Elegir variedad de haba se vuelve sencillo en cuanto se entiende que el catálogo entero se ordena por el tamaño del grano, y que ese tamaño determina para qué sirve la cosecha. Grano grande y plano para comer en verde, grano mediano para secar, grano pequeño para el ganado y para el suelo.
Una especie, tres formas
Todas las habas cultivadas son Vicia faba, leguminosa anual de tallo cuadrangular hueco, hojas compuestas sin zarcillo y flores blancas con una mancha negra aterciopelada en las alas. Las diferencias entre tipos son de tamaño de semilla y de porte, no de especie.
La clasificación clásica reconoce tres grupos botánicos, que en la práctica son tres usos distintos:
Vicia faba var. major, el haba de grano grande. Semilla ancha, aplanada, de 2 a 3 cm de largo y más de 1,5 g por grano. Vainas largas, de 15 a 25 cm, con cuatro a siete granos. Es el haba de huerta, la que se recoge tierna para consumo en verde. Aquí entran Aguadulce y Muchamiel.
Vicia faba var. equina, el haba caballar o de grano medio. Semilla oval, más gruesa que plana, de en torno a 0,7 a 1,2 g. Vainas más cortas y más numerosas. Es el grupo del grano seco: se deja madurar en la mata, se trilla y se almacena para potajes, para pienso o para semilla. Aguanta mejor la sequía terminal que las de grano grande.
Vicia faba var. minor, el habín o haba menor. Semilla pequeña y casi esférica, por debajo de 0,6 g. Planta más baja, más ramificada y muy productiva en biomasa. Se destina a forraje y abono verde, y también a pienso molido. Es el tipo que se siembra en cubiertas de invierno y en mezclas con veza y avena.
Elegir mal el grupo garantiza la decepción: un habín sembrado para comer en verde da granos diminutos y duros, y un Aguadulce sembrado para secar rinde poco grano y madura tarde.
Variedades tradicionales españolas
Aguadulce. El haba de grano grande de referencia en España, con selecciones como Aguadulce supersimonia o Aguadulce de vaina larga. Mata vigorosa de 80 a 120 cm, vainas de hasta 25 cm con cinco a siete granos anchos y planos. Su precocidad la hace ideal para siembra otoñal en el sur y en el levante y para cosechar antes de que aprieten el calor y el pulgón.
Muchamiel. Originaria del Camp d'Alacant, de grano grande, algo más alargada que Aguadulce y muy apreciada por su textura tierna. Se cultiva sobre todo para verde y para consumo en fresco muy joven, en vaina entera. Bien adaptada al clima mediterráneo litoral.
Granadina. Variedad andaluza tradicional, de grano grande, vaina larga y planta alta. Comportamiento próximo a Aguadulce, con buena adaptación a la siembra de otoño en Andalucía.
Mahón blanca y Mahón morada. De grano medio a grande, con la Mahón morada distinguible por el tegumento oscuro del grano seco. Se han cultivado tanto para verde como para secar, y siguen presentes en huertas de Baleares y del este peninsular.
Reina Mora, Cuarentena, Habichuela de Cazorla y otras locales completan un patrimonio disperso que conservan bancos de germoplasma y redes de semillas. Merecen la pena porque están seleccionadas durante generaciones para un clima concreto, y ese ajuste no se compra en un sobre genérico.
En el grupo minor circulan variedades y poblaciones destinadas a forraje y cubierta, comercializadas a veces simplemente como haba forrajera o habín, y en el equina, tipos de grano seco cultivados en Castilla, Andalucía y el valle del Ebro.
Cuándo sembrar según la zona
El haba es cultivo de estación fresca. Germina bien con el suelo a 8 o 10 ºC, crece con temperaturas suaves y detiene su desarrollo por encima de 25 ºC, momento en que además cuaja mal. La fecha de siembra se decide en función de si el invierno de la zona permite tener la planta en el campo o la va a helar.
Sur peninsular, Andalucía, Extremadura, litoral mediterráneo y Canarias: siembra de octubre a noviembre. La planta crece despacio durante el invierno, florece a final de invierno y se cosecha en verde de marzo a mayo, antes del calor. Es el calendario que mejores producciones da.
