Al germinar una semilla asoma una hoja o asoman dos, y ese detalle de unos días decide cómo se comportará la planta durante toda su vida: si engordará el tronco, si cicatrizará una herida, si se puede injertar, si aguanta la siega o si morirá con un herbicida que deja intacta a la de al lado. La división entre monocotiledóneas y dicotiledóneas es antigua y la botánica la ha corregido en parte, pero para quien cultiva sigue siendo la clasificación con más consecuencias prácticas.

El matiz que conviene decir primero

Las monocotiledóneas son un grupo natural: unas 70.000 especies que descienden de un antepasado común y que comparten un conjunto de caracteres derivados. Gramíneas, palmeras, orquídeas, ciperáceas, aráceas, liliáceas, amarilidáceas, bromelias, plataneras y juncos están todas ahí, y el grupo se sostiene igual de bien con datos moleculares que con anatomía.

Las «dicotiledóneas», en cambio, no forman un grupo natural. Es un cajón definido por un carácter ancestral —tener dos cotiledones—, que es lo que tenían también los antepasados de las monocotiledóneas. Las clasificaciones actuales las reparten en dos bloques:

Las eudicotiledóneas, que sí son un grupo natural y reúnen alrededor del 75 % de las plantas con flor: rosáceas, leguminosas, compuestas, crucíferas, fagáceas, solanáceas, labiadas, umbelíferas. Se definen por un carácter del polen que se explica más abajo.

Y un puñado de linajes basales que quedaron fuera: magnolias, laureles, canelos, pimenteros, nenúfares, ceratofilos y el género Amborella, una arbustilla de Nueva Caledonia que ocupa la posición más basal conocida entre las angiospermas.

Decirlo importa porque explica las excepciones. Cuando una planta «dicotiledónea» se comporta de forma rara, con frecuencia resulta ser de esos linajes basales, que nunca compartieron toda la lista de caracteres.

Uno o dos cotiledones, y qué se ve en la plántula

El cotiledón es la hoja embrionaria, ya formada dentro de la semilla. Las dicotiledóneas llevan dos y en muchos casos los sacan al aire, verdes y fotosintéticos, antes de la primera hoja verdadera: es la plántula de dos hojitas redondeadas de la lechuga, el girasol o la judía. Las monocotiledóneas llevan uno, y en las gramíneas está transformado en un escutelo que se queda dentro de la semilla absorbiendo el endospermo mientras sale al exterior un único cotiledón enrollado en forma de coleóptilo.

La utilidad es inmediata en el escarde. Una plántula con dos hojas seminales opuestas y una hoja verdadera distinta es dicotiledónea; una brizna única, estrecha, de nervios paralelos y sin hojas seminales visibles es una gramínea. A esa edad se distinguen mejor que después.

Haces vasculares: dispersos o en anillo

En el tallo de una dicotiledónea los haces conductores se ordenan en un anillo alrededor de la médula, con el xilema hacia dentro y el floema hacia fuera. Entre ambos queda una banda de células capaces de dividirse: el cámbium vascular.

En una monocotiledónea los haces están dispersos por toda la sección, cada uno cerrado y rodeado de fibras, sin cámbium entre xilema y floema. Corte transversal de un tallo de maíz y de un tallo de girasol, uno al lado del otro, y la diferencia salta a la vista.

De ese detalle anatómico se derivan casi todas las consecuencias que siguen.

Platanera, Musa paradisiaca, ejemplo de planta monocotiledónea

Por qué una palmera no engorda ni cicatriza

Sin cámbium vascular no hay crecimiento secundario, es decir, no hay engrosamiento anual del tallo ni formación de madera y corteza nuevas. Esto tiene efectos muy concretos:

El estípite alcanza su grosor definitivo antes de crecer en altura. Una palmera joven pasa años ensanchando la base a ras de suelo, en lo que se llama fase de establecimiento, y solo después empieza a elevar el tronco con ese diámetro ya fijado. Si durante esos años le falta agua o luz, el tronco quedará estrecho para siempre y no habrá manera de corregirlo después: el estrechamiento sube con la planta como una marca permanente.

Una herida en el tronco no se cierra nunca. No hay cámbium que genere tejido nuevo ni corteza que compartimente la lesión, así que un corte de desbrozadora o un clavo dejan una cicatriz abierta durante décadas y una vía de entrada estable para hongos y para el picudo rojo.

No se injerta. El injerto consiste en unir los cámbium de patrón y de púa. Sin cámbium no hay unión posible, y por eso no existen palmeras, bambúes ni yucas injertados.

No se poda como un árbol. Una palmera de tronco único tiene un solo meristemo apical, el «cogollo». Decapitarla la mata, sin rebrote. Tampoco rebrota de tocón. Lo único que se puede quitar son hojas, y quitar hojas verdes resta reservas: en poda de palmeras la regla es eliminar únicamente las secas y las inflorescencias, y dejar la corona lo más completa posible.

El bambú tampoco engorda. Cada culmo sale del suelo con su diámetro final y solo se alarga. Un bambusal se hace más grueso porque emite culmos nuevos y mayores cada año, no porque los viejos crezcan.

Hay excepciones reales: Dracaena, Yucca, Cordyline y Aloe arborescentes desarrollan un meristemo de engrosamiento distinto del cámbium de las dicotiledóneas, que sí les permite ensanchar el tallo con los años. Es otro mecanismo, y da un tronco de estructura diferente.

Raíz fasciculada frente a raíz pivotante

En una dicotiledónea la radícula del embrión persiste y se convierte en la raíz principal o pivotante, de la que salen raíces laterales. Es el eje de la zanahoria, del roble y de la alfalfa, y puede bajar mucho: raíces de leguminosas a más de dos metros son corrientes en secano.

