Roza una hoja de Pelargonium capitatum con dos dedos y el olor queda en la piel durante un rato: rosa, con un fondo verde y algo mentolado. La flor de esta planta es discreta; lo que la sostiene en los jardines desde hace tres siglos es esa hoja aterciopelada que solo habla cuando se la toca.

Se la llama malvarrosa, geranio de olor a rosa o pelargonio rosa. Procede de la costa sur y suroeste de Sudáfrica, de las dunas y matorrales del Cabo, y esa procedencia costera explica buena parte de su comportamiento: aguanta la salinidad, el suelo pobre y la arena, y detesta el agua estancada.

Flores rosadas de Pelargonium capitatum

Pelargonium no es Geranium

Un apunte previo, porque el nombre comercial confunde. Todo lo que en España se llama «geranio» en jardinería —el de balcón, el gitanilla, los de olor— pertenece al género Pelargonium, sudafricano y sensible al frío. El género Geranium es otra cosa: vivaces europeas rústicas, de flor radialmente simétrica y cinco pétalos iguales. La diferencia se ve en la flor, asimétrica en Pelargonium y simétrica en Geranium, y hay dos artículos en la sección de flores que la tratan con detalle, uno sobre los tipos de geranios y otro sobre las variedades de geranio para el jardín. Aquí basta con retener que P. capitatum es un pelargonio.

Cómo es la planta

Arbusto de base semileñosa y ramas herbáceas, laxo y algo tumbado, de 30 a 60 centímetros de alto y hasta un metro de ancho si no se poda. En cultivo tiende a echarse y a apoyarse en lo que tenga cerca.

La hoja es su rasgo distintivo: redondeada, de tres a cinco lóbulos poco marcados, con el margen ondulado y crenado, y toda ella cubierta de pelos suaves que le dan tacto de terciopelo. Esos pelos son tricomas glandulares, pequeñas fábricas de aceite esencial que se rompen con el roce y liberan el aroma. Por eso la planta no huele a distancia, solo al contacto.

Las flores se agrupan en umbelas apretadas —de ahí capitatum, «en cabezuela»— de color rosa malva a lila, con los dos pétalos superiores algo mayores y venas más oscuras. Florece de forma dispersa de marzo a octubre, con el grueso en primavera. No es una planta que se compre por la flor.

Cultivo

Luz. Sol directo, o sol de mañana y sombra ligera a mediodía en el interior peninsular más duro. A la sombra crece, pero se ahíla, pierde densidad de tricomas y huele mucho menos.

Temperatura. Su límite práctico está en torno a los -2 °C puntuales. Con heladas suaves pierde parte de la parte aérea y rebrota; con heladas de varios grados y prolongadas, muere. En el litoral mediterráneo, en Andalucía occidental y en Canarias vive fuera todo el año. En Madrid, Castilla o el valle del Ebro necesita maceta y refugio en invierno, o se trata como planta que se repone cada año a partir de esquejes guardados.

Suelo. Ligero y muy drenante. En maceta, sustrato universal con un tercio de arena gruesa, perlita o pómice. En tierra, cualquier suelo que no encharque; tolera la caliza y la arena costera sin problema.

Riego. Escaso. Es el apartado donde más se falla. Se riega cuando el sustrato está seco en los tres o cuatro primeros centímetros: en verano cada cuatro o cinco días en maceta al sol, en invierno una vez cada dos o tres semanas. Los tallos semileñosos se pudren por la base con facilidad si permanecen húmedos. Nunca plato debajo de la maceta con agua acumulada.

Abonado. Poco y equilibrado. Un abono para plantas de flor cada tres semanas de abril a septiembre, a media dosis. El exceso de nitrógeno da hojas grandes, blandas y con menos aroma, porque la planta invierte en crecer y no en producir esencia. Igual que en otras aromáticas, un régimen ligeramente austero concentra el olor.

La poda que lo mantiene compacto

Sin poda, la malvarrosa se convierte en un manojo de ramas largas, desnudas por abajo y con hojas solo en las puntas. Con poda es un arbusto redondeado y denso. La diferencia es enteramente responsabilidad del jardinero.

El trabajo se reparte en dos momentos. A final de invierno, en febrero o marzo, se hace la poda de formación: se recortan todas las ramas a un tercio o la mitad de su longitud, cortando siempre por encima de un nudo con hojas y eliminando la madera vieja, hueca o descortezada desde la base. Parece un corte brutal y no lo es; rebrota desde los nudos bajos en tres o cuatro semanas.

Durante la temporada, pinzado: cortar las puntas de los brotes cuando alcanzan diez o doce centímetros fuerza la ramificación lateral. Se hace cada pocas semanas de abril a agosto. Ese material no se tira, se usa como esqueje.

También conviene retirar las umbelas marchitas cortando el pedúnculo entero por su base, no solo la flor seca, porque el tallo floral seco es una vía de entrada de hongos.

Esquejes: no hay planta más agradecida

El enraizamiento de P. capitatum es tan fiable que sirve de práctica de iniciación. Época ideal, de abril a junio y de septiembre a octubre, evitando el pico del calor.

Se toma un extremo de rama de 8 a 12 centímetros, con tres o cuatro nudos, y se corta limpio justo por debajo de un nudo. Se retiran las hojas de la mitad inferior y las flores si las hay. Y ahora el detalle que decide el resultado: los pelargonios agradecen que el corte cicatrice antes de plantar. Dejar el esqueje sobre un papel a la sombra dos o tres horas —hasta que la superficie del corte se vea seca— reduce mucho la pudrición.