Levante y áreas de invierno suave sin heladas fuertes: también otoño, de octubre a diciembre, con posibilidad de escalonar siembras cada tres semanas para prolongar la recolección.
Interior peninsular, ambas mesetas, valle del Ebro y zonas de montaña: final de invierno, de febrero a marzo, en cuanto el suelo sea laborable. Una siembra de otoño aquí expone la planta a heladas de -8 o -10 ºC que, aunque el haba tolera frío mejor que otras leguminosas, dañan las plantas ya desarrolladas y arruinan la floración temprana.
Norte atlántico: caben las dos fechas, con siembras de octubre a noviembre en zonas costeras y de febrero a marzo tierra adentro.
Se siembra directamente a golpes de dos o tres semillas, a 4 o 5 cm de profundidad, con 30 a 40 cm entre golpes y 50 a 70 cm entre líneas para las de grano grande. El trasplante no le sienta bien: tiene raíz pivotante y se resiente.
Nitrógeno y rotación
Como leguminosa, Vicia faba establece simbiosis con Rhizobium leguminosarum bv. viciae, bacterias que colonizan la raíz y forman nódulos donde reducen el nitrógeno atmosférico a formas asimilables. Un cultivo de habas bien nodulado fija cantidades muy relevantes de nitrógeno por hectárea, una parte del cual queda en el suelo con los restos de raíz y de parte aérea.
De ahí su papel en la rotación. Colocar habas antes de un cultivo exigente en nitrógeno, coles, patata, calabacín, maíz o cereal, reduce el aporte de abono necesario y mejora la estructura del suelo gracias a su raíz profunda. La condición para aprovecharlo es no abonar con nitrógeno: un suelo rico en nitratos desactiva la nodulación, porque a la planta le sale más barato tomarlo del suelo que alimentar bacterias. Fósforo y potasio sí se aportan si el análisis lo pide.
Al terminar, en lugar de arrancar la mata, conviene cortarla a ras y dejar las raíces en el suelo con sus nódulos. La parte aérea se puede incorporar o compostar. Sembradas como abono verde, las variedades minor se siegan e incorporan en plena floración, que es cuando la relación entre biomasa y nitrógeno fijado resulta más favorable.
No conviene repetir haba en la misma parcela antes de cuatro o cinco años, por acumulación de hongos de suelo y, sobre todo, de semillas de jopo.
Plagas y enfermedades
Pulgón negro (Aphis fabae). El problema número uno. Coloniza los ápices tiernos en cuanto suben las temperaturas de primavera, forma manguitos negros compactos, debilita la planta, deforma los brotes y transmite virosis. La medida más eficaz es preventiva y no cuesta nada: despuntar. En cuanto se han formado cuatro o cinco pisos de flores, se pinza con los dedos el extremo tierno del tallo principal y de las ramas, unos 10 cm. Se elimina así el tejido joven que el pulgón busca, se corta el foco de colonización, y de paso la planta deriva sus recursos a llenar las vainas ya cuajadas en lugar de seguir creciendo. Sembrar temprano, en otoño donde el clima lo permita, adelanta la cosecha por delante del pico de pulgón. La fauna auxiliar, mariquitas, sírfidos y crisopas, controla poblaciones moderadas si no se ha fumigado.
Roya (Uromyces viciae-fabae). Pústulas pardo rojizas, polvorientas, en hojas y tallos, con un halo claro. Aparece en primavera avanzada con humedad y temperaturas templadas, y en ataques fuertes seca la planta antes de que las vainas terminen de llenar. Se combate con siembra temprana, marcos amplios que aireen, riego al pie y retirada de restos tras la cosecha. Hay diferencias de sensibilidad entre variedades.
Mancha chocolate (Botrytis fabae). Manchas pardas redondeadas en hoja, típicas de primaveras húmedas y de plantaciones densas. Mismas medidas culturales.
