Salió de las pampas del Cono Sur, viajó como polizón en semilla y lastre de barco, y hoy no hay solar, cuneta, alcorque ni maceta abandonada en España donde no aparezca. La coniza o zamarraga, Conyza bonariensis —también citada como Erigeron bonariensis—, es una compuesta anual sin ningún atractivo ornamental y con una capacidad de colonización que la ha llevado de Sudamérica a los cinco continentes.
Interesa por dos motivos prácticos. El primero, que en jardín se instala en cuanto queda suelo desnudo. El segundo, más serio: hay poblaciones con resistencia documentada al glifosato y a otras materias activas, y eso la ha convertido en el ejemplo de manual de cómo se fabrica una mala hierba difícil de controlar.
Cómo se reconoce
Planta anual erecta, de 30 cm a 1 m, con tallo único que ramifica en la parte alta. El conjunto tiene aspecto grisáceo y algo desaliñado.
- Pelo. Toda la planta está cubierta de pelos largos, blandos y extendidos, que le dan un tacto áspero y ese color verde ceniciento.
- Hojas. Alternas, lanceoladas, de borde entero o con dientes gruesos y escasos, estrechándose hacia la base. Las inferiores forman una roseta que suele estar seca cuando la planta florece.
- Inflorescencia. Capítulos pequeños, de 5 a 10 mm, agrupados en una panícula donde las ramas laterales sobrepasan al eje central. Vista de lejos, la parte alta de la planta parece aplanada o incluso cóncava.
- Flores. Diminutas, blanquecinas o rosadas, sin lígulas vistosas: no verás nada parecido a una margarita.
- Fruto. Aquenio de 1,5 mm con un vilano pardusco o leonado que actúa de paracaídas.
Distinguirla de sus dos parientes
En España conviven tres conizas alóctonas y se confunden con facilidad. El criterio que más rápido resuelve es la forma de la inflorescencia.
Conyza canadensis (coniza canadiense, o Erigeron canadensis). Inflorescencia claramente piramidal o alargada: el eje central domina y las ramas laterales quedan por debajo. Pelos cortos, tiesos y aplicados al tallo, así que la planta se ve verde y no gris. Capítulos más pequeños, de 3 a 5 mm, con lígulas blancas cortas pero visibles. Es la más precoz de las tres.
Conyza bonariensis. Panícula con las ramas laterales más largas que el eje, aspecto achatado. Pelos largos y extendidos, planta grisácea. Capítulos de 5 a 10 mm, los mayores de las tres, sin lígulas aparentes. Involucro con brácteas a menudo teñidas de púrpura en el ápice.
Conyza sumatrensis (coniza de Sumatra, Erigeron sumatrensis). La más corpulenta, con frecuencia por encima de 1,5 m. Inflorescencia amplia, ovalada, con muchísimos capítulos de 4 a 6 mm. Pelo intermedio, grisáceo. Es la que domina en muchos entornos urbanos del norte y del centro peninsular.
La identificación no es un capricho de botánico: la sensibilidad a los herbicidas y el momento de nascencia varían entre las tres, y una estrategia calculada para canadensis puede fallar contra bonariensis.
Ciclo: por qué gana
El éxito de la coniza se explica por tres rasgos que se refuerzan entre sí.
Nascencia escalonada. Germina en dos oleadas principales, otoño e inicio de primavera, y en climas suaves del litoral prácticamente durante todo el año. La semilla necesita luz para germinar y lo hace en el primer centímetro de suelo, de modo que cualquier remoción superficial abre una tanda nueva. Las plantas nacidas en otoño pasan el invierno como roseta pegada al suelo, resistente al frío y difícil de mojar bien con un pulverizador.
Producción de semilla desmedida. Una planta bien desarrollada produce entre 100.000 y 200.000 aquenios, y ejemplares grandes de sumatrensis superan esa cifra. Cada aquenio lleva vilano y vuela: la mayor parte cae cerca, pero una fracción viaja cientos de metros y con viento fuerte llega a kilómetros. Es decir, aunque escardes tu parcela entera, el solar de al lado te resiembra.
Vida corta en el suelo, ciclo rápido. La semilla no forma un banco duradero: buena parte pierde viabilidad en dos o tres años. Eso, que parece una debilidad, es en realidad lo que hace rentable la constancia. Si no se deja semillar durante dos temporadas seguidas, la población de un jardín cerrado se hunde. La contrapartida es que desde la roseta hasta la primera semilla madura pueden pasar apenas ocho o diez semanas en primavera, así que el margen para actuar es estrecho.
Resistencia a herbicidas: qué ha pasado
Conyza bonariensis figura entre las especies con más casos de resistencia confirmada del mundo, y en España hay poblaciones resistentes a glifosato en cítricos, olivar, viña y frutales, además de resistencias a paraquat (ya retirado en la UE) y a herbicidas inhibidores de la ALS. Hay poblaciones con resistencia múltiple, es decir, insensibles a la vez a materias activas de mecanismos distintos.
