Conviene empezar corrigiendo la idea que da el título de esta página. Las Erica piden sol, sí, pero llamarlas poco exigentes es engañoso en buena parte de España: salvo dos o tres excepciones, el género es acidófilo estricto, y en el suelo calizo que domina la meseta, el valle del Ebro, La Mancha o el interior andaluz un brezo no vegeta mal, se muere. Antes de comprar uno, la pregunta útil no es cuánto sol le da el patio, sino qué pH tiene la tierra y qué cal lleva el agua del grifo.
Qué es un brezo y cuántos hay
Erica es un género de la familia de las ericáceas con más de ochocientas especies, la inmensa mayoría concentradas en la región del Cabo, en Sudáfrica. En Europa vive apenas una veintena, y en la península ibérica se encuentran alrededor de una docena. Todas comparten un aire de familia inconfundible: hojas muy pequeñas, aciculares, dispuestas en verticilos alrededor de ramillas finas, y flores diminutas en forma de urna, campana o tubo, agrupadas en cantidad.
La palabra brezo designa a la vez la planta y la formación vegetal. Un brezal es un matorral dominado por ericáceas sobre suelo silíceo, ácido y pobre, casi siempre lavado por lluvia abundante o degradado por incendios repetidos y pastoreo. Cubre grandes superficies en Galicia, la cornisa cantábrica, el oeste de Castilla y León, Extremadura y Sierra Morena. Ese es el contexto natural del género: acidez, drenaje y luz.
Las especies ibéricas y las de vivero
Conviene separar dos mundos que se venden bajo la misma etiqueta.
Las mediterráneas y atlánticas autóctonas son arbustos leñosos de vida larga, aptos para jardín seco si el suelo acompaña:
Erica arborea, el brezo blanco, es el gigante del grupo: alcanza de tres a siete metros, forma un tronco retorcido y se cubre de flores blancas perfumadas de febrero a mayo. Vive en encinares y alcornocales sobre sustrato silíceo de casi toda España.
Erica australis, el brezo rojo o brezo español, ronda el metro y medio o dos, y da una floración rosa purpúrea muy densa entre marzo y junio. Es la especie característica de los brezales del cuadrante occidental peninsular, y no admite ni un gramo de caliza.
Erica multiflora es la excepción que salva al género en el este peninsular: brezo mediterráneo de floración otoñal —de septiembre a diciembre—, rosa pálido, que crece sobre suelo calcáreo en garrigas de Cataluña, Comunidad Valenciana y Baleares. Si el terreno es calizo y se quiere un brezo, esta es la respuesta, junto con Erica terminalis, propia de arroyos de montaña bética y también tolerante a la cal.
Completan la lista E. scoparia, con la que se hacían escobas y setos rústicos; E. cinerea y E. vagans, atlánticas de porte bajo; E. tetralix, ligada a turberas encharcadas del norte; y E. umbellata y E. lusitanica, del oeste.
Las de vivero obedecen a otra lógica. En otoño llegan a los centros de jardinería macetas de Erica gracilis y Erica baccans, de origen sudafricano, vendidas como planta de temporada: son bonitas, floríferas y sensibles al frío, y raramente pasan del invierno en el exterior por debajo de los cero grados. Distinto es el caso de Erica carnea, alpina, resistente hasta unos veinte grados bajo cero y con cierta tolerancia a suelos neutros, y de sus híbridos Erica × darleyensis, que florecen en pleno invierno y funcionan bien en el tercio norte.
El sustrato: la condición que decide todo
El brezo necesita un pH de entre 4,5 y 6. Por encima de 7 el hierro y el manganeso del suelo pasan a formas que la raíz no puede absorber, y la planta amarillea entre los nervios de las hojas más jóvenes —clorosis férrica— antes de secarse por ramas. Ese cuadro no se arregla con abono; se arregla eligiendo bien el sitio o cambiando de especie.
En maceta, la mezcla adecuada lleva turba rubia ácida o fibra de coco lavada, corteza de pino compostada y un tercio de material grueso —arena silícea o perlita— para que drene deprisa. En suelo, si el terreno es ácido de origen, basta con incorporar materia orgánica poco descompuesta y asegurar que no se encharque. Si el terreno es calizo, acidificar un hoyo de plantación es un remedio temporal: el agua de riego y el agua freática vuelven a subir el pH en dos o tres años.
El sistema radicular explica el resto de los cuidados. Las raíces del brezo son finísimas, superficiales y asociadas a hongos micorrícicos especializados; exploran poco volumen y no aguantan que se sequen del todo. Por eso un acolchado de corteza de pino de cinco centímetros vale más que cualquier fertilizante.
