El coreopsis de hoja lanceolada florece desde mayo hasta que aprieta el frío y pide poco más que sol y un suelo que drene. Esa combinación —flor amarilla durante cinco meses, rusticidad a prueba de heladas fuertes y ninguna exigencia de riego— explica que Coreopsis lanceolata lleve dos siglos en los jardines europeos. También explica el asunto que hay que tratar antes de terminar el artículo: la misma facilidad que la hace cómoda la ha convertido en planta invasora en otros lugares.
Qué planta es exactamente
Coreopsis lanceolata L. es una compuesta (Asteraceae) originaria del centro y este de Norteamérica, donde ocupa praderas, taludes y terrenos arenosos y pobres. En España se la conoce como rayito de sol, coreopsis de hoja lanceolada o, con menos precisión, ojo de niña —nombre que corresponde más bien a Coreopsis tinctoria, la anual—.
Es una vivaz que forma matas de 30 a 60 cm de altura, con hojas concentradas sobre todo en la base, lanceoladas, enteras y algo pelosas, de donde le viene el epíteto. Desde esa roseta salen pedúnculos largos y delgados que sostienen capítulos solitarios de 4 a 6 cm de diámetro: lígulas de un amarillo intenso, con el ápice dividido en tres o cuatro dientes, y disco central también amarillo, algo más oscuro. El fruto es un aquenio pequeño y aplanado, con dos aristas cortas; el nombre del género viene precisamente de ahí, del griego koris, chinche, por el parecido de las semillas con ese insecto.
La floración va de mayo a septiembre en la mayor parte de España, con el máximo en junio y un empuje final en septiembre si el verano ha sido soportable. Resiste el frío sin problema hasta unos −20 °C, así que sirve igual en la meseta que en el norte húmedo o en la costa mediterránea.
Un dato que conviene tener presente desde el principio: es una vivaz de vida corta. Una mata da lo mejor de sí en el segundo y tercer año, y hacia el cuarto o quinto empieza a degenerar por el centro. No es un fallo de cultivo; es su ciclo, y se resuelve dividiendo.
Suelo, sol y riego
Sol directo, sin discusión. A media sombra crece igual pero florece la mitad y se tumba buscando la luz. Seis horas de sol como mínimo.
Suelo pobre y con drenaje. Aquí es donde se cometen los errores por exceso de cuidado. En un suelo fértil, abonado y regado, el coreopsis produce mucha hoja, tallos blandos y largos que se desploman a la primera tormenta, y menos flor. En un suelo pedregoso, arenoso o simplemente flojo, se mantiene compacto y florece sin parar. Es indiferente al pH y tolera el suelo calizo sin clorosis.
Lo que no perdona es el encharcamiento invernal. Un suelo arcilloso que se queda saturado de noviembre a febrero pudre el cuello y mata la mata, y ese es el motivo por el que un coreopsis que aguantó −12 °C aparece muerto en marzo. En terreno pesado, planta en caballón, en talud o mezcla grava gruesa en el hoyo. La resistencia al frío del coreopsis es alta; la resistencia al frío con los pies mojados es baja.
Riego escaso. Una vez establecido, en la mitad norte se apaña con la lluvia. En el interior y el sur, un riego profundo cada diez o quince días en julio y agosto mantiene la floración; el riego frecuente y superficial no le sirve de nada y favorece la podredumbre. Nada de abonado, o a lo sumo un puñado de compost bien hecho en primavera cada dos años.
Marco de plantación: 30 o 40 cm entre plantas. Más juntas se estorban y se favorece el oídio de final de verano.
La siembra
Germina con facilidad y es la vía más barata para cubrir superficie.
Cuándo. De marzo a mayo, o a finales de verano —agosto y septiembre— para que las plántulas se establezcan con el calor residual y florezcan la primavera siguiente. La siembra de primavera muy temprana en semillero, hacia febrero, puede dar flor ese mismo verano.
Cómo. La semilla necesita luz para germinar, así que se siembra en superficie y se cubre apenas, con una capa finísima de vermiculita o de arena que no llegue a taparla del todo. Mantén el sustrato húmedo, no empapado, a 18–22 °C. Emerge en dos o tres semanas.
