Dos plantas distintas comparten en España el nombre popular de lirio de agua, y no se parecen en nada. Una es Iris pseudacorus, el lirio amarillo de ribera, autóctono en toda la Península. La otra es Zantedeschia aethiopica, la cala, sudafricana, con la espata blanca enrollada de las floristerías. La imagen que acompaña a este nombre en los estanques de jardín, con flores blancas, corresponde a la cala, y de ella trata el resto del artículo.

Flores blancas de lirio de agua, Zantedeschia aethiopica

No confundir las dos plantas

La diferencia salta a la vista en cuanto florecen. El iris de ribera tiene flor amarilla de tres pétalos caídos y hoja en espada, rígida, vertical, y crece con el rizoma en el fango de acequias, juncales y orillas de río. La cala tiene hoja ancha, acorazonada, sobre un peciolo blando y carnoso, y su «flor» no es una flor: es una espata, una hoja modificada blanca que envuelve un espádice amarillo donde se apiñan las flores verdaderas, diminutas.

Merece la pena retener dos datos del iris antes de dejarlo: aunque sea nativo aquí, en América del Norte, Australia y Nueva Zelanda figura entre las invasoras acuáticas más problemáticas, capaz de colmatar canales y desplazar la vegetación de ribera, así que nunca debe exportarse ni plantarse fuera de su área. Y su savia irrita la piel y la mucosa digestiva; conviene manejar el rizoma con guantes.

Qué es exactamente la cala

Zantedeschia aethiopica pertenece a las aráceas, la familia del filodendro y el potos. Es una vivaz rizomatosa que forma matas de 60 a 100 cm, con hojas de hasta 45 cm de largo y peciolos que superan el metro en suelo rico. Procede de la provincia del Cabo y de las zonas húmedas del sur de África, donde vive en vaguadas, bordes de arroyo y prados que se inundan en la estación de lluvias y se secan después.

Ese origen explica su comportamiento aquí. En el norte húmedo de España aguanta verde todo el año y se ha naturalizado en cunetas, regatos y taludes rezumantes de Galicia, Asturias, Cantabria y el País Vasco, donde forma poblaciones densas a partir de restos de jardín tirados al monte. No es un adorno inocuo en esos ambientes: desplaza a la vegetación herbácea de las orillas, y el material de poda o los rizomas sobrantes deben ir a la basura orgánica, nunca al arroyo ni al borde del camino.

El ciclo anual y el reposo de verano

La cala invierte el calendario respecto a las vivaces habituales de jardín. Brota con las lluvias de otoño, crece durante el invierno suave, florece de marzo a junio y, en climas de verano seco y caliente, amarillea y se retira en julio para pasar la estación mala en forma de rizoma bajo tierra.

Eso tiene una consecuencia directa: en el interior peninsular y en el sur, una mata que pierde las hojas en pleno julio no está muriéndose, está descansando. Cortar entonces el riego a la mitad y dejarla tranquila es lo correcto; regar a diario un rizoma dormido en tierra caliente es la forma más segura de pudrirlo. Volverá a brotar con las primeras lluvias.

Si el rizoma se mantiene con humedad constante y temperatura fresca, en cambio, no llega a entrar en reposo y la planta permanece con hoja todo el año. Es lo que ocurre en el norte y en cualquier borde de estanque bien alimentado.

Colocarla en el estanque

La cala es una planta de zona palustre, no de aguas profundas. Su sitio es el escalón marginal del estanque, con la corona a ras de agua o cubierta por 5 a 15 cm como máximo. Aguanta puntas de 25 cm en verano si el agua está templada y en movimiento, pero un invierno entero sumergida a esa profundidad y con el agua fría le pudre el rizoma.

Recomendaciones prácticas para plantarla:

  • Cesta de plantación con tierra franca pesada, sin turba ni compost fresco que enturbie el agua, y cobertura de grava para que los peces no remuevan el sustrato.
  • Colocar el rizoma con las yemas hacia arriba y la parte superior al nivel del sustrato, no enterrada.
  • Plantar entre octubre y marzo, cuando la planta está activa. Si la mata viene en maceta de vivero, se puede trasplantar en cualquier momento fuera del calor extremo.
  • En un estanque pequeño, la cesta evita que colonice todo el escalón: emite rizomas laterales con fuerza y se apodera del borde en dos o tres temporadas.

También funciona fuera del agua, en un arriate de suelo profundo y fresco, bajo la sombra ligera de un árbol caduco, o en maceta grande con plato lleno de agua durante la floración.

