Unas quinientas especies descritas, más de un centenar en cultivo y una sola en las floristerías: así está repartido el género Hoya. La flor de porcelana que se vende en cualquier centro de jardinería es Hoya carnosa, y detrás de ella hay un género enorme, repartido por el sudeste asiático y el Pacífico, con hojas que van de la aguja al corazón de quince centímetros y flores que van de la cabeza de alfiler a la moneda de dos euros. Este artículo va de eso: de lo que hay más allá de la carnosa y de qué conviene saber antes de empezar a coleccionarlas.

Umbela de flores cerosas de Hoya

Qué es una hoya, botánicamente

Hoya R. Br. pertenece a las Apocynaceae, subfamilia Asclepiadoideae, la de las asclepias y los ceropegias. Su distribución natural va de la India y el sur de China a Indonesia, Filipinas, Nueva Guinea, las islas del Pacífico y el norte de Australia, con el máximo de diversidad en Borneo, Nueva Guinea y el archipiélago filipino. La mayoría son epífitas trepadoras de bosque húmedo, aunque hay litófitas de roca caliza y unas cuantas rastreras.

Un detalle de familia explica el aspecto de la flor. Como las asclepias y las orquídeas, las hoyas no sueltan el polen en grano: lo empaquetan en polinias, dos masas céreas unidas por un translador que se engancha a la pata del insecto visitante. Esa maquinaria exige una flor de estructura rígida y precisa, y de ahí procede lo que percibimos como aspecto de porcelana: cinco pétalos gruesos y aterciopelados que forman la corola, y sobre ellos una corona de cinco piezas duras y brillantes, con frecuencia de otro color, que es donde ocurre la mecánica de la polinización. La umbela, con sus flores dispuestas en semiesfera sobre pedicelos radiales, se completa por añadidura.

Una advertencia sobre nombres. El comercio de hoyas arrastra un desorden nomenclatural considerable: muchas plantas circulan con códigos de recolección —del tipo IML seguido de un número, o EPC— porque proceden de recolecciones no descritas todavía, y abundan las etiquetas erróneas, los nombres comerciales sin valor botánico y las especies vendidas como cultivares. Comprar por foto tiene ese riesgo, y la única defensa razonable es comprar a quien mantenga colecciones documentadas.

Hoja fina y hoja suculenta: la división que decide el riego

Si hay una cosa que separa a quien mantiene varias hoyas vivas de quien las va perdiendo de una en una, es haber entendido que el género no se riega de manera uniforme. La variable no es la especie ni el nombre: es el grosor de la hoja.

Hojas gruesas y suculentas. Bajo la epidermis tienen una hipodermis acuífera, un tejido de células grandes cargadas de agua que funciona como depósito. Muchas de estas especies practican además el metabolismo CAM de forma facultativa: abren los estomas de noche cuando el ambiente se seca, lo que reduce la pérdida de agua. Toleran secarse por completo entre riegos y se pudren con facilidad si no lo hacen. Entran aquí H. carnosa, H. pubicalyx, H. australis, H. kerrii, H. obovata, H. crassipetiolata y en general cualquier hoja que ceda poco al apretarla.

Hojas finas y membranosas. Apenas almacenan agua y transpiran mucho más. Su procedencia son bosques de montaña con humedad constante, no ramas expuestas. Estas plantas se deshidratan en pocos días, y el aviso llega tarde: la hoja fina no se arruga como una suculenta, se vuelve blanda, amarillea y cae. Necesitan riego cuando el sustrato está seco en el tercio superior, no en los dos tercios, y humedad ambiental alta. Son de este grupo H. bella (hoy H. lanceolata subsp. bella), H. linearis, H. multiflora, H. curtisii y buena parte de las de hoja pequeña de Nueva Guinea.

La prueba es de dedo: se aprieta una hoja madura entre índice y pulgar. Si opone resistencia y se nota el colchón de agua, la planta perdona el olvido; si es flexible como papel, no lo perdona. Una colección mezclada regada toda el mismo día garantiza que la mitad esté encharcada y la otra mitad sedienta, y esa es la causa habitual de las bajas.

Una regla adicional que se deduce de lo anterior: las hojas finas van mejor en sustrato con algo más de retención y en maceta pequeña, y las suculentas en mezcla mineral franca y en cesta colgante. El sustrato aireado a base de corteza que se recomienda de manera general para el género, y que está explicado en el artículo sobre la Hoya carnosa, se ajusta añadiendo fibra de coco para las de hoja fina y aumentando la proporción de perlita o puzolana para las suculentas.