Trasplante a maceta individual con dos pares de hojas verdaderas y al sitio definitivo cuando la planta tenga una roseta hecha. Si se siembra directamente en el terreno, hay que aclarar sin contemplaciones: las plántulas apretadas dan matas raquíticas.
Un detalle: la semilla de Coreopsis pierde poder germinativo con rapidez, así que la de dos o tres años atrás germina de forma irregular. Guárdala en sobre de papel, en seco y en frío, y úsala pronto.
División y esquejes
La división de mata es la operación de mantenimiento de esta planta, no un método de multiplicación ocasional. Cada dos o tres años, en primavera —marzo, abril— o a principios de otoño, se levanta la mata con horca, se descarta el centro leñoso y agotado y se replantan las porciones periféricas, cada una con raíces y varios brotes. Riega bien tras la operación y la mata rejuvenece por completo. Sin división, el coreopsis se apaga en cuatro o cinco años.
El esqueje de brote basal funciona en primavera: brotes de 8 a 10 cm cortados a ras de la corona, sin flor, plantados en una mezcla de turba y perlita a partes iguales, en sombra y con el sustrato húmedo. Enraízan en tres o cuatro semanas. Es la vía obligada para conservar los cultivares seleccionados —'Sterntaler', 'Baby Sun', las formas de flor doble—, porque de semilla no salen fieles.
Quitar la flor marchita, sin descanso
Es la única labor que de verdad cambia el resultado, y multiplica la duración de la floración. La razón es fisiológica: en cuanto un capítulo empieza a formar aquenios, la planta desvía recursos a la maduración de la semilla y frena la emisión de nuevos botones. Si se le retiran las flores pasadas antes de que cuajen, la mata no llega nunca a esa señal y sigue produciendo.
La diferencia entre una mata despuntada y otra abandonada es de dos meses largos de flor. Ahora bien, hay que hacerlo bien:
No se arranca solo la cabeza. Si te limitas a pellizcar el capítulo, queda un pedúnculo desnudo y feo de veinte centímetros que además no rebrota. El corte se hace abajo, siguiendo el tallo hasta el primer par de hojas o la primera ramificación con un botón nuevo, y ahí se corta con tijera.
Cada semana, o cada diez días. No sirve una sesión en agosto cuando ya se ha llenado de semilla. Es una ronda corta y frecuente durante toda la temporada.
Rebaje de mitad de verano. Cuando a mediados o finales de julio la mata se ve desgarbada, tumbada y con más tallo que flor, se corta entera a un tercio de su altura, con tijera de setos si hace falta. Riega después. En dos o tres semanas rebrota compacta y da una segunda oleada de flor que llega hasta octubre.
Sobre la recolección de semillas: si quieres reproducirla por semilla, deja madurar unos pocos capítulos escogidos a finales de verano, en una zona concreta de la mata, y recoge los aquenios cuando estén oscuros y secos. El resto se sigue despuntando. Y hay una razón añadida para no dejar semillar el conjunto, que es la del apartado siguiente.
Un asunto que conviene saber: su carácter invasor
Fuera de su área de origen, Coreopsis lanceolata se comporta como colonizadora agresiva de terrenos abiertos, taludes, cunetas y márgenes de camino: produce muchísima semilla, germina en suelos pobres donde la flora local está poco cubierta y forma manchas densas que desplazan a las herbáceas nativas.
El caso más contundente es Japón, donde escapó de plantaciones de taludes de carretera, ocupó riberas y llanuras de inundación y está catalogada desde 2006 como Especie Exótica Invasora designada, con prohibición de cultivo, transporte y venta. En Europa está naturalizada en Italia, Francia, Alemania y varios países de Europa central, y figura en listas de alerta y de vigilancia regionales por su comportamiento en terrenos removidos.
En España, a día de hoy, no está incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras (Real Decreto 630/2013) ni en la lista de la Unión Europea, de modo que su cultivo es legal. Dicho esto, lo prudente es tratarla con la misma cautela con que se trata cualquier ornamental de semilla abundante:
No la dejes semillar libremente. Despuntar las flores marchitas es a la vez lo que prolonga la floración y lo que impide la dispersión. Las dos cosas se resuelven con el mismo gesto.
Evítala en jardines lindantes con espacios naturales, riberas, cauces, dehesas o zonas protegidas, y en general en el borde exterior de una parcela rural. En jardín urbano cerrado el riesgo es mucho menor.
