Viene envuelto en celofán, con un lazo, y la maceta de plástico metida dentro de un cubremacetas cerámico sin agujero. Así llega a casa la mayoría de los Kalanchoe blossfeldiana, y las dos primeras decisiones —quitar el envoltorio y sacar la maceta de dentro del cubremacetas— determinan si la planta dura ocho semanas o quince años. Esta guía es la del ejemplar de maceta: qué hacer el primer día, cómo regarlo, cómo rehacerlo cuando se pasa la flor y cómo multiplicarlo.
El género en conjunto, con sus especies de hoja, sus vivíparas y el mecanismo fotoperiódico que explica por qué no vuelve a florecer, está tratado en otro artículo de la web.
El día que llega a casa
Cinco operaciones, ninguna complicada, todas en los primeros diez minutos.
Fuera el celofán, el papel metalizado y el lazo. Ese envoltorio cierra la base de la maceta como un vaso. El agua sobrante no escurre, se queda ahí y el cuello de la planta pasa varios días mojado. Es la causa más habitual de que un kalanchoe recién comprado se ablande por abajo en dos semanas.
Comprobar qué hay bajo la maceta. Si va dentro de un recipiente decorativo sin drenaje, hay que sacarla, vaciar lo que haya y devolverla apoyada sobre dos o tres piedras o un platito invertido, de modo que quede una cámara de aire. La alternativa es regar siempre fuera y devolverla escurrida.
Tantear el peso. Las plantas de invernadero llegan con el sustrato empapado. Levantar la maceta el primer día y volver a levantarla dos días después enseña, sin más instrumentos, cómo pesa mojada y cómo pesa seca. Ese gesto sustituye a cualquier calendario de riego.
Elegir sitio. El más luminoso de la casa que no reciba sol directo de mediodía a través del cristal: junto a una ventana al este, o a medio metro de una al sur en invierno. Lejos del radiador, que reseca y acorta la flor, y fuera de la corriente de la puerta de entrada y del chorro del aire acondicionado.
No trasplantar todavía. Una planta en plena floración que se cambia de maceta detiene la flor y pierde botones. El trasplante espera a la primavera. Lo mismo vale para el abono: en floración no hace ninguna falta.
Temperatura cómoda entre 15 y 22 °C. Cuanto más fresca la habitación, más semanas dura la flor: en un salón a 24 °C con calefacción, las inflorescencias se pasan en cuatro o cinco semanas; en un dormitorio a 16 °C llegan a diez o doce.
Regar sin mojar la roseta
El kalanchoe de flor tiene una arquitectura que castiga el riego con regadera. Las hojas gruesas nacen opuestas y muy juntas en la parte alta del tallo, formando una copa apretada, y de ahí sale el ramillete de flores. El agua vertida por arriba se queda embalsada en esas axilas y sobre las corolas. Dos consecuencias: las flores mojadas se manchan y se cubren de moho gris (Botrytis cinerea) en pocos días, y el agua retenida en el cuello reblandece el tallo y abre la puerta a la podredumbre bacteriana. La planta no muere por sed, muere por agua puesta en el sitio equivocado.
El método sencillo es la inmersión parcial:
Se llena un barreño o el fregadero con tres o cuatro centímetros de agua a temperatura ambiente. Se mete la maceta —la de plástico, con sus agujeros— y se deja de ocho a quince minutos, hasta que la superficie del sustrato se oscurezca por capilaridad. Se saca, se deja escurrir sobre el escurreplatos otros veinte minutos y se devuelve a su sitio. Nada de sumergir la maceta entera ni de dejarla en remojo media hora: eso desplaza todo el aire del sustrato.
Cuándo repetir: cuando el sustrato esté seco en los dos tercios superiores. Se comprueba con el dedo, con un palillo de brocheta clavado hasta el fondo —sale limpio y seco si toca regar, con partículas pegadas si no— o por peso. Como orden de magnitud, en un piso con calefacción en enero suele tocar cada 12 o 15 días; en primavera dentro de casa, cada 8 o 10; y en verano en terraza, cada 4 o 6. Estas cifras se ajustan, no se obedecen.
Si prefieres regar por arriba, se puede, con una regadera de pitorro largo y fino y dirigiendo el chorro al borde de la maceta, en el arco donde no hay hojas. Es más rápido y más fácil de estropear.
