Abren a media mañana, cuando el sol ya calienta, y vuelven a cerrarse antes de la tarde; en un día nublado no llegan a abrirse en absoluto. Ese comportamiento le valió a Ornithogalum umbellatum el apodo de dama de las once, aunque en España se la conoce sobre todo como leche de gallina o estrella de Belén. Es una bulbosa pequeña, bonita y de floración generosa, con dos particularidades que conviene conocer antes de meterla en un arriate: se multiplica sin freno y es tóxica.
La planta y su descripción
Pertenece a las asparagáceas, en el grupo de las antiguas liliáceas bulbosas, y es nativa de buena parte de Europa y de la cuenca mediterránea, España incluida, donde crece de forma espontánea en prados, ribazos, olivares y bordes de camino.
Sus rasgos, en orden de utilidad para identificarla:
- Bulbo ovoide, blanco, de 15 a 25 milímetros, con túnicas membranosas, y rodeado de una corte de bulbillos hijos pegados a su base.
- Hojas basales, lineares, acanaladas, de 15 a 30 centímetros, verde oscuro con una banda longitudinal blanquecina en el centro del haz. Ese nervio pálido es el carácter que la delata cuando aún no ha florecido, y la separa de otras bulbosas silvestres con hoja estrecha.
- Inflorescencia en racimo corimbiforme, de aspecto umbelado, con 6 a 20 flores sobre un escapo de 15 a 30 centímetros.
- Flores de seis tépalos blancos, dispuestos en estrella, de 15 a 20 milímetros, con una franja verde ancha y bien marcada en el envés de cada tépalo. Con la flor cerrada, lo que se ve desde fuera es verde y blanco a rayas.
Florece de abril a junio según altitud y clima, antes en el sur y en la costa, más tarde en el interior y en montaña.
Un ciclo corto y una desaparición completa
Es una geófita de ciclo invierno-primavera, adaptada a aprovechar la humedad de la estación fría y a pasar el verano bajo tierra.
Las hojas emergen en otoño o a finales del invierno, según la zona, y forman una mata baja que crece despacio durante los meses fríos. En primavera sube el escapo floral y aparecen las flores. Poco después, con frecuencia ya durante la propia floración, las hojas empiezan a amarillear desde la punta. Para junio o julio la parte aérea se ha secado por completo y no queda rastro visible: el bulbo entra en reposo estival, cargado de reservas, y espera hasta el otoño siguiente.
Esa desaparición total es una ventaja en un arriate mixto, porque deja el sitio libre a las plantas de verano, y una trampa en un césped o en una zona que se vaya a cavar, porque el bulbo sigue ahí sin que nada lo señale.
Por qué se expande tanto
El motor de esta especie no es la semilla, aunque también la produzca. Es la multiplicación vegetativa por bulbillos, y funciona con una eficacia poco habitual.
Cada bulbo maduro genera cada temporada un número considerable de bulbillos hijos —desde unos pocos hasta una docena o más en condiciones favorables— que se forman adosados a su base, dentro de las túnicas exteriores. Son pequeños, del tamaño de un grano de trigo o poco más, y se desprenden con una facilidad extrema: basta el roce de una azada, el paso de un motocultor o incluso el trasiego del agua de riego en suelo suelto para separarlos y repartirlos.
Cada uno de esos bulbillos es una planta completa. Tarda dos o tres años en alcanzar tamaño de floración, pero mientras tanto vive y produce, a su vez, más bulbillos. El resultado es una progresión geométrica: una mata plantada en un arriate se convierte en una mancha en tres o cuatro años, y esa mancha va invadiendo lo que tenga alrededor.
A eso se suma la capacidad de naturalizarse. Fuera de su área nativa, esta especie se ha establecido con fuerza en Norteamérica, donde varios estados la catalogan como invasora en prados, bosques abiertos y jardines. En España, dentro de su área natural, no plantea ese problema ecológico, pero en un jardín se comporta exactamente igual de expansiva.
Cómo se maneja, y por qué cuesta tanto
Vale la pena ser realista: erradicar una colonia establecida de leche de gallina es un trabajo de varios años.
El motivo es el mismo que explica su expansión. Cavar para sacarla desprende bulbillos que se quedan en el suelo, así que la excavación descuidada la multiplica en lugar de eliminarla. Y los herbicidas sistémicos funcionan mal contra ella: la parte aérea es escasa, dura poco tiempo y la traslocación hasta los bulbillos hijos es limitada, de modo que la mata rebrota al año siguiente.
Lo que sí da resultado, aplicado con constancia:
- Extracción cuidadosa y en bloque. Con el suelo húmedo y la planta en flor —que es cuando se ve—, se levanta con una pala una porción de tierra amplia alrededor de la mata, unos 20 centímetros de profundidad y bastante margen lateral, y se criba o se retira entera. No se sacude la tierra en el sitio.
