La maceta se elige mirando el rizoma, no la fronde. Dos helechos que en el vivero ocupan el mismo espacio pueden necesitar recipientes opuestos —uno ancho y plano, otro hondo y estrecho— porque por debajo del sustrato están construidos de manera distinta. Acertar con esa decisión, con la mezcla que va dentro y con la forma de mojarla resuelve la mayor parte de los problemas que luego se atribuyen a la falta de humedad.

Este artículo va del contenedor y de su manejo, tanto dentro de casa como en un patio o un balcón. De qué especies se comportan mejor en el salón de un piso, de la luz que piden y de por qué pulverizar la hoja no cambia la humedad de una habitación se ocupa el artículo de helechos de interior; aquí se da por leído.

Varios helechos cultivados en macetas de distintos tamanos

Dos arquitecturas, dos macetas

Los helechos cultivables en contenedor se reparten en dos grupos según cómo se organiza el rizoma, y de ahí sale la forma del recipiente.

Rizoma rastrero y raíz superficial. Davallia, Phlebodium, Polypodium, Humata, Pyrrosia, Microsorum y en general los epífitos y los litófitos. El rizoma repta horizontalmente, con frecuencia por fuera del sustrato, y emite raíces cortas de anclaje que no bajan apenas. Estos quieren maceta ancha y baja, tipo cuenco o cestilla colgante, con el diámetro al menos doble de la altura. Darles profundidad no sirve de nada: el fondo se queda sin explorar, permanece encharcado y frío, y ahí es donde acaba pudriéndose el rizoma.

Roseta o corona erecta. Asplenium nidus, Blechnum, Cyrtomium, Dryopteris, Polystichum, Athyrium, Woodwardia. El rizoma es corto, grueso y ascendente, y las raíces descienden en cabellera. Piden maceta de proporciones normales o algo más alta que ancha, con volumen suficiente para esa masa radicular. Regla que no admite excepción: el punto de crecimiento, el centro de la corona de donde salen los báculos, se planta a ras de la superficie. Enterrado un par de centímetros, se pudre en la primera racha de calor.

Un tercer caso: los estoloníferos. Nephrolepis emite estolones delgados que colonizan todo el volumen disponible y en un par de temporadas convierten el cepellón en un bloque de raíz sin sustrato, capaz de deformar una maceta de plástico. Con este género hay que contar con cambios de contenedor más frecuentes o con dividirlo cada dos años.

Material, tamaño y drenaje

Barro o plástico. El barro sin vidriar transpira por la pared y pierde agua por evaporación lateral, lo que airea el cepellón y va bien para rizomas epífitos y para quien tiende a regar de más. En el interior peninsular seco, en verano, esa misma virtud obliga a regar cada dos días. El plástico o el barro vidriado mantienen la humedad y son más manejables en clima seco; si molesta el aspecto, la solución es maceta de plástico dentro de un cachepot de cerámica.

El tamaño se sube de uno en uno. Pasar un helecho de una maceta de 12 cm a otra de 25 porque «así no hay que trasplantarlo más» sale caro. El volumen de sustrato que ninguna raíz recorre se mantiene mojado semanas, se queda sin oxígeno y prolifera en él lo que no debe. El salto correcto son tres o cuatro centímetros de diámetro por trasplante.

Agujeros, y nada de grava en el fondo. La capa de bolas de arcilla o de piedras que se recomienda echar antes del sustrato no mejora el drenaje, lo empeora. Un sustrato colocado sobre un material de poro mucho más grueso retiene el agua en su base en lugar de cederla, porque el agua no salta al estrato inferior hasta que la capa de arriba está saturada. El resultado es una franja empapada que queda más arriba de donde estaría sin la grava. Lo que hace falta son agujeros suficientes y una mezcla que drene por sí misma.

De ese mismo fenómeno se deduce algo útil: en una maceta baja, la franja saturada del fondo ocupa una fracción mayor del total. Por eso los cuencos anchos para epífitos exigen una mezcla más gruesa y porosa que una maceta alta con el mismo helecho dentro.

El sustrato: por qué el universal a secas no vale

Un sustrato universal de saco es, en la práctica, turba fina o compost fino con algo de fertilizante. Recién abierto parece esponjoso; en la maceta se compacta en cuestión de semanas, reduce el espacio de aire y se vuelve una masa densa. Además, cuando se seca del todo pasa a repeler el agua, y a partir de ahí el riego lo atraviesa por los bordes sin humedecerlo.

