce un efecto perceptible pero muy breve, y en pieles sensibles puede irritar.

Entonces, ¿para qué sirve?

Para lo que sirve cualquier aromática de exterior: para olerla. Y aquí es notable. El aroma es limpio, a limón y verbena, más fresco que el de la malvarrosa, y basta pasar la mano por encima al salir a la terraza para que quede en el aire un par de minutos. Colocada junto a una puerta, en el borde de una escalera o en la barandilla de un balcón —sitios donde inevitablemente se roza— cumple.

Ornamentalmente aporta una textura de hoja fina y recortada que contrasta bien con hojas anchas, y una floración modesta pero larga. Y en jardines de bajo consumo hídrico es una planta que pide poco.

Cultivo

Exposición. Pleno sol en la mitad norte y en zonas costeras; en el interior sur, sol de mañana y sombra en las horas centrales de julio y agosto, porque el follaje fino se quema. Cuanto más sol, más aceite esencial y más aroma.

Sustrato. Drenaje por encima de todo. Una mezcla de sustrato universal con perlita o arena silícea en proporción de dos a uno funciona bien. Maceta de barro mejor que de plástico, y con agujeros amplios.

Riego. Moderado y espaciado. Se comprueba con el dedo: si los primeros centímetros están húmedos, no toca. En una terraza soleada de agosto puede ser cada tres días; en octubre, cada diez o doce; en enero, casi nada. Un síntoma inequívoco de exceso es la hoja que amarillea y cae empezando por abajo mientras el sustrato sigue mojado.

Frío. Resiste hasta unos -1 o -2 °C de forma puntual. Por debajo hay daño en tejidos y en heladas repetidas muere. Entre noviembre y marzo se recoge en galería fresca, invernadero frío o junto a una pared orientada al sur bajo alero, reduciendo el riego al mínimo. No conviene meterla en salón con calefacción: se ahíla y aparecen mosca blanca y araña roja.

Abonado. Un fertilizante para plantas de flor cada quince o veinte días de abril a septiembre, a la mitad de la dosis indicada. Nada en invierno.

Trasplante. Cada dos años, en primavera, subiendo un solo número de maceta. Este pelargonio no agradece los volúmenes grandes con sustrato sin colonizar, que se mantiene húmedo demasiado tiempo.

Poda y multiplicación

Tiende a alargarse y a quedarse con las hojas en las puntas. Un recorte a finales de invierno, dejando las ramas a la mitad y por encima de un nudo con yemas visibles, restaura la forma. Durante la temporada, despuntar los brotes largos mantiene la mata cerrada.

Se multiplica por esqueje de tallo, con la misma facilidad que el resto de pelargonios de olor —el artículo de este sitio sobre Pelargonium capitatum detalla el procedimiento paso a paso, incluido el reposo previo del corte—. Aquí basta señalar que los mejores esquejes salen de la poda de primavera y de los despuntes de septiembre, y que este híbrido enraíza algo más despacio que la malvarrosa, en cuatro o cinco semanas.

Lo que puede ir mal

La incidencia habitual, en orden de frecuencia:

  • Araña roja (Tetranychus urticae) en ambiente seco y caluroso, sobre todo si ha invernado dentro. Punteado amarillo fino en el haz y telilla en las axilas. Aumentar humedad ambiental y tratar con jabón potásico o aceite de neem repetido cada semana.
  • Pulgón en los brotes tiernos de primavera. Se retira con un chorro de agua o jabón potásico.
  • Oruga barrenadora del pelargonio. La misma que afecta a todos los Pelargonium del litoral mediterráneo; los tallos se vacían por dentro y quiebran. Revisión de nudos y corte inmediato de lo afectado.
  • Botritis en invernada mal ventilada, con moho gris sobre hojas y flores muertas. Retirar restos, separar macetas y ventilar.
  • Pérdida de aroma. No es una enfermedad. Ocurre con poca luz, riego abundante y abonado nitrogenado alto: la planta crece rápido y produce menos esencia.

Precauciones

La savia y los aceites de los pelargonios de olor pueden causar dermatitis de contacto en personas sensibles, y el frotamiento repetido sobre la piel al sol puede provocar reacciones en pieles reactivas. Es una planta considerada tóxica para perros y gatos por el geraniol y el linalol que contiene, con síntomas digestivos y decaimiento si se ingiere en cantidad; conviene situarla fuera del alcance de animales que muerdan plantas. No se emplea con fines internos.

En resumen

El llamado Pelargonium citrodorum no es una especie botánica sino un grupo de híbridos de pelargonio de olor con aroma cítrico, y no repele mosquitos: los ensayos con la planta en su maceta no encuentran protección apreciable, porque el aceite esencial solo se libera al romper los tricomas de la hoja. Contra el mosquito funcionan las mosquiteras, eliminar el agua estancada y los repelentes cutáneos autorizados. Como planta ornamental y aromática, en cambio, es fácil y agradecida: sol, sustrato muy drenante, riego moderado, protección por debajo de -1 °C, un recorte a final de invierno y esquejes que enraízan en un mes. Colocarla donde se roce al pasar es lo que le da sentido.


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