Pedir una corona nupcial en un vivero puede acabar con tres plantas distintas sobre el mostrador, y ninguna de las tres estará mal etiquetada. El nombre es popular, descriptivo y se ha repartido entre especies que no tienen nada que ver entre sí más allá de la flor blanca. Conviene aclarar primero de cuál se habla, porque los cuidados —y sobre todo la poda— cambian por completo.
Un nombre para varias plantas
Los rótulos corona nupcial, corona de novia y velo de novia se reparten en España, principalmente, entre estas plantas:
Spiraea de floración primaveral, sobre todo Spiraea x arguta y Spiraea cantoniensis, y con ellas S. prunifolia, S. thunbergii y S. nipponica 'Snowmound'. Son arbustos caducifolios o semiperennes de ramas largas y arqueadas que en primavera quedan cubiertas de racimillos blancos de arriba abajo, como si les hubieran echado nieve encima. Es la acepción más extendida y la que se desarrolla en este artículo.
Francoa sonchifolia, una vivaz chilena de roseta y espigas florales altas, blancas o rosadas, que en su país se llama precisamente «novia» y en inglés bridal wreath. Tiene su apartado más abajo.
Otras: en algunas zonas se aplica el nombre a Deutzia, a Philadelphus (el celindo) o incluso a Gypsophila, por asociación con el ramo de novia. Si compras por nombre común, pide la etiqueta con el nombre científico.
Spiraea x arguta y Spiraea cantoniensis
Spiraea x arguta es un híbrido de jardín (S. x multiflora × S. thunbergii) de la familia de las rosáceas. Forma un arbusto caducifolio de 1,5 a 2 m de alto y otro tanto de ancho, con ramas finas, flexibles y marcadamente arqueadas, hojas pequeñas, estrechas y aserradas, y una floración que va de marzo a abril, antes de que la hoja se despliegue del todo. Las flores, blancas, de apenas medio centímetro, se agrupan en umbelas apretadas repartidas a lo largo de toda la rama del año anterior. El resultado es una cascada blanca continua, y ahí está su gracia. Aguanta −20 °C sin inmutarse.
Spiraea cantoniensis, originaria de China y muy plantada en el litoral mediterráneo, es semiperenne en clima suave: conserva parte de la hoja en invierno, es de hoja más ancha y azulada, florece algo más tarde —abril y mayo—, con corimbos más grandes y llamativos, y tolera mucho mejor el calor y la sequía estival que la anterior. Existe la forma 'Flore Pleno' o 'Lanceata', de flor doble, muy vistosa. Su resistencia al frío es menor, del orden de −10 o −12 °C.
Regla práctica: en la meseta, el norte y el interior frío, S. x arguta. En Levante, Andalucía y Baleares, S. cantoniensis.
Cuidado: no todas las espireas se podan igual
El género Spiraea contiene dos grupos con calendarios opuestos, y confundirlos es lo que arruina la floración.
Grupo de floración primaveral y flor blanca —arguta, cantoniensis, prunifolia, thunbergii, nipponica—: florecen sobre madera del año anterior. Los botones que se abrirán en marzo se formaron el verano pasado y pasan el invierno ya hechos sobre la rama. Se podan justo después de florecer.
Grupo de floración estival y flor rosa —Spiraea japonica, S. x bumalda, cultivares como 'Anthony Waterer', 'Goldflame', 'Little Princess'—: florecen en verano sobre la madera del año en curso. Se podan a final de invierno, en febrero, cortando corto, y rebrotan y florecen ese mismo año.
Si aplicas el calendario del segundo grupo al primero, cortas en invierno exactamente las ramas que llevaban toda la flor. La planta rebrota, se pone verde y no da un solo racimo. Al año siguiente vuelve a pasar lo mismo, y de ahí salen las coronas de novia que «no florecen» sin causa aparente.
La poda: en cuanto se caiga la flor
El momento es estrecho y no admite aplazamientos: en las tres o cuatro semanas siguientes al final de la floración, es decir, entre finales de abril y mediados de junio según la especie y la zona. A partir de junio y julio la planta empieza a diferenciar los botones florales del año siguiente, y todo lo que cortes después de ese momento es flor perdida.
La poda tiene dos partes y se hace de una vez:
Renovación desde la base. Retira uno de cada tres o cuatro tallos viejos, los más gruesos, oscuros y menos flexibles, cortándolos a ras de suelo. Esto obliga a la mata a emitir varas nuevas desde el pie, que son las que dan la mejor flor y las que mantienen el porte arqueado. Sin esta operación, en seis o siete años el arbusto se llena de madera vieja, ramifica en la punta y florece cada vez peor.
