El nombre del género viene del griego gaster, estómago, y describe la flor: un tubo colgante de un par de centímetros, hinchado y rojizo en la base, verde y estrecho en la punta, que sale por decenas de una vara larga y arqueada. Esa flor es la firma botánica de las Gasteria, pero no es lo que las hace interesantes en el patio. Lo que las hace interesantes es que aguantan sombra donde el resto de las crasas se estropea.

Hojas de Gasteria disticha dispuestas en dos filas opuestas

Hojas en dos filas: el rasgo que las delata

Una Gasteria joven no forma roseta. Emite las hojas alternándolas a izquierda y derecha en un mismo plano, como las páginas de un libro abierto, de manera que la planta vista desde arriba es una línea y no un círculo. Ese ordenamiento se llama distiquia y es la forma más rápida de distinguirlas de una haworthia o de un aloe pequeño. Con los años, y según la especie, muchas abandonan la disposición en dos filas y van cerrando el ángulo hasta acabar en una roseta apretada; la planta adulta y la juvenil pueden parecer entonces dos cosas distintas.

Las hojas son gruesas, correosas y de punta redondeada o con un pico romo, casi siempre verde oscuro con salpicaduras claras y con frecuencia ásperas al tacto por unos tubérculos blanquecinos. Gasteria carinata var. verrucosa lleva ese granulado al extremo; Gasteria disticha conserva las dos filas toda su vida; Gasteria pulchra es más alargada y brillante; Gasteria bicolor var. liliputana no pasa de los diez centímetros y cabe en una maceta de café. Todas proceden del sur y el este de Sudáfrica, sobre todo del Cabo Oriental, donde no viven a pleno sol sino refugiadas entre matorral, bajo arbustos espinosos o en grietas de roca orientadas al sur.

Por qué funcionan en un patio a la sombra

Ese origen de sotobosque explica el comportamiento en cultivo. Una Gasteria vive bien con luz abundante pero indirecta: un patio interior con dos o tres horas de sol filtrado, el hueco bajo una pérgola, el suelo de una galería orientada al este. En interior aguanta a metro y medio de una ventana luminosa sin estirarse, cosa que no puede decirse de casi ninguna otra crasa de tamaño similar. Un aloe en ese mismo sitio alargaría el tallo, separaría las hojas y perdería la forma en un par de meses.

El límite está en el otro extremo. El sol directo de junio a agosto en el interior peninsular quema la hoja: primero aparece un tono rojizo o violáceo, que todavía es reversible, y después manchas secas de bordes marrones que ya no se recuperan. Si la planta ha invernado en un porche y va a salir en primavera, conviene acostumbrarla a lo largo de dos o tres semanas en vez de sacarla de golpe.

Tierra, maceta y agua

La raíz de las Gasteria es carnosa y superficial, por lo que agradecen macetas anchas y poco profundas antes que tiestos altos. La mezcla debe drenar en segundos: alrededor de la mitad de sustrato para cactáceas y la otra mitad de material mineral —picón, pómez, arena de sílice gruesa o gravilla de 3 a 6 mm—, siempre con agujero de desagüe y sin plato con agua debajo.

El riego se maneja por peso y por tacto, no por calendario. Se empapa la maceta hasta que sale agua por abajo y no se vuelve a regar hasta que el sustrato está seco en todo su volumen, lo que en un patio ventilado de julio pueden ser diez días y en marzo tres semanas. Por debajo de 10 °C la planta no consume agua: entre noviembre y febrero basta con un riego ligero al mes, o ninguno si está en el exterior expuesta a la lluvia. Un abono de cactáceas muy diluido dos o tres veces entre abril y septiembre cubre la nutrición del año.

Multiplicación: aquí la hoja sí enraíza

Muchas crasas de roseta se resisten al esqueje de hoja o dan resultados irregulares. En Gasteria el procedimiento es fiable y merece la pena. Se elige una hoja sana de la parte baja y se separa con un giro seco hacia un lado, buscando que salga entera con su base blanca; una hoja partida por la mitad no sirve porque el tejido meristemático está justo en ese punto de inserción.

Después se deja la hoja a la sombra entre cinco y ocho días, hasta que la herida forma una costra dura. Se apoya luego sobre sustrato mineral apenas hundida un centímetro, en posición inclinada, y no se riega hasta ver raíces asomando, cosa que suele tardar de seis a diez semanas en primavera. Solo entonces se empieza a humedecer poco. La plantita nueva aparece en la base de la hoja madre y tarda un par de años en tener aspecto de algo. Quien tenga prisa puede separar los hijuelos que la planta emite en la base, que llevan raíz propia y siguen creciendo sin interrupción.

La mancha negra y otros problemas

El accidente típico del género son unas manchas oscuras, casi negras, hundidas, que aparecen en la cara de la hoja o en el punto donde una hoja se solapa con la siguiente. Las causan hongos oportunistas que prosperan cuando el agua queda estancada entre las hojas y el aire no se mueve: riegos por aspersión, una noche fresca y húmeda de otoño y poca ventilación bastan para desencadenarlo.

La prevención es sencilla: regar siempre al sustrato, nunca sobre la planta, y colocarla donde corra el aire. Las manchas ya formadas no desaparecen, quedan como cicatriz permanente, así que si afean mucho la solución es cortar la hoja entera desde la base con una hoja limpia. Un fungicida cúprico frena el avance si el brote es amplio, pero sin corregir el riego vuelve.

Aparte de eso, la cochinilla algodonosa se instala en las axilas de las hojas y en el cuello, donde no se ve; conviene mirar ahí cada vez que se riega. En cuanto al frío, tolera bajadas puntuales a 4 o 5 °C, pero no las heladas: en el litoral mediterráneo pasa el invierno fuera bajo un alero, y en el interior o en el norte hay que entrarla antes de las primeras noches por debajo de cero.

En resumen

Las Gasteria son crasas sudafricanas de hojas gruesas ordenadas en dos filas opuestas, que con la edad tienden a cerrarse en roseta, y de flores en forma de estómago que dan nombre al género. Su ventaja de cultivo es la tolerancia a la sombra: prosperan en patios sombreados e interiores donde otras suculentas se ahílan, siempre que el sustrato sea muy mineral y el riego espaciado y dirigido a la tierra. Se multiplican con facilidad por hoja entera bien cicatrizada y por hijuelos, y su problema recurrente es la mancha negra por hongos, que se evita no mojando el follaje y dándoles ventilación.


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