Las brácteas de una heliconia están construidas a medida de un pico curvo. Ese color rojo o naranja saturado, la ausencia total de perfume, el néctar abundante y aguado, la forma tubular arqueada y la falta de cualquier superficie donde posarse no son caprichos decorativos: son el resultado de millones de años de selección ejercida por los colibríes. Entender eso explica casi todo lo que llama la atención del género.

Lo que se ve de una heliconia, además, no son flores. Las flores verdaderas son pequeñas, tubulares y verdosas o amarillentas, y viven escondidas dentro de las brácteas. Lo espectacular es el envoltorio.

Inflorescencia roja de heliconia con bracteas en zigzag

Qué son y con quién están emparentadas

El género Heliconia es el único de la familia Heliconiaceae y reúne del orden de ciento noventa especies. La mayoría son neotropicales, repartidas desde el sur de México hasta el sur de Brasil y por las Antillas, con el núcleo de diversidad en Colombia, Ecuador y Costa Rica. Hay además un grupo aparte en el Pacífico occidental —Indonesia, Nueva Guinea, Samoa, Fiyi—, una disyunción que sigue dando trabajo a los biogeógrafos.

Pertenece al orden Zingiberales, y ahí están sus parientes: las musáceas de los plátanos, las estrelitziáceas del ave del paraíso, los jengibres, las cannas y las marantas. De los plátanos se distinguen sin dificultad por la disposición de las hojas, que en las heliconias salen en dos filas opuestas, en un mismo plano, y por la inflorescencia, cargada de brácteas coloreadas.

La planta no tiene tronco verdadero. Lo que parece un tallo es un pseudotallo formado por las vainas de las hojas apretadas unas dentro de otras, y toda la estructura perenne está bajo tierra, en el rizoma. Las hojas son grandes, ovaladas u oblongas, de nervio central recio y nervadura secundaria paralela; con el viento se rasgan a lo largo de esas líneas, lo cual no es un daño sino un mecanismo: una lámina hendida ofrece menos resistencia y no se arranca entera.

Las inflorescencias se dividen en dos tipos según cómo se orienten:

  • Erectas. El raquis se levanta y las brácteas se disponen alternas a un lado y a otro, formando el zigzag característico. Es el patrón de Heliconia bihai, H. caribaea, H. latispatha, H. stricta y H. psittacorum.
  • Colgantes. El raquis se arquea y cae, y las brácteas quedan pendientes como una hilera de recipientes. Es el patrón de Heliconia rostrata, la más reconocible del género, y de H. chartacea.

El tamaño abarca desde el metro escaso de H. psittacorum hasta los cinco o seis metros de H. caribaea y H. bihai en su ambiente.

Diseñadas por los colibríes

La polinización de las heliconias neotropicales corre casi por entero a cargo de colibríes, y cada rasgo de la planta responde a ese hecho.

El color. Las aves distinguen muy bien el rojo, mientras que los insectos polinizadores lo perciben mal. Un rojo intenso es una señal dirigida a las aves y prácticamente invisible para la competencia.

La ausencia de olor. El olfato de los colibríes es pobre y no lo usan para localizar flores. Invertir en perfume no serviría de nada, y las heliconias no lo hacen.

El néctar. Abundante y relativamente diluido, adecuado para un animal que necesita mucho volumen de combustible y que succiona con la lengua, no un jarabe concentrado como el que prefieren muchos insectos.

La forma. La corola es un tubo largo y curvado que pone el néctar fuera del alcance de casi cualquier otro visitante. Y no hay plataforma de aterrizaje: un colibrí se alimenta en vuelo estacionario y no la necesita, un insecto grande sí.

El caso más citado es el de los ermitaños del género Phaethornis, colibríes de pico largo y arqueado que se alimentan de heliconias de corola muy curvada, mientras que las especies de flor recta reciben a colibríes de pico recto. Es un ajuste recíproco que ha llegado a afinarse hasta el milímetro en algunas poblaciones insulares.

