El nombre lo explica todo si se traduce: di-, dos, y askos, odre o saco. Cada flor de una Diascia lleva colgando por detrás dos bolsas alargadas, dos espolones gemelos que no aparecen en ninguna otra planta con la que pueda confundirse. Y no están ahí de adorno: dentro hay aceite, y ese aceite sostiene una historia de polinización que la botánica sudafricana lleva cuarenta años documentando.

Flores rosadas de Diascia en primer plano

Qué es una Diascia

El género reúne alrededor de setenta especies de la familia Scrophulariaceae, dentro de la tribu Hemimerideae, que es un grupo exclusivamente africano. Sus parientes próximos son Nemesia, Hemimeris y Alonsoa, y el aire de familia se nota: flores pequeñas, aplanadas, de labios abiertos y colores que van del rosa salmón al coral, con un centro más oscuro salpicado de puntos.

Son plantas de porte bajo, entre 15 y 45 cm según la especie, de tallos finos que se tumban y enraízan por los nudos, con hojas pequeñas, opuestas y de borde aserrado. Nada en el follaje llama la atención. Todo el interés está en la flor.

Dos espolones donde otras plantas tienen uno

La corola de una Diascia es zigomorfa, es decir, simétrica solo respecto a un plano vertical, con dos lóbulos superiores pequeños y tres inferiores que forman una plataforma. Desde la base de los lóbulos superiores parten hacia atrás y hacia abajo dos prolongaciones tubulares, curvadas, que pueden medir desde tres milímetros hasta más de cuatro centímetros según la especie.

La comparación aclara la rareza. Una Nemesia, del mismo grupo, tiene un solo espolón central. Una aguileña, una capuchina o una linaria también llevan uno. Que sean dos, y simétricos, es propio de Diascia y constituye el carácter diagnóstico del género. Existen especies con las bolsas reducidas a simples abolladuras, pero el patrón de dos se mantiene.

La segunda rareza está dentro. La superficie interior del espolón está tapizada de tricomas glandulares llamados elaióforos, que segregan un aceite floral, no néctar. Es una diferencia sustancial: el néctar es una solución azucarada que sirve de alimento energético inmediato a un insecto adulto, mientras que el aceite floral es un lípido que el insecto no consume en el momento, sino que se lleva.

Las abejas Rediviva y sus patas delanteras

El aceite de los espolones tiene un destinatario concreto: las abejas del género Rediviva, de la familia Melittidae, presentes solo en el sur de África. Las hembras lo recogen para dos usos, impermeabilizar las paredes de las celdillas del nido y mezclarlo con polen para alimentar a las larvas.

Para llegar hasta el fondo de las bolsas, esas abejas tienen las patas delanteras alargadas y cubiertas en la cara interna de pelos absorbentes, una estructura especializada que empapa el aceite y lo transfiere después a las patas traseras. La abeja se posa sobre el labio inferior de la flor, introduce las dos patas delanteras simultáneamente, una en cada espolón, y al hacerlo queda con el dorso apretado contra los estambres y el estigma. El sistema de dos bolsas separadas obliga a esa postura, y la postura es la que garantiza el contacto con el polen.

El caso que se cita siempre es Rediviva emdeorum, cuyas patas delanteras superan la longitud de su propio cuerpo, hasta unos 20 milímetros, y que visita las especies de Diascia con los espolones más largos. Los trabajos de campo desarrollados en Sudáfrica desde los años ochenta describieron una correspondencia geográfica notable: en las zonas donde las plantas locales tienen espolones cortos, las abejas de la población tienen patas cortas, y donde los espolones se alargan, las patas acompañan. La bibliografía sobre polinización lo cita como ejemplo de coevolución al mismo nivel que las orquídeas de espolón largo y sus esfíngidos.

La relación no es del todo simétrica. Cada Rediviva puede visitar varias plantas de aceite, incluidas especies de otros géneros, mientras que muchas Diascia dependen estrechamente de esas abejas para cuajar semilla. Fuera de su área de distribución, sin polinizador especializado, las diascias cultivadas producen poca o ninguna semilla viable, y por eso el material que se vende en España se multiplica por esqueje.