- Agotar el bulbo. Cortar o arrancar todas las hojas cada vez que salgan, año tras año, obliga al bulbo a gastar reservas sin reponerlas. Es lento pero funciona, sobre todo combinado con lo anterior.
- Retirar las flores antes de que semillen, para cerrar la segunda vía de propagación.
- No compostar lo extraído en un compostero doméstico: los bulbillos sobreviven y vuelven al jardín con el compost.
- No repartir tierra de una zona infestada a otra parte del jardín, ni regalar divisiones de plantas vivaces procedentes de ese arriate.
Y la alternativa razonable: plantarla donde su expansión no importe, o directamente contenerla. En un cesto de bulbos enterrado, en una jardinera, en un rincón de prado que se siegue tarde o al pie de un seto, es una planta agradecida que no pide riego ni abono y que florece sola cada primavera. El error es meterla en un arriate cuidado de vivaces junto a plantas delicadas.
Toxicidad: contiene glucósidos cardiacos
Esto conviene decirlo sin rodeos. Toda la planta es tóxica, y el bulbo es la parte más concentrada. Contiene glucósidos cardiotónicos del grupo de los cardenólidos —convalatoxina y convalósido entre ellos, los mismos tipos de compuestos que produce el muguete— junto con saponinas esteroídicas.
Los cardenólidos actúan sobre la bomba de sodio y potasio del músculo cardiaco. En una intoxicación producen primero un cuadro digestivo —salivación, vómitos, dolor abdominal, diarrea— y después alteraciones del ritmo cardiaco que son la parte peligrosa. El margen entre la dosis que no hace nada y la que altera el corazón es estrecho, y esa es precisamente la razón por la que no se juega con estas plantas.
En ganado hay casos documentados. Ovejas, vacas y caballos que pastan prados con abundante leche de gallina, especialmente en primavera cuando la hierba escasea y la planta está tierna, han sufrido intoxicaciones descritas en la literatura veterinaria, algunas mortales. El riesgo aumenta cuando la planta entra en el heno o cuando los animales acceden a suelo removido con bulbos expuestos.
En jardín doméstico, el riesgo real está en los bulbos. Son blancos, redondeados y se parecen lo bastante a una cebolleta o a un ajo silvestre como para que alguien que recolecta plantas silvestres se lleve un susto. Perros que escarban y roen bulbos, y gatos que mordisquean hojas, son la otra vía habitual. Ante una ingestión, sea de persona o de animal, lo indicado es contactar con el Instituto Nacional de Toxicología o con el veterinario y llevar una muestra de la planta.
Existe una tradición mediterránea de consumo de bulbos de algunas especies del género tras cocción prolongada. Esa tradición está documentada, pero no es una recomendación: la identificación es delicada, el contenido en cardenólidos varía entre especies y poblaciones, y no hay forma casera fiable de garantizar nada. Sobre el uso medicinal, algo similar: la investigación farmacológica ha aislado del género un compuesto colestánico, el OSW-1, que se estudia en oncología experimental, pero eso es trabajo de laboratorio sin aplicación clínica ni relación alguna con tomar la planta. Cualquier duda sobre plantas y salud corresponde al médico o al farmacéutico.
Quien cultive el Ornithogalum dubium de flor naranja que se vende en maceta encontrará en su artículo el mismo aviso sobre glucósidos cardiacos, además de un ciclo de reposo distinto.
Cultivo, para quien la quiera
Ubicación: sol pleno o sombra ligera. Florece mejor a pleno sol.
Suelo: cualquiera que drene. Tolera calizos, pobres y pedregosos. En suelo pesado y encharcado el bulbo se pudre.
Plantación: bulbos en otoño, de septiembre a noviembre, a 5-8 centímetros de profundidad y otros tantos de separación.
Riego: con las lluvias de otoño e invierno le basta en casi toda España. Nada de riego en verano, durante el reposo del bulbo: el agua estival es lo que la mata.
Abonado: innecesario en suelo mínimamente fértil.
Rusticidad: excelente. Aguanta heladas fuertes sin protección.
Después de la floración: dejar que las hojas se sequen solas si se quiere que el bulbo engorde; segar o retirarlas antes si lo que se busca es contenerla.
En resumen
Ornithogalum umbellatum, la leche de gallina, es una bulbosa rústica de flores blancas estrelladas con franja verde en el envés, que abren a media mañana y se cierran con la tarde y con el mal tiempo. Su hoja lleva una banda blanca central que la identifica. Florece de abril a junio, desaparece bajo tierra en verano y se multiplica por bulbillos con tal rapidez que resulta difícil de erradicar una vez instalada, sobre todo porque cavar la reparte. Contiene glucósidos cardiacos en toda la planta, con el bulbo como parte más tóxica, y hay intoxicaciones documentadas en ganado. Plantada en sitio contenido es una bulbosa fácil; en un arriate delicado, un problema a plazo.