Riego, sol y frío
La reputación de planta resistente a la sequía viene de verlos en el monte, donde llevan décadas instalados. Un brezo recién plantado es otra cosa: durante los dos primeros veranos hay que regarlo con regularidad, sin llegar al charco, y después mantener riegos de apoyo en las olas de calor. En maceta el margen de error es mínimo, porque un cepellón de turba que se seca del todo se vuelve hidrófobo y ya no se rehumedece con un riego normal; hay que sumergirlo.
El agua importa tanto como el suelo. Regar con agua dura, de más de unos 250 miligramos de carbonato cálcico por litro, acaba produciendo el mismo amarilleo que un terreno calizo. Donde el agua es dura, el agua de lluvia recogida resuelve el problema sin trucos.
Respecto a la exposición, las especies ibéricas quieren sol directo o media sombra clara; a la sombra se ahílan y florecen mal. En cuanto a rusticidad, E. arborea y E. australis aguantan sin daños hasta unos diez o doce grados bajo cero, E. multiflora algo menos, y las sudafricanas de maceta se dañan con la primera helada.
Problemas sanitarios propiamente dichos hay pocos. Lo que mata brezos es la asfixia radicular en suelo pesado, con Phytophthora aprovechando la humedad estancada, y la clorosis por cal. En planta de interior o invernadero pueden aparecer cochinilla algodonosa y araña roja cuando el ambiente es seco y caliente.
El recorte después de la floración
Los brezos florecen sobre madera del año, así que la tijera se pasa en cuanto se apagan las flores, y no en otro momento: podar en invierno o a principios de primavera equivale a eliminar la floración siguiente. El recorte correcto es superficial, se limita a rebajar las espigas marchitas y unos centímetros del brote verde, y busca mantener la mata compacta.
La regla que no debe saltarse es no entrar en la madera vieja, la parte interior sin hojas. Esas ramas carecen de yemas latentes y no rebrotan: un ejemplar rebajado hasta ahí queda con un hueco pelado que no se cierra nunca. Un brezo descuidado durante años, con el centro despejado y la vegetación solo en la punta, no tiene arreglo por poda; se sustituye. La excepción es Erica arborea, que sí rebrota de cepa después de un incendio o de un corte a ras, aunque el resultado tarda años en volver a tener forma.
Miel de brezo y madera de raíz
Dos aprovechamientos tradicionales explican por qué los brezales tuvieron valor económico mucho antes de que llegaran a los viveros.
El primero es melífero. El brezal aporta a las colmenas floraciones escalonadas: E. australis y E. arborea en primavera, E. multiflora en otoño, y el brezo común o Calluna vulgaris a finales de verano en el norte. La miel resultante es oscura, densa, de aroma intenso y ligeramente amargo, y en el caso de la de Calluna tiene una textura gelatinosa característica que obliga a extraerla por prensado. Es un producto de alto valor en Galicia, Asturias, León y Zamora.
El segundo es la madera de raíz. En la base del tronco de Erica arborea se forma con los años un ensanchamiento leñoso, un lignotúber que la planta emplea como reserva para rebrotar tras el fuego. Esa pieza, muy dura, densa y resistente al calor, es la materia prima clásica de las cazoletas de pipa: el llamado brezo de raíz, que en el comercio internacional se conoce por su nombre francés. Las mejores cepas proceden de matorrales viejos de Córcega, Cerdeña, Grecia y también de Extremadura y Andalucía occidental. Su extracción destruye la planta y hoy está regulada. Con la madera aérea de E. scoparia, más flexible, se fabricaban escobas y setos de ocultación.
En resumen
Las Erica son arbustos de sol, de hoja acicular y flor en urna, que exigen suelo ácido, drenaje y agua blanda: en terreno calizo no son plantas fáciles, sino inviables, salvo E. multiflora y E. terminalis, que sí toleran la cal. Las especies ibéricas —E. arborea, E. australis, E. scoparia— sirven para jardín seco sobre sustrato silíceo; las sudafricanas de maceta son planta de temporada. El riego debe ser regular los primeros veranos y con agua de lluvia si el grifo es duro, el acolchado es casi obligatorio, y el recorte se hace nada más terminar la floración sin llegar nunca a la madera desnuda. Como compensación, un brezal alimenta colmenas y produce una de las mieles más valoradas del país, y la cepa del brezo blanco es la madera con la que se tallan las pipas.