A finales de mayo, en los prados de siega y las orlas de hayedo del Pirineo y de la Cordillera Cantábrica, aparece una flor amarilla con los tépalos vueltos hacia atrás como un turbante y las anteras naranjas colgando fuera. Es Lilium pyrenaicum, el lirio de los Pirineos, una azucena silvestre que crece a partir de un bulbo escamoso y que huele bastante mal de cerca.

Flor amarilla de Lilium pyrenaicum, el lirio de los Pirineos

Tres plantas con el mismo nombre

El nombre castellano se reparte entre plantas que ni siquiera pertenecen a la misma familia, así que conviene ordenarlo antes de seguir:

  • Lilium pyrenaicum, liliácea de bulbo escamoso, sin túnica protectora, flor amarilla en turbante. Es la planta de este artículo, y también se la llama azucena silvestre o azucena de los Pirineos.
  • Iris latifolia, iridácea de bulbo tunicado y flor azul violeta muy grande, de pastos de montaña pirenaicos y cantábricos. Recibe igualmente el nombre de lirio de los Pirineos, y de ella derivan en parte los llamados «iris holandeses» de floristería.
  • Los iris de jardín corrientes, los barbados de gran flor, no tienen bulbo: crecen de un rizoma grueso que se planta con el lomo asomando en la superficie y quiere sol y suelo seco, justo lo contrario que las dos anteriores.

La confusión importa a la hora de comprar y de plantar. Un bulbo escamoso de Lilium no puede secarse, se planta hondo y no soporta el almacén prolongado; un bulbo de iris tunicado se conserva seco sin problema, y un rizoma de iris barbado se pudre si se entierra.

Cómo es

El tallo, único y sin ramificar, mide entre 40 y 120 cm y va cubierto de arriba abajo por hojas estrechas, lanceoladas, dispuestas en espiral y muy numerosas: es un carácter que lo separa a simple vista de Lilium martagon, cuyas hojas se agrupan en verticilos.

Cada tallo lleva de una a ocho flores colgantes de 4 a 6 cm. Los seis tépalos se doblan hacia atrás hasta tocarse por detrás, dejando al descubierto el estilo y los estambres. El color base es amarillo verdoso con líneas y puntos negros o púrpura; las anteras son naranja intenso y manchan de polen todo lo que rozan. La variedad rubrum, propia sobre todo del sector cantábrico, presenta flores rojas o anaranjadas.

El olor es fuerte y desagradable, lejos del perfume de las azucenas de jardín. Se asocia a la polinización por moscas y por himenópteros atraídos por compuestos de descomposición, además de las mariposas que visitan las flores en turbante. La floración va de finales de mayo a julio según la altitud, y el fruto es una cápsula erecta con semillas planas y aladas.

Dónde vive

Su área se reparte por el Pirineo, ambas vertientes, y por la Cordillera Cantábrica, con poblaciones dispersas hacia el oeste; fuera de la Península aparece naturalizado en el Reino Unido. En España se encuentra sobre todo entre los 700 y los 2.000 m, en suelos profundos, frescos y ricos en materia orgánica, con frecuencia sobre sustrato calizo.

Los ambientes que ocupa dicen mucho de lo que necesita: prados de siega de fondo de valle, herbazales húmedos de alta hierba (los llamados megaforbios), claros y orlas de hayedo, bordes de arroyo de montaña y repisas rocosas con suelo. En todos ellos hay humedad edáfica durante todo el verano, algo que no ocurre en el clima mediterráneo típico.

El prado de siega y su conservación

Buena parte de sus poblaciones dependen de un manejo agrícola concreto: el prado que se siega una vez al año, a mano o con maquinaria, ya avanzado el verano. Ese calendario permite que la planta florezca, fructifique y devuelva reservas al bulbo antes del corte, y a la vez impide que el matorral y el arbolado cierren el prado.

Cuando ese equilibrio se rompe, la especie retrocede en las dos direcciones. Con el abandono, el prado se llena de zarza, avellano y fresno, y el lirio desaparece por falta de luz. Con la intensificación —siegas tempranas y repetidas para ensilado, fertilización nitrogenada fuerte, pastoreo continuo en primavera— pierde el tallo antes de fructificar y el bulbo se agota. La ganadería extensiva tradicional, con el ganado subiendo al puerto en verano, era compatible; la carga permanente en el prado bajo, no.