De dónde vienen: montaña sudafricana

Casi todas las especies viven en Sudáfrica y Lesoto, y el núcleo del género está en el Drakensberg y en las tierras altas asociadas, entre 1.500 y 3.000 m de altitud. Unas pocas descienden hacia el Cabo Occidental, donde el régimen de lluvias es invernal.

Las que han dado origen al material de jardín son de la vertiente de lluvias de verano:

Diascia barberae. Del Drakensberg, anual o de vida corta, flores rosa intenso con dos ventanas amarillas en la garganta. Es la base genética de la mayor parte de la jardinería moderna del género.

Diascia integerrima. De pradera de altura, con hojas estrechas y casi sin dientes, la más rústica al frío y la de porte más erguido.

Diascia rigescens. Tallos robustos y ascendentes con racimos densos de flor salmón; procede de laderas húmedas de la Provincia Oriental del Cabo.

Diascia fetcaniensis y Diascia vigilis. Vivaces estoloníferas de zonas frescas y algo sombreadas, de rosa más pálido, útiles como cubresuelos.

Diascia personata. La mayor del grupo, hasta un metro, con la garganta casi cerrada por un abultamiento del labio inferior.

El hábitat típico es un talud pedregoso, una orilla de arroyo o un claro de pradera de montaña, con suelo que retiene humedad, insolación intensa por la altitud y noches frescas incluso en verano. Ese perfil es el que hay que tener en la cabeza para entender su comportamiento en un clima ajeno.

Por qué aquí florecen en primavera y en otoño

Una planta adaptada a veranos de 20 a 25 °C de día y menos de 12 °C de noche encuentra en la meseta o en el sur peninsular un verano que no se parece en nada al suyo. La consecuencia se ve en la floración.

La inducción y la apertura de flor en Diascia están favorecidas por temperaturas moderadas y días largos. Cuando las máximas se instalan por encima de 28 o 30 °C y las mínimas nocturnas no bajan de 20 °C, la planta deja de formar botón nuevo, alarga los tallos y entra en una especie de pausa vegetativa. No es que se muera de calor: es que deja de florecer, que a efectos de jardín viene a ser lo mismo.

De ahí el patrón que se observa en España. Arranca con fuerza de marzo a junio, se apaga en julio y agosto —salvo en la cornisa cantábrica, en la montaña y en el litoral atlántico norte, donde puede seguir— y vuelve a cargar de flor de septiembre a noviembre, con las noches frescas. En Canarias y en el litoral mediterráneo cálido, ese segundo empujón se estira hasta bien entrado el invierno.

Del mismo origen viene su resistencia al frío, mayor de lo que sugiere su aspecto delicado: las especies del Drakensberg soportan heladas suaves, y D. integerrima aguanta bastante por debajo de cero con suelo drenado. Lo que no toleran es la combinación de frío con encharcamiento invernal.

Mata de Diascia cubierta de flores de color coral

En resumen

Diascia es un género de unas setenta especies sudafricanas de la familia Scrophulariaceae, emparentado con Nemesia, y su marca de identidad son los dos espolones que cuelgan por detrás de cada flor y que le dan nombre. Esas bolsas no contienen néctar, sino aceite floral producido por tricomas glandulares, y están hechas a medida de las abejas del género Rediviva, que introducen en ellas sus patas delanteras alargadas y quedan así en la posición exacta para cargar polen; la correspondencia entre longitud de espolón y longitud de pata entre poblaciones vecinas es un ejemplo clásico de coevolución. Las especies de jardín proceden de praderas de montaña del Drakensberg, a 1.500-3.000 m, con veranos frescos y lluviosos, y ese origen explica su calendario en España: floración abundante de marzo a junio, parada con las máximas por encima de 28-30 °C y segunda floración de septiembre a noviembre.


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