Mire una aulaga en pleno agosto: no tiene una sola hoja y, sin embargo, sigue verde. El truco está en las ramas, que han asumido la fotosíntesis y permiten a la planta prescindir de superficie foliar justo cuando evaporar agua sale más caro. Esa solución define al género Genista, un grupo de arbustos espinosos o escobiformes de flor amarilla que sostiene buena parte del matorral ibérico y que en el jardín seco funciona bien, siempre que se entienda una limitación suya que resulta letal si se ignora.

Genista scorpius o aliaga en plena floración amarilla

Cómo son

El género agrupa cerca de un centenar de especies repartidas por Europa, el norte de África y Asia occidental, de las cuales una treintena vive en la península ibérica. Son leguminosas, y su flor lo delata: corola papilionada, con un pétalo superior ancho llamado estandarte, dos laterales en forma de alas y dos inferiores soldados formando la quilla, siempre en amarillo, del limón al dorado. El fruto es una legumbre que al secarse se abre de golpe con un chasquido y proyecta las semillas a varios metros.

La parte vegetativa es donde está la adaptación interesante. Las hojas son simples o trifoliadas, pequeñas, y en muchas especies caen pronto o directamente no llegan a desarrollarse; el trabajo lo hacen los tallos, verdes, estriados, a veces aplanados y con alas, cargados de clorofila. Numerosas especies transforman además ramillas en espinas rígidas y ramificadas, lo que las protege del diente del ganado y les da ese aspecto de zarza rígida que se clava.

Las especies ibéricas que se ven más

Genista scorpius, la aliaga o aulaga, es la más extendida del interior: muy espinosa, de medio metro a dos, sobre suelos calizos y secos de Aragón, ambas Castillas, La Rioja, Navarra y Cataluña. En marzo y abril las laderas se vuelven amarillas por su culpa.

Genista hispanica, aliaga de España, forma cojines densos y espinosos en el cuadrante nororiental, y sus formas compactas se cultivan como planta de rocalla.

Genista hirsuta, la ahulaga morisca, cubre jarales y suelos degradados del suroeste, con las ramas y las legumbres cubiertas de pelo largo.

Genista florida, el escobón o piorno serrano, es inerme —sin espinas— y llega a los tres metros, con ramas sedosas plateadas; forma los piornales del Sistema Central y del noroeste sobre suelo silíceo.

Genista cinerea, retama de olor, de flores perfumadas y ramas grisáceas, prospera en calizas del este y del sur.

Genista tinctoria, la retama de tintoreros, se usó durante siglos para teñir de amarillo; de ella tomó su nombre la genisteína, un compuesto muy estudiado. Y en Canarias hay endemismos notables como Genista benehoavensis, exclusiva de La Palma.

Papel en el matorral y en el suelo

Los aulagares y piornales ocupan terrenos donde el bosque ha desaparecido por incendios, roturaciones o pastoreo secular. Lejos de ser una degradación estéril, cumplen funciones concretas: sujetan el suelo en pendiente, moderan la temperatura superficial, dan refugio y alimento a perdiz, conejo y numerosos paseriformes, y actúan como planta nodriza al amparo de la cual germinan encinas y quejigos que a campo abierto no prosperarían.

Añaden además nitrógeno al sistema. Como leguminosas, sus raíces alojan bacterias del género Bradyrhizobium que fijan nitrógeno atmosférico, de modo que enriquecen paulatinamente terrenos esqueléticos. Y en la escala del año, su floración temprana y masiva sostiene a las colmenas al final del invierno, cuando poco más hay abierto.

En el jardín seco

Las genistas encajan en jardines mediterráneos sin riego, taludes, bordes de camino y rocallas. Las espinosas sirven además como barrera disuasoria en linderos.

Exposición y suelo. Sol sin restricciones. Suelo con drenaje rápido, pobre, pedregoso, y el pH según especie: G. scorpius y G. cinerea para calizas, G. florida y G. hirsuta para suelos ácidos. Ninguna soporta un terreno que se encharque.

Plantación. Aquí conviene ser meticuloso, porque estas plantas desarrollan una raíz pivotante profunda y detestan que se les toque el cepellón. Se plantan ejemplares jóvenes, de contenedor pequeño, en otoño, para que enraícen con las lluvias de invierno. Un ejemplar grande trasplantado tiene muchas papeletas de no arrancar, y trasplantar uno ya instalado en el jardín es directamente perder la planta.

Riego y abonado. Riegos de instalación durante el primer verano, y a partir de ahí nada, salvo sequías extraordinarias. Nitrógeno, ninguno: lo fabrica ella, y el exceso produce ramas largas, blandas, mal lignificadas, que se tumban con el primer viento y florecen menos.

