Los frutos de la planta silvestre que dio origen al plátano comercial estaban rellenos de semillas negras, duras y del tamaño de un perdigón, incomibles sin escupir la mitad. Esa planta es Musa acuminata Colla, una hierba gigante del sudeste asiático, y entre ella y el plátano del frutero median varios miles de años de selección humana y un accidente genético que dejó a la especie estéril y dependiente de nosotros para reproducirse.

Planta de Musa acuminata con sus grandes hojas verdes

Qué es exactamente esta planta

Musa acuminata pertenece a las musáceas, dentro del orden Zingiberales, el mismo que reúne a jengibres, heliconias y aves del paraíso. Es una monocotiledónea herbácea, sin crecimiento secundario y por tanto sin madera de ninguna clase, aunque alcance los seis o siete metros en sus formas silvestres.

Lo que se ve como tronco es un pseudotallo: un cilindro formado por las bases envainadoras de las hojas, apretadas unas dentro de otras como los pliegues de un puerro llevado a escala. Se puede cortar con un machete de un golpe limpio y por dentro rezuma agua. El tallo verdadero es un cormo subterráneo, un rizoma corto y macizo del que salen las raíces, las hojas y los brotes laterales.

Cada pseudotallo tiene una sola oportunidad. Crece entre nueve y dieciocho meses, emite por el centro una única inflorescencia colgante, madura su racimo y muere. La planta no muere con él: el cormo ya ha emitido hijuelos que toman el relevo, de modo que lo que en el campo llamamos «una platanera» es en realidad una sucesión de pseudotallos sobre un mismo cormo, lo que en la jerga bananera se conoce como cepa o unidad de producción.

Triploide y partenocárpico: la clave del asunto

La Musa acuminata silvestre es diploide: lleva dos juegos de cromosomas (AA, en la notación que usan los mejoradores, donde A designa el genoma de esta especie y B el de Musa balbisiana). Poliniza, fecunda y produce semillas viables como cualquier planta normal.

Los plátanos de postre que se comercializan hoy son otra cosa. Casi todos son triploides AAA, con tres juegos de cromosomas procedentes de Musa acuminata. Un número impar de juegos impide que la meiosis reparta los cromosomas en mitades iguales, y el resultado es una esterilidad prácticamente total: el polen no funciona y los óvulos tampoco.

Esa esterilidad habría sido un callejón sin salida si no fuera por una segunda característica seleccionada en paralelo, la partenocarpia. El ovario engorda y acumula pulpa sin necesidad de que haya habido fecundación. El fruto se desarrolla igual, pero vacío: esas motitas negras alineadas en el centro de la pulpa son óvulos abortados, no semillas. La planta invierte en fruta que no le sirve para nada reproductivo, y eso es justo lo que interesaba a quien la seleccionó.

Una plantación entera es un solo individuo

Sin semillas viables, la única multiplicación posible es vegetativa: por hijuelos separados del cormo o, en la práctica comercial moderna, por plantones obtenidos in vitro a partir de meristemos. En ambos casos lo que se propaga es un clon.

La consecuencia se entiende sin necesidad de saber genética. Todas las plantas del subgrupo Cavendish que abastecen el comercio mundial —los cultivares 'Dwarf Cavendish', llamado pequeña enana en Canarias, y 'Grand Naine' o gran enana— son copias del mismo individuo. Comparten hasta el último gen, incluidos los de susceptibilidad. Un patógeno que consiga vencer las defensas de una planta las vence todas, en cualquier finca del planeta, sin que la selección natural tenga variabilidad sobre la que trabajar.

Gros Michel: ya pasó una vez

Hasta mediados del siglo XX el plátano de exportación no era Cavendish sino 'Gros Michel', otro triploide AAA de racimo más grande, piel más gruesa y mejor comportamiento en el transporte. Entre los años veinte y los cincuenta lo liquidó el mal de Panamá, la fusariosis vascular causada por el hongo del suelo Fusarium oxysporum f. sp. cubense, en su raza 1.