El mecanismo evolutivo es simple de explicar y por eso sirve tan bien de ejemplo.
En cualquier población grande de una mala hierba existen, por mutación espontánea, individuos raros que toleran una materia activa determinada. Sin herbicida, esa variante no aporta ventaja y se mantiene en frecuencias mínimas. Cuando se aplica el mismo producto una y otra vez, se elimina al 99 % sensible y sobreviven precisamente esos raros. Como no tienen competencia, ocupan el hueco y dejan toda la descendencia. Repetido cinco, ocho o diez campañas, lo que era una rareza pasa a ser la norma de la parcela. El herbicida no crea la resistencia: la selecciona.
La coniza acelera ese proceso por lo ya visto: producción enorme de semilla, varias generaciones y llegada constante de propágulos por el viento desde parcelas vecinas.
Lo que se hace para frenarlo, en términos generales:
- Rotar mecanismos de acción, no marcas comerciales. Dos productos con distinto nombre y el mismo modo de acción son, para la selección, el mismo tratamiento.
- Tratar en roseta pequeña. Una coniza espigada de 60 cm es mucho más difícil de controlar que una roseta de 5 cm, y los fallos por tratar tarde se confunden con resistencia y llevan a subir dosis, que es lo peor que se puede hacer.
- Combinar herramientas no químicas: laboreo superficial, cubiertas vegetales sembradas que no dejen suelo desnudo, siega y acolchado.
- No repetir el mismo producto en la misma parcela campaña tras campaña, ni siquiera cuando funciona bien. Mientras funciona es cuando está seleccionando.
Cualquier aplicación de fitosanitarios debe ajustarse al producto autorizado para ese cultivo y a las indicaciones de su etiqueta, que es de obligado cumplimiento; para el manejo en explotación agraria lo razonable es apoyarse en un técnico asesor.
Manejo en el jardín
En un jardín particular no hace falta plantearse nada de lo anterior. La coniza se controla a mano y sin producto, con una sola condición: que no llegue a semillar. Nunca.
Escarda temprana. El momento es la roseta de invierno o primavera temprana, cuando mide entre 3 y 8 cm. En esa fase la raíz pivotante es corta y sale entera de un tirón con el suelo húmedo, o de un golpe de azadilla. Una vez que ha espigado, la raíz aguanta, se rompe y la planta rebrota desde la base.
El margen tras la floración se cierra rápido. Los capítulos maduran de forma escalonada y siguen madurando en la planta arrancada, así que si la sacas ya florecida no la dejes tirada en el bancal: al montón de compost caliente, o a la fracción vegetal del contenedor.
Acolchado. Es la medida más eficaz a medio plazo, porque la semilla necesita luz para germinar. Cinco centímetros de corteza de pino, grava o paja sobre los alcorques y los arriates cortan la nascencia casi por completo. Bajo un acolchado bien mantenido la coniza deja de aparecer.
Suelo cubierto. Lo mismo con vegetación: tapizantes densos, césped tupido o cubiertas sembradas no dejan hueco. La coniza es mala competidora una vez instalado otro cultivo; su ventaja está en llegar primero al terreno vacío.
Macetas y alcorques. Revísalos cada dos o tres semanas en primavera. El vilano se cuela en cualquier maceta del balcón y allí la planta crece rápida y con poco suelo.
Siega. Sirve para retrasar, no para eliminar. Segada, la coniza rebrota más baja y ramificada y consigue florecer por debajo de la altura de corte. Como medida de urgencia en verano vale; como control, no.
Nota sobre sus supuestos usos
Se le atribuyen en la tradición popular sudamericana propiedades astringentes y antiinflamatorias, empleadas en cocimientos. La documentación científica al respecto se limita a ensayos preliminares en laboratorio, sin estudios clínicos que respalden esos usos ni datos de seguridad en personas. No hay base para recomendar su consumo, ni existe dosis establecida; cualquier planta ingerida puede además interferir con medicación. Para asuntos de salud, médico o farmacéutico. Como especie forrajera tampoco tiene interés: el ganado la rechaza por su aspereza.
En resumen
Conyza bonariensis es una anual sudamericana naturalizada en toda España, reconocible por sus pelos largos extendidos, su aspecto grisáceo y una panícula donde las ramas laterales sobrepasan al eje central, frente a la inflorescencia piramidal de C. canadensis y el porte mayor de C. sumatrensis. Germina en superficie, produce más de cien mil semillas con vilano por planta y completa el ciclo en pocas semanas, de ahí su expansión. La repetición del mismo herbicida ha seleccionado poblaciones resistentes a glifosato y a otras materias activas, un caso que ilustra bien por qué hay que alternar mecanismos de acción. En jardín se resuelve sin química: escarda en roseta, suelo siempre cubierto con acolchado o vegetación, y ni una planta dejada semillar.