Basta una brisa floja para que una mata de gaura se ponga entera en movimiento. Los tallos son tan finos y tan largos que oscilan con casi nada, y como las flores se sostienen en el extremo, lo que se ve desde lejos es una nube de puntos blancos o rosados temblando sobre el follaje. De ahí el nombre popular de flor de mariposa, y de ahí su utilidad para llenar huecos: pocas plantas ocupan tanto volumen visual con tan poca materia.
Un cambio de nombre que conviene tener claro
La planta se catalogó durante más de un siglo como Gaura lindheimeri, y ese nombre sigue impreso en la mayoría de las etiquetas de vivero. La revisión del género la incorporó a las onagras, de modo que su nombre aceptado hoy es Oenothera lindheimeri. Es la misma planta y el nombre viejo funciona como sinónimo, así que no hay riesgo de confusión al comprarla.
Es una vivaz herbácea de base semileñosa originaria del sur de Estados Unidos, en concreto de las praderas de Texas y Luisiana, donde crece en suelos arenosos y bien drenados. Forma una mata de tallos ramificados de sesenta centímetros a metro y medio, con hojas lanceoladas, estrechas, a menudo salpicadas de manchas rojizas. Cada flor mide dos o tres centímetros, tiene cuatro pétalos dispuestos de forma asimétrica hacia arriba y un ramillete de estambres largos y curvos; abre por la mañana, dura un día y va tomando un tono rosado antes de caer. La sucesión es lo que sostiene el efecto: mientras unas caen, otras se abren, todos los días desde mayo.
Cinco meses de flor sin intervención
La floración arranca en mayo y llega a octubre, y en el litoral mediterráneo puede alargarse hasta las primeras heladas de noviembre. No necesita el despuntado de flores marchitas que exigen otras vivaces, porque las flores se desprenden solas y los pedicelos finos no afean. Lo único que hace falta para que el ciclo no se interrumpa es sol y que la planta no sufra por exceso de agua.
Prospera a pleno sol. Con menos de cinco o seis horas de luz directa produce menos flor, alarga los tallos y termina tumbándose sobre las plantas vecinas. El suelo puede ser francamente pobre —arenoso, pedregoso, calizo, ácido, le da igual— y en tierras muy fértiles crece más blanda y menos compacta. Una vez asentada, después del primer verano, resiste la sequía con soltura gracias a una raíz pivotante que profundiza bastante; en maceta esa reserva no existe y hay que regar de verdad en julio y agosto.
Lo que la mata es el invierno mojado
Conviene ser explícito con esto porque explica casi todas las pérdidas. La gaura soporta el frío: en suelo seco aguanta sin daño mínimas de -10 °C, e incluso algo más, rebrotando en primavera desde la corona. Lo que no soporta es el agua estancada alrededor del cuello durante los meses fríos. En un suelo arcilloso que se satura con las lluvias de noviembre a febrero, la corona se pudre y en marzo no brota nada, aunque el invierno haya sido suave.
La solución es de plantación, no de riego. En terrenos pesados se planta sobre caballón o talud elevado, quince o veinte centímetros por encima del nivel general, y se mezcla grava o arena gruesa en el hoyo. El acolchado se mantiene apartado del cuello, y si se usa, mejor mineral —gravilla, picón— que corteza, que retiene humedad justo donde no interesa. En jardines de suelo imposible, la maceta grande con sustrato drenante da excelente resultado. Y como la raíz es pivotante, la planta se resiente mucho del trasplante: se coloca donde va a quedarse, preferiblemente en primavera.
El recorte de mitad de temporada
Hacia julio, y sobre todo en los cultivares altos, la mata se abre por el centro, los tallos se doblan hacia fuera y la flor queda solo en las puntas, con la base desnuda y algo amarillenta. La respuesta es un recorte severo: se rebaja el conjunto a la mitad o a un tercio de su altura, con tijera de setos si hace falta, sin miedo a dejar la planta reducida a un cepillón de tallos.
La reacción es rápida. En dos o tres semanas rebrota desde los nudos bajos y vuelve a florecer, esta vez más compacta y con mejor porte, hasta el otoño. Puede hacerse en cualquier momento entre finales de junio y principios de agosto; más tarde no da tiempo a que la segunda ola cuaje. La poda de invierno, en cambio, se retrasa al final de la estación fría: se dejan los tallos secos como protección de la corona y en febrero o marzo se corta todo a diez o quince centímetros del suelo.
Especie alta o cultivares compactos
La forma típica supera el metro y tiene un porte deliberadamente desgarbado que funciona en plantaciones amplias, entre gramíneas o al fondo de una bordura, pero desborda un arriate pequeño. La selección hortícola ha producido variedades más manejables: 'Whirling Butterflies', blanca y de unos noventa centímetros, con floración muy densa; 'Siskiyou Pink', de flor rosa fuerte y follaje teñido, alrededor de setenta; 'Rosyjane', bicolor con borde rosa; y las series enanas de semilla que se quedan en cuarenta o cincuenta centímetros y sirven para maceta y jardinera.
Hay una contrapartida que conviene conocer: los cultivares compactos suelen ser menos longevos y más exigentes con el drenaje que la especie, de manera que en un jardín difícil compensa plantar la forma alta y controlarla con el recorte de verano.
Vivaz de vida corta que se renueva sola
Una gaura no es una planta para veinte años. En condiciones normales da tres o cuatro temporadas buenas y luego decae, con menos tallos y flor más escasa; en suelo húmedo, menos. No es un fallo de cultivo, es su estrategia: crecer deprisa, florecer sin parar y dejar semilla.
Precisamente ahí está la manera fácil de mantenerla en el jardín. Si se le deja algo de suelo abierto alrededor, se resiembra por sí sola y aparecen plántulas que sustituyen a la madre sin que haya que hacer nada. Un matiz importante: esas plántulas revierten al tipo silvestre, alto y de flor blanca, porque los cultivares no se transmiten fielmente por semilla. Quien quiera conservar un 'Siskiyou Pink' concreto ha de propagarlo por esqueje semileñoso a finales de verano, cortando puntas de doce centímetros sin flor. La división de mata, en cambio, no funciona bien por culpa de la raíz principal, y suele terminar con las dos porciones muertas.
De plagas apenas hay nada que reseñar: algún pulgón en los brotes de primavera, babosas en el rebrote de marzo y oídio en plantaciones apretadas y sin ventilación, que es otro argumento a favor de darle espacio.
En resumen
Oenothera lindheimeri, la antigua Gaura lindheimeri, es una vivaz de porte aéreo y floración continua de mayo a octubre, apta para cubrir superficies con poco riego y poco mantenimiento. Necesita pleno sol y, sobre todo, un suelo que drene durante el invierno: el encharcamiento en la estación fría, y no el frío, es la causa habitual de que no rebrote. Un recorte a media temporada la rejuvenece y provoca una segunda floración compacta. Los cultivares enanos sirven para maceta y arriate pequeño, la especie alta para masas amplias, y como vivaz de vida corta se mantiene en el jardín dejándola resembrar o renovándola por esqueje.