En una monocotiledónea la radícula muere pronto y se sustituye por un haz de raíces adventicias nacidas de la base del tallo, todas parecidas: es el sistema fasciculado del trigo, del césped o del puerro.

Lo que cambia en el jardín: un césped compite con fuerza por el agua y los nutrientes de los primeros 15-20 cm, y por eso un árbol joven plantado en medio del césped crece bastante menos que otro con un alcorque limpio. Un árbol de raíz pivotante potente —encina, nogal, algarrobo— se trasplanta mal en cuanto pasa de pequeño, porque el pivote se corta y no se regenera; conviene plantarlo en su sitio definitivo desde el vivero. Y una monocotiledónea de raíz fasciculada, sin pivote, se arranca entera con menos esfuerzo pero se sujeta peor en un suelo suelto.

Hojas, y el motivo de que el césped aguante la siega

La hoja típica de monocotiledónea es alargada, con nervios paralelos y con una vaina que envuelve el tallo, sin peciolo diferenciado. La de dicotiledónea tiene peciolo, limbo ancho y nervadura reticulada, ramificada en red.

La consecuencia práctica llega por otro lado. Una hoja de gramínea crece desde la base, gracias a un meristemo intercalar situado a ras de suelo y protegido por las vainas. Cortarle la punta no le quita el punto de crecimiento: se siega y sigue creciendo. Una dicotiledónea crece desde el ápice de cada brote, así que cortarle la parte alta la obliga a rebrotar de yemas laterales. Ese es el motivo de que exista el césped como superficie transitable y segable, y de que el pastoreo modelara las praderas de gramíneas.

Las excepciones existen y ayudan a no fiarse de un solo carácter: Smilax y Dioscorea son monocotiledóneas de hoja reticulada, y Plantago es dicotiledónea con nervios que parecen paralelos.

Flores de tres piezas y polen

Las monocotiledóneas tienen flores trímeras: piezas en múltiplos de tres. Un tulipán o un lirio muestran tres tépalos externos y tres internos, seis estambres y un ovario de tres carpelos. Las eudicotiledóneas son tetrámeras o pentámeras: cuatro pétalos en las crucíferas, cinco en rosáceas, malváceas o umbelíferas.

El carácter que de verdad delimita a las eudicotiledóneas es el polen tricolpado: granos con tres aberturas dispuestas simétricamente. El polen de las monocotiledóneas y el de los linajes basales es monosulcado, con una sola abertura alargada. Esto se ve al microscopio y tiene una utilidad añadida: como el polen fosiliza bien, el registro sedimentario permite fechar la aparición de los tricolpados hacia hace unos 125 millones de años, en el Cretácico inferior, y seguir desde ahí la expansión de las eudicotiledóneas.

Hoja palmeada de arce japonés, ejemplo de nervadura reticulada de dicotiledónea

La aplicación más visible: los herbicidas selectivos

Un césped es un cultivo de gramíneas, y sus malas hierbas más visibles —diente de león, llantén, trébol, verónica, achicoria— son dicotiledóneas. Existen productos que matan a unas y respetan a las otras, y el motivo no es magia comercial sino la suma de varias diferencias reales.

Los herbicidas hormonales, del tipo de las auxinas sintéticas, provocan un crecimiento descontrolado y desorganizado que la planta no puede sostener. Actúan mucho más sobre las dicotiledóneas por tres razones que se acumulan: la hoja ancha y horizontal intercepta más gotas de caldo que la hoja estrecha, erecta y cerosa de una gramínea; el punto de crecimiento de la gramínea está protegido en la corona, a ras de suelo, mientras que el de la dicotiledónea está expuesto en la punta del brote; y las gramíneas metabolizan y desactivan estas moléculas con mayor rapidez.

La selectividad funciona también al revés. Los graminicidas inhibidores de la enzima acetil-CoA carboxilasa afectan a la forma que esa enzima tiene en las gramíneas y no a la de las dicotiledóneas, de manera que eliminan gramíneas silvestres dentro de un cultivo de hoja ancha sin dañarlo.

Dos advertencias que evitan disgustos. La primera: dentro de un césped no hay selectividad frente a otras monocotiledóneas, así que una Poa annua o una juncia (Cyperus rotundus) infiltradas no se quitan con el mismo producto. La segunda: los hormonales se desplazan en el aire con una deriva mínima y son extraordinariamente activos sobre tomateras, viñas, rosales y frutales; una aplicación en un día con brisa puede deformar las hojas de un huerto vecino. En jardinería doméstica en España solo pueden emplearse productos autorizados para uso no profesional, y la etiqueta manda sobre cualquier consejo general.

En resumen

Las monocotiledóneas son un grupo natural; las dicotiledóneas no, y se reparten entre eudicotiledóneas y linajes basales. Se distinguen por un cotiledón frente a dos, haces vasculares dispersos frente a un anillo con cámbium, raíz fasciculada frente a pivotante, nervios paralelos frente a reticulados, flores trímeras frente a tetrámeras o pentámeras, y polen monosulcado frente a tricolpado. La consecuencia con más peso es la falta de crecimiento secundario: una palmera no engorda el tronco, no cicatriza las heridas, no se injerta y muere si se decapita. La raíz explica la competencia del césped y la dificultad de trasplantar un árbol pivotante; el meristemo intercalar explica que la hierba se pueda segar; y todo junto explica que un herbicida hormonal limpie de dicotiledóneas un césped de gramíneas sin tocarlo.


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