Las raíces de helecho son finas, poco lignificadas y muy dependientes del oxígeno del sustrato: en el bosque viven en hojarasca suelta o agarradas a corteza, un medio con enormes huecos de aire. Reproducir eso es la única exigencia real de la mezcla.

Base para helechos terrestres: mitad de fibra de coco o turba rubia, una cuarta parte de aireante mineral —perlita, pumita o arlita fina de 3 a 6 mm— y una cuarta parte de corteza de pino fina de 5 a 10 mm. Para especies de bosque templado como Dryopteris o Polystichum, se sustituye parte de la base por mantillo de hojas bien hecho.

Ajuste para epífitos: se sube la corteza hasta el 40 o 50 % del volumen y se baja la base orgánica. Davallia, Platycerium o Phlebodium prefieren un medio que se seque entre riegos.

Un puñado de carbón vegetal ayuda a mantener la mezcla dulce. La arena de playa y la tierra de jardín arcillosa no tienen sitio en ninguna maceta de helecho: la primera aporta sales y la segunda sella los poros.

El pH cómodo está entre 5,5 y 6,5 para la mayoría. La excepción que conviene recordar es Asplenium scolopendrium, que agradece caliza en la mezcla; tiene artículo propio.

Caducidad. Una mezcla orgánica se degrada y colapsa entre los dieciocho y los veinticuatro meses aunque la maceta no esté llena de raíces. Cuando el sustrato se ha vuelto oscuro, fino y pesado, no se corrige con abono: se cambia.

Inmersión o regadera

El riego por inmersión consiste en meter la maceta en un barreño con agua hasta unos dos tercios de su altura y dejarla entre diez y veinte minutos, hasta que la superficie del sustrato oscurece por capilaridad. Luego se saca y se deja escurrir un cuarto de hora antes de devolverla a su sitio.

Su ventaja es que humedece el cepellón entero de abajo arriba, incluido el núcleo. Una regadera aplicada sobre un cepellón ya seco hace justo lo contrario: el agua encuentra la fisura que se ha abierto entre el sustrato retraído y la pared de la maceta, baja por ese canal y sale por el agujero en segundos. El plato se llena, la maceta pesa poco y el centro sigue seco. Ese desfase entre lo que se cree que se ha regado y lo que realmente se ha mojado está detrás de muchos helechos que se secan a pesar de un riego aparentemente frecuente.

Cuándo conviene sumergir: con cepellones que se han secado y repelen el agua, con macetas pequeñas y ligeras, con epífitos montados en corteza, con mezclas muy porosas, y siempre que se vuelve de unos días fuera.

Cuándo no: con contenedores grandes y pesados, que resultan inmanejables; con ejemplares que muestren podredumbre en la base, porque el agua compartida del barreño reparte esporas y bacterias entre todas las plantas que pasen por él. Si se sumergen varias, se empieza por las sanas y se cambia el agua ante cualquier duda.

Regar bien con regadera también se puede. La técnica es lenta y en varias pasadas: se moja la superficie, se espera dos o tres minutos a que el sustrato absorba y se repite dos o tres veces, hasta que salga agua por abajo de forma sostenida y no en un chorro inmediato. El plato se vacía a los veinte minutos; dejar la maceta en agua permanente solo lo tolera un helecho de turbera como Osmunda regalis, que también tiene su artículo.

El agua. La dura deja una costra blanca en la superficie, sube el pH del sustrato con el tiempo y marca las frondes de las especies de lámina fina, con Adiantum a la cabeza. Agua de lluvia recogida, o del grifo reposada unas horas, y a temperatura ambiente: un riego con agua fría en invierno frena el crecimiento durante días.

La humedad del aire, desde el punto de vista de la maceta

Hay tres recursos que actúan sobre el entorno inmediato del contenedor y que dan resultado medible.

  • Doble maceta con relleno. Un cachepot dos tallas mayor, con esfagno o fibra de coco húmedos rellenando el hueco entre las dos paredes. Ese anillo mantiene el cepellón fresco y crea un microclima local sin encharcar la raíz. Es el sistema más eficaz para un helecho concreto en una casa seca.
  • Bandeja de arlita para un grupo. Varias macetas juntas sobre una bandeja ancha con arcilla expandida y agua por debajo del nivel de las bases. Agrupadas, las plantas se aprovechan mutuamente el vapor que transpiran.
  • Campana o terrario para los delicados. Los helechos que no toleran el aire seco —Adiantum raddianum, Didymochlaena, las selaginelas— viven bien bajo una campana de cristal o en un terrario abierto, y muy mal en una estantería. Si un helecho exige esas condiciones, la respuesta es el recipiente cerrado, no aumentar el riego.