El agua muy calcárea deja costras blancas en el borde de la maceta y sube el pH del sustrato con el tiempo. Agua de lluvia o del grifo reposada es mejor, aunque esta planta no es especialmente sensible.
Sustrato y maceta
El sustrato de invernadero es turba fina con muy poco material grueso, pensado para que la planta llegue perfecta al punto de venta y no para que viva tres años en un salón. Retiene demasiada agua y, cuando por fin se seca del todo, se apelmaza y se vuelve hidrófobo: el agua resbala por el borde y sale por el agujero sin haber mojado nada.
La mezcla que va bien para el primer trasplante, en volumen:
Cinco partes de sustrato universal de calidad, tres de perlita gruesa o de puzolana de 3 a 6 mm, y dos de arena de río lavada o de gravilla fina. Sirve igual un sustrato comercial para cactus y crasas al que se añade un tercio de universal, porque los preparados para cactus solos se secan demasiado deprisa para una planta que está en flor y transpira.
Sobre el recipiente: las raíces del kalanchoe son cortas y superficiales, así que un tiesto ancho y bajo funciona mejor que uno estrecho y profundo, donde el fondo se queda encharcado. El barro cocido ayuda en zonas húmedas —Galicia, cornisa cantábrica— porque evapora por la pared; el plástico es preferible en el interior seco, donde el barro obliga a regar cada tres días en verano. Y el salto de tamaño al trasplantar es de dos o tres centímetros de diámetro, no más: una planta pequeña en una maceta grande vive rodeada de sustrato mojado que ella no consume.
Quitar la flor pasada, y hacerlo pronto
Cada inflorescencia es una cima ramificada con decenas de florecillas que no se abren a la vez. La cabeza entera puede estar tres semanas presentable con la mitad de las flores ya secas.
La rutina útil es semanal: repasar con los dedos y arrancar las corolas marchitas una a una, y cuando en un ramillete queden menos de un tercio de flores abiertas, cortar el pedúnculo completo. El corte se hace justo por encima del primer par de hojas sanas por debajo del ramillete, con tijera limpia. De ese par de hojas saldrán dos brotes nuevos.
Hay dos razones para no dejar que se seque todo antes de intervenir. La primera es sanitaria: los pétalos secos caen sobre las hojas, se pegan con la humedad y son el punto de entrada del moho gris, que desde ahí pasa a la hoja viva. La segunda es de vigor: mientras haya restos florales la planta sigue invirtiendo en ellos en lugar de emitir brotes.
Si aparece una pelusa gris sobre una hoja o una flor, se retira el órgano afectado con tijera, se ventila la habitación y se espacia el riego. Es un hongo de ambiente cerrado y húmedo, y se controla con aire antes que con producto.
El pinzado que rehace la mata
Terminada la floración, hacia marzo o abril, la planta suele estar alta, con los tallos desnudos por abajo y un penacho de hojas arriba. Sin intervención seguirá estirándose y en dos años será una planta desgarbada de tallos leñosos. Con intervención vuelve a ser una mata compacta en una sola temporada.
La poda de renovación es más drástica de lo que la gente se atreve a hacer: se corta toda la planta a un tercio o a la mitad de su altura, dejando entre 8 y 12 centímetros de tallo con al menos dos o tres pares de hojas o de cicatrices foliares. El corte va un centímetro por encima de un nudo, en ángulo, con tijera desinfectada. La planta queda fea una semana y a los diez o quince días empieza a brotar por todos los nudos, dos brotes por nudo.
El material que se retira no se tira: son los esquejes del apartado siguiente.
Un mes después del corte, cuando los brotes nuevos midan 8 o 10 centímetros, conviene un segundo pinzado ligero, esta vez solo la punta de cada brote, con las uñas. Duplica otra vez la ramificación y es lo que da la mata redonda y densa.
El límite temporal importa: a partir de finales de julio no se pinza más. Los brotes necesitan unas seis u ocho semanas de crecimiento para tener madera y yemas capaces de responder a la señal de floración que llega con las noches largas de otoño. Un pinzado en septiembre deja a la planta sin floración ese invierno.
Trasplante
Cada dos años, en abril, unas dos semanas después de la poda de renovación, cuando ya se ven brotes nuevos y la planta está en crecimiento activo.