Las especies que todo el mundo acaba buscando

Hoya kerrii. La hoja acorazonada, gruesa y de un verde mate, de hasta doce centímetros. Trepadora vigorosa de Tailandia y Laos que en cultivo tarda años en arrancar y después se dispara. Existe la variegada de borde amarillo, más lenta y más cara. Sus umbelas son de flores blanco crema con corona granate y néctar oscuro muy abundante.

Hoya linearis. Del Himalaya oriental, a bastante altitud. Tallos colgantes de hasta un metro y medio, cubiertos de hojas cilíndricas, blandas y peludas, de cinco centímetros, que dan una cortina verde clara de aspecto único en el género. Umbelas blancas con perfume a limón. Es la especie que más aficionados pierden: pese a la hoja aparentemente carnosa, no almacena agua, quiere fresco, sombra luminosa, aire y humedad, y aborrece el calor seco de un piso español en agosto.

Hoya bella. Miniatura arbustiva y péndula, con hoja pequeña, fina y algo rígida, y umbelas de flores blancas con corona rosa fucsia que cuelgan hacia abajo. Florece siendo muy joven y con abundancia, lo que la convierte en la puerta de entrada al género para quien no quiera esperar tres años. En compensación es exigente con la humedad y con el riego, y se resiente enseguida del sustrato encharcado.

Hoya pubicalyx. Filipina, de crecimiento rápido y hoja alargada, suculenta y a menudo salpicada de manchas plateadas. Es robusta, tolerante y florece con facilidad en umbelas de flores oscuras —del rosa vinoso al casi negro en 'Royal Hawaiian Purple' o 'Black Dragon'— con corona clara. Para empezar y para llenar una espaldera es difícil de superar.

Hoya multiflora. Su flor es el argumento. Los pétalos se pliegan hacia atrás y la corona se proyecta hacia delante en punta, de modo que cada flor parece un cohete o una estrella fugaz —de ahí el nombre inglés de shooting star—, y se agrupan en umbelas de veinte o treinta piezas amarillo crema. Es además una de las pocas hoyas de porte arbustivo y no trepador, con hoja fina y nervada. Un detalle curioso: su mecanismo de polinización es explosivo, y la flor dispara el polinio sobre el insecto que se posa.

Otras que aparecen pronto en cualquier colección. H. lacunosa, de hoja pequeña y flores blancas peludas con perfume intenso a canela que se libera al anochecer. H. obovata, de hoja redonda, gruesa y grande, muy tolerante. H. macrophylla, con hoja enorme de nervios hundidos y variegado crema. H. wayetii y H. kentiana, de hoja estrecha y borde oscuro, casi idénticas entre sí y confundidas constantemente. H. callistophylla, con el nervio marcado en verde oscuro sobre fondo claro, de las de follaje más vistoso. H. retusa, de hojas lineales aplanadas en penacho. H. imperialis, con flores de siete centímetros, las mayores del género. Y H. serpens, minúscula y de flor verdosa, difícil y muy buscada.

Espaldera, aro o cesta

Casi todas las hoyas son lianas, y una liana sin apoyo hace una madeja. Hay tres soluciones y ninguna es meramente estética.

El aro de alambre o bambú clavado en la maceta es la solución clásica y la que se ve en las plantas de vivero. Ocupa poco, se maneja bien y obliga a ir enrollando los tallos nuevos cada pocas semanas, siempre en el mismo sentido. Tiene un inconveniente: cuando el tallo lignifica, ya no se deja recolocar, así que hay que guiarlo tierno.

La espaldera o enrejado vertical detrás de la maceta reparte los tallos en un plano y deja todas las hojas a la luz. Es lo mejor para las especies de hoja grande y para ver la floración de frente, y lo que permite que una planta llegue a dos metros sin convertirse en un nudo.

La cesta colgante es lo natural para linearis, bella, curtisii y las de tallo fino y péndulo, y tiene una ventaja práctica: en el aire seco de una casa con calefacción, colgar la planta a media altura la aleja del suelo frío y del radiador a la vez. El inconveniente es el goteo de néctar, un asunto tratado en el otro artículo, que en una cesta sobre un mueble se convierte en un problema semanal.