Frío. Las de montaña, como G. florida, aguantan quince grados bajo cero; las mediterráneas de costa, bastante menos.

La poda que las mata

El fallo que acaba con más genistas de jardín es meter la tijera donde no se puede. Estas plantas no reponen yemas en la madera vieja, esa parte interior gruesa, gris y sin verde. Un corte por debajo de la zona de brotes del año deja un muñón que no rebrota jamás; hacerlo en varias ramas equivale a matar el arbusto poco a poco, y hacerlo en toda la mata para «rejuvenecerla» la mata del todo.

El manejo correcto es preventivo y ligero. Nada más caer las flores se repasa la superficie del arbusto rebajando unos centímetros, siempre por zona verde y con hojas o ramillas del año, para que la mata mantenga la densidad y no se abra por el centro. Con ese repaso anual la planta se conserva compacta durante años. Si se ha dejado envejecer y ya está desnuda por dentro, no hay reparación posible: se sustituye. La vida útil ornamental de una genista ronda los diez o quince años, y lo sensato es plantar reemplazos escalonados en lugar de intentar resucitar las viejas.

Multiplicar es fácil por semilla si se rompe la dureza de la cubierta: un escaldado breve en agua caliente dejando enfriar, o una raspadura de la testa con lija, y siembra en otoño en maceta profunda. Los esquejes semileñosos de verano arraigan con hormona y calor de fondo, con porcentajes irregulares.

Genista, Cytisus, Retama y Spartium: quién es quién

Los nombres populares —retama, hiniesta, escoba, aulaga, piorno— saltan de un género a otro y generan confusión. Estas claves separan los cuatro grupos en el campo:

Genista: con frecuencia espinosa, hojas simples o trifoliadas muy reducidas, ramas verdes estriadas o aladas, legumbre con semillas sin apéndice o con uno diminuto.

Cytisus: nunca espinosa, hojas casi siempre trifoliadas, y un carácter decisivo en la semilla, que lleva un apéndice carnoso bien visible llamado estrofíolo. Aquí entran la escoba negra Cytisus scoparius y los piornos de flor blanca C. multiflorus.

Retama: arbusto grande de ramas colgantes, cilíndricas y de aspecto blanquecino, sin hojas en la floración, con flores pequeñas y fruto indehiscente que suele llevar una sola semilla. R. sphaerocarpa es la retama amarilla del interior; R. monosperma, la blanca de arenales del suroeste.

Spartium junceum: una sola especie, la gayomba, inconfundible por sus tallos lisos, cilíndricos y flexibles como juncos, y por unas flores grandes de perfume muy intenso, con el cáliz partido por un solo lado a modo de espata.

Toxicidad

Conviene tenerlo presente antes de plantarlas donde haya niños o animales. Varias especies de este grupo de leguminosas contienen alcaloides quinolizidínicos —citisina, esparteína, lupanina y afines—, concentrados sobre todo en semillas y partes verdes. Son sustancias tóxicas por ingestión que afectan al sistema nervioso y al aparato digestivo, y la intoxicación cursa con náuseas, vómitos, mareo y, en casos graves, alteraciones cardiacas o convulsiones. El mismo grupo de compuestos explica la peligrosidad reconocida de la gayomba y del falso ébano o Laburnum anagyroides.

Las precauciones son de sentido común: no consumir ninguna parte de la planta, no emplear sus ramas como pinchos o brochetas para cocinar, evitar que el ganado pastoree brotes tiernos en cantidad y retirar las legumbres maduras si hay niños pequeños en el jardín. Ante una ingestión accidental, hay que llamar al Servicio de Información Toxicológica o acudir a urgencias, llevando consigo una muestra de la planta.

En resumen

Genista reúne arbustos ibéricos de flor amarilla papilionada que fotosintetizan por las ramas y reducen o pierden la hoja para ahorrar agua, con especies para caliza —G. scorpius, G. cinerea— y para suelo ácido —G. florida, G. hirsuta—. En el matorral fijan nitrógeno, sujetan el suelo y sostienen las colmenas de finales de invierno; en el jardín seco piden sol, drenaje, ningún abono y planta joven en contenedor pequeño, porque el trasplante de ejemplares grandes falla. La regla que no admite excepción es no cortar por madera vieja sin brotes, que no rebrota: solo un recorte superficial anual tras la floración. Se distinguen de Cytisus por la semilla sin estrofíolo, de Retama por las ramas no colgantes y de Spartium por los tallos no juncoides. Y contienen alcaloides tóxicos por ingestión, así que no se comen ni se usan en la cocina.


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