Se saca el cepellón entero y se examina. Si las raíces dan vueltas pegadas a la pared del tiesto, se deshace con los dedos el tercio inferior y se cortan las que estén enrolladas en espiral; si el cepellón se desmorona y huele a cerrado, hay raíz podrida y hay que retirar todo lo blando y oscuro con tijera hasta llegar a tejido blanco. Se sacude buena parte de la turba vieja, sobre todo si está compactada.
Se replanta a la misma profundidad exacta a la que estaba. Enterrar el tallo un par de centímetros «para que aguante mejor» es lo que provoca la podredumbre del cuello unos meses después: en las crasuláceas el tallo enterrado no emite raíces de refuerzo, se pudre.
Después del trasplante, tres o cuatro días sin regar, para que las heridas de las raíces cicatricen. Luego, riego normal por inmersión. Y nada de abono hasta pasadas seis semanas: el sustrato nuevo trae reservas y el fertilizante sobre raíz recién cortada quema.
Esquejes de hoja y de tallo
Es una planta que se regala mucho porque se multiplica sola con dos gestos. La época buena va de abril a julio, con temperatura entre 20 y 25 °C.
Esqueje de tallo. Es el fiable y el que hay que usar. De los trozos que salen del pinzado se eligen puntas de 6 a 9 centímetros, sanas y no floridas. Se quitan los dos pares de hojas inferiores tirando de ellas hacia abajo. Se dejan sobre un papel, a la sombra y con aire, entre dos y cuatro días, hasta que el corte forme una película seca; este paso no se salta, porque un esqueje fresco clavado en sustrato húmedo se pudre por la base. Después se hincan dos o tres centímetros en un vaso con mezcla mineral —perlita y arena, o sustrato de cactus— apenas humedecida, en luz clara sin sol directo. Nada de bolsa de plástico ni de campana: el exceso de humedad ambiental es contraproducente en una suculenta. Se riega muy poco, un pulverizado cada cuatro o cinco días. Enraíza en dos o tres semanas, y se nota porque al tirar suavemente ofrece resistencia.
Esqueje de hoja. Más lento y más caprichoso, sobre todo en los cultivares de flor doble. Se toma una hoja madura, entera, con su pecíolo completo, tirando de lado para que salga limpia del nudo. Se deja secar dos o tres días igual que el anterior y se clava el pecíolo un centímetro en la mezcla, con la hoja inclinada y apoyada en el borde del recipiente. Emite raíces en tres o cuatro semanas y una plantita en la base a las ocho o diez. La hoja madre se consume después y se retira cuando esté blanda.
Un esqueje de tallo tomado en abril o mayo da una planta de tamaño de venta ese mismo otoño, capaz de florecer el invierno siguiente.
Plagas y achaques frecuentes
Cochinilla algodonosa (Planococcus citri, Pseudococcus spp.). Es el enemigo número uno de esta planta en interior. Se instala precisamente donde no se mira: en el ángulo entre la hoja y el tallo y en la cara de abajo de las hojas apretadas. Se ve como pequeñas motas de algodón y deja la hoja pegajosa. En focos pequeños, un bastoncillo mojado en alcohol de 70° tocando insecto por insecto. En infestación extendida, jabón potásico a la dosis de la etiqueta cada siete días, tres o cuatro veces, pulverizado con la planta a la sombra y llegando bien al envés y a las axilas; conviene proteger las flores abiertas, que se manchan.
Pulgón. Aparece en primavera en los pedúnculos florales y en los brotes tiernos, casi siempre en plantas que han salido a la terraza. Un chorro de agua a presión moderada retira la mayor parte, y el jabón potásico resuelve el resto. Vigila la presencia de hormigas subiendo por la maceta, que es el aviso.
Mosca blanca. Llega con la planta desde el invernadero y se detecta al mover el follaje, cuando levanta el vuelo una nube de mosquitas blancas. Trampas cromáticas amarillas junto a la maceta más tratamiento con jabón o aceite de neem en el envés, repetido cada cinco días durante tres semanas porque los huevos van eclosionando escalonadamente.
Trips. Menos frecuente. Da flores deformadas que no abren bien y un rayado plateado en el pétalo, con puntitos negros de excrementos. Trampas azules y eliminación de las inflorescencias afectadas.