El hongo entra por las raíces, coloniza los vasos conductores y la planta se marchita desde las hojas viejas hacia arriba. No hay fungicida que llegue hasta ahí, y el patógeno sobrevive décadas en el suelo en forma de clamidosporas, de manera que la parcela queda inutilizada para el cultivo. Se abandonaron plantaciones enteras en Centroamérica y el sector se salvó cambiando de clon: Cavendish, que resistía la raza 1, ocupó el hueco en apenas quince años.

La raza 4 tropical y el problema actual

Desde finales de los años sesenta se conoce en Taiwán una variante del hongo, la raza 4 tropical o TR4, hoy reconocida como especie propia bajo el nombre Fusarium odoratissimum. Ataca a Cavendish y también a buena parte de las variedades locales de las que dependen millones de personas para su alimentación.

Su avance está documentado: sudeste asiático, Oriente Próximo, norte de Australia, Mozambique en 2013 y el salto a América con la detección en La Guajira colombiana en 2019, seguida de Perú y Venezuela. No existe tratamiento curativo ni variedad Cavendish resistente en el mercado, así que la contención se basa en bioseguridad: desinfección de calzado, vehículos y herramienta, control del material vegetal —solo plantones certificados de origen in vitro— y cuarentena de las parcelas afectadas.

Canarias no tiene TR4 declarado, y esa es la razón de que las restricciones de entrada de material vegetal y de tierra sean tan estrictas como parecen. Quien traiga un hijuelo de un viaje se está jugando algo que no es suyo.

Cultivo en España

El cultivo comercial se concentra en Canarias, con el amparo de la IGP Plátano de Canarias, y en la costa subtropical de Granada y Málaga, entre Almuñécar, Salobreña y Motril, donde las heladas son excepcionales. Fuera de esas zonas la planta se comporta como ornamental de temporada o como cultivo de invernadero.

Sus exigencias son claras. El crecimiento se detiene por debajo de unos 14 °C y aparecen daños por frío hacia los 10 °C, con hojas que amarillean y racimos que se paran sin madurar; a 0 °C se pierde toda la parte aérea. El óptimo está entre 25 y 30 °C. Necesita sol directo y, sobre todo, abrigo del viento: la lámina foliar se desgarra entre los nervios secundarios con rachas moderadas, y una planta con las hojas hechas tiras pierde capacidad fotosintética y penaliza la cosecha en calidad y en peso. Por eso en Canarias se cultiva bajo malla o en bancales resguardados.

Quiere suelo profundo, suelto, rico en materia orgánica y con drenaje real, en un pH de 5,5 a 7. El consumo de agua es elevado y constante —en verano, y según porte y zona, del orden de veinticinco a cuarenta litros por planta y día en riego localizado—, pero no tolera el encharcamiento: las raíces se asfixian y se abre la puerta a la fusariosis. La demanda de potasio es alta, superior a la de nitrógeno en la fase de llenado del racimo.

En el manejo hay dos operaciones que marcan la diferencia. El deshije consiste en eliminar los brotes sobrantes del cormo y dejar solo uno, el sucesor, para que la cepa no reparta recursos entre cinco pseudotallos mediocres; se prefieren los llamados hijos espada, de hoja estrecha y buena conexión con el cormo, frente a los hijos de agua, de hoja ancha y arraigo pobre. Y el desbellotado, cortar la bráctea masculina terminal una vez formadas las manos útiles, para que el racimo no siga alimentando una estructura que ya no dará fruto.

Racimo de frutos de Musa acuminata en la planta

En resumen

Musa acuminata es una hierba gigante de las musáceas cuyo falso tronco es un pseudotallo de vainas foliares y cuyo tallo real es un cormo subterráneo. La forma silvestre es diploide y produce semillas; los plátanos de postre del comercio son triploides AAA, estériles y partenocárpicos, con fruto sin fecundación y sin semillas viables. Al no poder reproducirse por vía sexual se multiplican por hijuelos o in vitro, de modo que las plantaciones son clones sin variabilidad genética. Esa uniformidad ya costó la variedad 'Gros Michel' frente al mal de Panamá raza 1 y hoy pone en riesgo a Cavendish frente a la raza 4 tropical, para la que no hay control químico. En España se cultiva en Canarias y en la costa subtropical granadina y malagueña, con calor sostenido, abrigo del viento, riego abundante sin encharcamiento y un manejo centrado en el deshije y el desbellotado.


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