Tres géneros distintos de aráceas responden al apodo de oreja de elefante: Alocasia, Colocasia y Xanthosoma. Los tres dan hojas enormes con forma de corazón o de punta de flecha, los tres crecen de un tubérculo o rizoma carnoso y los tres se venden con la misma etiqueta genérica, pero piden cosas diferentes y conviene saber cuál se tiene delante.
Distinguir los tres géneros
La clave más fiable en campo o en vivero está en dos rasgos: hacia dónde mira la hoja y dónde se une el peciolo al limbo.
Alocasia. La hoja se sostiene erguida y con la punta hacia arriba o hacia fuera, como una flecha levantada. El peciolo se inserta en el seno, en el hueco entre los dos lóbulos basales, en el borde mismo del limbo. La lámina suele ser rígida, brillante, con nervios muy marcados y a menudo de color contrastado. Género asiático, de sotobosque húmedo pero de suelo drenado: no quiere los pies en el agua. Especies frecuentes: A. macrorrhizos, la de mayor tamaño; A. odora; A. × amazonica 'Polly'; A. zebrina, de peciolo rayado.
Colocasia. La hoja cuelga con la punta hacia abajo y el limbo orientado al suelo, con aspecto de paraguas caído. El peciolo es peltado: se une a la lámina bastante por dentro del borde, en pleno centro de la hoja, como el mango de una sombrilla. La superficie es mate y repele el agua, que rueda formando gotas —el conocido efecto loto—. Es la planta de las orillas encharcadas: crece con el tubérculo dentro del agua sin problema. Colocasia esculenta es el taro, con cultivares ornamentales como 'Black Magic', 'Illustris' o 'Pink China'.
Xanthosoma. Género americano. La hoja es sagitada, con dos lóbulos basales bien separados y la punta hacia fuera, no peltada, y presenta un nervio marginal que recorre el contorno y une los lóbulos, detalle que no aparece en los otros dos. El peciolo se inserta en el seno, como en Alocasia, pero la hoja no se yergue igual. X. sagittifolium y X. violaceum son las más vistas; se cultivan por sus cormos en zonas tropicales de América y África.
Un truco rápido: si la hoja parece un paraguas al revés y el rabillo sale del centro, es Colocasia; si apunta al cielo, es Alocasia; si tiene el borde recorrido por un nervio continuo y forma de flecha ancha, mirar hacia Xanthosoma.
Calor, humedad y luz
Las tres piden lo mismo en lo básico: temperaturas altas y aire húmedo. Crecen a gusto entre 20 y 30 ºC; por debajo de 15 ºC se paran y por debajo de 10 ºC empiezan a sufrir. La helada acaba con la parte aérea de inmediato.
La humedad ambiental es el punto que más se descuida en interior. En un piso con calefacción, con el aire por debajo del 40 %, los bordes de las hojas se secan y aparece la araña roja, que es la plaga que más ejemplares estropea en casa. Bandejas con arcilla expandida y agua, agrupar plantas y duchar las hojas cada pocas semanas ayudan más que pulverizar de vez en cuando.
En luz quieren claridad sin sol directo fuerte: sombra luminosa, o sol de primera hora. Colocasia aguanta más sol si tiene los pies en agua; Alocasia se quema con facilidad. En el exterior peninsular, el sitio adecuado es un patio sombreado y resguardado del viento, que rompe las hojas grandes.
Sustrato rico y esponjoso, con turba o fibra de coco, compost y perlita. Riego abundante en crecimiento —constante y con el sustrato siempre húmedo en Colocasia; húmedo pero no encharcado en Alocasia— y abonado quincenal con un fertilizante equilibrado de abril a septiembre. Producen hojas rápido y consumen mucho.
El reposo del tubérculo
Cuando llega el frío o baja la luz, estas plantas entran en reposo: amarillean, van perdiendo hojas y en muchos casos quedan reducidas al tubérculo. No están muertas: el tubérculo sigue vivo bajo el sustrato aunque arriba no quede una sola hoja, y basta con acompañar ese parón en lugar de vaciar la maceta.
La forma de gestionarlo en España:
- Zonas sin heladas (costa mediterránea templada, Canarias, sur de Andalucía): pueden quedarse en el suelo, cubiertas con un buen acolchado. Rebrotan en primavera.