Oídio. En otoño, con días cálidos y noches frescas, puede salir un fieltro blanco harinoso sobre el haz. Se retiran las hojas más afectadas, se ventila, se evita mojar el follaje y, si insiste, azufre mojable aplicado por debajo de 28 °C.
Y los tres desórdenes que no son plaga:
Tallos largos con las hojas muy separadas y de color verde pálido: falta de luz. Se corrige con el pinzado y cambiando la planta de sitio, no con abono.
Base del tallo oscura y blanda, hojas inferiores que se desprenden al tocarlas: exceso de agua o cuello enterrado. Si el daño está empezando, se corta la parte alta sana y se enraíza como esqueje; el cepellón viejo se descarta.
Borde de la hoja rojizo o cobrizo: es una respuesta normal a la luz intensa y al fresco, no un síntoma. Muchos aficionados la buscan a propósito.
Calendario de doce meses
Enero. Plena floración. Inmersión cada 12 a 15 días. Habitación fresca, entre 15 y 20 °C, lejos del radiador. Repaso semanal de flores marchitas. Sin abono.
Febrero. Igual. Empieza a alargarse el día y la planta pide algo más de luz; acercarla a la ventana. Vigilar la cochinilla, que en invierno prospera con la calefacción.
Marzo. Última tanda de flores. Se cortan los pedúnculos agotados a medida que se pasan. Se aumenta ligeramente la frecuencia de riego.
Abril. Mes de trabajo. Poda de renovación a un tercio o la mitad. Esquejes con el material cortado. Dos semanas después, trasplante si toca. Primer abono, líquido para cactáceas o equilibrado, a media dosis, solo en plantas no trasplantadas.
Mayo. Salida a la terraza cuando las noches se mantengan por encima de 10 °C, aclimatando durante dos semanas: primero a la sombra, luego con sol de mañana. Un cambio brusco quema las hojas. Pinzado de los brotes nuevos.
Junio. Crecimiento fuerte. Riego cada cinco o siete días según insolación. Abono cada tres semanas a media dosis. Segundo pinzado ligero si hace falta.
Julio. Sombra en las horas centrales en el interior peninsular y en el sur; el sol de las tres de la tarde en agosto quema el follaje de una planta que ha invernado en casa. Riego más frecuente. Último pinzado antes de que acabe el mes.
Agosto. Máximo consumo de agua. Revisión de plagas cada semana. Nada de podar.
Septiembre. Última aplicación de abono a comienzos de mes, y a partir de ahí se suspende para que la planta madure los tejidos. El riego empieza a espaciarse.
Octubre. Mes clave si se quiere flor. Empieza el tratamiento de noches largas, con la planta a oscuras completas desde el atardecer hasta la mañana. Entrada en casa antes de que las mínimas bajen de 8 °C.
Noviembre. Continúa el tratamiento hasta que se vean los botones. Riego muy espaciado, cada 15 o 20 días. Ninguna manipulación de raíz.
Diciembre. Botones a la vista, se vuelve a la ubicación luminosa habitual. Se reanuda el riego normal. Habitación fresca para que la flor dure.
En resumen
Al kalanchoe de regalo se le quita el celofán y se le saca del cubremacetas el primer día, y no se trasplanta ni se abona mientras esté en flor. Se riega por inmersión en tres o cuatro centímetros de agua durante diez o quince minutos, cuando el sustrato esté seco en dos tercios, porque el agua vertida sobre la roseta se queda en las axilas y en las corolas y provoca moho gris y podredumbre del cuello. El sustrato de invernadero se sustituye en primavera por una mezcla con un cuarenta por ciento de material grueso, en tiesto ancho y bajo, plantando siempre a la misma profundidad. Las inflorescencias se cortan por encima del primer par de hojas cuando quedan pocas flores abiertas, y en marzo o abril se corta la planta entera a la mitad: de ahí salen la mata compacta del año siguiente y los esquejes. Estos, de tallo mejor que de hoja, se dejan cicatrizar dos o tres días antes de clavarlos en mezcla mineral apenas húmeda y sin cubrir. La cochinilla algodonosa en las axilas es la plaga habitual; los tallos largos y pálidos son falta de luz y el borde rojizo de la hoja no es un problema. Y el pinzado se termina en julio, porque después la planta necesita tiempo para preparar la floración.