Y hay un detalle de comportamiento con consecuencias para la planta. Los ermitaños practican el llamado traplining: recorren cada día una ruta fija visitando plantas dispersas por el bosque, en lugar de defender un territorio. Ese hábito transporta polen a larga distancia entre matas alejadas y favorece el cruce, al contrario que los colibríes territoriales, que se quedan en una mancha densa y acaban moviendo polen entre vástagos del mismo rizoma.

Dos añadidos más. En las especies de brácteas erectas, cada bráctea funciona como un cuenco que retiene agua de lluvia; ese pequeño depósito alberga una fauna propia de larvas de insecto y hasta de ranas, y protege las flores en desarrollo. Y el fruto maduro es una drupa de un azul metálico llamativo en las especies americanas —naranja en las del Pacífico—, dispersada por aves frugívoras.

Las que se cultivan

Heliconia psittacorum, la heliconia loro. La más pequeña, de uno a dos metros, con inflorescencias erectas de brácteas estrechas anaranjadas o rojas y flores amarillas con punta negra. Es la más tolerante del género y la base genética de la mayoría de híbridos comerciales de flor cortada, entre ellos el célebre 'Golden Torch', cruce con H. spathocircinata.

Heliconia rostrata, pico de tucán. Inflorescencia colgante de hasta un metro, con brácteas rojo intenso rematadas en amarillo y verde. Es la imagen que la mayoría asocia al género y necesita bastante más espacio y calor que la anterior.

Heliconia caribaea y H. bihai. Plantas grandes, de tres a seis metros, con inflorescencias erectas macizas en rojo, amarillo o bicolor. Sus híbridos son los que dan las varas de más duración en jarrón.

Heliconia latispatha, de brácteas muy separadas y torcidas, en tonos anaranjados, y H. stricta 'Dwarf Jamaican', compacta y apta para maceta grande. Heliconia chartacea 'Sexy Pink', colgante y de un rosa fucsia poco creíble, es la más buscada por los coleccionistas y también de las más exigentes.

Heliconia psittacorum, la especie de menor porte del genero

Dónde se puede tener en España

Las cifras son las que son y no admiten optimismo. Una heliconia vegeta bien entre 21 y 32 ºC, empieza a mostrar daño foliar por debajo de 12 ºC, se detiene por completo hacia los 10 y pierde el rizoma con la primera helada. Pide además humedad relativa por encima del 60 %, y por encima del 80 % para las especies de bosque húmedo, con riego o lluvia constante durante todo el año.

Eso deja dos escenarios en España:

Canarias. En las costas y medianías bajas de Tenerife, Gran Canaria y La Palma se cultivan al aire libre con normalidad, y de hecho hay producción comercial de flor cortada. Las especies pequeñas del grupo psittacorum son las que mejor se adaptan; las grandes necesitan además abrigo del viento.

Invernadero cálido en la Península. Con mínima invernal garantizada por encima de 15 ºC y nebulización. En un invernadero frío de los que se usan para cítricos y palmeras no salen adelante.

En el litoral de Málaga, Granada o Almería, en un rincón muy protegido, alguna H. psittacorum puede sobrevivir un invierno suave con las hojas dañadas y rebrotar en mayo, pero es una apuesta que se pierde el año que entra una masa de aire frío. Como planta de jardín peninsular no es una opción razonable.

Cultivo

Suelo. Profundo, muy rico en materia orgánica, con drenaje libre y pH entre 5,5 y 6,5. Toleran mal la caliza activa y el suelo compactado.

Luz. Depende de la especie. Las de sotobosque quieren luz filtrada; H. psittacorum y sus híbridos admiten sol pleno siempre que el agua no falte, y de hecho florecen más. A pleno sol y con sequía las hojas se enrollan y las brácteas salen pálidas.

Riego. Constante y generoso durante todo el periodo de crecimiento. Un secado del rizoma detiene la floración durante meses.

