La hoja de la hierbabuena se reconoce al tacto: lámina lanceolada y afilada, borde aserrado, superficie lisa y sin apenas pelosidad, y una inserción casi directa sobre el tallo, con un pecíolo tan corto que parece sentada. Mentha spicata L., de la familia Lamiaceae, es la menta verde de las huertas españolas y la que se pide con el nombre de hierbabuena o yerbabuena.
No es la menta piperita
La distinción importa porque el sabor no es intercambiable. Mentha × piperita, la piperita o menta inglesa, es un híbrido estéril entre Mentha aquatica y la propia Mentha spicata: no produce semilla viable y solo se propaga por vía vegetativa. Tiene la hoja peciolada, más ancha, algo más oscura y con frecuencia teñida de púrpura en los nervios y en el tallo.
La diferencia química es la que se nota en la boca. El aceite esencial de la piperita está dominado por el mentol, responsable de esa sensación fría e intensa. El de Mentha spicata apenas contiene mentol y se basa en la carvona, que puede suponer más de la mitad del total, acompañada de limoneno: aroma dulce, redondo, sin el golpe frío. Por eso una infusión o un plato preparado con una y con otra no saben igual ni de lejos.
Una curiosidad de origen: la propia hierbabuena es también de procedencia híbrida, entre Mentha longifolia y Mentha suaveolens, pero en su caso fértil. Produce semilla, aunque la descendencia sale muy variable, motivo por el que los cultivares aromáticos se multiplican siempre por esqueje o división y no por siembra.
Dónde ponerla
En el norte peninsular y en zonas de verano templado admite sol pleno. En el interior y en el sur, con tardes de 35 °C o más, va mucho mejor a media sombra, con sol de mañana y protección desde el mediodía: al pleno sol de agosto la hoja se encoge, se endurece y pierde parte de su aceite esencial.
Quiere suelo fresco, profundo, rico en materia orgánica y que retenga humedad, con pH entre 6 y 7,5. Es de las pocas aromáticas de la familia que no pide terreno seco; sus parientes mediterráneos —romero, tomillo, salvia— quieren justo lo contrario, así que no conviene plantarla en el mismo bancal ni regarla con el mismo criterio.
Es rústica. La parte aérea desaparece con las heladas y rebrota del rizoma en primavera, y aguanta sin problema inviernos de -10 o -15 °C en el suelo.
Siempre contenida
Esta es la regla que no admite excepción. La hierbabuena se expande mediante estolones y rizomas superficiales que corren por los primeros centímetros de tierra y emiten brotes cada pocos centímetros. En un bancal de huerta, una mata plantada en marzo ocupa dos metros cuadrados en septiembre y en dos temporadas se ha metido entre las lechugas, bajo el seto y al otro lado del camino. Arrancarla luego es una tarea larga, porque cualquier fragmento de rizoma que quede enterrado rebrota.
Las tres formas de contenerla:
- Maceta, de veinticinco o treinta centímetros de diámetro como mínimo, apoyada sobre una superficie dura y no directamente sobre tierra, porque las raíces salen por los agujeros de drenaje y arraigan abajo.
- Maceta sin fondo enterrada en el bancal, o un tubo de obra, dejando el borde sobresaliendo cinco centímetros por encima del nivel del suelo.
- Barrera vertical de plástico rígido o chapa, enterrada al menos treinta o cuarenta centímetros y con el canto asomando, rodeando la superficie asignada.
Ninguna barrera es perfecta: los estolones acaban trepando por el borde y saltando al otro lado. Una revisión al principio del verano, tirando de los brotes que se hayan escapado, mantiene el asunto controlado.
Agua y abonado
El sustrato debe permanecer fresco de forma constante. Un secado severo provoca que la mata se agoste, pierda hoja y rebrote luego con tallos débiles. En maceta, en pleno verano, eso puede significar riego diario.
Conviene mojar el suelo y no el follaje: la hoja húmeda durante horas es la vía de entrada de la roya y de las manchas foliares. Riego al pie, por la mañana, y sin platillo con agua estancada bajo la maceta.
El abonado es moderado. Un aporte de compost en primavera y, si se cortan varias veces, algún riego con abono equilibrado después de cada corte. El exceso de nitrógeno produce hojas grandes de tejido blando, aroma más pobre y mayor susceptibilidad al pulgón.
Cortar antes de que florezca
El contenido de aceite esencial de la hoja alcanza su máximo justo antes de que se abran las flores, cuando la espiga terminal ya está formada pero todavía cerrada. A partir de la floración plena la planta desvía recursos a la inflorescencia, las hojas nuevas salen pequeñas, la base del tallo se lignifica y el aroma se aplana de forma perceptible.