- Interior y zonas con heladas: se arrancan los tubérculos en octubre o al primer amarilleo, se limpian, se secan a la sombra unos días y se guardan en un cajón con turba o serrín seco entre 12 y 15 ºC, en oscuridad. Se replantan en abril, cuando el suelo alcanza los 18 ºC.
- En maceta dentro de casa: se reduce el riego al mínimo desde noviembre, se suspende el abono y se deja la maceta en un sitio templado. Basta con que el sustrato no se seque del todo. En febrero o marzo, con más luz, vuelve a brotar y entonces se reanuda el riego y se trasplanta.
La multiplicación es sencilla: separando los hijuelos que salen alrededor del tubérculo madre, o dividiendo el rizoma en primavera con un corte limpio y dejando secar la herida antes de plantar. Las semillas son raras en cultivo y lentas.
Rafidios: el aviso de las aráceas
Todas contienen, en células especializadas, haces de cristales de oxalato cálcico en forma de aguja, los rafidios, acompañados de enzimas irritantes. Al masticar cualquier parte cruda, esas células se rompen y expulsan las agujas a presión, que se clavan en la mucosa. El resultado es inmediato: dolor y ardor intensos en labios, lengua y garganta, salivación abundante e hinchazón, con dificultad para tragar o hablar. En casos con edema importante puede comprometerse la respiración.
El riesgo real está en niños pequeños y en gatos y perros que muerden una hoja llamativa y a su alcance. Ante una ingestión, se enjuaga la boca con agua abundante, se ofrece algo frío y se acude a un centro sanitario o al veterinario; el Instituto Nacional de Toxicología atiende en el 91 562 04 20. La savia también produce dermatitis y, si salta a los ojos, conjuntivitis dolorosa, así que dividir tubérculos con guantes y lavarse después es lo prudente.
Esto no convierte a la planta en algo que haya que desterrar del jardín: se trata de colocarla donde no la muerdan y de manejarla con un mínimo de cuidado.
La Colocasia como cultivo alimentario
Colocasia esculenta es una planta agrícola de primer orden en el trópico, cultivada por su cormo desde hace milenios en Asia y Oceanía, donde se conoce como taro, y presente también en América y África. En España se cultiva en Canarias, en barrancos y huertas con agua abundante, con el nombre de ñame, sobre todo en La Palma y Tenerife.
El cormo alimentario y las hojas jóvenes de las variedades cultivadas contienen los mismos rafidios, y solo resultan comestibles tras una cocción prolongada que destruye las células que los contienen y las enzimas asociadas; las variedades ornamentales no son cultivos alimentarios y no deben tratarse como tales. Aquí no se dan indicaciones de preparación: es un alimento con una tradición culinaria propia y muy establecida en los lugares donde se come, y ese es el marco en el que tiene sentido.
Problemas frecuentes
Gotas de agua en la punta de la hoja: es gutación, señal de que la planta tiene agua de sobra y la expulsa por hidatodos. Normal por la mañana; si es constante, hay que espaciar el riego.
Hojas amarillas de una en una, empezando por las viejas: recambio natural. Si amarillean varias a la vez y el tubérculo está blando, es podredumbre por encharcamiento en frío.
Bordes secos y punteado fino en el envés: araña roja por aire seco.
Hojas cada vez más pequeñas: maceta agotada o falta de abono; se trasplanta en primavera a un recipiente mayor.
Una advertencia ambiental: Colocasia esculenta se naturaliza con facilidad en cauces y barrancos de clima suave, donde forma masas densas. Los restos de división y los tubérculos sobrantes van a la basura orgánica, nunca a un arroyo o a un descampado húmedo.
En resumen
Oreja de elefante designa a Alocasia, Colocasia y Xanthosoma. La Alocasia levanta la hoja con la punta hacia arriba y el peciolo insertado en el borde; la Colocasia la deja caer con la punta hacia abajo y el peciolo unido en el centro del limbo, y tolera el suelo encharcado; la Xanthosoma tiene hoja de flecha con un nervio que recorre el margen. Todas piden calor de 20 a 30 ºC, aire húmedo, sombra luminosa, sustrato rico y riego generoso en crecimiento, y todas entran en reposo con el frío: el tubérculo se guarda seco a 12-15 ºC donde hiela, o se deja bajo acolchado donde no. Contienen rafidios de oxalato cálcico que causan dolor y edema en boca y garganta si se muerden, con riesgo especial para niños y mascotas. La Colocasia es el taro, cultivo alimentario tradicional que se consume únicamente tras cocción prolongada, y en España se cultiva en Canarias como ñame.