Abonado. Son plantas de consumo alto. Un abono equilibrado cada tres o cuatro semanas en temporada cálida, con más potasio a partir de la aparición de las inflorescencias, y una aportación de compost o estiércol maduro al pie una vez al año.

Maceta. Requiere contenedor grande, de cuarenta litros para arriba en las especies pequeñas, porque el rizoma se expande deprisa y llena el volumen disponible. Cambio de maceta o división cada dos años.

Un punto que confunde: cada vástago florece una sola vez. Después de dar su inflorescencia, ese pseudotallo no vuelve a producir otra y se va agotando, exactamente como ocurre en una platanera. Se corta a ras de suelo cuando la flor se ha estropeado, y el rizoma emite vástagos nuevos que florecerán a su vez. La mata es perenne; el vástago, de un solo uso. Desde la división hasta la primera floración pasan entre nueve y dieciocho meses según la especie.

Contratiempos. Cochinilla algodonosa en el interior de las vainas, araña roja en invernadero con aire seco, nematodos y Fusarium en rizomas de procedencia dudosa. Comprar material sano y no reutilizar sustrato evita la mayor parte.

Rizoma y multiplicación

El rizoma es simpodial: crece por delante emitiendo yemas laterales que se convierten en vástagos nuevos, de modo que la mata avanza lentamente en una dirección y deja atrás la parte vieja.

La división se hace al comenzar la estación cálida, en abril o mayo en Canarias, cuando el suelo ya está templado. Se excava un sector de la mata, se separa con un cuchillo fuerte una porción de rizoma que lleve uno o dos vástagos jóvenes y raíces propias, y se recortan las hojas a la mitad para reducir la pérdida de agua mientras enraíza. Plantada en sustrato húmedo y cálido, arranca en cuatro u ocho semanas.

La semilla es posible pero poco práctica: tiene latencia marcada, germina de forma irregular a lo largo de meses y la planta tarda años en florecer. Solo interesa a quien busque hibridar.

Como flor cortada

Es uno de los mejores usos del género, y explica su presencia en el comercio internacional desde Costa Rica, Ecuador, Hawái y las propias Canarias. Una vara de H. caribaea o de un híbrido de bihai se mantiene entre dos y tres semanas en jarrón; las de psittacorum, entre siete y doce días.

El corte se hace cuando dos o tres brácteas basales están completamente abiertas y las superiores todavía cerradas, con el tallo lo más largo posible. En origen se sumergen las varas en agua para desalojar los insectos que viven en las brácteas.

En casa: agua limpia, cambio cada dos o tres días, recorte del extremo del tallo en bisel cada vez y jarrón alto que sostenga el peso. Y una advertencia que las diferencia de casi cualquier otra flor de jarrón: no se refrigeran. Por debajo de 12 o 13 ºC sufren daño por frío, las brácteas se manchan de pardo y ennegrecen en pocas horas. La nevera, que alarga la vida de una rosa, arruina una heliconia.

En resumen

Heliconia es el único género de las Heliconiaceae, con cerca de ciento noventa especies neotropicales más un grupo del Pacífico occidental, emparentado con plátanos, estrelitzias y jengibres. Lo vistoso son las brácteas, erectas en zigzag o colgantes según la especie; las flores van escondidas dentro. Su color rojo o naranja, la falta de perfume, el néctar diluido, la corola tubular curvada y la ausencia de plataforma de aterrizaje responden a la polinización por colibríes, con casos de ajuste preciso entre la curvatura del pico y la de la flor. Exige más de 15 ºC de mínima, humedad alta y riego constante, así que en España se cultiva al aire libre en Canarias y en invernadero cálido en la Península. Se multiplica dividiendo el rizoma simpodial al empezar el calor, cada vástago florece una sola vez y se corta después, y como flor cortada dura entre una y tres semanas siempre que no se refrigere por debajo de 12 ºC.


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