Por eso figura en catálogos regionales de flora protegida en varias comunidades del norte peninsular, con la recolección de bulbos y flores restringida o prohibida. Antes de recoger nada en el campo merece la pena consultar el catálogo de la comunidad autónoma correspondiente; en la práctica, arrancar un bulbo silvestre no tiene sentido ni legal ni hortícola, porque los ejemplares desenterrados sobreviven mal al trasplante.

Hábitat de montaña del lirio de los Pirineos

Cultivarlo fuera de la montaña

Es un Lilium de clima fresco, y ahí está la dificultad. Necesita inviernos con frío suficiente para romper el reposo del bulbo y veranos sin sequía ni calor sostenido en el suelo. En Galicia, la cornisa cantábrica, el Pirineo y las montañas del Sistema Ibérico prospera sin trucos; en la meseta, el valle del Ebro, el Levante o Andalucía sale adelante como mucho en un rincón orientado al norte, con riego y acolchado, y suele durar pocos años.

Pautas de cultivo, para quien esté en clima adecuado:

  • Plantación en otoño, con bulbos frescos de vivero, nunca deshidratados. Se entierran a unos 15-20 cm, tres veces su altura, porque emiten raíces también del tallo por encima del bulbo.
  • Suelo profundo, con humus, drenado pero que retenga humedad. Tolera la caliza, a diferencia de otras azucenas.
  • Exposición de media sombra o sol de mañana. La regla clásica de las azucenas —cabeza al sol, pie a la sombra— se aplica al pie de la letra: un acolchado de hojarasca o unas vivaces bajas delante mantienen el bulbo fresco.
  • Riego regular durante la primavera y hasta que el tallo amarillea. Nunca encharcado en invierno: el bulbo escamoso se pudre.
  • Abonado parco, con compost maduro en superficie en otoño. El exceso de nitrógeno produce tallos blandos que se tumban.
  • Después de florecer, se corta la cápsula si no interesa la semilla, pero se deja el tallo entero hasta que se seque del todo; ahí se recarga el bulbo.

Se multiplica separando bulbillos en otoño o desprendiendo escamas del bulbo, que se meten en una bolsa con vermiculita húmeda hasta que forman bulbillos en la base. Por semilla germina despacio y necesita frío; hasta la primera flor pasan tres o cuatro años.

Problemas y notas finales

La plaga que más daño hace es el criocero del lirio (Lilioceris lilii), un escarabajo rojo brillante en expansión por el norte peninsular cuyas larvas, cubiertas de sus propios excrementos, devoran hojas y flores en pocos días. La revisión manual desde abril y la retirada de adultos y puestas —huevos naranjas en fila por el envés— es lo más eficaz en un jardín pequeño.

También le afectan la Botrytis elliptica, que mancha las hojas en primaveras lluviosas, y los roedores, que comen bulbos en invierno; una malla enterrada resuelve lo segundo. Los pulgones importan menos por el daño directo que por transmitir virus, que se manifiestan como jaspeados y deformaciones y no tienen tratamiento: la planta afectada se retira.

Un apunte de seguridad: los bulbos de Lilium han tenido uso alimentario en otras culturas, pero la especie de los Pirineos no es una planta comestible ni medicinal en la tradición española, y varias azucenas y sus parientes provocan trastornos digestivos. En gatos, además, la ingestión de material de Lilium se asocia a daño renal grave, así que ni el polen ni las flores cortadas deben quedar a su alcance.

En resumen

Lilium pyrenaicum es una azucena silvestre de bulbo escamoso, con tallo cubierto de hojas en espiral y flores amarillas en turbante de olor desagradable, propia de prados de siega, megaforbios y orlas de hayedo del Pirineo y la Cordillera Cantábrica entre 700 y 2.000 m. Su permanencia depende de un manejo agrícola concreto —siega tardía anual, sin fertilización intensa ni pastoreo continuo— y está protegida por catálogos regionales, de modo que los bulbos se compran, no se arrancan. En el jardín pide clima fresco, media sombra, suelo profundo que no se seque en verano y plantación honda en otoño; fuera del norte húmedo resulta difícil de mantener. Y no debe confundirse con Iris latifolia, que comparte nombre popular pero es un bulbo tunicado de flor azul, ni con los iris barbados de rizoma, que quieren sol y sequedad.


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