Jopo (Orobanche crenata). El enemigo más difícil, y el que decide si un terreno sirve o no para habas. Es una planta parásita sin clorofila que germina estimulada por exudados de la raíz del haba, se engancha a ella con un haustorio y le extrae agua y nutrientes. Emerge después en forma de espigas carnosas de color crema o violáceo, y para cuando se ven ya lleva tiempo alimentándose. Puede reducir la cosecha a la mitad o hacerla desaparecer.
Sus semillas son minúsculas, se producen a decenas de miles por planta y permanecen viables en el suelo más de una década, así que una parcela infestada lo sigue estando muchos años. El control se apoya en varias medidas combinadas: siembra temprana, en otoño, que adelanta el ciclo del haba respecto al del parásito; arranque manual de las espigas antes de que florezcan y semillen, sin dejarlas en el suelo; rotaciones largas con cultivos no hospedantes, cereales y gramíneas; y evitar mover tierra o restos de una parcela infestada a otra limpia.
Existen variedades con tolerancia parcial al jopo desarrolladas por la investigación agronómica española, entre ellas las de la serie Baraca y materiales derivados del programa del CSIC en Córdoba, así como Giza 402 de origen egipcio, ampliamente usada como fuente de tolerancia. Ninguna es inmune: reducen el daño, no lo eliminan, y siguen necesitando el resto de medidas.
Favismo: un dato de salud que hay que conocer
El haba contiene dos glucósidos, vicina y convicina, cuyos derivados generan estrés oxidativo en los glóbulos rojos. En una persona sana el organismo lo neutraliza sin dificultad. En quien tiene deficiencia de glucosa-6-fosfato deshidrogenasa (G6PD), una alteración enzimática hereditaria ligada al cromosoma X, esa defensa falla y los glóbulos rojos se destruyen.
El resultado es una crisis hemolítica aguda, con anemia brusca, ictericia, orina oscura, palidez y decaimiento, que aparece entre unas horas y dos días después de la ingestión y que en niños pequeños puede requerir transfusión. Es una urgencia médica.
La deficiencia de G6PD es frecuente en poblaciones de la cuenca mediterránea, Oriente Medio, África y sudeste asiático, y la variante mediterránea cursa con reacciones especialmente intensas. En España hay personas afectadas, y en muchos casos el diagnóstico llega precisamente a raíz de un episodio tras comer habas.
Conviene saber, además, que en individuos muy sensibles se han descrito reacciones por inhalación del polen de la planta en floración, lo que afecta a quien trabaja o pasea junto a un campo de habas. Cocinar el haba reduce el contenido de estos compuestos pero no lo suprime, y el haba seca, la fresca y la congelada pueden desencadenar el cuadro.
Esto no es motivo para dejar de cultivar habas ni para dejar de comerlas: sin esa deficiencia enzimática se toleran sin problema y son un alimento excelente. Lo que corresponde es que quien tenga diagnosticada deficiencia de G6PD, o antecedentes familiares de favismo, evite el haba en todas sus formas y consulte con su médico. Ante una sospecha de crisis tras comerlas, se acude a urgencias.
En resumen
Las habas se ordenan en tres tipos según el grano: major, de semilla grande y plana, para consumo en verde, con Aguadulce, Muchamiel y Granadina a la cabeza; equina, de grano medio, para secar; y minor o habines, de grano pequeño, para forraje y abono verde. Se siembran en otoño en el sur, el levante y el litoral, y a final de invierno en el interior y la montaña, siempre en directo por su raíz pivotante. Fijan nitrógeno con Rhizobium, así que no se abonan con nitrógeno y se cortan a ras dejando las raíces para el cultivo siguiente. El pulgón negro se reduce mucho despuntando los ápices en cuanto hay cuatro o cinco pisos de flor; la roya se controla con siembra temprana y aireación; y el jopo, Orobanche crenata, obliga a rotaciones largas, arranque antes de que semille y variedades tolerantes como las de la serie Baraca. Y un aviso de salud: quien tiene deficiencia de G6PD sufre crisis hemolíticas al comer habas, e incluso por su polen, de modo que debe evitarlas y consultar con su médico.