Acortado de lo que ha florecido. Las ramas que acaban de dar flor se recortan por encima de un brote nuevo bien orientado, hacia fuera y hacia abajo, eliminando la parte agotada. No hace falta ir más allá de un tercio de la longitud.
Después de podar, un riego y una capa de compost o de mantillo al pie. La respuesta es rápida: los brotes que salgan de mayo a septiembre son los que llevarán la flor del año siguiente, así que no se tocan más.
Una espirea muy vieja y descuidada admite una poda de rejuvenecimiento radical: cortar toda la mata a 15 o 20 cm del suelo, en invierno o a final de la floración. Se pierde la flor de un año, pero la planta rebrota con fuerza desde la base y en dos temporadas está reconstruida. Es una operación que las espireas toleran bien.
El porte arqueado no se recorta en bola
La forma de esta planta es su mayor argumento: ramas largas que salen del pie, se curvan por el peso y llegan casi a tocar el suelo cargadas de flor. Recortarla con cortasetos para dejarla redonda destruye eso de tres maneras a la vez.
Elimina la punta de las ramas, que es donde cuelga la floración más espectacular. Provoca una ramificación densa en la superficie exterior, que sombrea el interior y lo deja hueco, con madera seca y sin hoja. Y sustituye una silueta que se mueve con el viento por un cilindro rígido que no tiene ningún interés.
Si la espirea invade un paso, la solución es cortar ramas enteras hasta su origen, no despuntarlas todas. La planta conserva la forma y el hueco no se nota. Y si desde el principio se sabe que el sitio se queda pequeño, mejor elegir S. nipponica 'Snowmound' o una S. japonica compacta, que no pasan del metro.
Sí funciona como seto informal, plantada cada 80 cm o un metro y podada con el mismo criterio de arriba justo tras la flor, dejando que las ramas se toquen y se arqueen. Como seto recortado geométrico no sirve.
Suelo, sol y agua
Exposición. Pleno sol es donde más flor da. En el interior peninsular, con veranos duros, agradece sol de mañana y algo de sombra en las horas centrales de julio y agosto; a media sombra florece bien, aunque menos densa. En sombra franca se estira y apenas florece.
Suelo. Poco exigente: vale cualquier terreno de jardín que drene y conserve algo de frescor. Prefiere pH neutro o ligeramente ácido. En suelos muy calizos y regados con agua dura puede aparecer clorosis férrica —hoja amarilla con los nervios verdes—, que se corrige con quelato de hierro y, mejor aún, con acolchado orgánico que acidifique lentamente y con riego menos calcáreo cuando sea posible.
Riego. No es una planta de secano estricto. En verano quiere riego moderado y regular, sobre todo los dos primeros años y en S. x arguta, que sufre con la sequía y responde secando la punta de las ramas. S. cantoniensis es bastante más resistente. Un acolchado de 5 cm de corteza o de restos de poda triturados al pie ahorra la mitad del agua y mantiene fresca la raíz superficial.
Abonado. Un aporte de compost en primavera es suficiente. Los abonos ricos en nitrógeno producen mucho brote verde y poca flor.
Plantación. De octubre a marzo, con la planta en reposo, es el momento óptimo; los ejemplares en contenedor admiten plantación en cualquier época excepto en pleno verano. Hoyo del doble del cepellón, sin enterrar el cuello, y riego de asiento abundante.
Multiplicación por esqueje semileñoso
Las espireas enraízan con una facilidad notable, y el esqueje semileñoso es la vía más segura para conservar exactamente la misma planta.
Cuándo. De junio a agosto, con los brotes del año ya algo endurecidos en la base pero todavía flexibles: al doblarlos ceden sin partirse limpiamente. Ese es el punto.
Cómo. Corta trozos de 10 a 15 cm, justo por debajo de un nudo o arrancando el brote con un pequeño talón de la rama madre. Retira las hojas de la mitad inferior y recorta a la mitad las de arriba, para reducir la transpiración. La hormona de enraizamiento es opcional en este género; ayuda a igualar los resultados pero no es imprescindible.
Planta en una mezcla de turba y perlita a partes iguales, o de arena de río lavada, en maceta o bandeja. Riega, cubre con una bolsa transparente o una botella cortada para mantener la humedad, y coloca en sombra luminosa, nunca al sol directo, a 18–22 °C. Airea unos minutos cada dos o tres días para evitar hongos.
Plazo. Enraízan en cuatro a ocho semanas; lo notarás por la resistencia al tirar suavemente y por la emisión de brotes nuevos. Pasa a maceta individual con sustrato normal cuando la raíz llene el cepellón, mantén las plantas jóvenes protegidas el primer invierno y llévalas al suelo definitivo la primavera siguiente.
