El perejil es la hierba que más se compra y más rápido se muere en las cocinas españolas. La secuencia es siempre la misma: maceta del supermercado, una semana espléndida, hojas amarillas a los diez días y tallo seco al mes. No es mala suerte ni falta de mano: es que esa maceta no está diseñada para durar y nadie explica lo que hay que hacer con ella al llegar a casa.
Qué planta es exactamente
El perejil es Petroselinum crispum, una umbelífera de la familia Apiaceae —pariente de la zanahoria, el apio y el hinojo— originaria del Mediterráneo oriental. Hay dos tipos habituales: el de hoja rizada (var. crispum), más decorativo y de sabor suave, y el de hoja plana o italiano (var. neapolitanum), más aromático y el que se usa en la cocina española. Existe además el perejil de raíz o de Hamburgo (var. tuberosum), que se cultiva por la raíz engrosada y aquí apenas se ve.
El dato que lo explica casi todo es este: el perejil es bienal, no anual ni perenne. El primer año hace roseta de hojas y acumula reservas en la raíz. El segundo año emite un tallo floral, florece en umbelas amarillo verdosas, produce semilla y muere. No hay forma de evitarlo. Cuando ves que tu perejil "se ha estropeado" y empieza a espigar, no está enfermo: está cumpliendo su ciclo. Lo único que puedes hacer es cortar el tallo floral en cuanto asome para retrasar el proceso unas semanas, y tener listo un relevo sembrado.
Lo primero que hay que hacer con la maceta del supermercado
Esas macetas no llevan una planta: llevan entre veinte y cincuenta plántulas apretadas en un cepellón de turba de 10 centímetros, forzadas en invernadero para llegar vendibles. Compiten entre sí por agua y espacio y están condenadas a colapsar.
La solución es trasplantar y dividir en cuanto llegue a casa. Saca el cepellón, mételo en un barreño de agua templada para que la turba se deshaga, separa con cuidado grupos de tres o cuatro plantitas y plántalos en macetas distintas. La raíz del perejil es pivotante y no le gusta que la manipulen, así que trabaja con delicadeza y no la rompas.
Sobre el tamaño de la maceta: aquí se falla mucho. El perejil desarrolla una raíz principal que baja recta, de modo que necesita profundidad más que anchura: mínimo 20 centímetros de hondo, mejor 25-30. En una jardinera plana de 12 cm nunca prosperará. El sustrato ideal es una mezcla de tierra universal de calidad con un 20-30 % de compost y un puñado de perlita para drenar, con agujeros generosos en la base.
Luz, riego y temperatura
Luz. Quiere unas cuatro a seis horas de sol al día. En el norte peninsular puede ir a pleno sol todo el año. En el centro y el sur, el sol directo de julio y agosto a mediodía lo quema y lo hace espigar antes de tiempo: ahí conviene sol de mañana y sombra a partir de las dos. Dentro de casa, junto a una ventana orientada al sur o al este. Si los tallos se estiran, quedan finos y las hojas pierden color, le falta luz.
Riego. Es la causa de muerte número uno, casi siempre por exceso. El perejil quiere el sustrato fresco pero nunca empapado. Riega cuando el primer par de centímetros de tierra esté seco al tacto: en verano puede ser a diario en maceta pequeña al sol, en invierno cada cuatro o cinco días. Riega siempre por la base, no sobre las hojas, porque la humedad en el follaje favorece las manchas foliares. Y vacía el plato a los diez minutos: el agua estancada pudre esa raíz pivotante y no hay vuelta atrás. Un perejil con hojas amarillas y tierra húmeda está encharcado, no sediento.
Temperatura. Prefiere el fresco: su rango óptimo está entre 12 y 22 °C. Resiste heladas suaves de hasta -5 o -7 °C, así que en la mayor parte de España vive en el balcón todo el invierno sin problema. Por encima de 28-30 °C sostenidos deja de crecer y tiende a subirse a flor. En interior, aléjalo de radiadores y de la salida del aire acondicionado.
Siembra y recolección
Sembrarlo tú sale barato y da plantas mucho más robustas. Las épocas buenas son marzo-abril y septiembre; en el sur, la siembra de otoño es la mejor con diferencia porque la planta pasa el invierno creciendo y llega al verano hecha.
La germinación es notoriamente lenta: entre 15 y 30 días. Muchos dan la siembra por perdida a los diez y vuelven a sembrar encima. Para acelerarla, deja las semillas en remojo en agua templada 24 horas antes; las umbelíferas tienen aceites en la cubierta que inhiben la germinación y el remojo los arrastra. Siembra a medio centímetro de profundidad, mantén la humedad constante hasta la nascencia y aclara después dejando una planta cada 10-15 centímetros.
Recolección. Corta siempre los tallos exteriores por la base, a ras de suelo, no las puntas de las hojas. El perejil crece desde el centro de la roseta: si le cortas la parte alta dejas tallos truncados que se secan y no rebrota. Cortando por fuera, el centro sigue produciendo. Puedes retirar hasta un tercio de la mata de una vez sin dañarla; empieza cuando tenga al menos ocho o diez tallos bien formados.
Abonado. Al ser una planta de hoja, agradece nitrógeno. Un abono líquido para plantas verdes o para huerta cada 15-20 días desde marzo hasta septiembre, a media dosis, mantiene la mata densa. Si vas a consumirlo, mejor abonos aptos para cultivo ecológico, tipo humus de lombriz o extracto de algas.
Problemas frecuentes
Hojas amarillas desde abajo: exceso de riego o maceta demasiado pequeña. Hojas pálidas y planta lánguida: falta de nitrógeno o de luz. Puntas secas y marrones: aire seco o sol excesivo en verano. Pulgón: aparece en primavera en los brotes tiernos; jabón potásico y agua a presión bastan. Oruga verde con rayas negras y puntos naranjas: es la larva de Papilio machaon, la mariposa macaón. Se come el perejil, sí, pero no arruina la planta y merece la pena trasladarla a otra umbelífera en lugar de matarla. Mancha foliar: hongo favorecido por regar por encima; retira las hojas afectadas y airea.
En resumen
El perejil es bienal: florece el segundo año y muere, así que hay que sembrar relevos periódicamente en lugar de intentar salvar una mata agotada. La maceta del supermercado trae decenas de plantas hacinadas y hay que dividirla y trasplantarla a recipientes de al menos 20-25 centímetros de profundidad, porque su raíz es pivotante. Quiere luz abundante pero sombra en el mediodía estival, sustrato fresco sin encharcar y riego por la base. Se cosecha cortando los tallos exteriores a ras de suelo, nunca las puntas, y se siembra en marzo o en septiembre con paciencia: tarda hasta un mes en germinar.