Se planta en una mezcla de turba y arena a partes iguales, o en sustrato de semillero con perlita, enterrando uno o dos nudos. Se riega una vez y después solo lo justo para que el sustrato no llegue a secarse del todo. No hace falta hormona de enraizamiento ni campana de plástico; el exceso de humedad ambiental es aquí más perjudicial que la falta. En tres o cuatro semanas hay raíces, y al mes y medio se trasplanta a maceta individual.

De la división de mata no se saca gran cosa, y la siembra por semilla produce plantas variables y lentas. El esqueje es el camino.

Plagas y problemas

El aroma no la protege de nada, pese a lo que se supone. Lo que la afecta con más frecuencia:

  • Taladro del geranio (Cacyreus marshalli). Es la amenaza seria en toda la costa mediterránea. La oruga excava el interior de los tallos, que se vuelven huecos y quiebran de golpe. Hay señales antes del colapso: pequeños orificios con serrín en los nudos y brotes que se marchitan sin causa aparente. La respuesta inmediata es cortar y destruir el tallo afectado por debajo de la galería. El artículo sobre variedades de geranios del sitio entra en el ciclo de esta mariposa.
  • Pudrición basal por exceso de riego o sustrato compacto. El tallo se ennegrece y se ablanda a ras de tierra. No se recupera; se salva la planta tomando esquejes de las partes sanas.
  • Mosca blanca en invernaderos y galerías cerradas, en el envés de las hojas. Ventilación y jabón potásico.
  • Roya del pelargonio (Puccinia pelargonii-zonalis), con pústulas pardas en el envés, en primaveras húmedas. Retirar hojas afectadas y separar las plantas para que corra el aire.
  • Hojas amarillas por la base, sin más síntoma: casi siempre exceso de agua, a veces sombra.

El aceite esencial y la perfumería

P. capitatum es, junto a P. graveolens, uno de los parentales del material vegetal que la industria conoce como geranio rosa o geranium bourbon. Las plantas cultivadas para esencia son en realidad híbridos complejos de ambas especies y de P. radens, seleccionados durante el siglo XIX en la isla de Reunión, en Grasse y más tarde en Egipto, Marruecos y China.

Su interés perfumístico está en que el perfil aromático —dominado por citronelol, geraniol y formiato de citronelilo— recuerda a la rosa a una fracción de su coste. Se usa como corazón floral en fragancias masculinas y femeninas, en jabonería y en aromatización de cosmética. En la clasificación olfativa aporta un matiz verde y ligeramente mentolado que la rosa auténtica no tiene, y que los perfumistas emplean precisamente por eso.

Conviene diferenciar dos cosas. Una es la planta de jardín, que huele bien al rozarla y que se puede usar como aromática de balcón. Otra es la producción industrial de esencia, que requiere superficies de cultivo, cosecha mecanizada y equipos de destilación específicos, y que no tiene traslación doméstica. No es un procedimiento casero, y no se aborda aquí.

Sobre el uso del aceite esencial de geranio hay que ser preciso: se emplea tradicionalmente en aromaterapia y cosmética, pero es un producto concentrado que puede provocar dermatitis de contacto y sensibilización, especialmente en piel atópica, y no debe aplicarse sin diluir. La evidencia clínica sobre efectos terapéuticos es escasa y de baja calidad. No se ingiere. Cualquier uso durante el embarazo, la lactancia, en niños pequeños o en personas con tratamiento crónico debe consultarse antes con el médico o el farmacéutico.

En cuanto a la hoja fresca, se ha usado tradicionalmente para aromatizar azúcares, mermeladas de manzana o membrillo y bizcochos, retirándola siempre antes de servir. Es un uso culinario menor y bien documentado, distinto del aceite esencial concentrado.

Dónde queda bien

Su hábito tumbado la hace útil en taludes secos, en la coronación de un muro bajo por donde pueda caer, en jardineras de balcón mezclada con lavandas y santolinas, y en jardines de costa donde la brisa salina limita las opciones. Colocarla al borde de un camino o junto a la puerta tiene un motivo funcional: es donde se roza al pasar, que es cuando la planta cumple su función.

En Canarias y en algunas zonas costeras se ha naturalizado, y en Australia y California se comporta como invasora. En el litoral español no está catalogada como tal, pero conviene no arrojar restos de poda en zonas naturales, porque cualquier trozo con nudos enraíza.

En resumen

El Pelargonium capitatum se cultiva por la hoja, no por la flor: aterciopelada, lobulada y cargada de tricomas que sueltan aroma a rosa al rozarla. Quiere sol, suelo drenante y poca agua, y sufre por debajo de -2 °C, de modo que fuera del litoral cálido se cultiva en maceta con resguardo invernal. Dos operaciones sostienen la planta: la poda fuerte de febrero, que evita que se desnude por abajo, y el pinzado de temporada, cuyos restos sirven de esquejes —que enraízan casi solos si se dejan cicatrizar unas horas antes de plantarlos. Vigilar el taladro del geranio y el exceso de riego cubre casi todos sus problemas. Está detrás del «geranio rosa» de la perfumería, un aroma que sustituye a la rosa por una fracción de su coste, aunque esa producción es industrial y su aceite esencial, concentrado y potencialmente sensibilizante, no es un producto de uso trivial.


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