Lo que hay que evitar es la corriente de aire seco: un helecho a menos de un metro y medio de un radiador, de un split de aire acondicionado o de una puerta que se abre al exterior pierde agua por la fronda más deprisa de lo que la raíz puede reponer, y ahí no hay maceta ni sustrato que lo compense.

Pteris cretica en maceta, helecho de facil cultivo

Macetas de helecho en el exterior

Un patio interior, un balcón orientado al norte o el lado sombrío de una terraza son emplazamientos excelentes, y permiten usar especies rústicas que dentro de casa no funcionan: Dryopteris filix-mas y Dryopteris affinis, Polystichum setiferum, Blechnum spicant, Cyrtomium falcatum, Asplenium scolopendrium o Athyrium filix-femina.

Dos cautelas propias del contenedor a la intemperie. En invierno, el cepellón de una maceta se hiela por completo mientras el suelo del jardín se mantiene templado a esa misma temperatura exterior; una planta que en tierra aguantaría -15 ºC puede perder la raíz en maceta a -6 ºC. Envolver el recipiente con plástico de burbujas o arrimarlo a una pared resguardada durante las olas de frío basta. En verano ocurre lo contrario: el sol lateral sobre una maceta oscura calienta el sustrato muy por encima de lo que soporta una raíz de helecho, aunque la fronda esté en sombra. Ahí la solución es agrupar las macetas para que se den sombra entre ellas o meterlas dentro de otro recipiente.

Selección por dificultad, con su maceta

Para empezar. Cyrtomium falcatum, de frondes coriáceas y brillantes, tolerante al aire seco y al frío, en maceta estándar. Phlebodium aureum, rizoma dorado y fronde glauca, en cuenco ancho. Pteris cretica, pequeño y agradecido, en maceta normal de 14-16 cm. Polystichum tsus-simense, compacto y resistente, en maceta estándar. Los cuatro perdonan un olvido de riego y una humedad ambiental mediocre.

Nivel medio. Davallia, sencilla en cultivo pero exigente en forma de recipiente: cestilla o cuenco ancho, rizoma por encima del sustrato. Asplenium nidus, en maceta estándar con mezcla epífita, regado por el borde y nunca en el embudo. Nephrolepis, en cesta colgante y con trasplante frecuente por culpa de los estolones. Microsorum pustulatum o Phymatosorus, en cuenco ancho.

Para quien ya tiene condiciones. Adiantum raddianum, que necesita humedad alta constante y agua blanda, en maceta pequeña y ambiente cerrado. Platycerium bifurcatum, que en realidad no quiere maceta sino tabla de corcho y riego por inmersión. Didymochlaena truncatula y Asplenium bulbiferum, ambos muy sensibles a la sequedad del aire.

Trasplante: cuándo y cómo

Las señales son tres: raíces asomando por los agujeros de drenaje, agua que atraviesa la maceta sin retenerse porque ya no queda sustrato, y frondes nuevas cada vez más pequeñas que las del año anterior. La época es el final del invierno o el arranque de la primavera, antes de que se desplieguen los báculos nuevos.

Se saca el cepellón, se afloja la superficie exterior con los dedos sin destrozar la raíz —los helechos no agradecen que se les descalce a fondo— y se recolocan las coronas a la misma profundidad que tenían. Los rizomas peludos de Davallia o Phlebodium se dejan encima, apoyados y sujetos con una horquilla si hace falta, jamás cubiertos. Y después del trasplante, dos semanas de sombra y riego moderado antes de volver a la rutina normal.

En resumen

La forma de la maceta se decide por el rizoma: recipiente ancho y bajo para los de rizoma rastrero y raíz superficial, y maceta de proporciones normales o algo profunda para los de corona erecta, siempre con el punto de crecimiento a ras. Se sube de tamaño de tres en tres o cuatro en cuatro centímetros, sin grava de fondo, que perjudica el drenaje en lugar de mejorarlo. El sustrato universal solo se compacta e hidrofoba, así que se mezcla con perlita o pumita y corteza fina hasta obtener un medio poroso, y se renueva cada dos años. El riego por inmersión moja el cepellón entero y salva los que se han secado y repelen el agua; con regadera hay que regar lento y en varias pasadas. La humedad se gestiona con doble maceta rellena de esfagno, bandeja de arlita o campana para los delicados, y alejando el contenedor de radiadores y aparatos de aire. En exterior conviene proteger la maceta del hielo en invierno y del recalentamiento lateral en verano.


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