Luz, suelo y riego

Luz. En la mitad norte tolera sol pleno si el suelo no se seca. Del Sistema Central hacia abajo, y en el Levante, pide media sombra o sol solo de mañana; con insolación fuerte las hojas se queman por los bordes y la espata se estropea en pocos días.

Suelo. Cuanto más pesado y rico, mejor. Es de las pocas ornamentales que agradecen un suelo arcilloso que retiene agua. Un aporte anual de compost o estiércol maduro en otoño sostiene el tamaño de la hoja.

Riego. Constante durante el crecimiento, de octubre a junio; reducido en el reposo estival donde este se produzca. El agua del grifo no le supone ningún problema, a diferencia de otras plantas de estanque.

Frío. El rizoma resiste heladas de hasta unos -8 ºC si está a 10-15 cm de profundidad y con acolchado. Las hojas se queman a partir de -3 ºC y rebrotan en primavera. En la meseta norte conviene plantarla algo más honda y cubrir con hojarasca.

Multiplicación y variedades

Se divide el rizoma en otoño, al empezar el crecimiento, o justo después de la floración: se saca la mata, se separan los brotes con raíz propia y se replantan de inmediato sin dejarlos secar. Cada fragmento con una yema sana da planta nueva en una temporada.

Entre las selecciones de Z. aethiopica, 'Crowborough' es la más resistente al frío y la habitual en jardines de clima continental; 'Green Goddess' tiene la espata teñida de verde en la mitad superior y aguanta bien la sombra; 'Pink Mist' muestra un tono rosado en la base del espádice.

Conviene no confundirlas con las calas de colores —híbridos de Zantedeschia rehmannii, Z. elliottiana y otras—, de flor amarilla, naranja, rosa o granate y hoja moteada. Aquellas son de verano, exigen suelo drenante, no toleran encharcamiento y necesitan un invierno seco con el tubérculo en reposo. Metidas en el borde de un estanque se pudren en una temporada.

Toxicidad por oxalatos

Como el resto de las aráceas, toda la planta contiene cristales de oxalato cálcico en forma de agujas (rafidios) alojados en células especializadas. Al morder la hoja o el peciolo, esas agujas se clavan en la mucosa y provocan dolor inmediato, ardor, salivación e hinchazón de labios, lengua y garganta. En casos con mucha cantidad ingerida puede haber vómitos y dificultad para tragar.

El riesgo real está en niños pequeños y en mascotas, sobre todo gatos y perros que mordisquean hojas jugosas. Si ocurre, se enjuaga la boca con agua, se ofrece algo frío y se consulta al médico o al veterinario; el Instituto Nacional de Toxicología atiende consultas en el 91 562 04 20. La savia también irrita la piel sensible, así que dividir rizomas con guantes es buena costumbre. Sus flores cortadas duran mucho en jarrón, pero el agua queda cargada de savia y conviene no dejarla al alcance de animales.

Mata de cala en el borde de un estanque de jardín

Problemas habituales

Hoja abundante y ninguna flor: exceso de nitrógeno o sombra densa. Se corrige con más luz y un abonado equilibrado con potasio en invierno.

Rizoma blando y olor agrio: podredumbre bacteriana por Pectobacterium, favorecida por agua estancada y caliente. La parte afectada se retira y se replanta lo sano en sustrato nuevo.

Manchas oscuras y hojas colgantes tras un golpe de calor: normal en verano meridional; la planta se retira y rebrota.

Pulgón y araña roja en primavera seca, sobre todo en macetas al abrigo de un porche; se controlan con lavados a presión y jabón potásico.

En resumen

El lirio de agua de flor blanca es Zantedeschia aethiopica, la cala: una arácea rizomatosa sudafricana cuya espata blanca envuelve un espádice con las flores verdaderas. Crece en el escalón marginal del estanque o en suelo pesado y fresco, florece de marzo a junio y, donde el verano es seco, se retira bajo tierra hasta las lluvias de otoño, un reposo que se respeta bajando el riego. Se divide con facilidad, resiste heladas moderadas si el rizoma va enterrado, y en el norte húmedo se ha naturalizado hasta el punto de que sus restos no deben acabar en un arroyo. Contiene rafidios de oxalato cálcico: morderla causa dolor y edema en boca y garganta, con riesgo especial para niños y mascotas. Y no debe confundirse ni con Iris pseudacorus, el otro lirio de agua, ni con las calas de colores, que piden un cultivo opuesto.


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