No tires los restos de poda al campo ni a un contenedor de compostaje de bajo control. Los aquenios sobreviven perfectamente a un compostaje templado. Restos con semilla, a la bolsa de residuo vegetal municipal.
No repartas semilla a quien no sepa esto.
Alternativas autóctonas de flor amarilla
Si el jardín está en el borde de un espacio natural, o simplemente se prefiere flora ibérica, hay compuestas nativas que dan el mismo efecto de margarita amarilla:
Cota tinctoria (antes Anthemis tinctoria), la manzanilla amarilla. Vivaz de vida corta, 40–60 cm, capítulos amarillos de tamaño y aspecto casi idénticos a los del coreopsis, floración de junio a agosto. Presente de forma natural en buena parte del norte y el centro peninsular. Es la sustituta más directa.
Pallenis maritima (antes Asteriscus maritimus), el estrellado de mar. Mata rastrera y compacta del litoral mediterráneo y atlántico sur, con capítulos amarillos abundantes desde marzo hasta el otoño y una tolerancia a la sequía y a la salinidad que el coreopsis no tiene. Ideal en costa y en rocalla.
Buphthalmum salicifolium, el ojo de buey. Vivaz de montaña presente en los Pirineos, de flor amarilla estrellada y floración larga, buena en jardines frescos del tercio norte.
Santolina chamaecyparissus, el abrótano hembra, y Helichrysum stoechas, la perpetua, si lo que se busca es amarillo en masa sobre follaje plateado en un jardín seco. No son margaritas, pero cubren el mismo hueco cromático con mucha menos agua.
Plagas y problemas
Es una planta sana, y casi todo lo que le pasa tiene que ver con el agua o con la densidad.
Podredumbre de cuello y raíz. El problema real. Suelo pesado, riego excesivo o mala salida del agua en invierno. Se manifiesta como un colapso repentino de la mata en primavera. No tiene tratamiento útil: se previene con drenaje.
Oídio. Polvo blanco en hojas al final del verano, sobre todo con noches frescas, humedad ambiental y plantas apiñadas. El rebaje de julio ventila la mata y reduce mucho el problema; airear el marco de plantación lo remata.
Roya. Pústulas anaranjadas en el envés, ocasional, favorecida por el riego por aspersión sobre el follaje. Riega al pie.
Pulgón. En los brotes tiernos de primavera y en los pedúnculos florales. Un chorro de agua a presión o jabón potásico bastan; la fauna auxiliar suele resolverlo sola si no se ha fumigado antes.
Caracoles y babosas. Sobre los brotes basales en marzo, con lluvia. Solo relevante en las primeras semanas tras la división o el trasplante.
En cuanto a toxicidad, Coreopsis lanceolata no figura como planta tóxica para personas ni para perros y gatos, y tampoco tiene un uso medicinal establecido: algunas especies americanas del género se emplearon tradicionalmente como tintóreas, no como remedio. No hay razón para darle otro uso que el ornamental.
En resumen
Coreopsis lanceolata es una vivaz de vida corta, rústica hasta −20 °C, que florece en amarillo de mayo a septiembre a pleno sol. Quiere suelo pobre y bien drenado; el abonado y el riego generosos la vuelven blandengue y le quitan flor, y el encharcamiento de invierno la mata. Se siembra en superficie con luz, a 18–22 °C, en primavera o a finales de verano, y se divide cada dos o tres años descartando el centro viejo, que es lo que la mantiene viva a largo plazo.
El gesto que decide la floración es retirar cada semana las flores pasadas cortando el tallo hasta el primer par de hojas, no pellizcando la cabeza, más un rebaje a un tercio de altura a mediados de julio que trae una segunda oleada hasta octubre.
Y una precaución: la especie es invasora declarada en Japón, está naturalizada en varios países europeos y aparece en listas de alerta regionales, aunque en España no figura en el Catálogo de Especies Exóticas Invasoras. No la dejes semillar cerca de espacios naturales, no lleves los restos con semilla al campo, y si el jardín linda con terreno natural, cámbiala por Cota tinctoria, Pallenis maritima o Buphthalmum salicifolium, que dan la misma flor amarilla sin ese problema.