Sea cual sea el soporte, hay un detalle común a todo el género: los tallos jóvenes salen desnudos y buscadores, sin hojas, durante veinte o treinta centímetros antes de empezar a foliar. Cortar ese látigo por parecer feo elimina el crecimiento del año. Se guía y se espera.

La hoja de corazón suelta que se vende en febrero

Merece un apartado propio porque el malentendido es sistemático. Cada San Valentín aparecen macetitas con una única hoja de Hoya kerrii clavada en el sustrato, de canto, formando un corazón verde. Son bonitas y baratas, y casi ninguna llega a ser una planta.

La razón es de anatomía y no de cuidados. Una hoja de hoya enraíza sin dificultad: emite raíces por la base del pecíolo y puede sobrevivir así años, engordando un poco y manteniéndose verde, porque fotosintetiza y se alimenta. Lo que no puede hacer es producir un tallo, y el motivo es que la yema axilar no está en la hoja: está en el tallo, en el punto donde la hoja se inserta. Sin ese trozo de tallo con su yema, no hay meristemo capaz de generar un vástago nuevo, y una hoja sin meristemo es un órgano sin capacidad de organizar una planta. Puede vivir. No puede crecer.

Se distingue antes de comprar. Hay que mirar la base de la hoja, justo donde entra en el sustrato, y buscar un fragmento de tallo: un trocito leñoso perpendicular al pecíolo, aunque sea de medio centímetro, con una yema diminuta. Si lo lleva, esa hoja acabará brotando —tardará entre unos meses y dos años, porque la kerrii es lenta— y será una trepadora. Si el pecíolo entra limpio en la tierra, sin nada más, lo que se tiene es un objeto decorativo de larga duración.

Quien la reciba de regalo y quiera intentarlo tiene poco margen: darle mucha luz, mantenerla apenas húmeda y tener paciencia por si llevara yema oculta. Y quien quiera de verdad una kerrii, que compre un esqueje con dos nudos y su par de hojas, que es el material que sí construye una planta. Esto vale para todo el género y está explicado con detalle en el artículo dedicado a la Hoya carnosa, donde se trata el esquejado paso a paso.

Empezar una colección sin acumular bajas

Empieza por robustas. pubicalyx, carnosa y sus formas, obovata, australis. Aprenden a perdonar mientras uno aprende a regar. Deja linearis, serpens o las de Nueva Guinea de hoja fina para cuando tengas sitio con humedad estable.

Piensa en la luz antes que en la lista de deseos. Una hoya en penumbra vive y no florece nunca. Si solo dispones de una ventana buena, tres plantas bien colocadas rendirán más que quince amontonadas.

Cuarentena. Toda hoya nueva pasa un mes apartada del resto. La cochinilla algodonosa viaja en las axilas de las hojas apretadas y en los nudos, y una planta infestada contagia una estantería entera en pocas semanas.

Los esquejes sin raíz. El comercio internacional de hoyas se hace en gran medida enviando esquejes a raíz desnuda. Llegan blandos y hay que enraizarlos, lo que es factible pero no inmediato, y conviene saber que material vegetal procedente de fuera de la Unión Europea está sujeto a requisitos fitosanitarios y a certificado, algo que el comprador particular suele descubrir tarde.

Etiqueta desde el primer día. Con veinte plantas de hoja parecida, la memoria falla, y una hoya sin nombre no se puede regar bien porque no se sabe a qué grupo pertenece.

En resumen

El género Hoya reúne unas quinientas especies de epífitas asiáticas y del Pacífico, emparentadas con las asclepias, cuyas flores de aspecto céreo se agrupan en umbelas y polinizan mediante polinias. La división práctica que hay que dominar es entre hoja suculenta —carnosa, pubicalyx, kerrii, obovata—, que almacena agua, tolera secarse del todo y se pudre si no lo hace, y hoja fina y membranosa —bella, linearis, multiflora, curtisii—, que se deshidrata en días y pide humedad ambiental. Entre las más buscadas están la kerrii de hoja acorazonada, la linearis colgante del Himalaya, la bella de floración precoz, la pubicalyx de flor oscura y la multiflora de flor en forma de cohete. Se cultivan sobre aro, espaldera o cesta según el porte, sin cortar los tallos exploradores. Y la hoja de corazón suelta de San Valentín rara vez llega a planta: enraíza, pero sin un fragmento de tallo con yema no tiene con qué formar un vástago, así que conviene mirar la base antes de comprarla y, si se quiere una planta de verdad, pedir un esqueje con dos nudos.


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