La operación es sencilla: segar toda la mata dejando entre cinco y diez centímetros de tallo sobre el suelo. Rebrota en dos o tres semanas y permite dos o tres cortes por temporada, aproximadamente en mayo o junio, en julio y en septiembre según la zona. La hoja recolectada a media mañana, con el rocío ya evaporado y antes del calor fuerte, es la que conserva más aroma.
Segar entero, además de aprovechar la cosecha, rejuvenece la mata y elimina de golpe el follaje viejo donde se acumulan pulgones y esporas.
Renovar la mata
Una plantación de hierbabuena decae al cabo de dos o tres años. El centro se apelmaza, los rizomas viejos se entrecruzan y compiten entre sí, el suelo se empobrece y el follaje sale cada vez más ralo y más propenso a la roya. No es una enfermedad: es el ciclo normal de la planta.
La renovación se hace a finales de otoño o a principios de primavera. Se levanta la mata entera, se descarta la parte central leñosa y se seleccionan los rizomas de la periferia, blancos, turgentes y con yemas visibles. Se cortan en trozos de diez o quince centímetros y se replantan tendidos, a unos cinco centímetros de profundidad, en tierra fresca y a ser posible en otro emplazamiento, no en el hueco de la mata vieja: en el sitio antiguo queda inóculo de roya y el suelo está agotado.
La roya de la menta
Es la enfermedad característica del cultivo y la causa el hongo Puccinia menthae. Se manifiesta como pústulas pulverulentas de color naranja en el envés de las hojas, que amarillean por el haz y acaban cayendo; más adelante en la temporada las pústulas viran a un pardo oscuro casi negro. En primavera pueden aparecer brotes deformados, engrosados y pálidos, señal de infección sistémica.
Ese detalle es el que hace la enfermedad persistente: el hongo sobrevive dentro del rizoma, de modo que una mata infectada rebrota infectada cada año y cualquier esqueje o división tomado de ella traslada el problema a la parcela nueva.
El manejo es cultural más que químico:
- Retirar y destruir las hojas y tallos afectados en cuanto se vean, sin echarlos al compost.
- Cortar la mata a ras al final de la temporada y eliminar todos los restos.
- Regar al pie, nunca por aspersión, y evitar el follaje mojado al anochecer.
- Aclarar la plantación para que circule el aire; las matas densas y húmedas son el escenario ideal del hongo.
- Partir siempre de material sano. Si la mata arrastra roya año tras año, lo eficaz es eliminarla por completo y empezar con planta nueva de otra procedencia, en otro sitio del jardín.
En cultivo comercial se emplean tratamientos térmicos del rizoma antes de plantar, pero para una huerta doméstica el camino práctico es la higiene y la reposición del material.
Esquejes en agua
La multiplicación más cómoda no necesita ni sustrato ni hormonas. Se corta un brote tierno de diez o doce centímetros, sin flor, justo por debajo de un nudo. Se le quitan las hojas del tercio inferior, las que quedarían sumergidas, y se coloca en un vaso con dos o tres dedos de agua, en un sitio claro pero sin sol directo.
El agua se cambia cada dos o tres días para que no se enturbie. Las primeras raíces salen de los nudos sumergidos en una o dos semanas, y cuando alcanzan tres o cuatro centímetros se pasa el esqueje a maceta con sustrato, manteniéndolo bien húmedo los primeros días mientras las raíces de agua se adaptan al medio sólido. La temporada favorable va de abril a septiembre.
La división de mata en primavera y el acodo natural de los estolones —que enraízan solos allí donde tocan tierra húmeda— son las otras dos vías, igual de fiables.
En resumen
Mentha spicata es la hierbabuena: hoja lanceolada, aserrada, casi glabra y casi sentada, con aceite esencial basado en la carvona y sin apenas mentol, lo que la separa del sabor de Mentha × piperita, un híbrido estéril de hoja peciolada. Quiere suelo fresco y rico, riego constante al pie y media sombra en los veranos duros. Su rizoma es invasor, así que se planta siempre contenida en maceta, en maceta sin fondo enterrada o tras una barrera de treinta o cuarenta centímetros. Se corta entera a cinco o diez centímetros del suelo justo antes de que se abran las flores, con dos o tres cortes por temporada. La mata degenera a los dos o tres años y se renueva replantando rizomas periféricos en tierra nueva y en otro emplazamiento. La roya Puccinia menthae es su enfermedad principal, sobrevive en el rizoma y se combate con higiene, riego al pie y material de partida sano. Se multiplica sin dificultad por esqueje en un vaso de agua, con raíces en una o dos semanas.