Lo que le ocurre a un gato con la hierba gatera no es una borrachera ni un colocón, aunque lo parezca desde fuera. Es una respuesta sensorial estereotipada, con un órgano receptor identificado, una duración medida y un final previsible. Nepeta cataria L. produce la molécula que la desencadena, y la produce como defensa contra insectos, sin ninguna relación con los felinos.

Qué planta es

Labiada perenne de la familia Lamiaceae, de medio metro a un metro de altura, con tallos erectos de sección cuadrada y muy ramificados, cubiertos junto con las hojas de un tomento blanquecino que le da un aspecto grisáceo y algo polvoriento.

Las hojas son pecioladas, ovado-acorazonadas, de borde groseramente aserrado y con el envés claramente más pálido. Las flores, blanquecinas con puntitos púrpura en el labio inferior, se agrupan en verticilastros densos que forman espigas terminales de junio a septiembre. El olor de la hoja restregada es penetrante, entre mentolado y alimonado, con un fondo agrio que resulta más bien áspero.

Es originaria de Europa y de Asia central y en España crece asilvestrada de forma dispersa en la mitad norte, en cunetas, escombreras y suelos nitrificados.

Mata de hierba gatera con follaje grisáceo

La nepetalactona y el órgano vomeronasal

El compuesto responsable es la nepetalactona, un monoterpeno iridoide almacenado en los tricomas glandulares de hojas y tallos. Existe en varios estereoisómeros y en Nepeta cataria predomina uno concreto; basta con romper el tejido —restregarlo, morderlo, aplastarlo— para que se libere.

La vía de entrada no es el olfato ordinario, o no solo. El estímulo llega al órgano vomeronasal, también llamado órgano de Jacobson, un par de conductos alojados en el paladar del gato y conectados con la boca a través del conducto nasopalatino. Es el mismo sistema que procesa las feromonas, y por eso el gato adopta la mueca característica, con la boca entreabierta y el labio superior levantado, que se conoce como respuesta de flehmen: está bombeando el compuesto hacia ese órgano.

La conducta que sigue es una secuencia fija y reconocible: olfateo, lametones y mordisqueo de la planta, frotamiento de barbilla y mejillas, sacudidas de cabeza y por último volteretas y rodamientos sobre el costado. Trabajos recientes han relacionado la reacción con la activación del sistema opioide endógeno, es decir, con la liberación de endorfinas propias del animal, y no con la acción de una sustancia psicoactiva sobre el sistema nervioso, que es lo que suele darse por supuesto.

Por qué a unos gatos sí y a otros no

La sensibilidad a la nepetalactona es un carácter hereditario, transmitido como rasgo autosómico dominante. Entre la mitad y dos tercios de los gatos domésticos lo poseen; el resto se queda indiferente ante la planta y seguirá indiferente por mucho que se insista, porque no es cuestión de costumbre ni de entrenamiento.

Hay además un factor de edad. Los gatitos no reaccionan: la respuesta no aparece hasta los tres o seis meses, en torno a la madurez sexual, de modo que ofrecer hierba gatera a un cachorro no produce nada. En el otro extremo, algunos animales muy viejos dejan de responder.

El rasgo no es exclusivo del gato doméstico. Leones, jaguares y linces muestran reacciones equivalentes, con variaciones entre especies e individuos, mientras que otros felinos apenas responden.

Para los gatos que no reaccionan existen alternativas con compuestos distintos: la madera y las agallas de Actinidia polygama, el matatabi japonés, la raíz de Valeriana officinalis y la madera de Lonicera tatarica. Un animal indiferente a una de ellas puede responder a otra.

Duración y seguridad

El episodio dura poco: entre cinco y quince minutos. Después llega un periodo refractario de media hora a dos horas durante el cual el mismo gato ignora por completo la planta, aunque la tenga delante. Ofrecerla continuamente no aumenta el efecto y sí lo desgasta.

No crea dependencia ni produce daño. La única precaución razonable es de sentido común: si el animal ingiere hoja en cantidad, puede tener vómitos o heces blandas, molestias leves y pasajeras. La planta seca conviene guardarla en un recipiente cerrado y en un sitio inaccesible, más por evitar el destrozo que por el riesgo.

El asunto de los mosquitos

La nepetalactona tiene efecto repelente demostrado sobre mosquitos, y el dato circula desde un trabajo estadounidense de comienzos de los años dos mil que la encontró, en olfatómetro, notablemente más activa que el DEET a igualdad de concentración. El resultado es cierto y está publicado.