También funcionan el esqueje leñoso en pleno invierno, con trozos de rama sin hoja plantados directamente al aire libre en un rincón sombreado, y la división de la mata o el aprovechamiento de los hijuelos que emite S. cantoniensis desde el pie, separados con azada en otoño o a final de invierno. El acodo bajo, doblando una rama arqueada hasta el suelo y enterrando un tramo, es casi automático en una planta cuyas ramas ya llegan a tocar la tierra.
Francoa sonchifolia, la otra corona nupcial
Si lo que te han vendido es una vivaz de roseta y no un arbusto de ramas arqueadas, se trata de Francoa sonchifolia, de la familia Francoaceae, endémica de Chile. Forma una roseta basal densa de hojas liradas, pinnatífidas, algo rugosas y peludas, de la que salen en verano espigas erguidas de 60 a 90 cm con flores blancas o rosa pálido, con una manchita más oscura en la base de cada pétalo.
Sus exigencias no se parecen en nada a las de la espirea: quiere media sombra o sombra luminosa, suelo fresco, rico en materia orgánica y con humedad constante en verano, y detesta tanto el sol directo del interior peninsular como el encharcamiento invernal. Resiste hasta unos −5 °C con acolchado, así que en zonas de heladas serias se cultiva en maceta y se resguarda, o se trata como planta de temporada. Es magnífica en jardines del norte atlántico y en patios sombreados.
Se multiplica por división de la mata en primavera y por semilla, que es fina y se siembra en superficie. Un aviso sobre nombres: el material que circula en viveros bajo Francoa sonchifolia está muy mezclado con F. appendiculata y F. ramosa, y no siempre coincide con la etiqueta; a efectos de cultivo, dan igual.
Problemas frecuentes
No florece. La causa habitual es la poda a destiempo: se ha cortado en invierno o en otoño. Solución: no tocarla en un año entero y podar solo tras la floración siguiente. Otras causas: sombra excesiva, exceso de nitrógeno, o una mata muy vieja sin renovación de tallos.
Pulgón. Colonias en los brotes tiernos de primavera, con hoja arrugada. Un chorro de agua o jabón potásico; en cuanto llegan las mariquitas se resuelve solo.
Oídio. Polvo blanco en hojas a final de verano, favorecido por plantas apiñadas y aire quieto. La poda de renovación, que abre el interior de la mata, es la mejor prevención.
Hoja amarilla con nervios verdes. Clorosis férrica en suelo calizo. Quelato de hierro y acolchado.
Puntas secas en verano. Falta de agua en S. x arguta. Acolcha y riega en profundidad, no a diario y por encima.
Sobre usos y propiedades conviene poner algo de orden, porque el nombre del género se cita a menudo a propósito de la aspirina. El vínculo es real pero indirecto: el ácido salicílico se aisló en el siglo XIX de la ulmaria, que entonces se clasificaba como Spiraea ulmaria y hoy es Filipendula ulmaria, y de ahí procede el nombre comercial «aspirina». Esa tradición se refiere a la ulmaria, no a las espireas ornamentales de jardín, que no tienen uso medicinal reconocido ni preparación tradicional documentada. Los salicilatos, además, no son inocuos: interaccionan con anticoagulantes y con antiinflamatorios, están contraindicados en personas con alergia al ácido acetilsalicílico, en úlcera gástrica y en la infancia por el riesgo de síndrome de Reye. Cualquier duda sobre esto se consulta con el médico o el farmacéutico, no con un arbusto del jardín. La corona nupcial es una planta ornamental, no figura como tóxica de forma relevante, y no hay motivo para darle otro destino.
En resumen
La corona nupcial de las ramas arqueadas cubiertas de flor blanca es, casi siempre, Spiraea x arguta —caducifolia, de floración en marzo y abril, rústica hasta −20 °C, para clima frío— o Spiraea cantoniensis —semiperenne, de abril a mayo, mejor adaptada al calor mediterráneo—. El nombre también se aplica a la vivaz chilena Francoa sonchifolia, de media sombra y suelo fresco, que no tiene nada que ver.
Lo decisivo en la espirea es que florece sobre la madera del año anterior: se poda en las semanas siguientes a la floración, nunca en invierno, retirando uno de cada tres tallos viejos a ras de suelo y acortando lo que ha florecido. Podarla en febrero, como se hace con las espireas rosas de verano, es cortar la flor entera.
Respeta el porte arqueado: nada de recortarla en bola con cortasetos; si estorba, se quitan ramas enteras desde la base. Pleno sol o sol de mañana, suelo que drene, riego moderado en verano con acolchado, poco abono. Y para multiplicarla, esqueje semileñoso de junio a agosto, de 10 a 15 cm, en turba y perlita, bajo plástico y en sombra luminosa: enraíza en un par de meses.