Ahora bien, de ahí a que sirva de algo en un jardín hay un trecho considerable, y conviene decirlo con claridad:

  • La molécula es muy volátil. Se evapora deprisa, así que su persistencia sobre la piel es corta y muy inferior a la de un repelente comercial.
  • Solo se libera cuando el tejido se rompe. Una mata intacta creciendo en un macetero emite cantidades irrelevantes: tener la planta no repele mosquitos.
  • Los ensayos se hicieron en condiciones controladas, con la sustancia aislada y aplicada. Al aire libre, con corrientes y volumen abierto, la concentración eficaz no se sostiene.

Como curiosidad complementaria, la nepetalactona es químicamente parecida a la feromona sexual de varios pulgones, y la planta atrae por esa vía a crisopas y a otros enemigos naturales, lo que sí tiene algún interés en un huerto.

Cultivo

Es una planta poco exigente y agradecida, con un problema propio que conviene anticipar: los gatos del vecindario la localizan y la revuelcan hasta destrozarla, de manera que un ejemplar joven necesita una protección de malla metálica hasta que arraiga y engorda.

Ubicación. Pleno sol. En sombra crece larguirucha, florece mal y produce menos aceite esencial.

Suelo. Cualquiera que drene bien, incluso pobre y pedregoso, con pH de 6 a 7,5. Los suelos ricos y húmedos le dan porte blando y aroma flojo. El encharcamiento invernal la mata.

Riego. Escaso. Una vez establecida resiste la sequía con soltura y en buena parte de España sobrevive con la lluvia y algún riego de apoyo en los meses más duros.

Frío. Muy rústica, aguanta por debajo de -15 °C. La parte aérea se seca en invierno y rebrota de la cepa en primavera.

Multiplicación. Por semilla en primavera, sembrada superficialmente y apenas cubierta, con nascencia en una a tres semanas; por división de mata al final del invierno; y por esqueje de tallo tierno a comienzos de verano, que enraíza sin dificultad.

Mantenimiento. Se recorta a un tercio después de la primera floración: rebrota compacta y suele dar una segunda tanda de flor en otoño. Ese recorte cumple además otra función, porque la planta se resiembra con facilidad y puede volverse invasora en un jardín pequeño si se la deja granar. Es una perenne de vida corta, de tres o cuatro años, que conviene renovar por división o por semilla.

Flores blanquecinas de Nepeta cataria en espiga

Recolección y conservación

Los tallos se cortan al comienzo de la floración, que es cuando el contenido de aceite esencial alcanza su máximo, y se secan colgados en manojos a la sombra, en lugar aireado y seco. El secado al sol degrada la nepetalactona.

Una vez seca se desmenuza la hoja y se guarda en tarro hermético, al abrigo de la luz. La potencia decae con el tiempo: al cabo de seis meses o un año el material ha perdido buena parte de su efecto, así que conviene renovarlo cada temporada.

No es la nepeta ornamental de jardín

Esta confusión es frecuente en viveros. Nepeta × faassenii, la que se vende como nepeta de jardín, es un híbrido entre Nepeta racemosa y Nepeta nepetella, con cultivares muy extendidos como 'Six Hills Giant' o 'Walker's Low'. Forma matas compactas de follaje gris azulado y florece en azul violáceo de forma abundante y prolongada, con una calidad ornamental que Nepeta cataria no tiene ni de lejos: esta última es alta, desgarbada y de flor discreta.

La contrapartida es que su perfil de compuestos es distinto y su contenido en nepetalactona, menor. Los gatos le hacen bastante menos caso, y algunos ni la miran. Si el objetivo es el gato, hay que pedir Nepeta cataria por su nombre; si el objetivo es el arriate y los polinizadores, la híbrida es mejor opción.

En resumen

Nepeta cataria es una labiada perenne de tallo cuadrado y follaje grisáceo y tomentoso cuyo principio activo, la nepetalactona, actúa sobre el gato a través del órgano vomeronasal y no como narcótico, desencadenando una secuencia de olfateo, mordisqueo, frotamiento y volteretas que dura de cinco a quince minutos y va seguida de media hora o dos horas de indiferencia. La sensibilidad es hereditaria y la posee entre la mitad y dos tercios de los gatos; los gatitos no responden hasta los tres o seis meses. Su capacidad repelente sobre mosquitos está medida en laboratorio, pero la molécula es tan volátil y se libera tan poco de una planta intacta que en el jardín no tiene aplicación práctica. Se cultiva a pleno sol, en suelo drenante y pobre, con poco riego, resistiendo por debajo de -15 °C, y se recorta tras la floración para renovarla y evitar que se resiembre. La Nepeta × faassenii de los arriates es mucho más decorativa pero interesa bastante menos a los gatos.


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